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El eje entre Sudáfrica y el Cono Sur Americano

El idilio se inició hace aproximadamente cinco años. Aunque resulte difícil determinar el momento preciso al flechazo, parece claro que - tanto por parte de los racistas sudafricanos como por la de las dictaduras conosureñas en América Latina - se trató de un típico amor a primera vista, de un mutuo encandilamiento inmediato. A comienzos d 1974, en efecto, los regímenes militares fascistizantes más característicos del vértice sur de nuestro continente acababa apenas de establecerse: Pinochet había asaltado el poder el 11 de septiembre de año anterior, y sus colegas uruguayos habían culminado el 27 de junio, con la disolución del Parlamento, el golpe de Estado por etapas incubado desde 1968. Argentina venía ligeramente \"atrasada\": todavía necesitaría pasar por la turbia etapa de Isabelita Perón y López Rega antes de precipitarse en marzo de 1976, como fruta madura, en manos de los generales. Pero tanto en Santiago como en Montevideo o en Buenos Aires la explosión de \"sudafricanofilia\" se produjo inmediatamente después de instaladas las respectivas juntas castrenses. Y como si hubiesen estado esperando la señal de arranque, la dictadura boliviana de Bánzer (instaurada en 1971) y la paraguaya de Stroessner (ya con dos décadas cumplidas) empezaron a multiplicar y estrechar a su vez los lazos con Pretoria. Sólo los militares brasileños, más experientes y apoyados por otra parte sobre una diplomacia tradicionalmente habilidosa, constituirían una excepción a este fenómeno.

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