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China y América Latina: estrategias bajo una hegemonía transitoria

Influenciada por el pensamiento realista de las relaciones internacionales, el nacionalismo y el marxismo-leninismo, la política exterior china ha experimentado una fuerte reorientación en los últimos años. Uno de sus nuevos objetivos estratégicos consiste en profundizar los vínculos con América Latina en un nivel más comprensivo, integrando el plano gubernamental con las relaciones con otros actores, como partidos políticos, sindicatos y asociaciones de la sociedad civil: la creciente cooperación militar es un ejemplo de esta nueva política. Aunque América Latina no debe olvidar la importancia de la competencia sino-estadounidense, ésta tampoco debe ser vista como un obstáculo insalvable: la hegemonía de Estados Unidos es transitoria y los beneficios económicos de fortalecer los lazos con China hacen necesario asumir riesgos calculados en el plano político.

China y América Latina: estrategias bajo una hegemonía transitoria

Las relaciones de China con América Latina han estado mediadas por dos factores: la necesidad de obtener recursos para el desarrollo económico del país asiático y la búsqueda de estrechar lazos políticos con la región. Por otra parte, la competencia estratégica sino-estadounidense viene a aportar nuevos ingredientes a esta relación. Históricamente, China ha desarrollado una relación ambigua con Occidente. En el siglo XIX, encontramos elementos que dan cuenta de una percepción negativa, gatillada por las Guerras del Opio y las sistemáticas pérdidas territoriales, que han alimentado el nacionalismo chino hasta el día de hoy. Sin embargo, ya en los tiempos de Mao Zedong, y sobre todo durante el periodo Deng, la República Popular China, creada en 1949 y heredera de esa tradición, vislumbró ciertas oportunidades de desarrollo económico que podía generar una relación constructiva con Occidente. Luego del fin de la Guerra Fría, y especialmente después del 11 de septiembre de 2001, ha ocurrido un cambio en la forma en que China se relaciona con Occidente, y particularmente con Estados Unidos, lo que ha implicado una transformación en las prioridades asignadas a América Latina.

La política exterior china luego de la reforma

Los elementos permanentes de la actual política exterior son los llamados cinco principios, expuestos por China, junto con la India, en 1954, durante la visita del premier chino Zhou Enlai a Myanmar. Basados en una política exterior independiente, ellos son: respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial, no agresión, no intervención en los asuntos internos del otro, igualdad y beneficio recíproco, y coexistencia pacífica. Una de las características más importantes de esta estrategia es el objetivo de llegar a convertirse en un poder global.

Desde un punto de vista histórico, la visión de la política internacional china está fuertemente influenciada por el pensamiento realista de las relaciones internacionales, es decir, una concepción del mundo en términos de distribución de poder. Desde esta perspectiva, el mundo es percibido como un escenario de interacciones entre Estados soberanos comprometidos en una competencia despiadada, donde las redes transnacionales y multilaterales se conciben siempre centradas en el Estado. El objetivo es lograr ventajas en el entorno para maximizar el interés nacional, por lo que se enfatiza el desarrollo tecnológico y económico, con la creencia de que la política mundial está caracterizada por la competencia por «poder comprehensivo» en un amplio rango de escenarios: tecnológico, económico, político y militar. En esta disputa, la principal unidad de análisis sigue siendo el Estado-nación.Durante el periodo Deng, China estableció una política exterior acorde con la situación interna y externa de aquella etapa: el surgimiento del pragmatismo, que implicó un desplazamiento de la importancia de la política a la economía como factor determinante de la política exterior; la necesidad de una estrategia que garantizara paz y seguridad, para orientar todas las energías hacia la modernización económica; y la pérdida de vigencia del concepto de triángulo estratégico integrado por la Unión Soviética, EEUU y China. Esta idea, aunque aparentemente inconsistente, tuvo una amplia aceptación internacional y fue asumida por los principales actores, lo que transformó en ciertas algunas de sus consecuencias. El concepto central era el liderazgo de China en el Tercer Mundo y su oposición al imperialismo estadounidense y al «hegemonismo» soviético.

Más tarde, con el acercamiento sino-estadounidense de principios de los 70, el concepto se modificó: del «triángulo de hierro» se pasó al «triángulo flexible». Y luego, a partir de la desaparición de la URSS, el esquema triangular se disolvió del todo. Entonces China se reorientó al plano regional, forzada en parte por el aislamiento internacional post Tiananmen, y le otorgó una importancia creciente al área Asia-Pacífico. En este nuevo escenario, China optó por impulsar la multipolaridad, como parte de un proceso que comenzó con el distanciamiento de EEUU y el acercamiento a la URSS, iniciado tímidamente a fines de la Guerra Fría e impulsado con más claridad desde fines de los 90, con la iniciativa de una «asociación estratégica» entre ambos países.

Desde el comienzo del período de la reforma, es decir desde mediados de los 70, China ha sufrido grandes cambios, no solo en el ámbito económico, sino también en su perspectiva estratégica respecto al este de Asia como una totalidad. En el contexto regional también se han producido modificaciones sustantivas en el complejo de seguridad de esta área, al comenzar a diluirse muy gradualmente la diferenciación entre Nordeste y Sudeste asiáticos. Ante esta transformación, China introdujo un nuevo factor: la fuerte revalorización de los organismos de seguridad regionales, tales como la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO) y el Foro Regional de la Asociación de Naciones del Sudeste de Asia (Asean). Por otra parte, participó activamente en la búsqueda de nuevas instancias de diálogo de seguridad regional, por ejemplo en el caso de las six-party talks sobre el problema de Corea.

Los especialistas chinos consideran inevitable el incremento del multilateralismo y, como parte de esta percepción, creen que la participación selectiva en los esquemas multilaterales resulta menos riesgosa que su exclusión de ellos. La orientación china hacia la solución bilateral de las controversias y la búsqueda de un balance de poder con las potencias externas han contribuido a imprimirle un bajo perfil a su presencia en estas instancias. Sin embargo, las actuales condiciones la inducen a adoptar un rol más importante. Además, su objetivo –construir un mundo multipolar– requiere de estructuras multilaterales que contrapesen la fuerte presencia estadounidense. Este creciente apoyo a las iniciativas multilaterales, especialmente a aquellas que promueven una mayor cooperación económica, como la Asociación de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), demuestran la decisión de Beijing de incrementar la consulta y el diálogo. Justamente, la creciente percepción de una rivalidad estratégica de largo plazo con EEUU se ha visto respaldada por la estimación de que China está descontenta con la actual distribución del poder mundial y que, por lo tanto, su política exterior tiene como uno de sus objetivos construir un mundo multipolar que le permita fomentar su desarrollo político y económico, con el supuesto de que la hegemonía de Washington es una amenaza para sus intereses nacionales.