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¿Cómo puede insertarse América Latina en el mundo globalizado?

Convertida en el hábitat común de todas las naciones, la globalización plantea a América Latina una serie de desafíos, uno de los cuales es la elaboración de una estrategia de inserción en el mundo. El artículo argumenta que la región no encontrará nunca un modelo óptimo –ni el neoliberal, ni el desarrollista– y que deberá explorar combinaciones y adaptaciones nacionales. En segundo lugar, deberá construir relaciones de cooperación con los vecinos poniendo a la oferta de la integración en línea con la creciente demanda. Y, finalmente, procurar acuerdos en pos de la construcción de un mundo multipolar.

¿Cómo puede insertarse América Latina en el mundo globalizado?

La globalización, o el avance en todo el mundo de la fuerza productiva impulsada por el acelerado desarrollo de la ciencia y tecnología, se despliega en una amplitud tal, que se ha convertido en el hábitat común de todas las naciones. Es el resultado y la tendencia inevitable del progreso de la humanidad, que se encuentra siempre explorando, descubriendo, conociendo y venciendo lo desconocido. Pero, a pesar de ser un progreso humano, la globalización también es una espada de doble filo que genera ventajas y desventajas; en otras palabras, oportunidades y desafíos. Ante esto, la cuestión para cualquier país, incluyendo los de América Latina y el Caribe, quizás no sea insertarse o no, sino cómo se pueden maximizar las oportunidades y enfrentar exitosamente los desafíos que plantea el mundo globalizado. En una frase, ¿cuál es la estrategia adecuada para una inserción exitosa?Desde el «descubrimiento» de Cristóbal Colón, hace ya más de cinco siglos, América Latina se insertó de manera pasiva en el mercado global. Más tarde, a fines del siglo XIX, ya conformados los Estados nacionales, la mayoría de los países de la región disfrutaron de una era dorada, durante la primera oleada de globalización, gracias a la conjugación de un entorno favorable para el comercio internacional con un modelo de desarrollo basado en la exportación de productos primarios, modelo que entró en crisis con la Gran Depresión de los años 30. Entre las explicaciones del agotamiento del modelo exportador de productos primarios se destaca, como debilidad inherente a este, la deficiente conceptuación del desarrollo, causa fundamental de la debilidad ante los shocks externos y de la dependencia de la región frente a los centros del poder mundial. Por eso, se puede decir que la primera inserción de los países de América Latina y el Caribe en la globalización se produjo en el marco de un juego cuyas reglas fueron elaboradas por los poderes centrales.

Antes de abordar el tema de la estrategia de inserción, los países latinoamericanos deben responder la pregunta, prescrita por la actual oleada de globalización, acerca del modelo de desarrollo: ¿qué tipo de modelo deben adoptar para asegurar un desarrollo sustentable y sostenible, que garantice una reinserción activa y optimizada en el mundo? La respuesta de cada país –y, sobre todo, de los países en vías de desarrollo– debe plantearse en tres planos: el desarrollo nacional, el de las relaciones con los vecinos y el de las relaciones exteriores en general.

En el primer plano: ¿cuál es el modelo de desarrollo adecuado para América Latina?

Hasta el presente, América Latina ha adoptado tres grandes modelos de desarrollo: el de exportación de productos primarios, el de industrialización por sustitución de importaciones y el neoliberal. Ninguno de ellos generó un definitivo despegue.

Comenzando por el principio, hay que plantearse la pregunta acerca del modelo basado en la exportación de productos primarios. ¿Está destinado inevitablemente al fracaso? Las experiencias de Finlandia, Irlanda, Nueva Zelandia y Australia ponen de manifiesto que exportar productos primarios constituye un canal importante para acumular el capital adecuado para sostener un desarrollo de calidad. No es necesariamente un modelo equivocado.En cuanto al segundo modelo, el de sustitución de importaciones, ¿constituye la crisis de la deuda un resultado necesario de él? La trayectoria de cuatro de las más grandes economías del mundo –Estados Unidos, Alemania, Japón y el Reino Unido– demuestra que no, ya que todas ellas se industrializaron bajo un riguroso proteccionismo comercial. Por ejemplo, durante la Revolución Industrial, el Reino Unido aplicó la pena capital a quienes importaran seda y productos textiles; EEUU mantuvo un arancel promedio de 40% entre las décadas de 1920 y 1940 para restringir las importaciones, y de hecho hubo años, como 1932 y 1933, en los que el arancel alcanzó a 60%. Del mismo modo, sería inimaginable una Alemania industrializada sin considerar la importancia del pensamiento de Friedrich List sobre la protección de las industrias infantes. Finalmente, la comunidad académica coincide en que la veloz revitalización del Japón de posguerra se debe principalmente a dos razones: la política arancelaria preferencial concedida por EEUU y la industrialización basada en la teoría de estructura industrial elaborada por el economista Shinohara Miyohei, que aboga por desarrollar las industrias de alta elasticidad de demanda que facilitan la mejora de la productividad mediante la protección del Estado. En contraste, una de las lecciones del atraso de la vieja China radica en la falta de protección –un arancel promedio de apenas 5%– a las industrias nacionales.

El tercer modelo de desarrollo es el neoliberal. ¿Es el origen de todos los desastres de América Latina? La experiencia de Chile demuestra que una combinación armoniosa de mercado liberal con Estado hace que el despegue no sea un sueño inalcanzable.

Resumiendo entonces las experiencias de diferentes casos exitosos, es fácil descubrir que nunca ha existido un modelo teórico perfectamente adecuado para un determinado país. La emergencia de uno u otro país en el escenario mundial ha sido resultado de la adaptación de las experiencias del éxito ajeno a las peculiaridades nacionales y de la innovación incesante, tanto del pensamiento teórico como de la tecnología. ¿Cuál es, entonces, el modelo de desarrollo más adecuado para América Latina? La repuesta nunca podrá ser el liberal, el cepalino, el neoliberal o cualquier otro definido a partir de doctrinas teóricas: la teoría, como un producto de la práctica humana que sirve para dar referencia a esta, nunca puede ser el cerebro único y exhaustivo de esa práctica. La respuesta, por lo tanto, no es el modelo estadounidense, ni el modelo alemán, ni el chileno. Ningún par de zapatos les va bien a todos.

Para construir un modelo que asegure a los países latinoamericanos un desarrollo decente de largo plazo es necesario tener en cuenta un eje central y dos pilares. Siguiendo el clásico chino de Sun Tzu, El arte de la guerra, que recomienda «Conozca el enemigo, conózcase a sí mismo, la victoria está asegurada», el eje central para el desarrollo de un país, el punto de partida y objetivo último de cualquier modelo, es el conocimiento objetivo de la realidad de un mundo globalizado y el respeto de las condiciones particulares de cada nación. Luego, las relaciones favorables con los vecinos y con el resto del mundo son los dos pilares fundamentales que determinan un entorno favorable para el desarrollo.