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Es necesaria una nueva batalla cultural

Este texto es la trascripción de la intervención de Bauman en el evento «Dilemas socialdemócratas», en el contexto de la inauguración de la exposición «Los comienzos con Lassalle: la socialdemocracia en Polonia y Alemania», que se realizó en la ciudad de Breslavia, Polonia, el 22 de junio de 2013. Bauman, uno de los grandes pensadores europeos de la actualidad, aborda la crisis de la socialdemocracia, analiza las causas del declive de las ideas de cambio social y el triunfo del imaginario burgués y propone una lectura que busca alejarse tanto del optimismo irreflexivo como del pesimismo paralizante.

Es necesaria una nueva batalla cultural

En mayo de 2013, representantes de 70 partidos socialistas y socialdemócratas de todo el mundo se reunieron en Leipzig para conmemorar el aniversario de una carta abierta escrita el 1 de marzo de 1863 por Ferdinand Lassalle, un ciudadano de Breslavia. En ella, Lassalle se dirigía a la gente que sufría injusticias, que era víctima de la intolerancia o cuya dignidad había sido negada, instándola a unir sus esfuerzos para construir un mundo capaz de alcanzar los principios de justicia. El 23 de mayo de 1863, poco después de la aparición de ese texto, Leipzig fue sede del primer encuentro de quienes habían sido convocados por la carta. Tuvo lugar entonces la fundación de la Asociación General de Trabajadores Alemanes (ADAV, por sus siglas en alemán), que se convirtió en el prototipo de todas las entidades sindicales surgidas posteriormente en Europa y organizadas para responder al desafío de Lassalle.

¿Qué quería Lassalle? Tenía un programa muy específico y, si se considera el contexto histórico, hay que admitir que su visión era muy realista: 1. Es necesario unirse. Solo somos fuertes en la unidad; individualmente no conseguiremos nada. Debemos combinar nuestras fuerzas, nuestras ideas y nuestro valor. 2. Nos uniremos en un partido y luego usaremos nuestra fuerza combinada para obtener el derecho general al voto, que merece el hombre en virtud de su humanidad. 3. Una vez alcanzado este objetivo, los trabajadores formarán la mayoría absoluta de la nación.

La mayoría de los contemporáneos de Lassalle creían que la industrialización duraría para siempre, así como hasta 2007 nosotros creíamos que el consumismo perduraría. En aquellos tiempos se suponía que se alcanzaría una etapa en la cual la sociedad quedaría dividida en dos partes: la de los trabajadores y la de quienes los supervisan y explotan. De ese modo, dado el derecho general al voto, parecía obvio que los trabajadores aumentarían su poder en el Estado.

Pero ¿qué se haría con ese poder? El Estado obligaría a los bancos a subsidiar la presencia de cooperativas manufactureras. En lugar de fábricas establecidas como propiedad individual, cada trabajador sería copropietario de una fábrica: surgiría así una cooperativa de productores. Esto aparecía como una alternativa frente a la sociedad industrial emergente. Significaba un sí a la industria, al progreso científico y a la modernización, pero no de la manera reivindicada por el capital, es decir, desprovista de control político.

Estos postulados deben ser actualizados. Sin embargo, en lo que se refiere al objetivo, la perspectiva de Lassalle es la de una sociedad justa, donde la gente convive en armonía y cooperación en vez de hacerlo en un marco de competencia y sospecha. Esto está en la agenda actual, así como lo estaba hace 150 años.Estamos celebrando un aniversario; generalmente, uno habla de los héroes de los aniversarios solo en términos positivos. En los discursos conmemorativos, olvidamos los errores que cometieron en sus vidas. Sin embargo, dada la situación actual de la socialdemocracia, es necesario que analicemos algunas cuestiones desafortunadas. La socialdemocracia alemana disfrutó de muchas décadas marcadas por el rápido crecimiento y el éxito. Hasta hace apenas diez o quince años, era normal lograr 35% de los votos. Hoy el SPD [Partido Socialdemócrata de Alemania] alcanza alrededor de 24-25%, lo que representa una fuerte caída. Desde la adopción de la Agenda 2010 por parte del canciller Gerhard Schröder, el SPD ha perdido un tercio de sus miembros. Se trata de un retroceso desastroso en la historia del partido. El SPD se encuentra en graves dificultades. Hay que admitirlo con honestidad. El aniversario de hoy no es un momento victorioso. Más bien, es una oportunidad para reconocer el enorme esfuerzo que exige el camino hacia la victoria. ¿Cuáles son las razones de este retroceso histórico? ¿Por qué está en crisis la socialdemocracia? ¿Por qué en las encuestas de opinión pública hay cada vez menos gente que se sitúa en la centroizquierda?

El maravilloso escritor portugués José Saramago lo expresó de manera cruel e incluso brutal: «En cierto momento, el movimiento [socialdemócrata] representaba algunas de las mayores esperanzas de la humanidad, pero con el paso del tiempo ha dejado de jugar ese papel». El programa de la izquierda le dice a la derecha: «Cualquier cosa que hagas, nosotros la haremos mejor». En lugar de preparar un programa para el futuro, los socialistas intentan demostrar que pueden hacer lo mismo que la derecha. De acuerdo con lo que escribió el famoso politólogo belga Jean-Michel De Waele, el gran colapso experimentado en 2007 por la economía capitalista financiera y de consumo no impulsó a la izquierda, sino que reveló sus debilidades inherentes.

Si se considera la situación actual del SPD en vísperas de las elecciones, pueden observarse dos actitudes diferentes, que resultan difíciles de reconciliar. Por un lado, se intenta satisfacer a quienes están pagando el costo de la crisis; por el otro, se ratifica completamente el modelo económico aplicado hoy en Alemania. Parafraseando a Antonio Gramsci, podría decirse que la derecha ha ganado la batalla cultural con la izquierda.¿Por qué se lucha en esa batalla? Según Gramsci, la situación social y la condición de las personas no dependen de las negociaciones en las altas esferas ni de medidas políticas, sino únicamente de la filosofía; pero no en el sentido de los seminarios universitarios, sino de la filosofía llamada ideología o, más recientemente, imaginario (un término acuñado por Gilles Deleuze, utilizado luego por Cornelius Castoriadis y debatido ahora apasionadamente por Charles Taylor). Dicho de manera sencilla, el imaginario refleja cómo imaginamos el orden mundial, cuáles son las condiciones para nuestras acciones y cuáles los valores por los que vale la pena luchar o, dado el caso, hacer un sacrificio.

El imaginario burgués ha triunfado. A continuación indicaré cuáles son sus características más sobresalientes. La panacea para todos los males sociales es un aumento de la producción en términos del PIB; no hay otras formas de mejorar el destino de la humanidad. Sin embargo, detrás de este supuesto aparece una condición oculta y silenciosa: se puede aumentar sin límites la producción de mercancías industriales y suministrar cada vez más y más bienes.