Tema central

​El exitoso ocaso del ALBA Réquiem para el último vals tercermundista

El ALBA-TCP es la propuesta de integración que más optimismo suscitó en la izquierda radical latinoamericana y mundial. Sin embargo, como proyecto contrahegemónico, no ha logrado trascender la fase de resistencia y esbozo de redes alternativas. Ello se debe a la lógica rentista de la política exterior venezolana, al giro hacia la «actualización» en Cuba, a las limitadas posibilidades de complementación entre economías primario-exportadoras y, por último, a la ausencia de una perspectiva político-ideológica y económica clara. No obstante, en el corto plazo, la mayoría de los actores involucrados ha logrado los objetivos mínimos que impulsaron su adhesión al esquema.

​El exitoso ocaso del ALBA / Réquiem para el último vals tercermundista

Introducción

De los esquemas paridos por la nueva ola integracionista latinoamericana, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (alba-tcp) es sin duda el que más optimismo y expectativas generó en el seno de la izquierda radical. Las razones no son difíciles de entender. Resultado del vínculo personal entre Hugo Chávez y Fidel Castro, la Alternativa Bolivariana se proyectó a finales de 2004 como la encarnación en el plano del regionalismo de todas las demandas y banderas levantadas por el conjunto de actores y movimientos sociales antineoliberales. Abogando por una integración «alternativa» y de «los pueblos», sustentada en principios de cooperación, complementariedad y solidaridad internacional, el líder bolivariano, ungido por el decano de los revolucionarios latinoamericanos, Fidel Castro, desempolvaba una clásica agenda nacional-tercermundista que se fue radicalizando a medida que las torpezas de los sobrevivientes del viejo sistema político venezolano y la arrogancia de la tropa neocon de George W. Bush revelaban la inviabilidad de una «tercera vía» a la venezolana, a la que Chávez parecía aspirar en sus comienzos.

El momento era propicio. El estrepitoso fracaso del golpe de 2002 y la (re)conquista de Petróleos de Venezuela (pdvsa) coincidieron con el alza espectacular del precio del crudo. Estados Unidos estaba debilitado y mundialmente desprestigiado por las descabelladas aventuras en Oriente Medio. El ascenso de los brics (Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica) no presagiaba solamente un periodo de desorden geopolítico y turbulencias económicas, sino la perspectiva de un orden global más favorable a los países periféricos y semiperiféricos como Venezuela. El florecer de un abigarrado conjunto de gobiernos «progresistas» decantaba el fin de la hegemonía absoluta del neoliberalismo en nuestra región. Finalmente, la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (alca) sancionaba la impasse momentánea del «regionalismo abierto» y marcaba el punto de máxima convergencia entre nuevos gobiernos y movimientos sociales.

Bajo la égida de la «Patria Grande», entre los años 2005 y 2010 el gobierno bolivariano desplegó una intensa actividad internacional paralela a la reformulación de su proyecto de nación hacia la edificación del «socialismo del siglo xxi». El resurgimiento de cierto mesianismo inspirado en la figura del Libertador Simón Bolívar y el peculiar matrimonio con Cuba tuvieron una influencia decisiva en ambas orientaciones. El incremento sin precedentes de la renta petrolera le proporcionó solvencia, capacidad de acción y hasta credibilidad en un primer momento.

En este lapso, a raíz de la ampliación de miembros y actividades, la denominación del alba-tcp cambió de «Alternativa» a «Alianza». En el continente, se asumió la pujanza de un «bloque bolivariano» en el nuevo concierto regional, alabando sus virtudes revolucionarias o bien advirtiendo acerca de los peligros que la opción «neopopulista» comportaría en el ya fragmentado panorama de la integración. Sin embargo, como algunos habían sospechado, la salida de escena de los dos líderes máximos (Castro y Chávez) y la caída del precio del petróleo inmediatamente le restaron dinamismo y quizás algo más. ¿Simple verdad de perogrullo? Probablemente. No obstante, semejante explicación no puede satisfacer a quienes nos tomamos seriamente los propósitos de «otra» integración.

Empezando con una síntesis del debate sobre el alba-tcp en la cual explicito mi posición, en las páginas siguientes propongo un esbozo de lo que debería considerarse la «anatomía de la integración que no fue». Ello, con el objetivo de estimular la discusión sobre las falencias, las omisiones y los errores cometidos, ahora que la viabilidad de la integración «alternativa», quizás por un buen tiempo, se verá drásticamente limitada.

Contrahegemonía, integración «alternativa» y rentismo petrolero

En el ámbito académico se han avanzado distintas hipótesis para caracterizar, explicar o simplemente describir la Alianza Bolivariana. Ha habido acercamientos desde el prisma tradicional de las relaciones internacionales, y particularmente del análisis de la política exterior venezolana; de los estudios sobre integración y nuevo regionalismo, enfatizando su carácter contrahegemónico o disgregador en la arena regional; de la cooperación Sur-Sur, en el marco de los debates sobre los «donantes emergentes» y el resurgimiento de un «nuevo Bandung»1. Se han presentado algunos estudios de caso sobre proyectos específicos o sobre las relaciones entre sus miembros. Por último, se ha explorado la incidencia del rentismo petrolero en el alba como expresión de la política exterior bolivariana. Más recientemente, en coincidencia con su décimo aniversario, algunos autores se han concentrado en evaluar el desempeño del esquema y diagnosticar sus perspectivas.

Inscribiéndose en este último tipo de ejercicio, el argumento aquí propuesto sugiere que es posible interpretar la trayectoria del alba-tcp en estos diez años como un proyecto contrahegemónico, que ha apuntado sin lograrlo a una integración «alternativa», afectado negativamente por el rentismo petrolero. Considero que alrededor de estos tres conceptos, empleando otras denominaciones y privilegiando o enlazando distintas aproximaciones teóricas y metodológicas, se han desarrollado los principales ensayos para caracterizar un supuesto «modelo» alba-tcp. Creo, además, que con las mismas herramientas se puede esbozar un balance crítico de los cinco ejes –político-ideológico, energético, social, económico-comercial y financiero– que, en mi opinión, han ido articulando este esquema2.

Más que en otras cuestiones de la integración latinoamericana, la inclinación política de cada analista ha jugado un papel relevante en la interpretación y el acercamiento propuestos. Huelga decir que mi análisis no representa una excepción. Es una aproximación que trata de integrar algunos elementos teóricos y sociopolíticos a partir de una perspectiva histórica, explorando la alianza desde un prisma que vincula los procesos en acto en los principales países miembros con las tendencias observables en el contexto regional y mundial. Con estas coordenadas, paso rápidamente a reseñar los ejes mencionados.

  • 1.

    En referencia a la conferencia de 1955 en la que se acordó una serie de principios que debían guiar las relaciones internacionales de los integrantes del Movimiento de Países No Alineados [N. del E.].

  • 2.

    Aclaro desde el principio que esta subdivisión no responde a la organización institucional u operativa del alba-tcp. Tampoco se trata de un intento de avanzar la conceptualización de un modelo. Es más bien un criterio funcional que corresponde en lo fundamental al propio desarrollo cronológico del esquema, para sistematizar alrededor de algunos ejes la multiplicidad de discursos, acciones y proyectos que recaen bajo el difuso paraguas de la alianza.