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Fútbol y altura. La dramática historia de La Paz y el fútbol boliviano

Desde fines de los años 90 ha emergido un debate alrededor del juego de partidos internacionales a más de 2.500 o 3.000 m.s.n.m. En varias oportunidades, la FIFA planteó un veto a la altura para luego echarse atrás. El último intento fue a mediados de la década de 2000, cuando Evo Morales –primer presidente indígena de Bolivia y jugador aficionado– encabezó una campaña internacional contra el veto. En este artículo, se despliega un amplio análisis sobre las relaciones entre fútbol y altura: mediante razones históricas, sociales, culturales y médicas se argumenta en favor de la universalidad del fútbol, que se juega en varias «zonas extremas» del globo.

Fútbol y altura. La dramática historia de La Paz y el fútbol boliviano

Marco Antonio «el Diablo» Etcheverry recibe un pase de Gustavo Quinteros, marcador central, toma la pelota al borde del círculo central. Encara hacia el arco y con varios toques y un par de fintas llega al área brasileña, lo espera Valber. Es el 25 de julio de 1993, segundo partido eliminatorio de Bolivia en el camino al Mundial de Estados Unidos. El encuentro se juega en La Paz, en el ya mítico estadio Hernando Siles, a 3.577 m.s.n.m. Etcheverry forcejea con el defensor brasileño, es un duelo de fuerza y talento, ambos jugadores llegan casi al borde de la línea final, a la derecha del arco defendido por Taffarel. «El Diablo» hace un amague que obliga a Valber a retroceder y patea hacia el arco, la pelota pasa entre las piernas del defensor y muy mansamente choca con el botín de Taffarel, que pretendía bloquear el lanzamiento. El balón –lo imposible– rebota suavemente en el tobillo del arquero y entra al arco… ¡Gooooooool boliviano! El reloj marca 43 minutos del segundo tiempo. Bolivia 1, Brasil 0. Dos minutos después, Álvaro Peña ratifica un triunfo incuestionable con un segundo gol lapidario. Bolivia le ha quitado el invicto de casi 40 años en eliminatorias a Brasil y se ha metido en camisa de 11 varas… la discusión sobre «la altura» tomó nuevas dimensiones.

Los argumentos del veto a la altura

Dos acontecimientos han sido fundamentales para poner en el tapete objeciones de algunas federaciones sudamericanas a jugar en ciudades de gran altitud. El primero está referido a Uruguay. En 1977, Bolivia eliminó a la selección uruguaya, que no pudo asistir al Mundial de Argentina en 1978 (hecho particularmente importante por la proximidad geográfica y cultural entre uruguayos y argentinos). Entonces, Bolivia le ganó a la celeste en La Paz (1-0) y empató en Montevideo (2-2). En 1989 los uruguayos dejaron afuera a Bolivia apenas por un gol de diferencia. Ambas selecciones habían empatado en puntos tras sus respectivas campañas. En 1993 Bolivia sacó a los uruguayos del Mundial por segunda vez, privándolos de estar en Estados Unidos 1994.

El segundo, ya relatado, tuvo repercusión mundial y se refiere al histórico triunfo de Bolivia sobre Brasil en La Paz. Esta victoria reflejaba, no el efecto de la altura a la que se adaptaron sin mayores problemas los visitantes desde hace décadas, sino el del crecimiento de la calidad del fútbol de Bolivia en los años 90; la selección boliviana dejó de ser el rival fácil del pasado, tanto en la altura como en el llano. Esta evidencia fue recogida por el propio secretario general de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), Joseph Blatter, quien en la edición de octubre de 1993 de FIFA News decía que los equipos otrora ignorados han cobrado una fuerza ante la que ha sucumbido la jerarquía tradicional del mundo futbolístico. En efecto, el éxito de Bolivia tuvo luego su ratificación en la calificación de Ecuador a tres copas mundiales, las de 2002, 2006 y 2014, habiendo jugado varios de sus partidos como local en la ciudad de Quito.

El argumento del veto llegó junto con la decisión de jugar por primera vez en la historia las eliminatorias sudamericanas (a partir de Francia 1998) con el sistema de todos contra todos, lo que plantea nueve salidas de casa a los nueve seleccionados en competencia. Como hizo constar el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), nadie advirtió a Bolivia, que votó a favor de esta modalidad, que ese torneo iba casado con eventuales observaciones a La Paz como sede de los partidos eliminatorios1. De ser así, es obvio que Bolivia habría votado en contra.

El problema fue planteado por primera vez en noviembre de 1995 cuando se mencionó un informe de la Comisión Médica de la FIFA que recomendaba no jugar partidos en ciudades ubicadas a más de 2.500 metros de altura. Este criterio se conoció en el Simposio de Praga organizado por la FIFA en esa fecha. El 11 de diciembre de 1995, en la reunión del Comité Ejecutivo de la FIFA en París, en ocasión del sorteo de las eliminatorias, la Comisión Médica del organismo modificó de manera sorpresiva y sin justificación conocida su criterio inicial de restringir partidos en la altura y esta vez dictaminó: «No es deseable que se disputen partidos de fútbol en estadios situados en una altura superior a los 3.000 metros».

Bolivia reaccionó inmediatamente, y tanto el presidente de la FBF, José Saavedra, como el entonces presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, solicitaron al presidente de la FIFA una reconsideración del tema. La posición contó con la solidaridad de las federaciones sudamericanas también afectadas por la decisión. Ante esta medida injusta y arbitraria, Saavedra pidió inmediatamente a la FIFA el envío del informe médico para iniciar su defensa. La respuesta de la FIFA del 21 de diciembre fue tajante: «Sentimos informarle que son expedientes que pertenecen a nuestras comisiones. Por lo tanto, las asociaciones nacionales no pueden tener acceso a los mismos»2.

El problema pasó rápidamente de lo deportivo a lo político, social y cultural. Los bolivianos se dieron cuenta de que lo que estaba en juego era la imagen de su sede de gobierno y la realidad de una nación que vive mayoritariamente en un escenario geográfico de altitud y que se sintió cuestionada y discriminada por ese solo hecho. Esta es la razón por la que se produjo una rápida reacción en Bolivia entera, desde el presidente hasta la FBF y los organismos deportivos nacionales. Así, se logró una impresionante solidaridad internacional que convenció a la FIFA de reconsiderar su decisión inicial en su reunión del Comité Ejecutivo del 31 de mayo de 1996.

La solidez de la argumentación boliviana, complementada por un informe de Ecuador, permitió que el 31 de mayo de 1996 el propio presidente de la FIFA, João Havelange, hiciera conocer al mundo, a través de una conferencia de prensa, que la FIFA autorizaba todos los partidos internacionales en la altura, sin restricciones de ninguna clase, con la única condición de un tiempo mínimo recomendado de aclimatación de cinco días para jugadores de selecciones nacionales que tuvieran que jugar en ciudades de altura. La decisión de la FIFA dio por cerrado el tema.

Sin embargo, en 1999 el problema volvió a surgir, lo que impulsó al entonces presidente de la FBF, Sergio Asbún, a invitar a Joseph Blatter, ya presidente de la FIFA, a visitar Bolivia para mostrarle sobre el terreno la realidad de la infraestructura deportiva y las condiciones de la altitud. Blatter estuvo en Cochabamba, donde puso la piedra fundamental para un Centro de Alto Rendimiento financiado por la FIFA en la localidad de Vinto, a 2.590 m.s.n.m. Blatter visitó La Paz y el estadio Siles, que lo impresionó mucho, al punto de calificarlo como un «magnífico escenario». En esa visita realizada el 10 y 11 de febrero de 2000, Blatter dijo textualmente en sus intervenciones:

Cuestión de altura. La universalidad del fútbol no permite a la FIFA, y menos a su presidente, hacer algunas interdicciones o algunos vetos a un pueblo que jugó fútbol en esta ciudad [La Paz] desde hace prácticamente cien años. (Palacio de Gobierno, La Paz).

El fútbol es para todos y todos deben ser para el fútbol. Un tema que preocupa mucho a Bolivia y a nosotros, tenemos diferentes condiciones extremas, el calor, el frío, la lluvia, la altitud… diferentes condiciones extremas, pero nunca la FIFA dijo que no podemos jugar fútbol en condiciones extremas. Podemos jugar el fútbol en esas condiciones, podemos jugar el fútbol en La Paz. Es falso que ese tema exista. (FBF, Cochabamba).

Señoras y señores, para marcar que definitivamente la ciudad de La Paz, capital de Bolivia, está como una ciudad internacional de la FIFA, quiero entregar al alcalde el banderín oficial que da a esta ciudad la oficialidad de ciudad de la FIFA. (Alcaldía de La Paz).

A pesar de estos contundentes antecedentes, el 27 de mayo de 2007, en el 57o Congreso de la FIFA en Zúrich, por segunda vez y prescindiendo de las decisiones tomadas de manera definitiva en 19963, la entidad, basada en un informe presentado el 20 de mayo de 2007 por los doctores Michel D’Hooghe y Jirí Dvorak, presidente y médico en jefe de la Comisión de Medicina Deportiva de la FIFA, hizo conocer su veto a la práctica del fútbol en todas las ciudades ubicadas encima de los 2.500 m.s.n.m.

La argumentación médica era exactamente la misma que fue presentada en 1996 y 2000. La base de las observaciones es el número de días requeridos para la aclimatación a las condiciones de altitud. El informe citado plantea las siguientes condicionantes para jugar en la altura y, a la postre, justificar su veto:

- En el caso de lugares a más de 3.300 m.s.n.m., ascender solo 350 a 500 metros por día, o pasar cinco días a 2.000 metros, o como alternativa viajar directamente, pero con un descanso obligatorio y absoluto de dos días antes del partido.- Lo óptimo es entrenar entre 2.300 y 3.300 m.s.n.m. desde siete a quince días antes del partido. Para jugar a más de 3.300 m.s.n.m. se requiere una aclimatación de dos semanas.- Como conclusión, la comisión propone aprobar únicamente sedes a alturas inferiores a los 2.500 m.s.n.m.

Ante el reclamo de varias federaciones de América Latina, el único hemisferio afectado por la medida, la FIFA determinó que fuese la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) la que definiera una posición sobre la base de informes médicos y técnicos y llevara su conclusión a la reunión de octubre de 2007 de la organización mundial del fútbol.

Este juego lamentable, para decirlo elegantemente, volvió a colocar a La Paz en la picota. El gobierno del presidente Evo Morales continuó (aunque sin admitirlo) la línea de sus antecesores y comenzó una ofensiva personal para defender el derecho boliviano a jugar donde vive una gran parte de su población. Morales, indígena andino, nacido en el departamento de Oruro (3.800 m.s.n.m.), primer presidente originario, era en sí mismo una carta demasiado fuerte y simbólicamente incuestionable como para que la FIFA se estrellara contra él, que simbolizaba un país que incorporaba en forma definitiva a los indígenas andinos de Bolivia a la plenitud de la vida política.

Así, por tercera vez la FIFA se rindió a la evidencia y declaró que el tema de la altura se sacaba de agenda y que La Paz quedaba plena y definitivamente aprobada como ciudad de eliminatorias. Da la impresión de que es una palabra final, pero con los millonarios intereses en juego, nadie puede dar por seguro que vaya a ser así. Esta historia podría continuar…

La altura boliviana, ¿una excepción?

La presencia dominante de la Cordillera de los Andes en América del Sur y la Sierra Madre Oriental y Occidental en México y Centroamérica ha definido y marcado fuertemente los asentamientos humanos de partes importantes de América Latina. Ese monumental condicionamiento geográfico hace que más de 85 millones de seres humanos vivan en altitudes de entre 2.000 m.s.n.m. y 4.000 m.s.n.m. El caso de Bolivia, en consecuencia, está lejos de ser una excepción en el contexto de América Latina.

Siete países del continente: Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guatemala, México y Perú han desarrollado importantes regiones densamente pobladas en la altitud. Baste decir que más de 65% de los bolivianos, 40% de los ecuatorianos, casi 35% de los mexicanos y peruanos viven por encima de los 2.000 metros.

Más de dos centenares de ciudades de más de 10.000 habitantes se ubican en la altitud y más de 50 están asentadas por encima de los 3.000 metros. Baste recordar que la ciudad más grande del mundo, México DF, con un conglomerado que se acerca a los 20 millones de habitantes, está a 2.240 m.s.n.m. En el área andina, Bogotá, con 7,3 millones de habitantes, se alza a 2.630 metros; Quito, con casi dos millones, está a 2.819 metros y La Paz-El Alto, con 1,8 millones, está ubicada entre los 3.200 y 4.100 m.s.n.m. Ciudades como Pachuca, Toluca, Tunja, Pasto, Tulcán, Latacunga, Riobamba, Guaranda, Ambato, Cuenca, Azoguez, Cerro de Pasco, Puno, Huancavelica, Cuzco, Huancayo, Huaráz, Ayacucho, Cajamarca, Viacha, Potosí, Llallagüa, Oruro, Cochabamba y Sucre, cuyas poblaciones fluctúan entre 30.000 y un millón de habitantes, se ubican en alturas en el rango de los 2.500 a 4.300 m.s.n.m.

En el deporte, las principales competencias del mundo se han disputado en la altura sin ningún problema: los Juegos Olímpicos en 1968, los Campeonatos del Mundo en 1970 y 1986, los Juegos Panamericanos en 1955 y 1975, los Juegos Deportivos Suramericanos en 1978 y 1990 y los Juegos Deportivos Bolivarianos en 1938, 1965, 1977, 1985, 1993, 1997 y 2001, para mencionar los más importantes.

Dos grandes civilizaciones nacidas en la altura

Pero no es solo la realidad contemporánea la que muestra un continente en el que la altitud es una de las características más profundas. La historia es un espejo aleccionador. Las dos mayores civilizaciones de todo el continente americano florecieron por encima de los 2.000 metros de altitud.

Los aztecas, cuya orgullosa capital era Tenochtitlan (hoy, México DF), desarrollaron su imperio en el valle de México entre los 2.000 m.s.n.m. y 3.000 m.s.n.m. En el sur, los incas construyeron su capital, Cusco («el ombligo del mundo» en español), sobre los 3.300 metros. El imperio incaico se extendió por un área cuya altura promedio era de 3.000 metros. Atahualpa, el último emperador inca, nació en la región de Quito e Ibarra, a alturas superiores a los 2.500 metros.

Hay, en consecuencia, una fuerte presencia histórica del hombre americano en la altitud. Allí construyó sus ciudades y su cultura, allí se ha desarrollado y vivido desde tiempos inmemoriales.

Bolivia y su realidad histórico-geográfica vinculada a la altura

Los primeros pobladores de Bolivia llegaron desde la costa del Pacífico y se instalaron hace casi 10.000 años en Viscachani (70 kilómetros al sudeste de La Paz), a 3.800 metros de altitud. Desde entonces, la historia boliviana está signada por los Andes. Tiahuanacu, el mayor imperio andino preincaico, se ubicó cerca del Titicaca a 3.800 metros. La presencia inca en Bolivia tuvo su eje en el llamado «lago sagrado». La conquista y colonización española no varió el eje andino. Potosí, que fue una de las cinco ciudades más grandes del mundo en el siglo XVII, se ubica a casi 4.000 metros; Sucre, capital de la Audiencia de Charcas primero y más tarde de Bolivia, asentada a 2.790 metros, fue el semillero de las ideas libertarias de América, nacidas en la Universidad de San Francisco Xavier. De las nueve capitales de departamento del país, cinco se ubican por encima de los 2.500 metros y tres de ellas por encima de los 3.000 metros.

60% de la población boliviana, casi seis millones de los diez millones de habitantes que hacen el total de nuestra población, vive por encima de los 2.500 metros. Esto, sin embargo, no ha impedido un proceso integrador con el oriente del país ubicado en el llano entre los 200 y 600 metros de altitud. El crecimiento de Santa Cruz de la Sierra (con 1.600.000 habitantes), por ejemplo, ha demostrado que el intercambio y el flujo constante de población, sea de asentamiento permanente o de paso, es de una gran dinámica y absolutamente normal en todos los ámbitos, incluyendo el deportivo.

La Paz, ciudad abierta

La Paz es una de las ciudades con mayor personalidad entre las capitales latinoamericanas. La fuerte influencia del medio geográfico y la imponente presencia del monte Illimani (6.428 metros), además de la importancia de la cultura aymara, la hacen una urbe única. Antes de su fundación en 1548 por el capitán español Alonso de Mendoza, existía ya como asentamiento indígena con el nombre de Chuquiago (el lugar del oro).

Precisamente su ubicación en el centro de un amplio valle determina que la ciudad se haya desplegado entre una altura mínima de 3.032 metros y una máxima de 4.079 metros (El Alto). El centro de la ciudad se alza a 3.650 metros. Hoy su área metropolitana cuenta con más de 1.700.000 habitantes, es la principal ciudad de Bolivia en lo político y una de las mayores de la región andina, y es sede del gobierno del país desde 1900.

Un veto a ciudades ubicadas a más de 2.500 metros de altura hubiese afectado a 80% de los estadios internacionales que tiene el país y a las ciudades de La Paz, Cochabamba, Sucre, Oruro y Potosí, todas ellas con equipos que han participado varias veces en competencias internacionales, como las copas mencionadas.

La historia del fútbol boliviano está ligada a la altitud

En 2011 el fútbol boliviano conmemoró sus primeros 115 años de vida, al recordar la fecha de fundación de su primer equipo. En mayo de 1896 se creó en Oruro (3.740 metros) el club Oruro Royal, hoy vigente en divisiones inferiores. El fútbol llegó por la vía del ferrocarril administrado entonces por los ingleses, padres de este deporte, desde las costas del Pacífico hasta las alturas andinas de Bolivia. En pocos años se convirtió en el deporte preferido de los bolivianos.

En 1914 se creó la primera asociación local, la de La Paz, y ese mismo año comenzó el primer campeonato amateur. El fútbol nacional, nacido en las montañas, tuvo una hegemonía andina hasta el comienzo de los años 70, con la irrupción exitosa del fútbol cruceño. Entre las anécdotas del pasado está la creación en 1922 de un equipo que representaba a Potosí, los Highland Players (jugadores de la altura).

Hasta el nacimiento del profesionalismo, los centros mineros (eje de la economía de Bolivia hasta hace pocos años) tuvieron gran influencia en el fútbol, y alguna de sus asociaciones ganó más de un campeonato nacional. Casi todos los centros mineros de Bolivia están situados a más de 3.000 metros de altura.

Hoy mismo, la Liga del Fútbol Profesional Boliviano tiene a 12 equipos disputando el torneo profesional más importante del país. El campeonato se juega actualmente en ocho ciudades, cinco de ellas por encima de los 2.500 metros y tres por encima de los 3.500. Ocho de los 12 equipos tienen sus sedes en ciudades a más de 2.500 metros. Este contexto refleja la importancia que tiene la práctica del fútbol en la altura.

Las diferencias entre ciudades del llano y de altitud no han sido nunca motivo de división o reclamo. Con excepcional sentido deportivo, los equipos del llano juegan indistintamente en uno y otro medio y no han aducido problemas de aclimatación como una desventaja para ellos. Lo propio ha ocurrido con los equipos de altitud, que no han reclamado por los eventuales problemas orgánicos que hayan podido sufrir sus jugadores al bajar a la llanura. En la mayor parte de los casos (más de 90% de las veces), los equipos de Santa Cruz llegan a las ciudades de altura en el mismo día del partido y lo juegan sin dificultades. En justa proporción al número y calidad de equipos del llano que tienen representación en el campeonato de la Liga, los equipos cruceños han obtenido varios campeonatos y subcampeonatos nacionales.

El fútbol internacional en Bolivia

Podría creerse erróneamente que Bolivia ha vivido aislada de las competencias y los partidos internacionales hasta hace muy pocos años. La verdad es que desde muy temprano el país recibió visitas de equipos y selecciones extranjeras que hasta bien avanzados los años 60 jugaron casi exclusivamente en ciudades en la altura. Bolivia fundó su Federación Nacional en 1925, se afilió a la Conmebol y a la FIFA en 1926 y jugó ese mismo año su primer partido internacional a nivel de selecciones en Santiago de Chile. El primer partido internacional interclubes se disputó en La Paz en junio de 1927.

Desde la llegada del primer equipo visitante hace casi 90 años, se han disputado centenares de encuentros internacionales. Entre 1927 y 1960 se jugaron más de 248 partidos amistosos y desde 1960, año de la instauración de la Copa Libertadores de América, más de 200 partidos oficiales. De ellos, más de 80% se han jugado en ciudades de altitud. No solo en La Paz y Oruro, sino también en Potosí (casi 4.000 m.s.n.m.), Cochabamba y Sucre.

Antes de 1960 visitaron Bolivia grandes del fútbol continental como River, Boca, Independiente o Racing de Argentina, Botafogo y Fluminense de Brasil, Olimpia y Cerro Porteño de Paraguay, Universidad y Colo Colo de Chile, Universitario y Alianza Lima de Perú, para mencionar solo unos cuantos. Desde 1950, la selección nacional de Bolivia ha jugado más de 130 partidos oficiales en La Paz, Cochabamba, Oruro y Sucre frente a otros seleccionados de América y Europa, con los más diversos resultados.

El estadio Hernando Siles, que fue inaugurado en 1930 (está ubicado a 3.577 metros), remodelado y totalmente modernizado en 1977, es sin duda el campo de juego emblemático de Bolivia. Allí se han jugado la Copa América, las eliminatorias de la Copa del Mundo, la Copa Libertadores de América, la Copa Merconorte, la Copa Sudamericana, el Campeonato Juventud de América, el Campeonato Preolímpico, los Juegos Deportivos Bolivarianos y los Juegos Odesur (hoy Juegos Deportivos Suramericanos).

Bolivia ha disputado 13 rondas eliminatorias para la Copa del Mundo en La Paz y solo se ha clasificado en una oportunidad, lo que refleja que el logro no es atribuible a la ciudad, que está allí desde hace más de 450 años, o al estadio, que se construyó hace 83 años, sino a la mejora de la calidad de nuestro fútbol, que en su momento llegó a un nivel de alta competitividad.

La FIFA y la universalidad del fútbol

Está absolutamente claro que uno de los objetivos fundamentales de la FIFA es la promoción universal del fútbol. En los hechos, la FIFA ha logrado que este deporte sea con mucha diferencia el más importante del planeta, el que se practica en más países y el que juegan más seres humanos en comparación con cualquier otro. Este esfuerzo, particularmente impulsado por el actual presidente Blatter, se confirma al comprobar que la FIFA tiene en su seno 207 países miembros (más que los que integran la Organización de las Naciones Unidas, ONU) y colonias o protectorados que participan, a través de la institución, de este juego maravilloso. En ninguno de los requerimientos de afiliación se hace mención a restricciones de tipo geográfico o ambiental, lo que ha permitido que prácticamente la totalidad de las naciones del mundo estén afiliadas y que todas tengan las mismas posibilidades de participar en competencias internacionales organizadas por la FIFA sin otra limitación que el cumplimiento estricto de los estatutos.

Es este criterio, además de la explícita mención de los estatutos de la FIFA, el que ratifica el deseo amplio y totalizador de la organización para difundir el fútbol en el mundo:

Los objetivos de la Federación son: Promover el deporte de «association football» en todas las formas que le parezcan oportunas. Desarrollar relaciones amistosas entre asociaciones nacionales, confederaciones y oficiales y jugadores, fomentando la organización de partidos de fútbol a todos los niveles y apoyando el deporte de «association football» por todos los medios que le parezcan útiles. (Estatutos de la FIFA, art. 2, incisos 1, 2 y 3).

Adicionalmente, se establece que: «No se admitirá discriminación alguna frente a un país o un individuo por motivos de raza, religión o política» (art. 2, inciso 3.1).

Bolivia sostuvo que una restricción a la práctica del fútbol internacional en ciudades asentadas a más de 2.500 metros de altura, con argumentos médicos y técnicos rebatidos por la historia, la práctica y la propia medicina, era una forma grave de discriminación que afectaba en concreto a un país y sus principales ciudades, una de ellas sede del gobierno y la otra capital de la República. Era, además, un peligroso cercenamiento del derecho soberano de una asociación nacional de decidir sobre el lugar que prefiera como sede de cualquier competencia dentro de su territorio.

Una explicación médica

Hace ya muchos años, el doctor Tulio Velásquez, de la Universidad de San Marcos de Lima, advirtió que el análisis de la ecuación hombre-medio ambiente se ha hecho en función de uno solo de los elementos ambientales, sin duda el más importante –la presión barométrica–, pero con abstracción completa de los otros factores geográficos, climáticos, culturales y sociales, cuya suma puede alterar significativamente el análisis del tema. Y destacó que la entidad biológica bajo observación es un producto de la ecuación «equipo genésico-medio ambiente», no obstante lo cual se infiere, a priori, que el medio ambiente normal es el nivel del mar: así, se habla de la «agresión ambiental» cuando el hombre asciende a las alturas, pero no se usa la misma expresión cuando se desciende al nivel del mar4.

Esta reflexión continúa vigente hoy cuando se trata de encarar la problemática médica referida al tema de la altura. La práctica del deporte en la altitud es tan antigua como los asentamientos humanos que decidieron instalarse en lugares por encima de los 2.000 metros. Desde los aztecas que practicaron su peculiar juego de pelota desde el año 1100 d.C., hasta los atletas que compitieron en los VIII Juegos Deportivos Bolivarianos en La Paz en 1977, en Cochabamba en 1993, en Sucre en 2003 y en varias ciudades de altura del área andina en otras ediciones, la práctica del deporte en esas regiones es común. El intercambio internacional de pruebas deportivas en ciudades entre los 2.500 y 3.600 metros de altura a lo largo de todo el siglo XX y XXI ha sido y es frecuente e intensa.

La diferencia entre un lugar ubicado en la costa y otro ubicado en la altura no es una menor cantidad de oxígeno. Las características del aire en el nivel del mar y a 3.600 metros son idénticas, es decir, aproximadamente 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno y 1% de otros gases. Donde se produce el cambio es en la presión barométrica. A mayor altitud, menor presión barométrica, lo que indica que la concentración molecular de aire es menor en la altura. La consecuencia es una menor presión inspiratoria, alveolar y arterial de oxígeno. Si en la costa la presión barométrica es de 760 mmHg (milímetros de mercurio), de los que 150 mmHg corresponden al oxígeno, en La Paz, por ejemplo, la presión barométrica es de 490 mmHg, de los que 93 mmHg corresponden al oxígeno.

La explicación es que la atmósfera está comprimida en toda su extensión bajo la acción de su propio peso. Su presión y su densidad son más elevadas al contacto con la tierra y disminuyen progresivamente en función de la altitud. Las diferencias de temperatura y la turbulencia evitan la sedimentación de las moléculas gaseosas de peso diferente en capas separadas, y eso permite que la composición química de la atmósfera sea prácticamente uniforme hasta una altitud de más de 20.000 metros. En la altura, el organismo desencadena los correspondientes mecanismos de ajuste, con un transporte adecuado de oxígeno hasta los tejidos y las células musculares en particular, mediante una función combinada de los sistemas respiratorios, cardiovascular y sanguíneo y una suficiente gradiente de presiones.

Condiciones extremas en la práctica del fútbol

Baste recordar que en marzo de 1996 se tuvo que suspender un partido oficial del campeonato argentino de fútbol por las condiciones de extremo calor. La decisión fue tomada por el árbitro, que se sintió desfallecer. Los jugadores pudieron restablecerse y tomar agua para contrarrestar la deshidratación y continuaron jugando. La circunstancia fue tan grave, que la propia Asociación del Fútbol Argentino (AFA) aceptó retrasar el horario de los encuentros del campeonato oficial de ese país. Esta situación es muy frecuente en partidos que se juegan en naciones como Qatar o Emiratos Árabes Unidos, donde es usual suspender los encuentros para que los jugadores puedan rehidratarse. El propio presidente de la FIFA ha reconocido el grave error de haber aceptado a Qatar como sede de una Copa del Mundo, por las extremas condiciones de calor en verano en ese país.

No obstante, jamás se ha tenido que suspender un partido ni local ni internacional en la ciudad de La Paz por razones vinculadas a los supuestos efectos de la altura sobre los deportistas. En los tiempos que corren, no puede menos que hacerse una seria observación a las condiciones de extrema polución que se padecen en algunas de las grandes capitales latinoamericanas. Ciudades como Santiago de Chile o San Pablo, para mencionar algunas, afrontan niveles de polución superiores a los máximos tolerados por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud como razonables para el ser humano. Los problemas respiratorios y las enfermedades conexas con ellos son de consideración, no ya para los deportistas, sino para quienes allí habitan. Estos elementos disminuyen sin duda la plena capacidad orgánica de los atletas que compiten en esos medios.

Las pruebas anaeróbicas (ausencia de oxígeno en el metabolismo energético), como carreras de velocidad, saltos o lanzamientos, no presentan merma de ninguna naturaleza en el rendimiento de los deportistas. Los 71 récords bolivarianos y suramericanos superados en 1977 y 1978 así lo demostraron. En suma, la importancia del rol de cada uno de los procesos señalados interrelacionados depende de la intensidad y de la duración del ejercicio.

El fútbol y su desempeño en la altitud

El fútbol es un deporte mixto en el que se alternan el estado aeróbico y anaeróbico, pero es preponderantemente anaeróbico, lo que lo hace poco dependiente del oxígeno en su metabolismo energético. El funcionamiento de uno de estos procesos está siempre asociado a la actividad de los otros, y la importancia de cada uno de ellos dependerá de la intensidad y la duración. Se puede apreciar que el consumo máximo de oxígeno en el fútbol está por debajo de los deportes preponderantemente aeróbicos. Es por eso un deporte de reducida exigencia fisiológica de aclimatación para la altura de La Paz.

Empecemos por decir que si bien nominalmente se juegan 90 minutos, en la práctica el promedio de tiempo neto de juego real (descontando todas las interrupciones por salida del balón, faltas, lesiones y otros) no supera en ningún caso los 70 minutos. Al ser un juego de conjunto, los deportistas no están permanentemente en movimiento dinámico, y aun cuando lo estén, es sobre todo el balón el que marca el verdadero ritmo e intensidad de un partido. La pelota es la que debe ser trasladada con velocidad e inteligencia, mucho más rápido que los propios jugadores. Los momentos de carrera franca (estado aeróbico) son, por tanto, limitados, y las etapas de recuperación, compartidas entre los 11-14 jugadores del equipo a lo largo del partido.

Debemos recordar, adicionalmente, que el fútbol tiene como base esencial un óptimo nivel de entrenamiento físico. Son la destreza individual y la disciplina de conjunto los ingredientes que permiten un buen rendimiento en la altura. Como lo prueba la historia, esa combinación ha podido más que cualquier condicionante ambiental y ha hecho que los mejores equipos tengan éxito en cualquier medio.

Una conclusión definitiva

Los estudios médicos del Instituto Boliviano de Biología de la Altura, presentados por la FBF a la FIFA, rebaten la arbitraria diferenciación de «límites» como 2.500 o 3.000 metros de altitud para impedir el juego de partidos internacionales. La experiencia histórica es demoledora para demostrar la absoluta falacia de quienes pretenden que se requieren diez días de aclimatación para jugar adecuadamente en La Paz. El argumento es también rebatible si se pretende con ligereza reducir esa cifra a ocho, siete o seis días, como lo prueban 57 años de experiencia en La Paz tanto en torneos puntuables de selecciones como en la Copa Libertadores de América y la Copa Sudamericana. En ambos casos, como ya se dijo, en 90% de las ocasiones los visitantes llegaron en el periodo de cero a tres días antes de los partidos y jugaron obteniendo resultados equivalentes a los logrados por visitantes en ciudades del llano.

  • 1. Carta a la fifa del 14/12/1995.
  • 2. Adicionalmente, hay que mencionar que el informe era tan poco consistente que, en fecha 21 de diciembre de 1995, el secretario de la fifa le escribió a José Saavedra: «El hecho de disputar partidos a más de 3.000 metros requiere por parte de los jugadores un periodo de adaptación física bastante largo (15 días como mínimo)». El 18 de enero de 1996, el mismo secretario le escribe al presidente de la fbf: «además (…) la altura de la ciudad en la cual Uds. desean jugar precisa un determinado periodo de adaptación, es decir un mínimo de 10 días».
  • 3. Me refiero a la resolución de la fifa presentada por su presidente Havelange el 31 de mayo de 1996, que levantaba todo veto a ciudades situadas a más de 2.500 m.s.n.m.
  • 4. Me refiero a la resolución de la fifa presentada por su presidente Havelange el 31 de mayo de 1996, que levantaba todo veto a ciudades situadas a más de 2.500 m.s.n.m.