Opinión

China y su futuro como país de altos ingresos

Alcanzar la categoría de «país de altos ingresos» no es una tarea sencilla. Sin embargo, hay buenos motivos para creer que China puede llegar a ella.

China y su futuro como país de altos ingresos

«¿Y si estar mejor es imposible?», pregunta Jack Nicholson mientras camina a través de la sala de espera de su psiquiatra en la película «Mejor... imposible». En el reciente encuentro de los ministros de finanzas del G20 en Shanghái, los participantes se preguntaban en gran medida lo mismo (y no solo respecto de las expectativas a mediano plazo por el débil crecimiento mundial). Muchos se están preguntando si la actual tasa de crecimiento china será lo mejor que se puede estar durante un largo tiempo.

Para determinar la validez de esos temores hay que entender la causa de la desaceleración económica de ese país. Están quienes ofrecen una explicación sencilla: China, junto con otras grandes economías emergentes, ha quedado atrapada en la temida «trampa del ingreso medio» y es incapaz de convertirse en una economía avanzada. Pero esto supone que alguna fuerza o tendencia exógena lleva a que los países queden «atrapados» en un cierto nivel de ingresos, una postura que un estudio académico tras otro han desacreditado.

Ciertamente, los países encuentran con frecuencia dificultades para alcanzar la categoría de altos ingresos. Según el Banco Mundial, solo 13 de los 101 países clasificados como de ingresos medios en 1960 habían logrado pasar al grupo de altos ingresos en 2008. Además, algunos países con ingresos medios, después de un prometedor crecimiento, pasaron décadas «atrapados» en un cierto nivel de ingresos per cápita. El crecimiento del ingreso per cápita de Argentina, por ejemplo, fue similar al estadounidense entre 1870 y 1940; desde entonces, la brecha no ha hecho más que ampliarse. De esta manera, incluso los países que logran ser clasificados como de altos ingresos a veces regresan a niveles de ingresos medios.

Pero no es históricamente inevitable que los países queden atrapados en ciertos niveles de ingreso. Por el contrario, ciertos estudios sugieren que las economías de bajos ingresos con rápido crecimiento también pueden convertirse en economías con ingresos medios y rápido crecimiento y, en última instancia, ingresar al estrato de altos ingresos. Si una economía queda atrapada es debido a que no logró ajustarse, ya que la base del crecimiento cambia. De hecho, la falta de capacidad para transformarse a sí misma habitualmente hubiera sido visible también en los niveles de ingresos bajos.

¿Qué implica exactamente el ajuste necesario? Aunque las especificidades varían de un país a otro, la teoría del crecimiento neoschumpeteriana centrada en la innovación, propuesta por los economistas Philippe Aghion y Peter Howitt, ofrece ideas importantes.

Aghion y Howitt entienden la innovación como cualquier cambio que lleve a la introducción de nuevos productos o procesos al mercado en que opera una empresa. Los países alejados de la frontera tecnológica mundial mejoran imitando las tecnologías existentes y adaptándolas a su situación local, pero con el tiempo deben mejorar su capacidad para innovar. Ciertos estudios también han mostrado un vínculo positivo entre la innovación y la movilidad social, e incluso entre la innovación y la desigualdad en el ingreso.

La noción de que el crecimiento económico requiere transferencias de tecnología y un entorno en que las nuevas empresas puedan nacer, crecer y desaparecer (reasignando así los factores de la producción a otras empresas más exitosas) es central a la perspectiva enfocada en la innovación. La calidad del gerenciamiento obviamente desempeña un papel fundamental, pero las instituciones y el capital humano también son importantes; la corrupción, las restricciones crediticias y la falta de acceso a la educación de alta calidad dificultan la transformación económica.

Pero la promoción de la innovación no es una panacea. Aunque la generación de rendimientos para los innovadores puede alentar la innovación adicional, también puede llevar a que los empresarios capten una porción excesivamente grande del proceso de transformación. Por ejemplo, aunque Bill Gates probablemente haya sido bueno para la transformación económica, el multimillonario mexicano de las telecomunicaciones Carlos Slim no lo ha sido. Fomentar un tipo de innovador fácilmente podría dar lugar al otro.

¿Qué significa todo esto para China? Mientras el país busca crear las condiciones para una mayor innovación genuina, también debe ocuparse de una miríada de desafíos a corto plazo. Se encuentra atrapado en una espiral inflacionaria, una situación en que los precios en baja y la ansiedad en alza debido a las perspectivas económicas se refuerzan entre sí. Y los préstamos excesivos al sector corporativo, especialmente para manufacturas, ha generado una gigantesca capacidad excedente y una creciente montaña de deuda de mala calidad que inhiben el crecimiento.

Para agravar el desafío, la economía china es más relevante a nivel mundial y está más interconectada que nunca, lo que significa que cualquier acción que tome puede tener efectos de gran alcance. Como en este nuevo contexto es improbable que las políticas ya probadas funcionen, el gobierno debe improvisar. Y, como lo reconocen claramente los ansiosos mercados, ese enfoque implica la posibilidad de cometer errores en las políticas.

Sin embargo, hay buenos motivos para creer que China puede alcanzar el éxito, dado que la historia económica de ese país muestra que posee una impresionante capacidad de transformación. Por supuesto, la economía china ha avanzado mucho desde que Deng Xiaoping inició la política de reformas y apertura en 1978, pero incluso en años más recientes, las habilidades incorporadas al valor agregado chino han mejorado radicalmente y se han transferido exitosamente recursos desde la agricultura al sector de servicios (en vez de al sector manufacturero, donde las grandes empresas estatales aún dominan muchas industrias).

Si las recientes investigaciones que desacreditan la trampa del ingreso medio son correctas, China —que cuenta con una de las historias más milagrosas de crecimiento— tiene muy buenas posibilidades de lograr el éxito en su transición hacia la condición de país de altos ingresos con un vigor similar. Los cambios estructurales subyacentes que tuvieron lugar en China en los últimos años refuerzan este optimismo. China tendrá que continuar avanzando con las reformas y superar los intereses creados, especialmente en el sector estatal, pero sus probabilidades de éxito siguen siendo altas.


    Traducción: Leopoldo Gurman.

    Fuente: Project Syndicate

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