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De la tiendita al súpermercado. Los comerciantes chinos en América Latina y el Caribe

La mayoría de los chinos que emigraron a América Latina y el Caribe durante el siglo XIX provenían de la provincia de Guangdong y sobre todo de su capital, una ciudad cosmopolita con una historia comercial de 2.200 años. Los culíes, una vez librados de sus contratos forzados, se dedicaron a desarrollar sus dotes para el comercio: en Panamá conectaron los centros urbanos con los pueblos del interior, en Jamaica constituyeron la primera burguesía local y en Sonora, México, prosperaron tanto que fueron expulsados. Pero el mejor ejemplo es Perú, donde la modesta tienda del señor Wong se convirtió en la principal cadena de supermercados del país, en una muestra más de la habilidad comercial de los inmigrantes chinos y de su capacidad para insertarse, convivir y prosperar en América Latina.

De la tiendita al súpermercado. Los comerciantes chinos en América Latina y el Caribe

La actividad en la que es más frecuente encontrar a los chinos de la diáspora es, sin duda, el comercio, ya sea al por mayor o al menudeo. Y esto es así también en muchos rincones americanos. La figura del comerciante chino data de mediados del siglo XIX, cuando una enorme cantidad de culíes fueron llevados a América como braceros contratados para labores agrícolas, en especial en productos naturales de exportación como caña de azúcar, algodón y tabaco.Para dar una idea de la cantidad de emigrados, es necesario señalar que a Cuba arribaron cerca de 150.000 chinos y a Perú, 100.000 (entre 1847 y 1874), en tanto al Caribe (las Guyanas, Trinidad y Tobago, Jamaica, Bahamas, Surinam y Belice) fueron trasladados unos 20.000.

La gran mayoría de ellos provenía de las provincias del sur de China, sobre todo de las de Guangdong (Cantón) y Fujien. Guanzhou, la capital de Guangdong, se encuentra ubicada a orillas del delta del río de la Perla y tiene una historia comercial de al menos 2.200 años de antigüedad: es famosa por ser una de las ciudades donde comenzaba la célebre «ruta de la seda» que unía China con el Asia Menor.

Por todo ello, Guanzhou es, desde hace siglos, una ciudad cosmopolita con mucha actividad comercial y un desarrollo económico algo diferente al del resto de las provincias chinas. No es raro, pues, que esta ciudad haya formado a sus habitantes en una fuerte vocación por las artes comerciales, y que estos conocimientos, técnicas e inclinación por el comercio se hayan trasladado a los países a los que emigraron.

Adonde llegaban, los chinos demostraban que sabían ahorrar lo poco que ganaban y colocar ese dinero en un pequeño negocio, para luego reinvertir las ganancias y continuar así, sin detenerse, aprendiendo de los errores y con una constancia que impresiona. Muchas veces, su éxito comercial produjo la antipatía y el recelo de algunos de sus competidores que, sorprendidos por su despegue económico, optaron en algunas ocasiones por hostilizar a las florecientes colonias chinas: un caso notable es el de Sonora, en México, del que se hablará más adelante.

Las tienditas de Panamá

La presencia de los chinos en el área de Panamá se remonta a 1854, cuando 705 trabajadores de ese origen llegaron para la construcción del ferrocarril interoceánico. De ellos, 500 fallecieron en los primeros seis meses. Fue a finales del siglo XIX, con el incremento de la producción bananera y la construcción del canal francés y del americano, cuando se notaron los primeros signos del comercio chino. Los chinos aplicaron su talento comercial a la expansión de pequeños negocios en cada ciudad y cada pueblo, en áreas rurales y urbanas, y se atrevieron a aventurarse en zonas de frontera, regiones montañosas y lugares alejados. Según Lok Siu, uno de sus grandes aportes fue conectar los centros urbanos con los pueblos del interior y las áreas costeras a través de ejes comerciales. Para este investigador, los chinos corrieron riesgos y osaron llegar hasta donde otros emprendedores no lo habían hecho antes. A inicios del siglo XX, los comerciantes chinos lograron monopolizar los establecimientos de abarrotes: en Panamá, la frase «ir donde el chino» equivale a decir «voy a comprar a la tienda de la esquina». Se trataba de establecimientos de comercio al menudeo que ofrecían desde frutas y vegetales hasta objetos de uso diario como jabones, toallas, botas de caucho, artículos de cocina y otros muchos bienes. ¿Qué prácticas facilitaron esta expansión? En primer lugar, estas «tienditas» se caracterizaban por ser muy competitivas: permanecían abiertas al público por largas horas y ofrecían una mayor variedad de productos a bajos precios, además de formas de pago flexibles. Lamentablemente, fueron objeto, como en el resto de América, de algunas demostraciones de malos tratos, racismo y xenofobia. En Panamá, uno de los incidentes más graves ocurrió en 1940, cuando las autoridades recortaron sus derechos civiles y confiscaron o destruyeron sus negocios, en un momento en el que el nacionalismo panameño estaba en pleno auge.

Desde fines de la década de 1990, con la adopción de políticas económicas neoliberales, comenzó a ingresar más capital chino: uno de los más importantes inversionistas de ese origen es la Hutchinson Whampoa Incorporated, empresa radicada en Hong Kong y dedicada a manejar los puertos de Balboa y Cristóbal.

Los chinos en Jamaica

En 1880, unos 19.000 chinos desembarcaron en las Indias Occidentales –las Guyanas, Trinidad y Tobago, Jamaica, Belice, Bahamas y Surinam–, principalmente para trabajar en la industria azucarera. A diferencia de las experiencias cubana y peruana, donde el tráfico estuvo a cargo de empresarios privados, en el Caribe el gobierno británico estuvo involucrado en el reclutamiento y el transporte de los culíes, provenientes en su mayoría del sur de China.

Un caso paradigmático es Jamaica, donde descollaron casi sin competencia en el comercio. En 1900, los aproximadamente 2.000 chinos que vivían en la isla –de los cuales 60% residía en Kingston– representaban apenas 0,3% de la población, pero ya controlaban 13% del comercio minorista. ¿Cómo lo hicieron? Una de las claves fue la capacidad para observar, evaluar y aprovechar las circunstancias que atravesaba el país. A fines del siglo XIX, la población originaria jamaiquina no estaba interesada en las actividades comerciales: a los antiguos esclavos de origen africano les importaba más cultivar sus propias tierras –algo a lo que estaban habituados– que iniciar negocios de venta al por menor. Los descendientes de los europeos se dedicaban a actividades que les permitieran escalar socialmente. En esta coyuntura, los chinos tomaron nota de la expansión del mercado interno provocada por el aumento de la población y el crecimiento de la agricultura de productos de exportación, como el banano. Se percataron de que los campesinos contaban con dinero y crearon una red de pequeños comercios al por menor, que satisfacían las necesidades de los habitantes de las zonas agrarias y los trabajadores de bajos salarios de las ciudades.