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¿Cómo puede enfrentar el sindicalismo a las empresas multinacionales?

La globalización, la apertura económica y los avances tecnológicos han producido un cambio de paradigma económico y han fortalecido a las empresas multinacionales, que con frecuencia desarrollan prácticas productivas que perjudican a los trabajadores: tercerización, debilitamiento de los derechos laborales y desprotección social. Para enfrentarlas, los sindicatos deben desarrollar una nueva estrategia de acción, que incluye la búsqueda de información y el monitoreo, la articulación de redes nacionales e internacionales y la apelación a los consumidores para presionar a aquellas compañías que vulneran sus derechos.

¿Cómo puede enfrentar el sindicalismo a las empresas multinacionales?

Introducción

Los trabajadores y las trabajadoras enfrentan el desafío de responder a las transformaciones radicales ocurridas en la economía, la sociedad y el mundo del trabajo. Los efectos de los cambios generados por el agotamiento del modelo de desarrollo posterior a la Segunda Guerra Mundial fueron dramáticos. En algunos países, los sindicatos no estaban preparados para enfrentarlos; en otros, la inserción en la globalización era más reciente y no existían sindicatos o eran muy débiles.

El cambio del paradigma productivo necesitó incluso de la intervención y el apoyo de un amplio espacio institucional que abarcó desde los gobiernos de los países capitalistas centrales hasta importantes organizaciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Acuerdo General de Comercio y Tarifas/Organización Mundial de Comercio (GATT/OMC). Pero el gran motor de estos cambios, así como su principal agente y beneficiario, fueron –y continúan siendo– las empresas multinacionales, que utilizaron los progresos de los medios de información, comunicación y transporte para inaugurar una nueva división internacional del trabajo e innovar en la forma de desarrollar su producción. El nuevo paradigma generó aumentos de la productividad por medio del toyotismo, un sistema productivo desarrollado en la industria automovilística de Japón que, mediante la introducción de nuevas tecnologías y métodos de organización del trabajo, permitió ampliar la producción con menos trabajadores. Su principal característica fue el sistema just-in-time, que permite programar la producción de modo de no generar stocks, ni de materias primas ni de productos finales, y utilizar integralmente la disponibilidad de máquinas, materiales y mano de obra. No hay desperdicios o recursos gastados por anticipado. El capital y la mano de obra se utilizan al máximo.

Aun así, como la producción varía en función de la demanda, este sistema requiere flexibilidad en los contratos de trabajo y, principalmente, la descentralización de la producción por medio de la tercerización (outsourcing). Esto es necesario para poder aumentar o reducir la producción sin generar más carga a la empresa principal, que subcontrata el trabajo de terceros. La tercerización le permite a la empresa mantener el número mínimo de trabajadores necesario para proyectar y administrar la producción. Pero para que el propietario de la empresa tercerizada pueda obtener ganancias, es necesario que pague salarios más bajos y ofrezca menos beneficios a sus trabajadores de los que podrían recibir si fuesen contratados directamente por la empresa principal. De esta forma, la empresa principal transfiere los costos a las compañías tercerizadas, que deben producir de acuerdo con sus patrones de calidad, y a los trabajadores.

La descentralización horizontal de la producción traspasó las fronteras mediante el aprovechamiento de las ventajas geográficas, como el acceso a las materias primas y los mercados, la disponibilidad de energía, agua y mano de obra barata, así como la libre circulación de mercaderías gracias a los acuerdos de integración económica. La suma de estos factores generó un aumento de escala y una reducción de los costos que contribuyeron a ampliar la productividad y la ganancia de las empresas multinacionales. La asociación del modelo toyotista con la nueva división internacional del trabajo generó una serie de cadenas productivas globales dirigidas por las corporaciones multinacionales, que controlan el suministro, la producción, el marketing y la comercialización de sus productos. Los eslabones de estas cadenas pueden ser empresas que pertenecen a la misma corporación multinacional o firmas asociadas o contratadas. El control o la coordinación de estas redes internacionales es posible gracias a la evolución de las telecomunicaciones y la informática.

Debido a estos cambios, en ningún lugar del mundo existe hoy pleno empleo y estabilidad laboral. El desempleo es crónico en Europa, donde sobrepasa el 10%. En Estados Unidos, aunque es menor, también es un problema: en 1997, 18,4% de la población económicamente activa –21 millones de personas– trabajaba a tiempo parcial, mientras que el número de trabajadores transitorios pasó de 640.000 en 1987 a más de tres millones en 1999 (Pochmann/ Borges, p. 84).

Otro fenómeno generado por las transformaciones mencionadas es que la mayoría de los trabajadores ocupados, formales o informales, está insertado de alguna forma en las cadenas productivas globales. Desde los empleados y gerentes de empresas multinacionales hasta los vendedores callejeros de CD-ROM y MP3, los vendedores a domicilio para las empresas de indumentaria y calzado e incluso los recolectores de basura reciclable. Esto significa un cambio importante en el perfil de la clase trabajadora, que ya no está hegemonizada por los artesanos anteriores a la Revolución Industrial, ni por el obrero europeo del siglo XIX que inspiró las reflexiones de Karl Marx, ni por el obrero fordista, sin calificación profesional, que despuntó a partir de los años 20. Hoy, la clase trabajadora tiende a dividirse cada vez más entre una minoría altamente calificada, contratada regularmente con salarios y beneficios razonables, y una mayoría compuesta por trabajadores que transitan entre la formalidad y la informalidad, con baja calificación profesional, salarios reducidos y pocos derechos. A estos dos grupos se suma un sector significativo de excluidos, que sobrevive al margen del sistema.El cambio de paradigma productivo, la conformación de cadenas globales, el nuevo perfil de la clase trabajadora y el poder de las empresas multinacionales requieren que los sindicatos adopten nuevas estrategias para poder cumplir su papel de defender los derechos e intereses de los trabajadores. En este texto se evalúan el poder y las políticas de las empresas multinacionales en América Latina y se analizan algunas experiencias sindicales brasileñas de respuesta. El poder de las multinacionales