Coyuntura

Deudas de Estado y Estados con deuda. Crisis y crecimiento en Europa

Tras el shock financiero de 2007-2008 y la caída en el comercio internacional y la economía real de 2008-2009, la crisis económica mundial ingresó, en los primeros meses de este año, en su tercera fase: ahora aparece la amenaza de una crisis de las finanzas estatales. En este marco, en la reunión del g-20 realizada en Canadá, Alemania impuso un plan de recortes fiscales, en contraste con las posiciones de países como Estados Unidos y Francia, que defendían políticas más expansivas. El artículo analiza la situación actual de la crisis mundial y las diferentes alternativas para superarla.

Deudas de Estado y Estados con deuda. Crisis y crecimiento en Europa

Durante el primer semestre de 2010, la crisis económica mundial ingresó en su tercera fase. Tras la crisis financiera de 2007-2008 y la caída en el comercio internacional y la economía real de 2008-2009, ahora aparece la amenaza de una crisis de las finanzas estatales. Para algunos países muy endeudados, como Grecia, se dificultó enormemente el acceso al mercado global de capitales. Dada la preocupación en torno de cómo financiar el déficit y la deuda del sector público, aumentaron las exigencias para lograr una rápida consolidación de los presupuestos estatales. En la Cumbre del G-8/G-20 realizada en Canadá a finales de junio de 2010, Alemania impuso su plan de recortes poco después de que Estados Unidos (encabezado por Barack Obama y Paul Krugmann) manifestara su inquietud por la situación mundial y advirtiera sobre los riesgos de desarrollar una política simultánea de austeridad en los principales países. De manera similar, dentro de la Unión Europea, Francia había reclamado una política económica más expansiva, sobre todo por parte de Alemania.El crecimiento y el nivel alcanzado de deuda pública, algo que inquieta a muchos inversores, es un fenómeno relativamente reciente. En la segunda mitad de 2008, los propietarios de activos y las instituciones que administraban esos activos tenían otras preocupaciones. Después del enorme crecimiento experimentado en los años del boom, toda la riqueza amenazó con desaparecer cuando el gobierno estadounidense decidió no rescatar a Lehman Brothers. Por ejemplo, entre 2007 y 2008, el patrimonio de los multimillonarios se redujo de 40,7 a 32,8 billones de dólares. Esta decisión de no socorrer a Lehman ahora es considerada un error; por cierto, los gobiernos y los bancos centrales debieron inyectar mucho dinero a causa del shock generalizado. Aunque no se pudo evitar la peor caída en el crecimiento mundial desde la posguerra, al menos parece haberse atenuado significativamente la tendencia. De hecho, 2010 puede volver a ser un periodo de crecimiento (si bien bajo). Y los grandes patrimonios privados se recuperan hasta alcanzar los 39 billones de dólares, cifra que se aproxima al producto bruto mundial.

Con las deudas crece el patrimonio

El crecimiento y el endeudamiento guardan una estrecha relación entre sí (ver gráfico de la página siguiente). Durante el auge económico las empresas se endeudan; durante las crisis, hacen lo propio los Estados. También en esta crisis muchos deudores se declararon en cese de pagos. Ante este problema, los acreedores e inversores intentaron buscar nuevos deudores. El gráfico muestra la distinta evolución de cada sector. Las empresas solicitan menos créditos, ya que la caída de la demanda global las obliga a postergar las inversiones. Lo que intentan es reducir los costos para volver a entrar en la zona de beneficios. Esto significa una reducción de ingresos para sus proveedores (es decir, otras empresas) y para los empleados (que en parte se convierten en desempleados). La recaudación del Estado, basada principalmente en los impuestos provenientes de estos ingresos, también disminuye. No obstante, los acreedores son siempre los mismos: los hogares de mayores ingresos y el sector financiero. Se desprenden de títulos privados y adquieren valores públicos de menor riesgo. Si los Estados no estuvieran dispuestos a asumir un nivel de endeudamiento más alto, los acreedores o las instituciones financieras afectadas probablemente deberían depreciar una porción aún mayor de sus activos.

Los activos rescatados esperan obtener un beneficio normal a pesar de la crisis. Dado que los títulos públicos de bajo riesgo generan escasos intereses y los bancos centrales también exigen bajas tasas, solo es posible alcanzar un rendimiento más elevado a través de inversiones más riesgosas. Pero estas apuestas son las que precisamente fracasan en la crisis. Por lo tanto, los intentos se dirigen a sobrevalorar un poco el bajo riesgo real o a especular contra los propios deudores, para poder cobrar mayores intereses a los potenciales prestatarios. Con algo de pánico, el rendimiento de las obligaciones públicas del sur de Europa tiende a mostrar un claro aumento.Para alcanzar un crecimiento estable, los sectores con exceso de endeudamiento deben obtener un superávit que permita reducir su nivel de deuda. El problema es cómo. Si recortan gastos, quitan ingresos a otros sectores y contribuyen a extender la crisis. Convendría entonces generar mayores ingresos, superiores a los gastos, de forma tal que el superávit permita hacer frente al servicio de la deuda, o incluso comenzar a cancelar esa deuda. Para ello, sin embargo, es necesario que algunos actores estén dispuestos a elevar sus gastos. Evidentemente, no es posible contar en este caso con el Estado ni con los hogares de menores ingresos, cuyas perspectivas no sugieren un aumento de los ingresos sino más bien lo contrario. Estos sectores solo pueden incrementar sus gastos si acumulan deudas. Gradualmente, aumentan las restricciones en el Estado. No obstante, debido a la delicada coyuntura, resulta complejo abandonar el esquema de nuevos préstamos e ingresar en una etapa de consolidación del presupuesto. Una salida prematura (cuando no hay otros sectores dispuestos a contraer nuevas deudas) impediría el crecimiento. Si el objetivo de consolidación presupuestaria tiene lugar de manera simultánea en países caracterizados por una fuerte interrelación económica, el crecimiento se enfrenta a una mayor amenaza, ya que en ese caso tampoco existe la posibilidad de compensar las deficiencias internas con un alza en las exportaciones.

Solo aquellos actores que cuentan con un colchón patrimonial adecuado están en condiciones de incurrir en un desahorro y elevar sus gastos más allá de los ingresos sin contraer nuevas deudas. Pero ¿cómo hacer que estos propietarios efectúen mayores gastos? Dado que no quieren consumir una gran parte de su patrimonio, deben invertirlo, es decir, otorgar nuevos préstamos. Los nuevos deudores, principalmente empresas, deben efectuar los gastos (para consumos intermedios, renta de los factores, impuestos) que permitan los excedentes.