Opinión

El primer Papa sudamericano, un migrante de lujo

En Europa, migrantes llegados del sur hacen los trabajos sucios que los nativos desprecian. Desde décadas atrás, el Viejo Continente recibe vigorosos y laboriosos sudacas. Y sigue recibiéndolos a pesar de las crisis y de las tasas de desempleo. Después de la renuncia del Papa erudito que militó en la Juventud Hitleriana, el cónclave cardenalicio eligió a un argentino presuntamente especialista en guerra sucia para limpiar los establos vaticanos. Francisco es un migrante de lujo, pero su tarea será ardua como la de todos los sudacas.

El primer Papa sudamericano, un migrante de lujo

En Europa, migrantes llegados del sur hacen los trabajos sucios que los nativos desprecian. Desde décadas atrás, el Viejo Continente recibe vigorosos y laboriosos sudacas. Y sigue recibiéndolos a pesar de las crisis y de las tasas de desempleo. Después de la renuncia del Papa erudito que militó en la Juventud Hitleriana, el cónclave cardenalicio eligió a un argentino presuntamente especialista en guerra sucia para limpiar los establos vaticanos. Francisco es un migrante de lujo, pero su tarea será ardua como la de todos los sudacas. Por primera vez en la historia del pontificado romano, los mil doscientos millones de católicos del mundo tienen un Papa americano. El argentino Jorge Mario Bergoglio es un jesuita: el sucesor del sabio Benedicto XVI se ha formado en el flexible pragmatismo de la Compañía de Jesús. La orden jesuítica creó un Imperio en Sudamérica en el siglo XVI, fue expulsada por la monarquía española en el siglo XVIII, y en el XIX regresó para quedarse a tierras americanas. Uno de cada dos católicos del mundo vive en Latinoamérica. En términos globales, la proporción aumenta, porque Europa, centro tradicional de la cristiandad y de la evangelización, es un continente cada vez más moderno y más laico. Cada vez tiene menos fieles y menos ‘vocaciones’–es decir, personas que quieran ser sacerdotes o monjas. Con la elección del papa 266, los cardenales han reconocido el progresivo desplazamiento del centro geopolítico de la Iglesia. Brasil es el país con mayor número de católicos del mundo: unos 123 millones, según los datos del último censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística. Le sigue México: unos 92,9 millones. En Argentina, patria de Bergoglio, faltan estadísticas oficiales sobre el número de católicos. Según cifras de la Iglesia, un 88% por ciento de los 40 millones de habitantes son católicos. No obstante, según el Pew Research Center y un estudio del Conicet, la cifra es más baja: se ubicaría en torno a un 76%, poco más de 31 millones de fieles. Convertido en Francisco, el cardenal Bergoglio enfrentará grandes desafíos para la Iglesia Católica en Latinoamérica. A pesar de los buenos números de fieles, y de las buenas estadísticas de asistencia al culto dominical, el catolicismo en el continente presencia un progresivo drenaje de sus feligreses a iglesias y cultos evangelistas, en especial de aquellas variedades llamadas pentecostales, que enfatizan formas emocionales de liturgia y atienden a pequeñas comunidades.

En el otro extremo del peligro para su supervivencia, y para la pervivencia de su supremacía, la Iglesia debe hacer un gran esfuerzo para atender a los propios fieles, ante el rápido crecimiento de las grandes ciudades: las parroquias no dan abasto y les faltan recursos, empezando, pero no terminando, por los humanos.

Este déficit se recorta sobre un horizonte de migración, cuando Latinoamérica exporta cada vez más sacerdotes a esos países de Europa que se vacían de vocaciones. Francisco es el caso de perfil más alto en esta nueva ley religiosa de los intercambios desiguales.

* Ex editor de Internacionales de los diarios La Razón (La Paz, Bolivia), Tiempo Argentino, Crítica de la Argentina y Página/12. Autor de los libros Cómo fueron los 60 y Días Felices: Los usos del orden de la Escuela de Chicago al Funcionalismo.

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