Tema central

Fútbol, leonas, rugbiers y patria. El nacionalismo deportivo y las mercancías

A diez años de la primera edición de su libro Fútbol y patria, el autor discute la relación entre narrativas nacionales y deporte, incorporando los casos del hockey femenino y el rugby en Argentina (lo que le permite debatir la problemática de género), así como las transformaciones registradas en el rol del Estado como productor del relato patriótico en los neopopulismos contemporáneos. Del mismo modo, postulando la centralidad del héroe deportivo en estas narrativas, analiza el pasaje de Diego Maradona a Lionel Messi: del pibe al buen chico.

Fútbol, leonas, rugbiers y patria. El nacionalismo deportivo y las mercancías

Introducción

Cuando entre 2002 y 2008 escribí –y revisé– mi libro Fútbol y patria1, las conclusiones afirmaban que el discurso unificador de la nación parecía desvanecerse junto con el gran narrador, el Estado argentino, que a su vez no podía ser reemplazado por una sociedad civil debilitada o limitada a los reclamos sectoriales. El fútbol estaba privado por añadidura del último gran héroe, Diego Maradona, que había significado la continuidad del relato plebeyo, nacional y popular de la patria establecido por el peronismo; la ausencia de Maradona implicaba la imposibilidad para el fútbol de proponer un relato nacional alternativo y lo condenaba a la tribalización, a que el peso desmesurado de sus fragmentos –los clubes, los microterritorios, las hinchadas locales– hiciera imposible la reaparición de cualquier narrativa unificadora. Ese relato quedaba, entonces, a cargo del mercado: las publicidades comerciales de productos directa o indirectamente relacionados con el deporte que proliferaban en la cultura de masas en ocasión de cada evento deportivo internacional: Copa del Mundo –Copa América, Juegos Olímpicos–.

Esas publicidades insistían, por el contrario, en la permanencia del relato nacionalista: no verificaban la existencia de una nación, sino que proponían su deseo. Las publicidades recuperaban el peso de una tradición nacional-popular, su permanencia en el imaginario, y la transformaban en mercancía. Pero los medios no pueden reemplazar la nación ni proponer ningún relato democrático, porque no pueden narrar los desgarramientos y los conflictos que construyen una sociedad realmente democrática; solo postulan la ausencia del conflicto como un horizonte imaginario que encubre la dominación en toda sociedad de clases. Así, el mercado se limitaba a constatar el deseo de nación –la necesidad de un discurso nacional-popular– y a reemplazarlo por mercancías: cervezas o teléfonos celulares que «unieran a la patria» detrás de una épica, al menos una deportiva, ya que no política.

Las chicas y los machos

En Fútbol y patria hice foco en una narrativa masculina de la nación, producida, reproducida, protagonizada y administrada por hombres… como la mayoría de los relatos nacionalistas. En el caso del fútbol argentino, la sobrerrepresentación masculina es tan agobiante que desplaza cualquier otra posibilidad, incluso la mínima existencia del fútbol femenino, que tiene una presencia muy débil en el país; en relación con la extensión del fútbol masculino, parece casi inexistente.

Sin embargo, el análisis no puede obviar que el deporte más exitoso en el plano internacional de la última década en Argentina no es un deporte masculino: es el hockey sobre césped… femenino. Los datos son bastante claros en ese sentido. El fútbol argentino ha obtenido dos medallas doradas olímpicas en 2004 y 2008 pero, como es bien sabido, los Juegos Olímpicos en fútbol son una competencia de segundo nivel, con restricciones de edad (23 años) para los jugadores. A su vez, obtuvo tres copas Sub-20 (2001, 2005 y 2007), lo que nuevamente significa un torneo de segundo nivel restringido a jugadores juveniles. Desde 1993 el equipo de fútbol masculino de mayores no obtiene un título importante (ese año obtuvo la Copa América). Por su parte, el hockey femenino sobre césped obtuvo en esta década la medalla plateada en 2000 y 2012, así como dos medallas de bronce en 2004 y 2008; ganó además dos Copas del Mundo, en 2002 y 2010, y obtuvo el tercer puesto en 2006. Asimismo, ha ganado la medalla dorada en cuatro de los últimos diez Champions Trophy, una suerte de pequeña Copa Mundial que se juega todos los años. Por su parte, otros deportes masculinos a la vez exitosos y populares no alcanzan el mismo nivel de éxito: el rugby –sobre el que volveremos– domina el ámbito americano con holgura, pero solo ha alcanzado un bronce en la Copa del Mundo de 2007, que fue festejado como un triunfo. El básquetbol, de gran tradición local y rivalidades competitivas con otros países latinoamericanos –Brasil, Venezuela, Puerto Rico–, explotó en esta década con un segundo lugar en el Mundial de 2002; la selección argentina fue el primer equipo en vencer al Dream Team estadounidense y luego obtuvo la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004, y el bronce en Beijing en 2008. Esos éxitos internacionales son también mayores que los del fútbol: pero, nuevamente, no pueden equipararse a los del hockey femenino, los de las chicas.

Mi uso de la palabra «chicas» no es despectivo, sino nativo: porque la palabra no designa, en el castellano argentino, a las pequeñas sino que remite ampliamente a las mujeres jóvenes, y fue utilizado hasta la saciedad por el entrenador de los exitosos equipos argentinos, Sergio «Cachito» Vigil, quien no encontraba otra forma de referirse a sus jugadoras que «las chicas». En 2000, durante los Juegos de Sidney, las jugadoras decidieron autobautizarse, encontrar un sobrenombre que las identificara popularmente, o mejor, mediáticamente. Escogieron el apelativo «Las Leonas», que se impuso pronto, e incorporaron en sus camisetas una imagen del animal –aunque, claro, sin indicación icónica del género–. La elección, aunque sus inventoras insistan en las características de garra y coraje del animal, hacía eco a la denominación del seleccionado masculino de rugby, «Los Pumas», así conocidos desde una memorable confusión en 1965. La camiseta del equipo tenía la figura de un yaguareté, un felino argentino; sin embargo, un periodista sudafricano la confundió con la de un puma, y tanto la prensa como los jugadores encontraron el nombre más simpático –y de mayor eficacia mediática– que el original.

Sin embargo, no hay ningún tipo de narrativa nacional que pueda construirse –o que, al menos, haya sido construida hasta hoy– sobre las chicas del hockey argentino. Las Leonas, a pesar de ser el equipo deportivo argentino de mayor éxito internacional, no han sido soporte de argumentos nacionalistas. Más allá de ciertas operaciones de futbolización –por ejemplo, en los cánticos de sus seguidoras o en la presencia mediática de sus jugadoras–, no han sido objeto de la metonimia fundamental: la relación con la patria. Su presencia publicitaria es significativa: es especialmente gráfica antes que televisiva, lo que habla de públicos más segmentados –femeninos y de clases medias y altas–. Aunque comparte sponsors con el fútbol, el básquetbol y el rugby –la empresa Adidas–, no hay spots televisivos; mucho menos, alguno que proponga el relato nacionalista típico del fútbol. Hay una excepción, significativa pero a la vez limitada, y que se concentra en la mejor jugadora de la historia, Luciana Aymar, que ha sido elegida mejor jugadora del mundo durante siete de los últimos diez años por la Federación Internacional de Hockey (FIH), una continuidad y unanimidad que solo Lionel Messi podría emular, y apenas en el futuro. En un spot de la bebida Gatorade, un magnífico gol de Aymar es narrado… por el relato en off con que el periodista Víctor Hugo Morales narró el segundo gol de Maradona en el partido contra Inglaterra en el Mundial de Fútbol de 1986. La leyenda final se limita a afirmar: «Gracias, Lucha [familiarmente, Luciana], por hacernos sentir así». Es decir: es apenas una manifestación de orgullo, y no una proclama que coloque a Aymar en el lugar del héroe deportivo patrio, constructor de significados nacionales. Aunque entre sus rivales pueda estar Inglaterra2.

  • 1. Pablo Alabarces: doctor en Sociología por la Universidad de Brighton, Inglaterra. Es profesor titular de Cultura Popular en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (uba), en la que dirigió el Doctorado entre 2004 y 2010, e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Es considerado uno de los fundadores de la sociología del deporte en América Latina, y entre sus libros se cuentan Fútbol y patria. El fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina (Prometeo, Buenos Aires, 2002) y Resistencias y mediaciones. Estudios sobre cultura popular (con María Graciela Rodríguez, Paidós, Buenos Aires, 2008). En 2012 publicó Peronistas, populistas y plebeyos. Crónicas de cultura y política (Prometeo, Buenos Aires).Palabras claves: fútbol, género, patria, Bicentenario, Leonas, Pumas, Diego Maradona, Lionel Messi, Argentina.. 4ª edición corregida y aumentada, Prometeo, Buenos Aires, 2008.
  • 2. El spot puede verse en www.youtube.com/watch?v=RwPthQ2G_a0, fecha de consulta: 7/7/2012.