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El retorno de la juventud. Movimientos de repolitización juvenil en nuevos contextos urbanos

De la mano de diversos tipos de indignaciones –antidictatoriales, antineoliberales–, las juventudes han vuelto al centro de la escena. Desde los acampes en la Puerta del Sol o Wall Street hasta los de la plaza Tahrir, miles de jóvenes han vuelto a ocupar las ciudades, en el marco de fuertes procesos de repolitización que, no obstante, están lejos del ethos sacrificial de las décadas de 1960 y 1970. Más bien, los nuevos movimientos juveniles buscan construir sus metas pensando en el presente, sin las aspiraciones maximalistas de antaño pero con una voluntad inconformista capaz de volver a provocar rebeldías en gran escala.

El retorno de la juventud. Movimientos de repolitización juvenil en nuevos contextos urbanos

Lo que hoy llamamos juventud no es, como a veces se piensa, una creación de la naturaleza, sino el saldo de un momento histórico preciso: en este caso, de los «años dorados» de la posguerra, esas tres décadas de prosperidad que llevaron a una ampliación de las clases medias, una democratización del consumo y una masificación de las universidades. En un proceso acelerado de cambio económico y social, la extensión de los sistemas de pensiones alivió a muchos jóvenes del peso de tener que sostener a sus mayores, el pleno empleo facilitó la salida del hogar familiar y la ampliación de los sistemas de bienestar ayudó a estirar los años de estudio, en tanto que inventos revolucionarios en el campo de la medicina (la píldora anticonceptiva, comercializada por primera vez en Estados Unidos en 1960), el entretenimiento (la masificación de la televisión) y la tecnología (el inicio de la era de las computadoras y de la «economía del conocimiento») produjeron una serie de cambios notables, que redefinieron la idea de juventud1.

De hecho, casi todas las cosas que hoy identificamos instintivamente con la idea de juventud, del rock a la cultura mochilera, del héroe que vive intensamente y muere pronto a la utopía guevarista, surgen en ese periodo, cuyo punto más alto fue la seguidilla de rebeliones juveniles que estallaron hacia el 68: el Mayo Francés, el Cordobazo argentino, la movilización de los estudiantes en México, la Primavera de Praga. Como si se hubieran puesto de acuerdo, en el breve lapso de un par de años, jóvenes de diferentes países sorprendieron al mundo con una potencia de cambio hasta entonces desconocida. Por primera vez, la juventud se convertía en un actor político.

Todo esto se fue apagando a partir de la crisis del petróleo de 1973, que marcó el inicio del declive del modelo de bienestar de la posguerra, el mismo que había propiciado el surgimiento de la juventud como sujeto social. El cambio de paradigma económico hacia una ortodoxia cada vez más fuerte, el achicamiento del Estado y la revolución conservadora de Margaret Thatcher y Ronald Reagan fueron creando un contexto muy diferente al de los 60 y primeros 70. En 1989, la caída del Muro de Berlín canceló el socialismo como horizonte orientador de la política y terminó de completar el nuevo clima de época.

En este nuevo contexto, la juventud, en tanto movimiento social, desapareció de la escena política, cada vez más confinada a los mundos públicos –pero despolitizados– del deporte, el espectáculo y la delincuencia. Hubo algunas excepciones, claro, como la recuperación de la democracia en países como Argentina, que habilitaron un periodo de repolitización juvenil, aunque en general breve y caracterizado por un final de desencanto y frustración. En todo caso, la tendencia es clara: en los 80 y 90 la intensidad política de los jóvenes se fue apagando. Pero esto parece estar cambiando. Las rebeliones en los países árabes, las movilizaciones de los estudiantes en Chile y México, los masivos movimientos de protesta en naciones en situación de crisis y ajuste como España, Portugal e incluso EEUU revelan una nueva etapa de repolitización juvenil a escala global: una segunda revolución de los jóvenes.

En las líneas siguientes, me propongo revisar el contexto en que se produce este resurgimiento juvenil, para luego ensayar algunas ideas acerca de las causas que lo explican. Más adelante me detengo en el modo en que los jóvenes se relacionan con la política (la nueva politicidad juvenil), para finalmente intentar analizar su relación con los espacios urbanos y los procesos de segregación residencial más recientes. Se trata, en todos los casos, de ideas tentativas, en la medida en que son fenómenos cercanos y en muchos casos aún abiertos.

¿Por qué?

Aunque pueden ensayarse muchas explicaciones, y aunque cada país y cada movimiento juvenil tienen sus características y sus motivos, quizás sea posible encontrar una tendencia que cruza las diferentes experiencias y que ayuda a explicarlas. Me refiero a la brecha entre, por un lado, los conocimientos y habilidades de los jóvenes (es decir, sus posibilidades) y, por el otro, la realidad del mundo laboral, marcada por el achicamiento, la precarización y el desempleo (es decir, las oportunidades reales de los jóvenes). En efecto, estamos ante una juventud más educada que nunca. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en los países árabes, por ejemplo, la tasa de alfabetismo masculino se elevó, entre 1999 y 2008, de 68% a 81%, y la tasa de alfabetismo femenino, de 42% a 63%. Los años de escolaridad esperados –es decir, el tiempo que se estima que una persona permanecerá dentro del sistema educativo– pasaron, en los países árabes, de 9,4 a 10,1 entre 1999 y 2008. En América Latina, los años de escolaridad esperados aumentaron de 12,5 en 1999 a 13,6 en 2008. En el África subsahariana, la región más rezagada del planeta, pasaron de 6,8 en 1999 a 8,4 en 2008. En una mirada general, la tasa de alfabetismo de adultos aumentó, a escala mundial, de 76% en 1999 a 83% en 20082.

Además, los jóvenes de hoy tienen un acceso al conocimiento, la información, la cultura y los diferentes modos de vida como nunca antes lo tuvieron en la historia, posibilitado por el avance de las nuevas tecnologías. La brecha digital entre pobres y ricos, aunque por supuesto existe, se ha revelado menos profunda de lo que se pensaba en un principio, y más que en el acceso parece centrarse en el tipo de uso (un joven con una computadora en la casa, un ambiente cómodo y banda ancha puede usar la red de un modo distinto, probablemente más productivo, que uno que debe pagar por tiempo en un cibercafé). Pero en una mirada panorámica, los avances son notables. La penetración de internet en América Latina, por ejemplo, es hoy de aproximadamente 37%3, lo que supone un crecimiento en el periodo 2000-2008 de 861%.

Cada vez más extendidas, las nuevas tecnologías brindan la posibilidad de acceder a más información de manera más rápida y barata. Como suele recordar Ignacio Ramonet, el precio de un libro antes de Gutenberg equivalía al de una Ferrari en la actualidad, lo que lo convertía en un lujo de ricos (es decir, de curas o aristócratas)4. Hoy, el acceso a una notebook es relativamente barato (aunque por supuesto todavía inalcanzable para un amplio porcentaje de la población mundial) y el precio de la banda ancha viene disminuyendo, junto con la multiplicación de los accesos vía wi-fi. El celular también se abarató notablemente: los smartphones, teléfonos inteligentes con conexión a internet, llegan a cada vez más personas de clase media, y en breve –todo así lo indica–, a los sectores populares. De hecho, en enero de 2012 América Latina alcanzó 100% de cobertura en celulares en términos estadísticos, es decir que hay tantos celulares como habitantes (568 millones de líneas para 568 millones de personas)5.

  • 1. Eric Hobsbawm: Historia del siglo xx, Crítica, Buenos Aires, 1999.
  • 2. Instituto de Estadística de la Unesco: Compendio mundial de la educación 2010. Comparación de las estadísticas en el mundo, Unesco, Montreal, 2011, disponible en http://unesdoc.unesco.org/images/0019/001912/191218s.pdf.
  • 3. «Penetración de Internet en Latinoamérica se ubica en 37%» en Tendencias Digitales, 25/1/2012.
  • 4. I. Ramonet: La explosión del periodismo. Internet pone en jaque a los medios tradicionales, Capital Intelectual / Le Monde diplomatique, Buenos Aires, 2010.
  • 5. Álvaro E. Sandoval: «Este mes habrá tantos celulares como habitantes en América Latina» en El Tiempo, 17/3/2011, disponible en www.eltiempo.com/tecnologia/telecomunicaciones/articulo-web-new_nota_interior-9032680.html.