Tema central

Generación, acontecimiento, perspectiva. Pensar el cambio a partir de Brasil

La vinculación entre la sociología de las generaciones de Karl Mannheim y el concepto filosófico de acontecimiento habilita una mirada renovada sobre procesos como los iniciados en junio de 2013 en Brasil, que han dado forma a una nueva generación militante en este país. Pero una generalización de esta concepción perspectivista de la política permite también pensar la coyuntura latinoamericana y evita reducir las diferentes perspectivas a esquemas simplistas como «realismo versus idealismo» o «traidores versus auténticos». Es necesario, por un lado, reconocer que la tensión entre perspectivas es necesaria para toda política que se quiere transformadora; y, por otro, comprender la inconmensurabilidad de las distintas miradas en los momentos de ruptura.

Generación, acontecimiento, perspectiva. Pensar el cambio a partir de Brasil

Generación y acontecimiento

Se debe a Karl Mannheim el primer tratamiento formal del «problema sociológico de las generaciones»1. A fin de desenredar el concepto de sus asociaciones biológicas y espirituales, el autor húngaro-alemán propuso distinguir entre generación como «fenómeno de localización», «copresencia en una región histórica y social» que define una banda [range] de experiencias posibles y una zona de potencialidades; y generación como actualidad o actualización de esos potenciales, lo que tiene por condición la «participación en el destino común de [una] unidad histórica y social»2. Solamente en este segundo caso –para lo cual el primero es una condición necesaria, pero no suficiente– la palabra puede asumir un sentido más allá de la trivial referencia a los ciclos biológicos y culturales de renovación de una población. «No toda localización generacional –no toda franja etaria– crea nuevos impulsos colectivos y principios formativos originales y adecuados a su situación particular»3. Para eso, hace falta «un lazo concreto entre miembros de una generación en virtud de su exposición a los síntomas sociales e intelectuales de un proceso de desestabilización dinámica»4.

Obviamente, no solo la localización en el tiempo está estratificada en otras diferentes localizaciones (en el espacio, en posiciones sociales, de género, de etnia, etc.), sino que a la concepción molar de cada una de estas como «banda de experiencia potencial»5 habría que añadir una concepción molecular, en el sentido en que hablan Gilles Deleuze y Felix Guattari6. Ello nos permitiría concebir zonas de indiscernibilidad entre diferentes bandas y la posibilidad de movimiento, contacto e interferencia mutua entre diferentes estratos. Pero lo que interesa aquí es la relación que se puede establecer a partir de Mannheim entre la actualización de una generación –la formación de lo que él llama «un nuevo estilo generacional», o «una nueva entelequia generacional»7– y el acontecimiento.

El acontecimiento es un concepto clave de la filosofía contemporánea y atraviesa, directamente con este nombre u operativo bajo otras denominaciones, la obra de pensadores tan distintos entre sí como Heidegger, Whitehead, Bachelard, Althusser, Foucault, Deleuze, Derrida, Badiou y Rancière –aunque podamos hacerlo remontar aún más lejos, al occursus (encuentro) de Spinoza, la occasione (ocasión) de Maquiavelo o la plaga y el ictus (colisión) de Lucrecio8. Su importancia y ubicuidad provienen de la cantidad de funciones que es llamado a cumplir: explicar la posibilidad de lo nuevo; sostener la novedad no en el sujeto o en el objeto, sino al mismo tiempo entre los dos y, por lo tanto, promover la temporalización de lo transcendental, que deja de ser una estructura estática para devenir transformable (y así, paradójicamente, transformable desde lo empírico); plantear la ruptura con la causalidad, la temporalidad y la historicidad lineales; asegurar el primado de la práctica sobre el pensamiento o la teoría, al mismo tiempo que la impersonalidad: más que hacerlo pasar nosotros, el acontecimiento (nos) pasa.

Sería posible transponer todas estas funciones al modelo propuesto por Mannheim. Según él, surge algo como una «nueva generación» cuando la velocidad del cambio social impide un proceso continuo y latente de adaptación. Ocurre que podemos decir, por una parte, que la aceleración del cambio social no es otra cosa que la acumulación de acontecimientos de diferentes tipos en diferentes escalas, que implican un desplazamiento en lo que toca a los límites de lo que se puede pensar, decir y hacer en una sociedad en un momento dado. Esto es así porque los acontecimientos conllevan transformaciones de diferentes tipos y escalas en los individuos, por intermedio de lo cual se van estableciendo nuevas identidades, actitudes y modos de pensar, decir y hacer que podrán progresivamente consolidarse en una «nueva generación» y en nuevas «unidades generacionales»9. Por último, aunque esta dimensión no esté explícitamente planteada por Mannheim, existe la posibilidad de que todas estas mutaciones se condensen y precipiten en un acontecimiento de largo alcance, cuyos efectos se prolongan y ramifican por la topología del tejido social y por el tiempo, y frente a los cuales la indiferencia es prácticamente imposible10.

Junio de 2013 y una nueva generación política en Brasil

Justamente, los últimos años están llenos de nombres que se refieren a acontecimientos antes que a «movimientos» en el sentido tradicional: la «primavera árabe», el 15-M español, el Occupy de Estados Unidos, el Diren Gezi de Turquía; y, de forma aún más claramente limitada a una identificación temporal (que además deja de incluir todo lo que ha pasado después), las «jornadas» o «acontecimientos» de junio en Brasil11. Más que entidades políticas y organizativas más o menos individualizables, estos nombres indican momentos, impredecibles e intempestivos, en que un malestar difuso y una gama de potencialidades hasta entonces latentes se cristalizan en una expresión visible, que deviene al mismo tiempo punto focal de una serie de demandas sociales y centro irradiador de un cambio subjetivo.

En el caso brasileño, parece posible afirmar que, con las protestas masivas de junio de 2013, se ha cristalizado una nueva generación política. La de junio sería la primera generación que se podría denominar como tal tras la «generación de la redemocratización», es decir, la que se constituyó en el «caldo de cultivo» en el que, durante el periodo de transición del régimen militar a la nueva república, surgieron las principales instituciones de la izquierda brasileña hasta hoy: el Partido de los Trabajadores (PT), la Central Única de los Trabajadores (CUT) y el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), entre otros. Ni una ni otra fueron creadas ex nihilo por los acontecimientos que las definen, pero en ambos casos los acontecimientos operan como cristalizadores. La «generación de la redemocratización» se vino conformando desde los años 60, en la resistencia contra la dictadura, el trabajo de organización de las comunidades eclesiales de base e incluso la lucha armada, pero es con la huelga de los metalúrgicos de San Pablo a fines de los años 70 cuando comienza a consolidarse de manera definitiva. Del mismo modo, aunque solo devenga visible a partir de junio, la «generación de junio» estuvo casi una década en formación.

  • 1. Rodrigo Nunes: profesor del Departamento de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (puc-Rio). Su publicación más reciente es el libro The Organisation of the Organisationless: Collective Action After Networks (Mute, Londres, 2014), en el que discute la actualidad de la «cuestión de la organización» en tiempos de redes.Palabras claves: acontecimiento, generación, perspectivismo, protestas de junio, Brasil.. K. Mannheim: «The Sociological Problem of Generations» en Essays on the Sociology of Knowledge, Routledge / Keegan Paul, Londres, 1952, pp. 163-195. [Hay edición en español: «El problema de las generaciones» en Revista Española de Investigaciones Sociales Nº 62, 4-6/1993, pp. 193-242].
  • 2. Ibíd., p. 182 (énfasis del original).
  • 3. Ibíd., p. 189.
  • 4. Ibíd., pp. 182-183.
  • 5. Ibíd., p. 168.
  • 6. V., por ejemplo, G. Deleuze y F. Guattari: L’Anti-Oedipe, Minuit, París, 1972, capítulo 4. [Hay edición en español: El Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia, Barral, Barcelona, 1973].
  • 7. K. Mannheim: ob. cit., p. 189 (énfasis del original).
  • 8. Sobre los últimos tres, v. el excelente análisis de Vittorio Morfino: Il tempo della moltitudine. Materialismo e politica prima e dopo Spinoza, Manifestolibri, Roma, 2005.
  • 9. Con este concepto, Mannheim quiere designar los «grupos dentro de la misma generación actual que elaboran el material de sus experiencias comunes en diferentes modos específicos», lo que significa que, aunque los dos grupos sean polarmente opuestos, siguen siendo unidades internas de una misma generación actual. K. Mannheim: ob. cit., p. 184 (énfasis del original).
  • 10. Aunque Mannheim hable de una tendencia a la «estratificación de la experiencia» según la cual las experiencias más tempranas en la vida tienden a tener un peso mayor, se podría imaginar que un acontecimiento de este tipo tendría suficiente fuerza para reescribir el «conjunto original» de experiencias. K. Mannheim: ob. cit., pp. 176-177.
  • 11. Sobre la insuficiencia del concepto de «movimiento» para tratar estos fenómenos y para un intento de desarrollar un nuevo vocabulario capaz de describir sus formas organizativas características, v. R. Nunes: The Organisation of the Organisationless: Collective Action After Networks, Mute, Londres, 2014.