Tribuna global

¿Democracia o capitalismo?

El último libro de Wolfgang Streeck sobre la crisis europea motivó un artículo del filósofo Jürgen Habermas en el que establece un diálogo crítico con sus tesis. Habermas coincide con las críticas de Streek al actual modelo europeo elitista, pero difiere con su «pesimismo» en relación con la posibilidad misma de lograr otra Unión Europea más democrática y autónoma frente a la presión de los mercados. Mientras Streeck plantea la democratización en los marcos del Estado-nación, Habermas cree que un repliegue a la nación sería una inadecuada y nostálgica respuesta a la crisis actual y apuesta a una unión política de Europa en otros términos.

¿Democracia o capitalismo?

En Gekaufte Zeit. Die vertagte Krise des demokratischen Kapitalismus, su libro sobre la aplazada crisis del capitalismo democrático, Wolfgang Streeck desarrolla un análisis descarnado de la historia del surgimiento de la actual crisis bancaria y de la deuda, crisis que se extiende hasta la economía real. Este dinámico y empíricamente fundamentado estudio es el resultado de sus «Conferencias Adorno», impartidas en el Instituto de Investigaciones Sociales con sede en Fráncfort. En sus mejores partes, es decir, siempre que la pasión política se une a la esclarecedora fuerza de hechos analizados críticamente y de argumentos contundentes, recuerda al 18 Brumario de Luis Bonaparte. El punto de partida es una justa crítica a la teoría de la crisis desarrollada por Claus Offe y por mí a principios de los años 70. El optimismo que reinaba entonces en torno del control keynesiano nos había llevado a suponer que los potenciales económicos de crisis, políticamente dominados, se desplazarían hacia imperativos contradictorios planteados a un aparato estatal por encima de sus posibilidades, y hacia «contradicciones culturales del capitalismo» (como lo formulara Daniel Bell algunos años después), y que se expresarían en forma de crisis de legitimación. Hoy no estamos (¿todavía?) ante una crisis de legitimación, pero sí ante una recia crisis económica.

La génesis de la crisis

Con la superioridad de conocimiento del observador que mira en retrospectiva histórica, Streeck comienza su descripción del transcurso de la crisis con un bosquejo del régimen de Estado social construido en la Europa de posguerra hasta comienzos de los años 70. A ello siguen las fases de implementación de las reformas neoliberales: estas, sin considerar las consecuencias sociales, mejoraron las condiciones de realización del capital y, al hacerlo, pusieron de cabeza tácitamente la semántica de la palabra «reforma». Las reformas relajaron las formas de regulación corporativas y desregularon los mercados, no solo los laborales sino también los de bienes y servicios, pero sobre todo los de capital: «Al mismo tiempo, los mercados de capital se transforman en mercados para el control empresarial, que erigen la elevación del valor para los accionistas (shareholder value) a la condición de máxima suprema del buen manejo empresarial».

Streeck describe este giro, iniciado con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, como un golpe liberador para los propietarios de capital y sus gerentes en contra del Estado democrático, el cual, conforme a los principios de la justicia social, había reducido los márgenes de ganancia de las empresas pero también, desde el punto de vista de los inversionistas, había estrangulado el crecimiento económico y, así, había perjudicado el bien entendido bienestar común. La sustancia empírica del estudio consiste en una comparación longitudinal entre países relevantes durante las últimas cuatro décadas. Esta comparación, a pesar de todas las diferencias específicas entre las economías nacionales, arroja la imagen de un transcurso de la crisis asombrosamente uniforme en sentido general. Las crecientes tasas de inflación de los años 70 fueron reemplazadas por un creciente endeudamiento de las cuentas públicas y privadas. Al mismo tiempo, aumenta la desigualdad en la distribución de la renta, mientras que los ingresos del Estado caen en relación con el gasto público. Mientras crece la desigualdad social, este desarrollo conduce a una transformación del Estado recaudador de impuestos. «El Estado gobernado por sus ciudadanos y, en tanto Estado recaudador de impuestos, Estado democrático financiado por ellos, se convierte en Estado democrático deudor tan pronto su subsistencia no depende ya solo de las contribuciones de sus ciudadanos sino, en gran medida, también de los acreedores».

En la Comunidad Monetaria Europea se puede apreciar de manera perversa la limitación de la capacidad de actuación política de los Estados por parte de «los mercados». La transformación del Estado recaudador de impuestos en Estado deudor constituye aquí el trasfondo del círculo vicioso que gira en torno de la salvación de bancos en situación ruinosa por parte de Estados que, a su vez, han sido llevados a la ruina por esos mismos bancos; con la consecuencia de que el régimen financiero dominante pone bajo tutela a las poblaciones de esos Estados. Lo que esto significa para la democracia ya lo pudimos ver bajo el microscopio durante aquella noche de la cumbre en Cannes, cuando Yorgos Papandreou, el primer ministro griego, rodeado por sus colegas que le daban palmadas en el hombro, fue obligado a desistir de un referendo que había planificado. El mérito de Streeck es haber demostrado que la «política del Estado deudor», llevada a cabo por el Consejo Europeo desde 2008 a instancias del gobierno federal alemán, constituye en esencia la continuación del modelo de política favorable al capital que ha conducido a la crisis.

En las especiales condiciones de la Unión Monetaria Europea, la política de consolidación fiscal somete a todos los países miembros a las mismas reglas independientemente de las diferencias en el desarrollo de sus economías y, con la intención de implementar esas reglas, concentra los derechos de intervención y control en el nivel europeo. Sin el simultáneo fortalecimiento del Parlamento Europeo, esta concentración de competencias en el Consejo y en la Comisión refuerza el desacoplamiento de las opiniones públicas y los parlamentos nacionales del concierto de gobiernos obedientes al mercado, apartados de la realidad y tecnocráticamente establecidos por su propia cuenta. Streeck teme que este forzado federalismo ejecutivo traiga consigo una cualidad completamente nueva en el ejercicio de la dominación en Europa: «La consolidación de las finanzas estatales europeas, emprendida como respuesta a la crisis fiscal, termina en una reconstrucción del sistema estatal europeo, coordinada por los inversionistas financieros y la UE, (…) en una reconstitución de la democracia capitalista en Europa en el sentido de erigir en ley los resultados de tres décadas de liberalización económica».