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En diálogo con "Dialéctica de la dependencia", de Ruy Mauro Marini

El carácter sui géneris del capitalismo latinoamericano dio lugar a largas controversias que se enfocaban en sus «deformaciones» o «insuficiencias» respecto al desarrollo del capitalismo clásico. Las tesis de Ruy Marini –que parten del análisis de la integración tardía al mercado mundial de las burguesías periféricas– distinguen entre situaciones de colonialidad y situaciones de dependencia y, al mismo tiempo, buscan articular dialécticamente la cuestión nacional con la dimensión clasista dentro de cada Estado latinoamericano. \"Dialéctica de la dependencia\" es sin duda un aporte fundamental en la construcción del pensamiento crítico latinoamericano.

En diálogo con "Dialéctica de la dependencia", de Ruy Mauro Marini

El pensamiento social latinoamericano se enfrentó, a lo largo de su desarrollo, a un dilema que lo aprisionó y que tuvo siempre dificultad para resolver. Varias de sus vertientes privilegiaron el análisis de la inserción internacional como eje para comprender la naturaleza dependiente de las economías de la región. Otras destacaban como centrales las relaciones de clase dentro de cada país. Prácticamente no había discusión entre estas dos posiciones. Las primeras fueron catalogadas como nacionalistas, por privilegiar la «cuestión nacional» y la contradicción principal nación/imperialismo. Las otras, como clasistas, por privilegiar las contradicciones de clase. Ambas apuntaban hacia elementos sin duda reales, pero al mismo tiempo aparecían como reduccionistas; una por excluir las relaciones de clase, la otra por subestimar la inserción internacional como países capitalistas dependientes. El problema es que, más allá de aceptar que ambas dimensiones son fundamentales, se trata de establecer cuál es la relación entre ellas. Como sustrato de estas dificultades, aparecía el hecho de que las economías latinoamericanas presentan peculiaridades que a veces eran vistas como «insuficiencias» y otras como «deformaciones» frente al parámetro del modo de producción capitalista «puro», es decir, el que operaba en las economías capitalistas avanzadas. Estas peculiaridades del capitalismo dependiente conducían a lo que André Gunder Frank llamó el «desarrollo del subdesarrollo»1.

En este panorama, Ruy Mauro Marini introduce una distinción central entre la situación colonial y la situación de dependencia, y apuesta teóricamente a captar la originalidad del desarrollo latinoamericano priorizando el análisis de los mecanismos económicos de la subordinación como sustrato de los mecanismos extraeconómicos. Así, señala, no es porque se cometieron abusos en contra de las naciones no industriales que estas se volvieron económicamente débiles, sino que, porque eran débiles, se abusó de ellas.

Dialéctica de la dependencia2 es, en efecto, una dialéctica en el sentido pleno del término, porque logra una síntesis superior entre la cuestión nacional y la dimensión de la lucha de clases. La obra fue escrita en 1972, cuando Marini logró escapar de la dinámica infernal con que vivíamos los acontecimientos en el Chile de Salvador Allende, para ir a México, donde consiguió el tiempo y la calma necesarios para concluirla. El libro se transformó en uno de los más vendidos del pensamiento social latinoamericano y en una referencia para el marxismo contemporáneo en el continente y en el llamado «Tercer Mundo».

Marini construye su tesis a partir de un elemento nuclear: la integración tardía de las burguesías periféricas al mercado mundial, en condiciones inferiores para enfrentar la competencia. Esa inserción tardía hace que tengan dificultades para competir –en términos de productividad y de desarrollo tecnológico– con las burguesías de los países centrales del capitalismo. Por esa razón, las burguesías periféricas van a buscar sus ventajas comparativas en la superexplotación del trabajo, extrayendo de la clase trabajadora de sus países ganancias extras que les permitan recuperar ciertos grados de competitividad en el mercado internacional. Las burguesías nacionales disputarán así la mano de obra barata con las corporaciones multinacionales que vienen a disfrutar de las condiciones favorables en la periferia.

De esta manera, se unen a las formas tradicionales de plusvalía –absoluta y relativa– formas nuevas, disfrazadas, de superexplotación de la fuerza de trabajo. Se valen de que esta es la única mercancía que, además de multiplicar su valor, no está mecánicamente condicionada por la ley de la oferta y la demanda. Una de las características de las formaciones sociales de la periferia del capitalismo es precisamente el excedente de fuerza de trabajo, lo que favorece su devaluación, su venta por debajo de su valor. Se genera así una dinámica de inserción subordinada en el mercado internacional y formaciones sociales «deformadas».

El desarrollo del capitalismo dependiente latinoamericano se logra, en primer lugar, cumpliendo el rol de abastecedor de productos agrícolas para el mercado europeo, en fuerte expansión por la Revolución Industrial y la multiplicación de la clase trabajadora:

El fuerte incremento en la clase obrera industrial y, en general, de la población urbana ocupada en la industria y en los servicios, que se verifica en los países industriales en el siglo pasado, no hubiera podido tener lugar si estos no hubieran contado con los medios de subsistencia de origen agropecuario proporcionados en forma considerable por los países latinoamericanos.3

Pero el subcontinente latinoamericano no limitó su aporte a la producción agropecuaria. Así, continúa Marini,

no se redujo a eso la función cumplida por América Latina en el desarrollo del capitalismo: a su capacidad para crear una oferta mundial de alimentos, que aparece como condición necesaria de su inserción en la economía internacional capitalista, se agregará pronto la de contribuir a la formación de un mercado de materias primas industriales, cuya importancia crece en función del mismo desarrollo industrial.4 De este modo, el lugar de América Latina en la economía mundial trasciende la simple respuesta a los requerimientos de los procesos de acumulación en los países centrales. La periferia contribuirá así a que el eje de la acumulación en la economía industrial se desplace de la producción de la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa. En otras palabras, Marini indica que, de esa forma, la acumulación en los países del centro del sistema pasa a depender más del aumento de la capacidad productiva del trabajo que simplemente de la explotación del trabajador, paso fundamental para el salto en la capacidad productiva del capitalismo que permitirá la llamada «Revolución Industrial». «Sin embargo –advierte Marini– el desarrollo de la producción latinoamericana, que permite a la región coadyuvar a este cambio cualitativo en los países centrales, se dará fundamentalmente con base en una mayor explotación del trabajador»5. Y apunta que es este carácter contradictorio de la dependencia latinoamericana, que determina las relaciones de producción en el conjunto del sistema capitalista, lo que debe retener nuestra atención. La oferta por parte de América Latina de productos agrícolas abundantes y baratos para el centro del capitalismo tendrá el efecto de reducir el valor real de la fuerza de trabajo en los países centrales, lo que permite a su vez que el incremento de la productividad se traduzca en cuotas de plusvalía cada vez más elevadas.

  • 1. «Latinoamérica: subdesarrollo capitalista o revolución socialista» en Pensamiento Crítico No 13, 1968.
  • 2. Era, México, 1973. El libro de Marini fue reeditado por Clacso dentro de la antología América Latina: dependencia y globalización.
  • 3. Ob. cit., pp. 20-21.
  • 4. Ibíd., pp. 21-22.
  • 5. Ibíd., p. 23.