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Energía en Sudamérica: una interconexión que no integra

La integración energética debería apuntar a mejorar los niveles de sustentabilidad, con un concepto amplio de desarrollo que contemple la biodiversidad y los aspectos sociales del crecimiento. Sin embargo, los proyectos de articulación energética vigentes, desde la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana hasta el promocionado Gasoducto del Sur, apuntan solamente a construir infraestructura para bajar los precios e impulsar el crecimiento. Se trata, en suma, de una interconexión física para transportar electricidad y gas natural, que no tiene en cuenta cuestiones como la eficiencia energética, el cuidado del ambiente o el desarrollo sustentable.

Energía en Sudamérica: una interconexión que no integra

Hace más de 30 años, un estudio sobre las tendencias crecientes de consumo puso en alerta a los políticos y científicos de todo el mundo. Difundido con el título Los límites del crecimiento (Meadows et al.), el estudio fue realizado por el Club de Roma y se convirtió en un clásico para el análisis de la relación entre producción y ambiente. Durante toda la década de 1970 y buena parte de la de 1980, aquel trabajo impulsó varias teorías y estudios que procuraron analizar el problema de los límites que la naturaleza imponía al modelo de desarrollo. En 1990, los fuertes impulsos neoliberales borraron buena parte de aquellos esfuerzos, y la idea de un crecimiento ilimitado basado en los avances tecnológicos se impuso abrumadoramente en los medios políticos y académicos de todo el mundo.

La energía, muy presente en el trabajo de Meadows, atravesó los avatares de esta trayectoria, pasando del impacto inicial (el libro salió en la época en que se producía el primer gran shock petrolero) a la furia expansiva de los 90. Sin embargo, ya en el siglo XXI, pareciera que el tema energético se perfila como el primer recordatorio de aquellos viejos anuncios que afirmaban que en la vida todo tiene un límite.

Los límites políticos y los límites físicos de la energía

Uno de los elementos más conocidos de este límite es el cambio climático. Durante la Cumbre de Río de 1992, los gobernantes de todo el mundo reconocieron lo que hacía más de diez años venían anunciando los científicos: el exceso de dióxido de carbono en la atmósfera estaba provocando un cambio climático que tendría consecuencias negativas para la vida en la Tierra. Sin embargo, cinco años después, las medidas que se anunciaron en Kioto resultaron visiblemente escasas. El pobre compromiso de reducir en 5% las emisiones para el año 2012 era demasiado poco en relación con los esfuerzos solicitados por los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que demandaban una reducción inmediata de 60% de las emisiones globales. Hoy, a casi diez años de haberse firmado el Protocolo de Kioto, las amenazas son mayores, ya que todo hace pensar que ni siquiera ese límite será observado por los países firmantes de la Convención de 1992. A pesar de ello, las hipótesis del IPCC han ido ganando fuerza con los sucesivos reportes. Según muchos especialistas, las consecuencias previstas en la teoría se están cumpliendo en la práctica: cambios en los regímenes de precipitaciones, elevación del nivel del mar, aumento de la temperatura. También se ha determinado de forma concluyente que el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón) es la principal causa del aumento del efecto invernadero que está recalentando la Tierra (IPCC). Las fuentes energéticas suelen dividirse en primarias y secundarias. Las primarias son aquellas que pueden tomarse directamente de la naturaleza, mientras que las secundarias requieren una transformación para ser utilizadas. El petróleo, el gas, el carbón, las biomasas, la energía hidráulica y la eólica son ejemplos de fuentes primarias, mientras que la electricidad, la gasolina y el carbón vegetal son ejemplos del segundo grupo. El 90% del total de la oferta de energía primaria que se utiliza hoy proviene de alguna de tres fuentes primarias que suman dióxido de carbono a la atmósfera: petróleo, gas natural y carbón mineral. Los analistas y centros de energía más influyentes auguran un crecimiento de 50% del consumo energético en los próximos 15 años. ¿No habrá un límite político al uso de estas fuentes energéticas? Acuerdos como el Protocolo de Kioto necesariamente deberán profundizarse si se quiere evitar un desastre planetario. Quizá no sea factible que una organización política internacional como las Naciones Unidas establezca límites al uso de energías fósiles y su consiguiente carga de emisiones contaminantes. Pero sí puede haber un límite real, y es el límite que todo recurso finito tiene: el agotamiento. En la época de Meadows se calculaba el tiempo que demandaría agotar todos los recursos petroleros del planeta y se pronosticaba el fin de los recursos fósiles. Sin embargo, los grandes pozos petroleros del mundo se descubrieron después de la aparición de Los límites del crecimiento, y aquellas predicciones resultaron fallidas. A 30 años de aquellos pronósticos, el consumo de petróleo pasó de 2.753 millones de barriles en 1973 a 3.767 millones en 2004.

La extracción diaria de petróleo es del orden de los 75 millones de barriles, y se espera una demanda creciente de 2% anual para los próximos años, por lo que en 2020 se necesitarán unos 100 millones de barriles diarios. Esto requiere de nuevas y urgentes prospecciones y descubrimientos de reservas, pues las actuales ya no pueden aumentar su capacidad de extracción. El problema es que las grandes reservas petroleras fueron identificadas durante la década de 1970 y hace más de 20 años que, a pesar de los esfuerzos de exploración, no se encuentran reservas de grandes dimensiones. El 80% del petróleo que se consume hoy en el mundo proviene de pozos descubiertos en la década de 1970, que están llegando a su techo de extracción diaria. Esto no quiere decir que el petróleo se haya agotado, pero significa que, a partir de ahora, se podrá sacar menos cada día. Si la curva de consumo de combustible es creciente y la extracción de petróleo es decreciente, se abren dos alternativas: o reducimos el consumo cambiando la dirección de la curva o encontramos urgentemente algún sustituto. La primera opción nos remite a los postulados básicos de Los límites del crecimiento. La segunda, como veremos más adelante, también.

En cuanto al carbón y el gas natural, las reservas alcanzarían para extender por unos años más el uso de estos combustibles. Sin embargo, el gas natural bastaría para muy pocos años (unos diez), mientras que el carbón no serviría como sustituto del petróleo en muchos usos, además de que genera una serie de problemas ambientales que lo hacen muy poco recomendable. Por lo tanto, ya sea por razones ambientales o por la escasez de recursos, estamos a punto de perder la base energética que sostiene el crecimiento económico del mundo.