Coyuntura

El impacto de la crisis en América Central

La crisis que estalló en Estados Unidos en 2008 afecta de manera directa a Centroamérica. La economía de la región, muy dependiente de la estadounidense, se ve afectada por diferentes vías: un menor crecimiento de las exportaciones, una disminución de los flujos de inversión extranjera directa y de remesas y una baja del turismo. En este marco, se estima que Centroamérica crecerá apenas 2,6% en 2009. El artículo sostiene que, para enfrentar el vendaval, los gobiernos de la región podrían desarrollar políticas monetarias más expansivas que inyecten liquidez, además de encarar acciones estructurales, como la eliminación de los obstáculos al comercio intrarregional para ofrecer alternativas cercanas a los productores.

El impacto de la crisis en América Central

Ninguna otra crisis anterior registrada en el mundo moderno ha repercutido tan fuertemente en América Central como la actual crisis mundial originada en Estados Unidos. El contagio ha sido inmediato y ha afectado las metas de crecimiento de las economías emergentes. En economías pequeñas como las de Centroamérica, el efecto es aún más directo y rápido. La economía mundial se encuentra en un franco proceso de desaceleración y se estima que el PIB de los países desarrollados se contraerá 0,3% en 2009, lo que generará un efecto de arrastre a la baja de las economías emergentes.

Desde que la crisis mundial estalló a mediados de 2008, los efectos de la desaceleración se han sentido en cada país de la región centroamericana de manera diferente. Se prevé que en 2009 el efecto se sentirá de manera más determinante al reducirse las fuentes de liquidez inmediata, como las remesas familiares, y al contraerse los flujos de inversión y turismo, así como los ingresos por exportaciones y las fuentes de financiamiento bancario.

La situación es inédita. Los países centroamericanos no habían padecido una crisis como la actual y nunca estuvieron tan expuestos como hoy a las propagaciones destructivas de los mercados externos. Anteriormente, por supuesto, hubo varias crisis con efectos mundiales, como la crisis del Sudeste asiático de 1997, que produjo una abrupta caída de la bolsa en Hong Kong que se extendió por otros mercados. También se registraron otras crisis en países emergentes, como México, Argentina y Rusia. Sin embargo, ninguna de ellas había repercutido en la región centroamericana de manera tan clara.

La economía de Centroamérica, aunque históricamente se ha estructurado bajo la influencia de EEUU, no había sido afectada por las recesiones sufridas por este país, excepto durante la Gran Depresión de 1929. Aquella crisis sí impactó severamente en la región, aunque el efecto llegó tres años más tarde, abriendo un largo paréntesis de estancamiento económico y social junto a un reforzamiento del autoritarismo gubernamental. La primera víctima de la crisis de 1929 fue el café, el principal rubro en que se basaba la economía centroamericana. Las exportaciones se redujeron 55% promedio en los cuatro años siguientes al estallido de la crisis, y rápidamente se desencadenaron otros efectos. Se registraron numerosas quiebras comerciales, las plantaciones de café fueron abandonadas transitoriamente, se agudizó la desocupación y la concentración de la propiedad se acentuó. No fue sino hasta en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial cuando se recuperaron los niveles de producción de la región.

Otra crisis, pero de carácter endógeno, que también afectó severamente a Centroamérica fue el conflicto bélico de la década de 1980, que empujó a la región a una pendiente recesiva de una profundidad sin precedentes. La crisis económica golpeó a todos los países, aunque el panorama se tornó mucho más dramático en aquellos donde el presupuesto militar absorbía hasta la mitad de los recursos públicos y en los que produjo la destrucción masiva de activos fijos y pérdida de vidas. La recuperación llegó en los 90 bajo la óptica del Consenso de Washington. Las economías de agroexportación fueron expuestas a una mayor apertura bajo una ampliación de los mecanismos de mercado y una disminución del papel del sector público. Las políticas de ajuste y cambios estructurales promovieron un alineamiento positivo de los indicadores macroeconómicos a parámetros internacionales. En este marco, el crecimiento económico resultó positivo, producto del ingreso de capitales, la expulsión de mano de obra (migración) que se traduciría luego en entrada de divisas (remesas), el aumento de las exportaciones de maquila y el desarrollo de algunos sectores competitivos. Pero todos estos resultados positivos se sustentaron en los bajos niveles de ingreso de la población y en un aumento progresivo de la pobreza.

Sin embargo, en los últimos años la región había logrado cierto grado de fortaleza como resultado de un crecimiento modesto pero necesario para enfrentar con una mayor fuerza macroeconómica la actual crisis. En efecto, hoy Centroamérica registra estabilidad en indicadores macroeconómicos claves: la deuda externa ha descendido, el nivel de reservas es consistente (equivalente a tres meses de importaciones), las exportaciones han crecido y generado un aumento del empleo y el déficit fiscal es estable y manejable. Pese a ello, hay muchos puntos débiles, como el déficit de cuenta corriente, la alta dependencia de recursos energéticos y la necesidad de importar alimentos. En las siguientes secciones se analiza el impacto de la crisis económica mundial en Centroamérica y las diferentes vías de contagio, para luego evaluar las alternativas a partir de las cuales la región podría enfrentar este escenario negativo.

La desaceleración de la economía

Las perspectivas de crecimiento para 2009 se verán afectadas en sectores vitales, lo cual impactará en la producción de bienes y servicios. En efecto, la actividad económica, medida a través del índice mensual de actividad económica (IMAE), ya ha descendido a lo largo de 2008, como muestra el gráfico 1. Se prevé que la tendencia continúe en 2009.

Desde mediados de 2008, la crisis produjo una desaceleración del crecimiento de la región. Como muestra el gráfico 2, la economía creció 3,7% en 2008, un porcentaje bastante menor al logrado en 2007 (5,6%). Los pronósticos indican que la economía centroamericana podría crecer 2,7% en 2009, una cifra relativamente baja considerando que la población actual, de 38,1 millones, registra una tasa de crecimiento anual promedio de 2%.

El menor crecimiento producirá serias consecuencias. Las finanzas públicas se verán doblemente presionadas. En efecto, la desaceleración repercutirá sobre los ingresos estatales, dado el peso dentro de estos del impuesto al valor agregado (IVA) y otros impuestos indirectos muy sensibles al comportamiento del consumo. Pero además los gobiernos tendrán que enfrentar, desde el punto de vista del gasto público, una política social y de inversiones con limitaciones financieras sustanciales, en un contexto en el que la necesidad de desplegar medidas contracíclicas exige justamente una ampliación del gasto. En este marco, las presiones se harán sentir en el gasto corriente (especialmente en salarios, subsidios y transferencias a los gobiernos municipales) y en la necesidad de compensar con inversión pública la caída de la inversión privada. En algunos casos, este doble efecto tensará las reservas existentes e impulsará a los gobiernos a buscar nuevos préstamos, es decir a un mayor endeudamiento.