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Despilfarro: el escándalo global de la comida

El desperdicio de comida es uno de los problemas centrales del mundo actual. Eso sostiene Waste: Uncovering the Global Food Scandal, el libro de Tristram Stuart sobre el «escándalo global» que representa la pérdida de millones de toneladas de comida. El autor británico sostiene que la producción, el consumo y el derroche de comida están en la raíz de muchos de los desafíos que enfrenta el mundo contemporáneo, como la desnutrición, el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad. Y, tras un diagnóstico con múltiples datos, llama a los ciudadanos a actuar en consecuencia.

Despilfarro: el escándalo global de la comida

Nota: este artículo se publicó originalmente en Geography vol. 96 No 2, verano de 2011, con el título «Waste: Uncovering the Global Food Scandal», disponible en . Agradecemos a la revista la autorización para reproducirlo. Traducción del inglés de Carlos Díaz Rocca.

¿Cómo reaccionaría usted frente a alguien que tira directamente a la basura la mitad de sus compras semanales? ¿Se escandalizaría, se desmayaría o simplemente no lo creería? Pues bien, en Waste: Uncovering the Global Food Scandal [Despilfarro: el escándalo global de la comida]1, Tristram Stuart afirma que eso es precisamente lo que estamos haciendo todos los días a escala global: tirar nuestra comida. El argumento de Stuart es potente y muy inquietante. En un mundo donde aproximadamente 1.000 millones de personas están desnutridas y hambrientas2, y donde hábitats naturales únicos son destruidos para hacer espacio para cultivos, se desperdicia casi la mitad de la comida que producimos a escala global.En este importantísimo libro, Stuart examina muchos de los eslabones de los sistemas de abastecimiento –y eliminación– de alimentos. Recorre el mundo para compilar valiosas historias sobre producción y desecho de comida, demostrando una y otra vez que la dimensión que adquiere la destrucción de esta es uno de los asuntos más apremiantes en el mundo actual. La producción, el consumo y la eliminación de alimentos están interconectados y son la raíz de muchos de los desafíos que enfrenta el mundo globalizado, incluyendo la desnutrición, el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad. Con solo desperdiciar menos comida, sostiene Stuart, podemos dar un paso considerable hacia la solución de los problemas ambientales y «paliar 23 veces el hambre de los desnutridos del mundo o satisfacer la totalidad de los requerimientos nutricionales de 3.000 millones de personas más»3.

Con el fin de averiguar cómo hemos llegado a estos niveles absurdos de despilfarro, Stuart investiga lo que sucede con los alimentos en las cadenas de suministro. Centra la mayor parte de su atención en los alimentos consumidos en el Reino Unido, pero trae ejemplos de Estados Unidos y otros países (v. cuadro). Los supermercados, señala Stuart, son los responsables del mayor desperdicio de alimentos, debido tanto a las políticas de las tiendas (por ejemplo, el exceso de existencias) como al poder que ejercen sobre otros agentes de las cadenas de suministro de alimentos. Los fabricantes, que a menudo están comprometidos por contratos de exclusividad, se ven obligados a generar un exceso de producción para asegurar que pueden cumplir con las órdenes de último minuto. Los agricultores tienen un vínculo contractual similar con los supermercados y a menudo descartan la mayoría de sus productos debido a estándares estéticos absurdos (algunos de los cuales son exigidos por la Unión Europea). Luego, los mismos contratos vinculantes les impiden vender los productos desechados a otros compradores. Por lo tanto, el libro de Stuart alimenta la sostenida crítica pública y académica de las desigualdades de poder en el sistema de aprovisionamiento de alimentos, discutidas en detalle en, por ejemplo, Sold Out! [¡Agotado!], de William Young4, Shopped [Comprado], de Joanna Blythman5 y Tescopoly [Tescopolio], de Andrew Simms6.

Nosotros somos culpables también. Los consumidores del Reino Unido tiran a la basura un tercio de la comida que compran y, tal como sugiere Stuart, se necesita un cambio radical en los hábitos de compra de comida y de cocina para impedir esto. Fiel a su pasado de activista, el autor nos anima a que, como consumidores, dejemos de sentirnos culpables por desperdiciar comida y, en lugar de ello, «nos sintamos animados por el sentido de responsabilidad»7. A lo largo de todo el libro ofrece a sus lectores sugerencias para reducir el despilfarro, incluyendo la mejor manera de almacenar lechugas, por qué debemos aprender a amar las vísceras y la forma de interpretar las fechas «de vencimiento». Firme creyente en el poder del consumidor, Stuart también argumenta que solo «votando con nuestros bolsillos» podemos inducir cambios en el comportamiento de los comerciantes de alimentos.

Es importante destacar que el libro de Stuart muestra que el desperdicio no es solo consecuencia de la decadencia del Occidente rico: puede decirse que el mundo en desarrollo experimenta un desperdicio de comida aún más innecesario. En algunos de los países menos desarrollados la falta de infraestructura básica (como silos, caminos y refrigeración) y, en ciertos casos, la corrupción han hecho que se dejen pudrir montañas de granos y frutas mientras la población sufre de desnutrición crónica. Menos atención se dedica a las razones estructurales de los actuales niveles de desperdicio de alimentos.

Mientras que el desperdicio sistemático en la industria pesquera está bien investigado –se dedica un capítulo entero a esta cuestión–, la crítica de Stuart al desperdicio agrícola se centra en casos particulares y no en causas más universales. Por ejemplo, solo dos páginas están dedicadas a la producción institucionalizada de excedentes, que es la Política Agrícola Común de la ue. La producción agrícola moderna es, sin duda, una actividad extremadamente compleja, y se ha hecho muy poca investigación cualitativa o cuantitativa en este ámbito del desperdicio de alimentos. Sin embargo, la falta de datos es un problema menor que su presentación. Waste ilustra de forma lograda todas las razones sistémicas del desperdicio de alimentos, pero esto es porque los argumentos se basan predominantemente en el estudio de casos; sin embargo, como estos argumentos están esparcidos por todo el libro, probablemente los lectores tengan dificultades para hacerse una idea coherente del problema global del despilfarro de alimentos. Un reciente artículo de Julian Parfitt, Mark Barthel y Sarah Macnaughton, que se basa en gran medida en las mismas fuentes que el libro de Stuart, es mucho más conciso en este aspecto, y presenta una estructura útil a la cual vincular las más detalladas ilustraciones de Stuart8.

  • 1.

    Anna Krzywoszynska: es investigadora de posdoctorado en el Departamento de Geografía de la Universidad de Durham (Reino Unido).Palabras claves: alimentos, basura, derroche, hambre, mundo global, supermercados.Nota: este artículo se publicó originalmente en Geography vol. 96 No 2, verano de 2011, con el título «Waste: Uncovering the Global Food Scandal», disponible en www.geography.org.uk. Agradecemos a la revista la autorización para reproducirlo. Traducción del inglés de Carlos Díaz Rocca.. W.W. Norton, Londres, 2009.

  • 2.

    Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (fao): «Hunger», www.fao.org/hunger/en, 2010. Esta cifra se ubicó en 800 millones en 2015 {N. del E.].

  • 3.

    T. Stuart: ob. cit., p. 193.

  • 4.

    W. Young: Sold Out! The True Cost of Supermarket Shopping, Fusion Press, Londres, 2004.

  • 5.

    J. Blythman: Shopped: The Shocking Power of British Supermarkets, Harper Perennial, Londres, 2007.

  • 6.

    A. Simms: Tescopoly: How One Shop Came Out On Top and Why It Matters, Constable, Londres, 2007.

  • 7.

    T. Stuart: ob. cit., p. 84.

  • 8.

    J. Parfitt, M. Barthel y S. Macnaughton: «Food Waste within Food Supply Chains: Quantification and Potential for Change to 2050» en Philosophical Transactions of the Royal Society (Biological Sciences) No 365, 2010.