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Despliegues etnonacionalistas y temores empresariales

Luego de años de predominio neoliberal, en los países andinos, con la excepción de Colombia, han aparecido movimientos y liderazgos de masas que apelan a una tradición andina radical y encarnan un acentuado nacionalismo y antielitismo. Por lo mismo, constituyen un desafío para los grandes empresarios y las corporaciones, que han optado por tácticas que van del abierto golpismo a la cooptación e incluso el diálogo. Si se tienen en cuenta las realidades económicas globales y el peso de las fuerzas del mercado, es evidente que en la mayoría de los países los líderes contestatarios necesitan de la inversión privada. Por eso, aunque el escenario de confrontación siempre es posible, también hay espacio para la negociación y el entendimiento.

Despliegues etnonacionalistas y temores empresariales

¿Por qué el mundo andino produce líderes como Hugo Chávez en Venezuela, Nina Pacari y Lucio Gutiérrez en Ecuador, Ollanta Humala en Perú o Felipe Quispe y Evo Morales en Bolivia? ¿Por qué no surgen con la misma fuerza fenómenos contestatarios similares en los demás países de América Latina? ¿Qué reacciones generan estos movimientos entre los empresarios y cómo afectan el «clima de inversión»? Para responder a estas preguntas, es necesario explicar que algo políticamente novedoso está emergiendo en la mayoría de los países andinos, y que ocurre a pesar del crecimiento económico que éstos experimentan. Todo esto genera mucha preocupación, y hasta pánico, en las elites del poder.

Como afirmó Morales al ganar las elecciones de diciembre de 2005, la región vive un tiempo nuevo. Su signo más importante es la aparición de corrientes contestatarias, inspiradas en factores étnico-culturales y nacionalistas. Cuando éstas llegan a un tiempo de maduración, desarrollan tres componentes que conviene distinguir: a) movimientos y organizaciones de base popular de viejo y nuevo tipo, b) multitudes, o masas indiferenciadas, que cuestionan el statu quo neoliberal, y c) caudillos políticos que se montan sobre esta ola y se constituyen en alternativas de poder. Esos tres componentes, a pesar de indicar una multiplicidad de fuentes de protesta y una gran diversidad, tienen en común la identificación con figuras como el inca Pachacutec o el libertador Simón Bolívar, y una oposición al intervencionismo estadounidense y la globalización económica, algo propiamente andino. La emergencia de este curioso fenómeno inaugura un ciclo que revierte la ofensiva neoliberal de los años 90. Y cuando estas variadas y heterogéneas fuerzas se convierten en un factor de poder real, la clase empresarial se ve forzada a adoptar tácticas que van del enfrentamiento a la negociación, pasando por la cooptación.

Aunque la presencia de estos movimientos es creciente, su suerte política es variada debido a su carácter difuso y multipolar, a las diferencias tácticas entre las elites y a los distintos escenarios económicos de cada país. Por otro lado, los caudillos contestatarios, en muchos casos surgidos de un día para el otro por una marea de descontento social, tienen más claro a qué y a quiénes se oponen, antes que lo que proponen, y exhiben un fuerte personalismo que los hace impredecibles.

Variados, pero convergentes

A falta de una mejor definición, podemos denominar a estos movimientos «etnonacionalistas». Se trata de corrientes políticas híbridas, vagamente definidas, con distintos tipos de organización y liderazgo. A pesar de su variedad y multipolaridad, comparten ciertos rasgos comunes en cuanto a su identidad y juego de oposición. Pueden, por lo tanto, caminar en una misma dirección, llegar eventualmente a ser una alternativa de poder e, incluso, formar gobiernos.Quienes se movilizan y organizan de ese modo son mayormente pobres (campesinos, obreros, sectores marginales urbanos, universitarios, grupos emergentes), que son o se sienten identificados con los indígenas andinos y amazónicos –hecho más visible en Ecuador y Bolivia, aunque también en el Perú–, sin excluir la identidad africana. Nina Pacari, líder del Movimiento Pachakutic de Ecuador, sostiene al respecto que los indígenas se oponen a «un sistema de inequidad y exclusión que también alcanza a los mestizos pobres» y, precisamente por ello –argumenta–, tiene sentido «empezar a hablar de una propuesta plurinacional». Coincidentemente, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia se define oficialmente como parte de un proceso mayor que llama «Movimiento Continental Indígena, Negro y Popular». Participan, también, individuos de los sectores medios, intelectuales deseosos de redefinir un discurso contestatario para el siglo XXI y, sorprendentemente, algunos militares radicales.

Todos ellos expresan un sentimiento de defensa de la patria, resistencia contra las presiones externas y rechazo al control de los recursos naturales por empresas multinacionales. Estos movimientos son liderados por caudillos que entran de pronto en la acción, outsiders cuyo ascenso revela una tendencia antipolítica: cuestionan el rol de los «partidos tradicionales» y condenan al «Estado criollo», constituido por instituciones divorciadas del pueblo, «corruptas y vendidas», incapaces de hablar en nombre de la sociedad civil.

Además, critican abiertamente a los medios de comunicación corporativos, a los que acusan de ignorarlos mientras la situación política es normal, y de distorsionar sus posiciones con campañas de desprestigio cuando ganan popularidad, campañas que han sido particularmente virulentas en los casos en que estos dirigentes se convirtieron en alternativa de poder (en Venezuela, contra Chávez; en Bolivia, contra Morales; y en Perú, contra Humala). Al mismo tiempo, es un dato interesante verificar que el desarrollo de internet les ha permitido apelar a formas alternativas de comunicación.Sintomáticamente, el rechazo a la democracia formal es más fuerte en el mundo andino. Con excepción de la Venezuela de Chávez, las encuestas de opinión pública indican que en el resto de los países se registra un descenso del apoyo a la democracia, que se ubica por debajo del promedio de América Latina. En 2004, mientras el promedio regional se situaba en 53% (en Venezuela ascendía al 74%), en el resto de los países se ubicaba entre 45% y 46%.

Algo nuevo

Los movimientos y líderes contestatarios son híbridos desde el punto de vista ideológico e innovadores en el aspecto político. En cuanto a sus ideas, aluden a cuestiones étnico-culturales, pero también recurren a nociones socialistas de clase social y a criterios populistas y apelan a los sentimientos patrióticos. Estas ideas no son nuevas, pero se combinan formando un todo que sí es novedoso en cuanto a su identidad. Se perciben como un pueblo excluido, con una cultura propia rechazada y diluida por la globalización, y se oponen a los que detentan el poder económico, social y político en la era neoliberal, a quienes responsabilizan por su pobreza y exclusión.