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¿Cómo afectará la crisis la integración regional?

Con luces y sombras, los procesos de integración regional avanzaron en los últimos años en América Latina y, sobre todo, en América del Sur. El artículo sostiene que la crisis plantea desafíos cruciales a la integración, especialmente en áreas como la conectividad de infraestructura, la articulación energética, la superación de la pobreza y la integración a la sociedad del conocimiento. Si logra avanzar en estos puntos, América del Sur tiene grandes chances de convertirse en una macrorregión de importancia mundial, como Europa o América del Norte. Pero para ello es necesario que los gobiernos de la región tomen conciencia de la dimensión de la crisis y del quiebre de paradigmas que ha producido y elaboren proyectos superadores de las viejas miradas neoconservadoras.

¿Cómo afectará la crisis la integración regional?

La crisis global en América Latina: comparaciones con el pasado e impactos diferenciados

Las crisis económicas no son algo novedoso en América Latina. Casi se podría decir que forman parte de nuestra identidad histórica. En los últimos 80 años hemos sido conmovidos por tres recesiones de enorme magnitud: la que siguió a la Gran Depresión de 1929; la que acompañó a la crisis de la deuda externa en 1982; y la actual, que comenzó a sentirse con fuerza desde los últimos meses de 2008. Algunas de estas recesiones, especialmente la de 1982, tuvieron luego episodios y secuelas nacionales de enorme significación, como la que estalló en Chile en 1983-1984, con una caída acumulada de más de 17 puntos del PIB; la del «error de diciembre» de 1994 en México, que hizo descender la economía de ese país en casi 10%; las dificultades de la economía brasileña en 1998, durante la crisis asiática; y la monumental crisis argentina de 2001-2002, que destruyó el sistema financiero y llevó al gobierno a la pérdida del control de la emisión monetaria y de la capacidad de endeudamiento frente a las provincias, poniendo en riesgo la existencia misma del Estado nacional.

En una región con estos antecedentes, la actual recesión debe ser vista con una mirada comparativa y en un adecuado contexto. Es una situación inquietante, pero dista de ser el mayor reto o dificultad que estos países hayan enfrentado en su historia.

Una primera mirada comparativa permite diferenciar dos situaciones. La crisis posterior a la depresión de octubre de 1929 y la actual tuvieron un origen externo: ambas tuvieron su epicentro en Estados Unidos, se propagaron inicialmente a los países desarrollados y llegaron posteriormente a nuestra región. La otra gran crisis, la de 1982, tuvo, en cambio, un origen endógeno. Se inició en México, donde el peso experimentó ese año una devaluación de 600% frente al dólar, con las consiguientes repercusiones en el comercio exterior y la inflación. Lo propio ocurrió con las secuelas nacionales que se escalonaron a partir de la propagación inicial, lo que llevó a América Latina a una situación generalizada de deterioro productivo e incremento de la pobreza que hizo adecuada la calificación de los años 80 como una «década perdida».

A su vez, al colocar frente a frente los dos grandes procesos de recesión originados externamente, se pueden extraer algunas conclusiones interesantes. En ambos casos, los países de América Latina salieron del peor momento bastante antes que EEUU. De acuerdo con las estimaciones del historiador económico inglés Victor Bulmer-Thomas, mientras en EEUU la reactivación plena solo tuvo lugar con la dinámica de la economía de guerra que siguió al estallido de la Segunda Guerra en 1939, en nuestra región la recuperación comenzó antes: 1932 en Colombia, 1933 en Brasil, 1934 en México y 1935 en Argentina. Solo Chile y Cuba experimentaron un ciclo más prolongado y daños más profundos en sus capacidades productivas1. Otra diferencia significativa es lo ocurrido respecto del funcionamiento de las instituciones financieras en los años anteriores a cada una de estas crisis. Mientras en los años 20 EEUU vivió una oleada de optimismo y prosperidad que llevó al presidente Herbert Hoover –el mismo que luego se vio impotente para encarar los efectos del crack de 1929– a hacer su famosa promesa: «para cada estadounidense una vivienda, en cada garage un coche», en nuestros países la situación previa no estaba acompañada por un estado de ánimo tan favorable. En cambio, antes de que estallara la crisis actual EEUU tuvo que enfrentar una situación más turbulenta, donde se advertían los tropezones de las hipotecas subprime y los serios problemas de la banca y las instituciones de inversión, mientras que América Latina vivió, entre 2003 y el primer semestre de 2008, su mejor periodo económico del último medio siglo. El crecimiento regional se acercó a 5% anual, los commodities exportados por la región –soja en Brasil, Argentina y Uruguay, cobre en Chile y Perú, petróleo en Venezuela y Ecuador– alcanzaron cotizaciones récord, que mejoraron los términos de intercambio en más de 100%. Esto generó un ciclo de creación de puestos de trabajo, aumento de las exportaciones y mejoramiento de las reservas internacionales. Fue la primera vez desde las décadas de la posguerra que a América Latina le fue mejor que a los principales países desarrollados.

Esta etapa de crecimiento ha hecho que la situación actual pueda ser encarada con la fortaleza de los activos acumulados, reduciendo así en parte los impactos negativos de la nueva situación. A ello se agrega el dato de que el sistema bancario ha funcionado bien y no se ha registrado un colapso de otras instituciones financieras ni del mercado inmobiliario, más allá de la lógica reducción de las transacciones. América Latina sufre los efectos de la contracción de los créditos internacionales y las dificultades para asegurar financiamiento a los proyectos productivos, pero esta situación dista de la bancarrota vivida por el conjunto de la economía mexicana o chilena en los años 80.

Un factor no menos significativo ha sido el aprendizaje realizado por nuestros países, y por la población en general, para manejar los efectos de las crisis. En países como Argentina, donde estas se han vivido con impresionante frecuencia, todos los ciudadanos saben bien qué hacer cuando llega la etapa de vacas flacas. A la larga, el impacto psicológico de un cuadro de depresión económica resulta mucho más suave y no adquiere el dramatismo que se percibe en EEUU en el último año.

Al comenzar el segundo semestre de 2009, y antes de que se cumpla un año del estallido de la actual recesión, pareciera que se ha llegado al piso de deterioro y que comienza una fase de recuperación, donde solo varían los matices del optimismo respecto a cuánto tiempo tomará ese proceso. El examen de los efectos de la crisis actual en los diferentes países es, por otra parte, muy ilustrativo, al igual que el análisis de los elementos que han permitido neutralizar los efectos desfavorables.

  • 1. En Historia económica de América Latina desde la Independencia, fce, México df, 2003, citado en José Serra: «The International Crisis: A Latin American View», conferencia en Foresight, Washington, dc, 18/6/2009.