Opinión

Euroescepticismo a la italiana

La formación de un gobierno italiano con líderes eurófobos y con un discurso de derecha radical es una preocupación para Europa. La Liga, antiguo partido de extrema derecha, llega por primera vez al gobierno con el Movimiento 5 Estrellas. El gobierno italiano puede desajustar una Europa que, con el eje franco-alemán, parecía haber logrado cierta calma. Los migrantes serán los primeros en sufrir las consecuencias.

Euroescepticismo a la italiana

En Italia, tras los procesos electorales, la formación de gobierno no tiene límite temporal. En las últimas elecciones generales de 2013 se tardaron dos meses. En las últimas, desarrolladas en el mes de marzo, se superó ese periodo, aunque lejos de lo sucedido en España en 2015 o incluso de los 541 días sin gobierno de Bélgica en el año 2011.

Las elecciones italianas de marzo reafirmaron el imaginario de los politólogos y cientistas sociales sobre el país de los 64 gobiernos en 70 años: se trata de un sistema político espinoso para predecir, una premisa hegeliana, casi un juego imposible. No siempre gobierna quien gana las elecciones. Luigi Di Maio y Matteo Salvini concluyeron las negociaciones con la conformación de una especie de poder bicéfalo euroescéptico que detentará las vicepresidencias del Gobierno y los ministerios de Trabajo y Asuntos Sociales e Interior, respectivamente. Así, apuntalan a un jefe de gobierno que nace como una figura subvaluada y de por si limitada por un bicameralismo complejo. Se refleja, además, la conformación de un Ejecutivo marcado por sus posiciones críticas al gobierno supranacional de Bruselas. Y esto sucede en uno de los países que desde la fundación de la Unión Europea (UE) y de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero en 1952, estuvo presente en todos los hitos importantes delproyecto integrador del viejo continente.

Las variables del escenario pre electoral: economía y migraciones

La inmigración y la economía fueron los temas más relevantes de la campaña. Ambos estuvieron especialmente apuntalados por las sostenidas críticas de los dos nuevos partidos de gobierno. El Movimiento 5 Estrellas con su posición sumamente crítica frente al Euro. Y la Liga con su marcada xenofobia y referencia de una Italia blanca y cristiana. En ese sentido, Italia no dejó de ser un escenario propicio para el despliegue de sus críticas.

La tercera economía de la UE adoptó el euro en 1998 y abandonó la lira en 2002. Desde principios de siglo, su economía mostro un pobre desempeño en lo relativo al crecimiento, habiendo sido además considerablemente afectada por la crisis financiera mundial de 2007. La reforma del mercado laboral no generó resultados positivos y el sector bancario presenta una inmensa cuota de deudas incobrables (en 2017 Italia nacionalizó la tercera entidad bancaria del país, el Monte dei Paschi di Siena). En la eurozona, el país solo es superado por Grecia en el monto de su deuda publica en relación al PIB, comprendiendo la misma un 132% del mismo (en 2007 era del 99%). Además, el país presenta un escenario de pobreza creciente con un desempleo de dos dígitos que en el grupo joven llega al 40%.

En ese marco existe un creciente flujo de emigrantes italianos al exterior, especialmente jóvenes formados sin empleo, sumidos en un contexto económico desfavorable y una sociedad avejentada. En los últimos años se ha producido un crecimiento de los arribos de migrantes a través del Mediterráneo en un país que ya posee una ley sumamente restrictiva que pena la inmigración ilegal y la ayuda a la misma. Incluso en los meses previos a las elecciones y tal vez preocupado por las encuestas, el Partido Democrático –representante del centroizquierda- se ausentó del Parlamento para tratar la ley ius soli con la cual se hubiera aprobado el largo reclamo de otorgar la nacionalidad a los hijos de padres inmigrantes nacidos en el país. Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, perdió ventaja electoral frente a la fuerte retorica xenófoba antinmigrante de Matteo Salvini. Solo con la intención de no perder votos –lo cual no logró-, el viejo jerarca italiano prometió expulsar a 600 mil inmigrantes. Incluso luego del ataque xenófobo en Macerata en el mes de febrero.

Después de las elecciones: posiciones y cambios potenciales

Los resultados mostraron que la coalición de derecha y centroderecha fue la más votada: la Liga recogió las demandas de otros partidos de derecha y ultraderecha como Fratelli o Casa Pound, y creció de forma directa a las expectativas generadas. Por su parte el Movimiento 5 Estrellas, en crecimiento desde su fundación en 2009, fue la fuerza que obtuvo la mayor cantidad de votos en solitario. Ambos debieron rever sus propias limitaciones: la del Movimiento 5 Estrellas de poder conformar coaliciones y las de la Liga de superar su posición de segunda de Berlusconi y posicionarse como punta de lanza de su alianza. El Palacio del Quirinal con Sergio Mattarela al frente, comenzó una espinosa ronda de consulta con los distintos partidos políticos para decidir a quién le otorgaba la (difícil) tareade formar gobierno y recibir el voto de confianza del Parlamento.

Casi desde el comienzo se impuso la idea de un Primer Ministro que no sea ninguno de los dos candidatos de los partidos mencionados, es decir, Luigi di Maio y Matteo Salvini. Finalmente sería –luego de algunas ideas y vueltas por el ministro de economía propuesto en primera instancia- Giuseppe Conte, sugerido por ambos. Previo impasse de Carlo Cotarelli, antiguo funcionario del Fondo Monetario Internacional apodado el «señor tijeras» por su rol en el gobierno de Enrico Letta y quien de haber asumido se hubiera sumado a la ya considerable lista de primeros ministros no elegidos por el voto.

Los resultados electorales fueron un claro reflejo de la caída de las opciones moderadas –el caso del Partido Democrático con su respectiva pérdida de votos y dirigentes- y el auge de los extremismos, con especial preocupación en el caso de la derecha eurofóbica, racista y xenófoba de la Liga. Este partido ha dejado de ser periférico y pasa a convertirse en un partido de gobierno con casi la mitad del gabinete de ministros. La coronación de Salvini al frente del Ministerio del Interior representa un duro golpe a la situación de los migrantes y al ya vapuleado espacio Schengen. El líder de la Liga se manifestó en repetidas ocasiones en favor de las deportaciones masivas de inmigrantes que Italia necesita casi desesperadamente al ser el segundo país del mundo con más ancianos y el primero de Europa según el Instituto Nacional de Estadísticas.

Por su parte, el Movimiento 5 Estrellas y su dominio de las áreas de gobierno vinculadas a los asuntos económicos genera temor en los mercados, especialmente luego de años de haber sido un ferviente crítico de las políticas neoliberales de la troika. Incluso hasta el año pasado continuaba enarbolando su temerosa proposición de realizar un referéndum que decidiera la permanencia de la república en la zona euro.

Los nacionalismos frente al poder supranacional

No obstante, el avance de este fenómeno complejo y heterogéneo que la ciencia política europea denomina pretenciosamente «populismo» no es exclusivo de la «complicada» Italia. Se trata del avance lento y sostenido de un fenómeno político en toda Europa que desafía, en algunos casos, las estructuras vigentes que pretende reformar y, en otros más extremos, los propios cimientos del proyecto integrador.

El año pasado, Geert Wilders avanzó en Holanda, Le Pen disputó el ballotage presidencial, Alternativa para Alemania llegó al Bundestag, la ultraderecha logró su participación en el nuevo gobierno de Sebastian Kurz en Austria, el euroescepticismo triunfó en Republica Checa, y las variantes más antiliberales y antieuropeas con Ley y Justicia en Polonia y Orban en Hungría (en este caso con otras opciones de ultraderecha como Jobbik también en crecimiento) se han consolidado.

El Movimiento 5 Estrellas y la Liga conforman la Europa de la Libertad y la Democracia Directa y la Europa de las Naciones y de la Libertad como grupos políticos parlamentarios a nivel europeo con varias de las fuerzas políticas mencionadas en el párrafo anterior. Ello lleva a interrogarnos sobre el verdadero alcance del impacto del nuevo gobierno italiano en la Unión Europea ¿Cómo impactará la conformación de un gobierno euroescéptico en Italia en las negociaciones por el Brexit? ¿Se mantendrán las posiciones contrarias al euro? ¿Llevara a un mayor proteccionismo? ¿Afectará de forma más tangible la libre circulación de personas? ¿Dinamitará el ya de por si paupérrimo cumplimiento de recepción de las cuotas de refugiados establecidas por Bruselas en 2015? El proyecto europeo deberá afrontar avances o retrocesos con un escenario marcado de nuevas limitaciones.

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