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¿Confucio versus Zeus? China, Brasil y la producción alimentaria

A medida que las ciudades chinas se van acercando a los pronósticos de 1.000 millones de habitantes para 2025, están empezando a generar una demanda de alimentos sin precedentes. Aún se está muy lejos de satisfacer esta demanda con la producción interna, lo cual hace que algunas empresas agrícolas chinas compren e inviertan en el exterior. Este artículo examina las consecuencias para Brasil y la desconfianza que existe allí respecto a los objetivos y las prácticas de gestión de los inversores chinos, que plantea nuevos desafíos a las relaciones «Sur-Sur».

¿Confucio versus Zeus? / China, Brasil y la producción alimentaria

El Nuevo Plan Nacional de Urbanización de China prevé que, para 2020, 60% de la población total del país, proyectada en 1.430 millones de personas, vivirá en ciudades, frente a 57,7% registrado en marzo de 2014, cuando el plan se dio a conocer. Por lo tanto, el gobierno está alentando –y con frecuencia instando– a 150 millones de chinos a cambiar un modo de vida rural por la cultura de consumo urbano. El objetivo más amplio es apuntalar el crecimiento económico futuro priorizando el consumo interno por sobre las exportaciones. Aumentar la cantidad de consumidores urbanos es fundamental para el plan económico de China, y por lo tanto, es igualmente importante la confianza de los ciudadanos que se beneficiarán con los estilos de vida suburbanos. Para mantener su confianza, el gobierno debe superar un obstáculo: los alimentos necesarios para sostener las ciudades chinas en expansión escasean.Por ello, al igual que sus homólogas en las industrias de la energía y la minería, algunas empresas estatales chinas del sector agrícola «salieron» a invertir en el extranjero. Las actividades en el exterior de empresas estatales como China National Cereals, Oils and Foodstuffs Corporation (cofco), Heilongjian Beidahuang Nongken Group, Xinjiang Production and Construction Corps (xpcc) y Chongqing Grain Corp tienen como objetivo aumentar la oferta de alimentos y estabilizar los precios, que han demostrado ser tan volátiles como los de otros productos básicos.

Un problema que enfrentan las empresas estatales chinas a medida que buscan acceder a la agricultura extranjera es la aparición de barreras legales para sus inversiones, barreras impulsadas en parte por la protesta popular contra los «acaparamientos de tierras» por parte de los chinos. Además, los críticos se quejan de que las empresas chinas insisten en comprar solo productos primarios, por ejemplo, soja cruda en grano en lugar de harina, forraje o aceite elaborados a base de soja. Esto, dicen, ha afianzado un patrón clásico de dependencia en las exportaciones primarias altamente mecanizadas que no agregan valor ni generan empleo. China, por lo tanto, es acusada de «neocolonialismo», de seguir constantemente un «enfoque mercantilista» antes que preocuparse por la «cooperación de mutuo beneficio» de la que habla Beijing1.

En este marco, Brasil se convirtió en un epicentro de estas tensiones después de que el comercio bilateral con China alcanzara los 83.300 millones de dólares en 2013, debido en gran parte a la exportación de 33 millones de toneladas de soja en grano (por un valor de 17.200 millones de dólares) al país asiático durante ese año. China es el mayor socio comercial de Brasil; en 2013, el país sudamericano proveyó 45% de la soja en grano importada por China. No resulta sorprendente, pues, que el consiguiente debate en los círculos políticos brasileños gire en torno de la necesidad de enfocar más las exportaciones a China en segmentos de mayor valor agregado2. Pero los inversores chinos han sido lentos a la hora de financiar proyectos de valor agregado, con lo que han generado dudas sobre su real compromiso con la «cooperación Sur-Sur» de mutuo beneficio con la que tanto han alardeado. A menos que los negociadores brasileños puedan dirigir la inversión entrante hacia segmentos superiores de la cadena de valor de la agricultura, la soja se enfrentará a los mismos altibajos e inestabilidades experimentados por el sector minero en la última década.Los debates anteriores plantean interrogantes acerca de la confianza entre los actores chinos y brasileños, y entre los gobiernos y los ciudadanos dentro de ambos países. ¿Cómo consolidan las inversiones agrícolas en el extranjero la confianza de los ciudadanos chinos en que su gobierno está comprometido con su seguridad alimentaria? ¿Cómo puede crear China relaciones confiables Sur-Sur que ofrezcan a los países socios resultados más equitativos que las anteriores experiencias coloniales y poscoloniales? ¿Cómo refuerza la desconfianza brasileña en las empresas estatales chinas la percepción de que la soberanía nacional está en peligro? El presente artículo encuadra estos interrogantes en el contexto de la bibliografía existente sobre el tema de la confianza, y menciona algunas diferencias claves en las tradiciones china y brasileña de interdependencia entre Estado y sociedad. A continuación, explora los interrogantes anteriores y concluye que el creciente alcance global de China está acercando más estas tradiciones divergentes, generando tensiones y presión para lograr un mutuo acuerdo.

«In Goverment We Trust»

El punto de vista de Beijing acerca de la cooperación Sur-Sur exhibe importantes diferencias epistemológicas con la práctica occidental establecida. Tal como observa David Shambaugh, «para los chinos, la cooperación deriva de la confianza, mientras que los estadounidenses tienden a forjar la confianza a través de la cooperación»3. Esto es evidente en el «Documento de Políticas para América Latina y el Caribe» elaborado en 2008 por China, cuya búsqueda de un «mundo armonioso de paz duradera y prosperidad común» se basa en los «Cinco Principios de Coexistencia Pacífica» para definir los parámetros de compromiso. Algunos comentaristas chinos han sostenido que los Cinco Principios reflejan una perspectiva confuciana de la nacionalidad y el arte de gobernar, sobre todo a través de su énfasis en el desarrollo «armonioso» y consensuado, su búsqueda de resultados «holísticos» y su defensa implícita de la administración estatal de asuntos nacionales e internacionales4. Si bien es posible que la filosofía de Confucio haya sido usada para legitimar la política contemporánea, en la práctica los Cinco Principios demuestran que la premisa de la «devoción filial» en la confianza en el Estado sigue siendo un principio central de la política china.

Eruditos chinos y occidentales podrán estar de acuerdo en que la confianza es un catalizador para la prosperidad y el desarrollo, pero sus visiones sobre el impacto del Estado en la formación de la confianza a menudo divergen. Francis Fukuyama, por ejemplo, advierte que el «aparato legal» es un «sustituto de la confianza»5. El columnista político George F. Will ofrece una valoración similar de suma cero entre la intervención del Estado y la confianza: «mientras el Estado crece, otras instituciones decaen»6. Para los conservadores, los reglamentos de control y cumplimiento del Estado incurren en engorrosos gastos y «costos de transacción», al tiempo que socavan la natural tendencia de los actores privados a confiar y cooperar entre sí.

  • 1.

    Juan Andrés Camus, Jane LePham, Roshan Shankar y Kenny White: Strictly Business? An Examination of China’s Natural-Resource Acquisition Strategy in Latin America, informe para la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, Stanford University, Stanford, 2013, p. vii.

  • 2.

    Rhys Jenkins y Alexandre de Freitas Barbosa: «Fear for Manufacturing? China and the Future of Industry in Brazil and Latin America» en The China Quarterly vol. 209, 2012.

  • 3.

    D. Shambaugh: «China’s New Foray into Latin America» en YaleGlobal, 17/11/2008.

  • 4.

    Tao Pan: «Timeless Theme of International Relations» en Beijing Review vol. 47 No 23, 10/6/2004; Jiabao Wen: «Carrying Forward the Five Principles of Peaceful Coexistence in the Promotion of Peace and Development» en Chinese Journal of International Law vol. 3 No 2, 7/2004, p. 363.

  • 5.

    F. Fukuyama: Trust: The Social Virtues and the Creation of Prosperity, Free Press, Nueva York, 1995, p. 27. [Hay edición en español: Trust. La confianza, Ediciones B, Barcelona, 1998].

  • 6.

    Cit. en Theda Skocpol: «Unraveling from Above» en The American Prospect vol. 7 No 25, 1996, p. 20.