Tema central

Estado, capitalismo y naturaleza. La expansión del «mercado de las catástrofes»

En las últimas décadas asistimos a una creciente securitización de los riesgos de catástrofes. Esta situación ha reconfigurado las tradicionales y estrechas relaciones entre capitalismo, Estado y naturaleza, en un contexto de crisis fiscal que se vuelve cada vez más estructural. Esta crisis fiscal lleva a los Estados a tener que financiarizar cada vez más los seguros contra riesgos climáticos, mediante procesos de titulización que representan una alternativa a los impuestos y la solidaridad nacional. De este modo, los Estados habilitan nuevas formas de financiarización de la vida que alcanzan a las poblaciones más pobres del planeta.

Estado, capitalismo y naturaleza. La expansión del «mercado de las catástrofes»

La explotación de los recursos naturales ha sido desde siempre una condición necesaria para la acumulación de capital. Como ha mostrado recientemente Timothy Mitchell en su libro Carbon Democracy [Democracia del carbono], ningún sector de las sociedades modernas escapa a la influencia de los combustibles fósiles (carbón, petróleo), incluidas las instituciones democráticas1. La aparición de estas instituciones, de hecho, ha sido posible gracias a la existencia de ciertos tipos de conflictos sociales desde el siglo XIX, los cuales habrían sido inconcebibles sin el sistema de energía basado en el carbono dominante desde hace dos siglos.

En la modernidad, la relación entre el capitalismo y la naturaleza nunca es inmediata. El Estado cumple una función intermediaria o de interfaz entre los dos. Toda la historia del Estado moderno puede ser releída a la luz de esta idea. Bajo el capitalismo, la relación entre la acumulación de capital y la naturaleza siempre es moderada o articulada por el Estado. ¿Por qué? En primer lugar, porque la lógica del capital es ciega y carece de límites. Abandonado a sí mismo, se aprovecha de los recursos que tiene a su alcance –naturales u otros– para agotarlos. Además, es incapaz de manejar los efectos nefastos del proceso productivo: contaminación, agotamiento de reservas, daños a la salud, crisis económicas, conflictos, etc. Para hacer frente a todo esto está el Estado. Al regular el acceso a los recursos y hacerse cargo de las consecuencias negativas del desarrollo, obra en favor de los intereses a largo plazo de las clases dominantes y permite que la naturaleza pueda ser explotada de forma durable.

Pero el Estado capitalista también tiene la función de construir la naturaleza. Esta, para ser explotada de forma permanente, primero debe ser organizada o «configurada». Por ejemplo, en el plano legal, el Estado entrega derechos de propiedad sobre las especies naturales o sobre las partículas de CO2, en el marco de la mercantilización de la biodiversidad o de los mercados de carbono. Así, autoriza a los operadores privados a sacar beneficios de su negocio. O en el plano estadístico: contabilizar y administrar los recursos naturales es una obsesión del Estado al menos desde los fisiócratas del siglo XVIII (fisiocracia significa «gobierno de la naturaleza»). El Estado organiza entonces la naturaleza y la pone a disposición del capital. Generar valor capitalista supone producir y destruir constantemente la naturaleza. El capital, sin embargo, no puede hacerlo solo, necesita para ello del concurso de una entidad a la que pueda encomendar las tareas que él no puede cumplir: el Estado. El capitalismo, la naturaleza y el Estado, por lo tanto, constituyen en la modernidad un tríptico indisociable. Por esa razón, el tema central para todo movimiento ecologista digno de ese nombre es la cuestión del Estado.

Los microseguros a la ayuda de la rentabilidad

Uno de los sectores donde esta imbricación entre el mercado, el Estado y la naturaleza aparece hoy con más claridad es el de los seguros, en particular, los microseguros. Pero ¿de qué se trata esto?

En caso de desastres naturales o industriales, las aseguradoras tienden a incrementar las primas de los seguros, a veces llevándolas a precios prohibitivos. Esto produce un efecto de exclusión, ya que desmotiva a los individuos a asegurarse debido a las primas excesivas, lo que estrecha el mercado y obliga a las aseguradoras a aumentar aún más sus primas debido a la insuficiente demanda. Este problema es especialmente grave en los países pobres. La existencia de un mercado de seguros supone la presencia de un número suficiente de personas que disponen de los medios para asegurarse; de lo contrario, los riesgos resultan insuficientemente diversificados y, por tanto, las aseguradoras no pueden pagar en caso de catástrofe. En los países en desarrollo, el umbral mínimo rara vez se alcanza. A veces, además, ocurre que el marco jurídico es defectuoso; la aparición de un mercado de seguros en ausencia de un marco jurídico estable es problemática. La «financiarización» de los seguros de riesgos climáticos representa una manera de superar estos obstáculos para las compañías de seguros y los gobiernos.

Un ejemplo: el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha emitido un derivado climático para que el gobierno etíope pueda sostener a su población en caso de sequía y pérdida de cosechas. Etiopía es víctima de sequías recurrentes, agravadas por el cambio climático 2. Estas llevan a hambrunas, que el gobierno etíope no tiene medios para afrontar y de las que se hace cargo a menudo el sector humanitario. El derivado climático emitido por el PMA se presenta como una alternativa tanto a la asistencia gubernamental directa como a la ayuda humanitaria. Se trata de una forma de seguro que se conoce como «basado en índices» (index based insurance).

«Basado en índices» significa que su disparador es una escala graduada, por ejemplo respecto de la temperatura o la pluviometría, la cual, si supera cierto umbral, implica una indemnización. Sistemas de seguros de este tipo también existen en Bolivia, la India y Sudán y son activamente promovidos por las organizaciones internacionales. Forman parte de un sistema en auge en la actualidad, el de los microseguros, que es el equivalente al microcrédito en el sector de los seguros3. El microseguro es síntoma de la actual financiarización de la vida cotidiana4. La proliferación de desastres naturales debido al cambio climático promete un futuro brillante para este sector.

Los microseguros, como su nombre lo indica, se centran en pequeños montos y atañen a poblaciones pobres, que sin embargo pueden padecer importantes pérdidas debido a los desastres naturales. Como en el caso del microcrédito, la gestión es comunitaria, en el sentido de que la responsabilidad del pago de las primas se controla de forma colectiva. Contemplan diversas áreas de riesgo: salud, pérdidas de cosechas o ganado, inundaciones, etc., e incluyen entre 150 y 200 millones de personas hasta la fecha. Munich Re –la reaseguradora más grande del mundo– ha publicado varios volúmenes sobre microseguros en colaboración con la Organización Internacional del Trabajo (OIT)5. Esta colaboración entre el sector privado y el público, es decir, las organizaciones internacionales, es una constante en la industria de seguros. El objetivo declarado, como siempre, es proteger a los más pobres, pero recaudar las primas, aunque sean microscópicas, de millones de agricultores pobres de todo el mundo no es algo ajeno a los intereses del número uno del mundo de los reaseguros para este sector. Los microseguros pueden ser considerados una forma de «acumulación por desposesión», como apunta David Harvey6. El principio es siempre el mismo: en un periodo de baja en la tasa de ganancias, de crisis del capitalismo, ¿cómo hacer rentables los sectores de la vida social y de población que escapan al mercado?

  • 1. T. Mitchell: Carbon Democracy: Le pouvoir politique à l’ère du pétrole, La Découverte, París, 2013.
  • 2. Koko Warner et al.: «Adaptation to Climate Change: Linking Disaster Risk Reduction and Insurance», Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, Ginebra, 2009, p. 4.
  • 3. Ver Wendy J. Werner: «Micro-Insurance in Bangladesh: Risk Protection for the Poor?» en Journal of Health, Population, and Nutrition vol. 27 No 4, 2007.
  • 4. Ver Randy Martin: Financialization of Daily Life, Temple University Press, Filadelfia, 2002.
  • 5. V. los dos grandes volúmenes publicados en colaboración por Munich Re y la oit, titulados Protecting the Poor. A Microinsurance Compendium, disponibles en www.munichre-foundation.org/home/Microinsurance/MicroinsuranceCompendium.html. V., por ejemplo, la contribución de Thomas Loster y Dirk Reinhardt: «Microinsurance and Climate Change».
  • 6. D. Harvey: The New Imperialism, Oxford University Press, Oxford, 2003. [Hay edición en español: El nuevo imperialismo, Akal, Madrid, 2004].