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Fútbol y altura. La dramática historia de La Paz y el fútbol boliviano

Desde fines de los años 90 ha emergido un debate alrededor del juego de partidos internacionales a más de 2.500 o 3.000 m.s.n.m. En varias oportunidades, la FIFA planteó un veto a la altura para luego echarse atrás. El último intento fue a mediados de la década de 2000, cuando Evo Morales –primer presidente indígena de Bolivia y jugador aficionado– encabezó una campaña internacional contra el veto. En este artículo, se despliega un amplio análisis sobre las relaciones entre fútbol y altura: mediante razones históricas, sociales, culturales y médicas se argumenta en favor de la universalidad del fútbol, que se juega en varias «zonas extremas» del globo.

Fútbol y altura. La dramática historia de La Paz y el fútbol boliviano

Marco Antonio «el Diablo» Etcheverry recibe un pase de Gustavo Quinteros, marcador central, toma la pelota al borde del círculo central. Encara hacia el arco y con varios toques y un par de fintas llega al área brasileña, lo espera Valber. Es el 25 de julio de 1993, segundo partido eliminatorio de Bolivia en el camino al Mundial de Estados Unidos. El encuentro se juega en La Paz, en el ya mítico estadio Hernando Siles, a 3.577 m.s.n.m. Etcheverry forcejea con el defensor brasileño, es un duelo de fuerza y talento, ambos jugadores llegan casi al borde de la línea final, a la derecha del arco defendido por Taffarel. «El Diablo» hace un amague que obliga a Valber a retroceder y patea hacia el arco, la pelota pasa entre las piernas del defensor y muy mansamente choca con el botín de Taffarel, que pretendía bloquear el lanzamiento. El balón –lo imposible– rebota suavemente en el tobillo del arquero y entra al arco… ¡Gooooooool boliviano! El reloj marca 43 minutos del segundo tiempo. Bolivia 1, Brasil 0. Dos minutos después, Álvaro Peña ratifica un triunfo incuestionable con un segundo gol lapidario. Bolivia le ha quitado el invicto de casi 40 años en eliminatorias a Brasil y se ha metido en camisa de 11 varas… la discusión sobre «la altura» tomó nuevas dimensiones.

Los argumentos del veto a la altura

Dos acontecimientos han sido fundamentales para poner en el tapete objeciones de algunas federaciones sudamericanas a jugar en ciudades de gran altitud. El primero está referido a Uruguay. En 1977, Bolivia eliminó a la selección uruguaya, que no pudo asistir al Mundial de Argentina en 1978 (hecho particularmente importante por la proximidad geográfica y cultural entre uruguayos y argentinos). Entonces, Bolivia le ganó a la celeste en La Paz (1-0) y empató en Montevideo (2-2). En 1989 los uruguayos dejaron afuera a Bolivia apenas por un gol de diferencia. Ambas selecciones habían empatado en puntos tras sus respectivas campañas. En 1993 Bolivia sacó a los uruguayos del Mundial por segunda vez, privándolos de estar en Estados Unidos 1994.

El segundo, ya relatado, tuvo repercusión mundial y se refiere al histórico triunfo de Bolivia sobre Brasil en La Paz. Esta victoria reflejaba, no el efecto de la altura a la que se adaptaron sin mayores problemas los visitantes desde hace décadas, sino el del crecimiento de la calidad del fútbol de Bolivia en los años 90; la selección boliviana dejó de ser el rival fácil del pasado, tanto en la altura como en el llano. Esta evidencia fue recogida por el propio secretario general de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), Joseph Blatter, quien en la edición de octubre de 1993 de FIFA News decía que los equipos otrora ignorados han cobrado una fuerza ante la que ha sucumbido la jerarquía tradicional del mundo futbolístico. En efecto, el éxito de Bolivia tuvo luego su ratificación en la calificación de Ecuador a tres copas mundiales, las de 2002, 2006 y 2014, habiendo jugado varios de sus partidos como local en la ciudad de Quito.

El argumento del veto llegó junto con la decisión de jugar por primera vez en la historia las eliminatorias sudamericanas (a partir de Francia 1998) con el sistema de todos contra todos, lo que plantea nueve salidas de casa a los nueve seleccionados en competencia. Como hizo constar el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), nadie advirtió a Bolivia, que votó a favor de esta modalidad, que ese torneo iba casado con eventuales observaciones a La Paz como sede de los partidos eliminatorios1. De ser así, es obvio que Bolivia habría votado en contra.

El problema fue planteado por primera vez en noviembre de 1995 cuando se mencionó un informe de la Comisión Médica de la FIFA que recomendaba no jugar partidos en ciudades ubicadas a más de 2.500 metros de altura. Este criterio se conoció en el Simposio de Praga organizado por la FIFA en esa fecha. El 11 de diciembre de 1995, en la reunión del Comité Ejecutivo de la FIFA en París, en ocasión del sorteo de las eliminatorias, la Comisión Médica del organismo modificó de manera sorpresiva y sin justificación conocida su criterio inicial de restringir partidos en la altura y esta vez dictaminó: «No es deseable que se disputen partidos de fútbol en estadios situados en una altura superior a los 3.000 metros».

Bolivia reaccionó inmediatamente, y tanto el presidente de la FBF, José Saavedra, como el entonces presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, solicitaron al presidente de la FIFA una reconsideración del tema. La posición contó con la solidaridad de las federaciones sudamericanas también afectadas por la decisión. Ante esta medida injusta y arbitraria, Saavedra pidió inmediatamente a la FIFA el envío del informe médico para iniciar su defensa. La respuesta de la FIFA del 21 de diciembre fue tajante: «Sentimos informarle que son expedientes que pertenecen a nuestras comisiones. Por lo tanto, las asociaciones nacionales no pueden tener acceso a los mismos»2.

El problema pasó rápidamente de lo deportivo a lo político, social y cultural. Los bolivianos se dieron cuenta de que lo que estaba en juego era la imagen de su sede de gobierno y la realidad de una nación que vive mayoritariamente en un escenario geográfico de altitud y que se sintió cuestionada y discriminada por ese solo hecho. Esta es la razón por la que se produjo una rápida reacción en Bolivia entera, desde el presidente hasta la FBF y los organismos deportivos nacionales. Así, se logró una impresionante solidaridad internacional que convenció a la FIFA de reconsiderar su decisión inicial en su reunión del Comité Ejecutivo del 31 de mayo de 1996.

La solidez de la argumentación boliviana, complementada por un informe de Ecuador, permitió que el 31 de mayo de 1996 el propio presidente de la FIFA, João Havelange, hiciera conocer al mundo, a través de una conferencia de prensa, que la FIFA autorizaba todos los partidos internacionales en la altura, sin restricciones de ninguna clase, con la única condición de un tiempo mínimo recomendado de aclimatación de cinco días para jugadores de selecciones nacionales que tuvieran que jugar en ciudades de altura. La decisión de la FIFA dio por cerrado el tema.

  • 1. Carta a la fifa del 14/12/1995.
  • 2. Adicionalmente, hay que mencionar que el informe era tan poco consistente que, en fecha 21 de diciembre de 1995, el secretario de la fifa le escribió a José Saavedra: «El hecho de disputar partidos a más de 3.000 metros requiere por parte de los jugadores un periodo de adaptación física bastante largo (15 días como mínimo)». El 18 de enero de 1996, el mismo secretario le escribe al presidente de la fbf: «además (…) la altura de la ciudad en la cual Uds. desean jugar precisa un determinado periodo de adaptación, es decir un mínimo de 10 días».