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Desafíos en la construcción e implementación de las políticas de juventud en América Latina

Son los jóvenes quienesenfrentan con flexibilidad eldesafío de las innovacionestecnológicas y lastransformaciones productivas,quienes se han constituido encreadores culturales, quienesmigran masivamente hacia lasciudades en busca de mejorescondiciones de vida y son llevadosa la marginalidad por un sistemacada vez más excluyente. Sureconocimiento como actoresestratégicos torna relevanteenfrentar la exclusión a través deuna articulación de las políticaspúblicas con un enfoque detransversalidad y equidad.Esto debe llevar al desarrollode políticas de juventudincluyentes, como parte de laimplementación del paradigmade ciudadanía juvenil.

Desafíos en la construcción e implementación de las políticas de juventud en América Latina

El posicionamiento de las juventudes en las sociedades latinoamericanas se ha visto impactado por grandes grupos de transformaciones interrelacionadas: los cambios epocales, el modelo económico social imperante y la evolución de los paradigmas de las políticas y del enfoque de juventud.

El modelo económico globalizado modifica el mercado laboral y contribuye al incremento de la brecha social al profundizar la polarización socioeconómica en el interior de los países. Los grupos juveniles de mayor nivel económico se parecen menos a los jóvenes pobres de sus propios países que a los jóvenes de otros países que se encuentran en condiciones privilegiadas. Las juventudes latinoamericanas se constituyen en un sujeto múltiple, expuesto a diversos grados de exclusión.

La modernización ha contribuido a la prolongación de la vida, por lo que la fase juvenil ocupa en el ciclo vital un número creciente de años y la vida adulta ya no es un periodo ausente de importantes transformaciones. La pubertad se da a edades más tempranas, y muchas de las metas adultas se han modificado. Ya no son claros los peldaños hacia un horizonte seguro y predefinido, traducido en un proyecto de futuro. Toman relevancia los logros y las gratificaciones en el presente (Krauskopf 2003c).

La flexibilidad juvenil para incorporar conocimientos y aportar innovación se valoriza. A su vez, las distancias generacionales respecto de los adultos se redefinen: ahora los jóvenes saben cosas que los adultos ignoran. Esto hace que la participación juvenil no sea solo un claro derecho, sino también un elemento insustituible del conocimiento de las situaciones y alternativas.

Se hace evidente que sin las juventudes no son posibles la democracia, el desarrollo equitativo y la cohesión del Estado. Para enfrentar el desafío de construir sociedades inclusivas es necesario contar con legislación, políticas públicas e institucionalidad orientadas al pleno reconocimiento de las capacidades y derechos de las juventudes y las medidas necesarias para su cumplimiento.

En los últimos años, ha surgido con fuerza la tendencia a la elaboración de “políticas de juventud” en diversos países de América Latina, respaldadas por leyes de juventud. Los sistemas de juventud han favorecido la construcción conjunta entre los entes gubernamentales y los jóvenes. Se trata de hechos que demandan precisiones conceptuales, desarrollo de enfoques innovadores y estrategias pertinentes para la construcción de políticas, y presentan grandes dificultades para su puesta en práctica.Para sistematizar algunos elementos relevantes implicados en las políticas de juventud, trataré de responder a las siguientes preguntas: ¿por qué se ha hecho tan evidente la necesidad de construir políticas públicas para la juventud? ¿Qué tipo de políticas son las que se pretende construir? ¿Cuál es el enfoque y cuáles los procesos que sustentan la construcción de políticas de juventud? ¿Cuáles son algunas de las dificultades existentes para hacer realidad los planteamientos de las nuevas políticas de juventud?

Antes de pasar a estos temas, caracterizaré brevemente lo que puede entenderse por políticas de juventud. Una política de juventud debe ser un componente básico para el desarrollo nacional. Es el principal instrumento de referencia de un sistema de acciones dirigidas a la juventud, en el que existen múltiples componentes que dan cuenta de esta orientación común.

Una política es pública en la medida en que su formulación compromete a las instituciones del Estado en su conjunto, que asume la responsabilidad de alcanzar las condiciones requeridas para su realización, y a los jóvenes, que aportan, toman decisiones y se comprometen con ellas. También compromete a la sociedad con sus diversas organizaciones y expresiones. Por ello se requiere de una rectoría política, es decir, el respaldo de un alto nivel técnico y la organizada participación del nivel ciudadano.

Sergio Balardini destaca que, en contraposición con otros campos del quehacer político, la política de juventud no se ocupa de la solución de problemas específicos, sino más bien de la representación de los intereses de los jóvenes en la sociedad. La meta de la política pública de juventud consiste en ser el marco articulador de las políticas y la legislación nacional, para propiciar y concretar en un plan de acción el abordaje de los temas relacionados con las personas jóvenes de manera integral, estratégica y palpable. El plan de acción traduce la política a la acción y es elaborado participativamente de acuerdo con la orientación política y filosófica de la política de juventud aprobada. Su diseño plantea nuevos desafíos en el campo de los conocimientos y la formación de capacidades para desarrollar propuestas transversales.

Las políticas tradicionales de juventud

Indudablemente, siempre han existido políticas que conciernen a la juventud, aunque en general no se caracterizaron por estar expresamente orientadas hacia ella. Enrique Bernales Ballesteros (1999) considera que la relación Estado/joven se ha desarrollado con un vicio de origen, al no haber tomado en cuenta la condición de persona del sujeto joven, su energía vital, su capacidad y potencia para sugerir alternativas críticas y renovadoras. La especificidad de la problemática juvenil y su inclusión tardía en la agenda de las actividades estatales están directamente vinculadas al proceso gradual de transformación de la sociedad tradicional que, con diversos énfasis, se produce en los distintos países.

Aún es frecuente un amplio e indiferenciado uso del concepto de «política de juventud». A veces basta con que en un país existan preocupación y ciertas acciones gubernamentales dirigidas a las personas jóvenes para considerarlas políticas de juventud. Esta simplificación oculta la ausencia real de políticas e ignora que no solo existen diferencias de naturaleza entre política de gobierno y política de Estado, sino también entre políticas públicas y planes de acción.

El aparato del Estado continúa organizado por sectores, y las políticas han correspondido a la rectoría de dichos sectores. Por ello, la oferta a la juventud ha sido más bien implícita, omisa, a menudo coyuntural y contradictoria, provocada por un sentido de urgencia en diversas situaciones emergentes.