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El dilema de Obama: un presidente mestizo cercado por la derecha

Desde su llegada al poder, Barack Obama ha contribuido a trastocar las definiciones limitadas de raza y etnicidad a partir de su propia biografía como mestizo e hijo de un inmigrante africano. Desde esa perspectiva, se postuló como un «puente» entre todos los ciudadanos de Estados Unidos, sin importar condición étnica/racial, social, política o económica. Pero su política chocó con la intransigencia de la extrema derecha, que a través del Tea Party ha creado una parálisis legislativa. El discurso de la esperanza, el mestizaje y las alianzas bipartidistas fueron muy efectivos para Obama en el pasado, pero hoy parecen estar fuera de tiempo y espacio; mientras tanto, la crisis se profundiza.

El dilema de Obama: un presidente mestizo cercado por la derecha

La política racial estadounidense se diferencia de la latinoamericana al menos en un aspecto crucial. En Estados Unidos, desde hace un siglo, tanto las categorías del gobierno federal como el discurso y las acciones cotidianas establecen una distinción entre la etnia y la raza, es decir, entre los inmigrantes y los negros. En los ámbitos formales y también en los informales, se considera que la etnia y la raza son similares, pero que no son una misma cosa. Aunque su concepción está asociada a la presencia de algo familiar, rara vez se las iguala. Aún hoy, en EEUU la raza suele verse como una característica heredable que se lleva en el cuerpo y en la sangre; como tal, se supone que es imperecedera y singular. Ciertamente, uno puede ser mestizo, pero en ese caso se debe especificar qué razas se han unido, lo que revela la persistencia de la visión de las razas como elementos distintos aun cuando se combinen. Por el contrario, la etnia se percibe generalmente como algo más cultural que biológico; se vincula a diferencias lingüísticas y religiosas que aparecen como maleables, plurales y múltiples. En el contexto estadounidense, la flexibilidad observada en torno de cuestiones de idioma y credo religioso no se manifiesta con frecuencia en el caso de la raza. Esta distinción raza-etnia no es un fenómeno transnacional, sino que está relacionado con las políticas gubernamentales y las prácticas sociales en EEUU. Las políticas y las prácticas europeas y latinoamericanas, en cambio, permiten que las diferencias étnicas y raciales tengan un límite mucho más desdibujado.

Cómo surgió la distinción raza-etnia

La distinción raza-etnia surgió lentamente, a lo largo de varias décadas, en la primera mitad del siglo XX. En el siglo XIX, en EEUU no se hablaba de etnias. Si uno abre un libro de 1840 o 1870, podrá constatar que existía una concepción de raza muy distinta y que en aquel entonces aparecían bajo una misma categoría grupos que hoy diferenciamos. Era muy común encontrar referencias a la raza francesa, la italiana y la bohemia, y la etnia no era concebida aún como una formación social distinta de la raza.

Dos grupos demográficos fueron decisivos para que surgiera la distinción raza-etnia en EEUU: por un lado, los sionistas de Nueva York; por el otro, los mexicanos y mexicano-americanos de los estados del Sudoeste. Ambas comunidades lograron que el gobierno federal comenzara a distinguir formalmente los grupos étnicos de las razas1.

En las décadas de 1910 y 1920, renombrados intelectuales judíos como Horace Kallen, Isaac Berkson, Alfred Kroeber, Louis Brandeis y Julius Drachsler, entre otros, escribieron sobre la etnia judía en la revista Menorah Journal y en publicaciones académicas2. Además de realizar una admirable defensa de la posición étnica en extensos trabajos escritos, varios líderes sionistas de Nueva York hicieron un activo lobby para asegurarse de que los judíos no fueran clasificados como un grupo racial particular por el Servicio de Inmigración y Naturalización ni por la Oficina del Censo de EEUU. Desde su punto de vista, los judíos efectivamente eran diferentes, pero no eran una raza aparte.

El esfuerzo tuvo su recompensa: tras una lucha política de dos décadas, se alcanzó un acuerdo y la Oficina del Censo incluyó a los judíos en la categoría de «lengua materna» (y no en la de raza). De este modo comenzó una práctica que se ha mantenido durante casi un siglo y que utiliza el idioma para marcar una diferencia étnica, estableciendo una distinción entre lo étnico y lo racial3.

Las concepciones sionistas de etnia se reafirmaron en los años 1930-1940, cuando el Estado otorgó una nueva categoría a los mexicanos y mexicano-americanos en la frontera Sudoeste. Las tensiones entre la expansión imperial y la exclusión racial derivaron en un acuerdo, que establecía que los mexicanos y mexicano-americanos –al igual que los judíos dos décadas antes– serían clasificados en función del idioma (español como lengua materna, además de la identificación por el uso de apellidos en español) y no de la raza4. Las dos corrientes mencionadas, que caracterizaron la diferencia judía y mexicana en términos de etnia, finalmente se institucionalizaron dentro de la organización federal en mayo de 1977, fecha en que la Oficina de Administración y Presupuesto adoptó la Directiva 15 en materia de política estadística. Este documento de dos páginas determinaba las categorías que debían ser utilizadas por todos los departamentos y agencias del gobierno federal a la hora de recoger y difundir los datos raciales y étnicos. La directiva en cuestión (con su posterior revisión de 1997) establece una distinción entre etnia y raza5, y es la política operativa que aún hoy sigue vigente en EEUU para la clasificación demográfica llevada a cabo por el gobierno.

Llega Barack Obama: se unen la inmigración y la raza

Obama echa por tierra e intenta reformular precisamente esa vieja distinción entre etnia y raza, entre inmigrante y afroamericano. Durante las elecciones de 2008, gran parte del entusiasmo creado por su candidatura se debió a que el propio Obama se presenta como una figura híbrida: hijo de un inmigrante y también negro, mezcla de padre de Kenia y madre de Kansas. Desde luego, no es la primera persona que encarna esta combinación. Pero lo que diferencia a Obama es que se niega a privilegiar una identidad sobre la otra. Insiste en que su identidad es versátil, y lo hace de un modo que no encaja fácilmente con la arraigada idea estadounidense de etnia y raza. En su persona, la distinción raza-etnia comienza a desvanecerse y es por eso que genera revuelo. Muchos tienen la sensación de que Obama constituye un nuevo punto intermedio, tanto en su historia de vida como en la forma de presentarse. La antinomia blanco-negro ya no parece adecuada para identificar la diferencia existente en la sociedad estadounidense. En 2006, el columnista del New York Times David Brooks dijo que Obama es un hombre de nuestro tiempo porque permite visibilizar las nociones más complejas y heterodoxas que giran en torno del inmigrante y la diferencia racial6.

  • 1. Ver V. Hattam: In the Shadow of Race: Jews, Latinos and Immigrant Politics in the United States, University of Chicago Press, Chicago, 2007, caps. 3-5.
  • 2. La revista Menorah Journal se publicó ininterrumpidamente entre 1915 y 1961. La Menorah Association tenía su sede en la 5ª Avenida de Nueva York. Para obtener una descripción sucinta del movimiento, v. Henry Hurwitz: «The Menorah Movement» en Menorah Journal vol. 1 No 1, 1915, pp. 50-55. En The Menorah Journal, Third of a Century Index, 1915-1948 (Menorah Association, Nueva York, 1948), se ofrece una impresionante lista de colaboradores de la revista.
  • 3. V. Hattam: In the Shadow of Race, cit., cap. 3.
  • 4. Ibíd., cap. 4; y Matthew Gritter: Mexican Americans, Mexican Immigrants and the Origins of Anti-Discrimination Policy in Texas and the Southwest, Texas a&m Press, College Station, tx, en prensa.
  • 5. La Oficina de Administración y Presupuesto determina qué categorías de razas y etnias deben ser utilizadas por los departamentos y agencias del gobierno federal al recoger y difundir los datos raciales y étnicos. V. Oficina de Administración y Presupuesto: «Revisions to the Standards for the Classification of Data on Race and Ethnicity: Notices», Federal Register vol. 62 No 210, 30/10/1997, pp. 58.781-58.790 y V. Hattam: «Ethnicity and the American Boundaries of Race: Rereading Directive 15» en Daedalus vol. 134 No 1, 2005, pp. 61-69.
  • 6. «Run, Barack, Run», artículo de opinión, en The New York Times, 19/10/2006.