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Disparen contra los sindicatos. La ofensiva conservadora y la «revuelta de Wisconsin»

La crisis económica estaunidense es un terreno fértil para que los conservadores retomen con fuerza sus viejas campañas antisindicales, hoy lideradas por gobernadores republicanos y grandes cadenas de televisión como Fox News. Con el debilitamiento de los sindicatos del sector privado y la división de la emblemática afl-cio, los gremios de empleados públicos se transformaron en el nuevo objetivo de la ofensiva neocon. En ese marco, la buena noticia es la movilización social de Wisconsin contra la legislación promovida por el gobierno estatal republicano. La mala es que esa resistencia no fue suficiente para frenar la medida.

Disparen contra los sindicatos. La ofensiva conservadora y la «revuelta de Wisconsin»

Se han llevado muchos millones / los que nunca trabajaron para ganar, pero sin nuestro cerebro y nuestros músculos / ni una sola rueda podría girar. Podemos romper su poder arrogante, / aumentar nuestra libertad cuando nos enteremos / de que el sindicato nos hará fuertes.Solidaridad por siempre.

Ralph Chaplin, 19151

En los últimos 40 años, la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de las Organizaciones Industriales (American Federation of Labor-Congress of Industrial Organizations, AFL-CIO) ha sufrido una caída ininterrumpida en su número de afiliados y un marcado deterioro en su capacidad para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. A principios de la década de 1960, uno de cada cuatro trabajdores estaba sindicalizado; la proporción bajó a uno de cada cinco después de la embestida antisindical del presidente Ronald Reagan a principios de los años 80. Actualmente, solo uno de cada ocho trabajadores cuenta con la protección de un sindicato. Durante el mismo periodo, la composición del sindicalismo estadounidense cambió radicalmente. En los primeros meses de 2011, la Oficina de Estadísticas Laborales (Bureau of Labor Statistics) informó que, por primera vez en la historia, el número de trabajadores sindicalizados es mayor en el sector público que en el sector privado. Solo un empleado de cada 15 es miembro de un sindicato en este último sector2, y si se considera la totalidad de la fuerza de trabajo, aproximadamente 12% está sindicalizada, el equivalente a unos 19,4 millones de trabajadores3.

Desde 2008, la nueva Gran Recesión ha causado un alarmante incremento en el desempleo y un profundo deterioro del estándar de vida de los estadounidenses. Hasta enero de 2011 y durante 21 meses ininterrumpidos, la tasa oficial de desempleo fue de 9%, cifra que equivale a 13,5 millones de desempleados. El porcentaje cayó ligeramente por debajo de ese nivel en febrero y marzo del año en curso, simplemente porque miles de personas, desalentadas por la falta de oportunidades, dejaron de buscar trabajo y no fueron registradas como desempleadas4. Sin embargo, estas no han sido las únicas consecuencias de la Gran Recesión: a la lista de pérdidas debemos sumar los derechos básicos de los trabajadores. Desde las elecciones legislativas de 2010, el Partido Republicano, al unísono con la elite económica y generadora de opinión, ha señalado a los trabajadores del sector público –maestros, trabajadores de la salud, policías y bomberos, entre otros– y a sus sindicatos como los culpables del deterioro económico de los estados.

No caben dudas de que la recesión afectó profundamente las finanzas de los gobiernos estaduales y municipales, debido a la caída de la recaudación, la disminución del ingreso y el consumo y la pérdida de valor de las propiedades. Sin embargo, aun cuando es evidente que los empleados públicos no son los responsables de los problemas presupuestarios, la acusación es que sus beneficios y salarios supuestamente abultados están retrasando la recuperación económica. La derecha republicana no es la única que promueve este tipo de interpretación; los principales medios de comunicación masiva –el canal Fox News y publicaciones como Time, Atlantic y The Economist, para mencionar solo algunos– también sostienen esta visión. Según un artículo de tapa de Forbes de 2009 que ha sido ampliamente citado, «los empleados de los gobiernos estaduales y locales ganan en promedio US$ 25,30 la hora, lo que representa 33% más que los US$ 19 del sector privado (…) Agréguense las pensiones y otros beneficios y la diferencia se eleva a 42%»5. En realidad, de acuerdo con John Schmitt, del Center for Economic Policy Research, cuando se compara a los trabajadores del sector público y a los del sector privado de la misma edad y con los mismos niveles de educación, en promedio, los empleados públicos ganan 4% menos que sus pares en el sector privado. Es obvio que los expertos que han pasado por alto estos datos lo han hecho deliberadamente6.

Desde principios de 2011, los sindicatos del sector público, que representan a más de un tercio de los 21 millones de empleados gubernamentales de EEUU, se han convertido en el blanco de ataque de todos aquellos decididos a limitar el alcance de la negociación colectiva entre los sindicatos y las agencias de gobierno. El 11 de febrero de 2011, Scott Walker, el flamante gobernador republicano de Wisconsin, tomó una decisión equivalente a una declaración de guerra contra los trabajadores del sector público. En un estado históricamente progresista, Walker propuso y combatió en forma aguerrida por la aprobación de una ley que virtualmente elimina la capacidad de negociación colectiva de los sindicatos del sector público, con excepción de la policía y los bomberos. Aunque el desenlace no fue el que esperaban los trabajadores, decididamente, se dio «batalla» en Madison, la capital del estado.

El movimiento de Wisconsin

Durante más de dos meses, la embestida de Walker contra los sindicatos del sector público mantuvo movilizados a más de 100.000 empleados del gobierno estadual: maestros, estudiantes y aliados de otros sectores. La plaza que rodea el Capitolio de Madison se convirtió en el escenario de una de las más grandes manifestaciones de apoyo a los trabajadores de la historia de Wisconsin. Muchos coinciden con el periodista John Nichols, cuando se refiere al «espíritu de Wisconsin» y a la manera en que las prácticas antisindicales de Walker desataron «un levantamiento popular»7. El argumento del gobernador republicano y sus seguidores es que los estados y las municipalidades han sido demasiado generosos con sus empleados y que los contratos de los sindicatos son la principal causa de los incrementos en los déficits presupuestarios. Por lo tanto, es imperioso reducir las pensiones, beneficios y salarios de los empleados del sector público y aprobar leyes que disminuyan su «excesiva» influencia política.

La aprobación del proyecto de ley de Walker se logró después de que los senadores demócratas realizaran un boicot de tres semanas. La denominada «Banda de los 14» se trasladó al vecino estado de Illinois para evitar otorgarle al Senado el quórum necesario para aprobar un proyecto de ley con cláusulas presupuestarias8. Con una mayoría de 19 miembros en una cámara de 33, los republicanos necesitaban al menos la presencia de un demócrata para aprobar su proyecto de ley. Finalmente, los oficialistas encontraron un ardid legislativo para aprobar la norma sin los demócratas9.

  • 1. María Graciela Abarca: doctora en Historia por la Universidad de Massachusetts, Amherst. Actualmente es profesora de la Universidad de Buenos Aires (uba) y de la Universidad del Salvador. Palabras claves: sindicalismo, recesión, Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de las Organizaciones Industriales (afl-cio), «revuelta de Wisconsin», Estados Unidos.. Con traducciones y versiones en numerosos idiomas, estos versos están considerados como el himno sindical más popular después de «La Internacional». Para acompañar su controvertido texto, Ralph Chaplin eligió la melodía de «John Brown’s Body», una canción tradicional estadounidense sobre el abolicionista negro condenado a la horca en 1859 por planear una rebelión de esclavos en West Virginia.
  • 2. Hendrik Hertzberg: «Union Blues» en The New Yorker vol. 87, No 3, 7/3/2011, p. 11.
  • 3. «Trends in Union Membership» en www.aflcio.org/joinaunion/why/uniondifference/uniondiff11.cfm.
  • 4. Fred Magdoff: «The Jobs Disaster in the United States» en Monthly Review, 6/2011, p. 25.
  • 5. Citado en Robert Pollin y Jeffrey Thompson: «The Betrayal of Public Workers» en The Nation, 7/3/2011, p. 21.
  • 6. Ibíd.
  • 7. J. Nichols: «How Scott Walker’s Unionbusting Spurred a Popular Uprising» en The Nation, 21/3/2011, p. 13.
  • 8. El senado de Wisconsin había ordenado el arresto de los 14 demócratas, que serían escoltados hasta el Capitolio y forzados a dar el quórum necesario para votar la ley propuesta por Walker.
  • 9. La ley originalmente incluía provisiones para la financiación de programas defendidos por Walker, pero para destinar dinero público a nuevos proyectos, el Senado del estado necesita que estén presentes 20 legisladores que debatan y voten. Por el contrario, si la norma no incluye financiación alguna, se puede aprobar por mayoría, y así fue como se hizo: 18 votos contra uno, sin debate y sin los demócratas. Ver Kenneth Jost: «Public-Employee Unions» en cq Researcher No 21, 8/4/2011, pp. 313-336, http://library.cqpress.com.vlib.interchange.at/cqresearcher/.