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China en África: discurso seductor, intenciones dudosas

Cuando en octubre de 2000 el gobierno chino organizó en Beijing la primera Conferencia Sino-Africana a nivel ministerial, marcó un antes y un después en las relaciones de China con África. La iniciativa provocó sorpresa en los tradicionales socios de los países africanos, que habían disminuido su perfil, y en los emergentes, que estaban reconsiderando sus políticas hacia la región. El desembarco chino en África plantea interrogantes acerca de las intenciones de la potencia asiática: ¿se repetirán los patrones de dominación de los centros occidentales o, por el contrario, se establecerá una relación de nuevo cuño?

China en África: discurso seductor, intenciones dudosas

Hoy en día parece haber consenso respecto a que el sistema internacional está sufriendo cambios importantes que podrían alterar su estructura y naturaleza, para transformarse en un escenario algo diferente al registrado durante la Guerra Fría, que pone en cuestión las certezas de la segunda mitad del siglo XX. La actual reconfiguración de fuerzas muestra turbulencias, con procesos simultáneos y a la vez contradictorios. Están emergiendo nuevos poderes en los niveles político y económico que se disputan el establecimiento de las reglas de juego, al tiempo que crisis de variado tipo, especialmente financieras, movilizan a los actores en el escenario internacional. Más allá de posibles percepciones sobre la dirección de estos cambios, puede observarse la ocurrencia en simultáneo de fenómenos contradictorios.

El proceso de globalización presenta hoy más riesgos que beneficios y coexiste con procesos de fragmentación y localización. Hay una concentración de poder en pocas manos, junto con una difusión de poder en múltiples centros. La clásica división entre Norte y Sur –desarrollados/subdesarrollados– se ha complejizado y diluido. Hay «Sures» que emergen en el Norte y «Nortes» que emergen en el Sur. El poder se dirige hacia nuevas geografías, desplazándose del Norte y de Occidente hacia el Sur y el Oriente, donde se sitúa China. Algunos países emergentes provienen del Sur y otros del Este. El Sur está siendo «reformateado». En los años 60 y 70 era llamado «Tercer Mundo»; en los 80 fue simplemente «el Sur», y a partir de los 90, el «Sur global».

En la actualidad, los países emergentes muestran que algo está cambiando y que el Tercer Mundo o el Sur no son categorías tan lineales ni fáciles de aprehender. Como en toda transición, las categorías clásicas se confunden, se diluyen, y lo viejo y lo nuevo se entremezclan con contradicciones y superposiciones1. Las viejas coaliciones sobreviven, al tiempo que otras nuevas emergen y otorgan relevancia y nueva vigencia al multilateralismo, al minilateralismo y a las redes. Prueba de ello es la proliferación de actores gubernamentales y no gubernamentales en asociaciones de geometría variable, que conforman diversos grupos y coaliciones –generalmente micro– en torno de cuestiones específicas de interés común.

El mundo está siendo rediseñado por la participación de poderes emergentes en una nueva relación entre economía y política. Nuevos nombres se están acuñando para varios grupos de países emergentes2, así como para coaliciones de jugadores económicos y financieros3. Aunque muchas veces no comparten una agenda común, sino solo algunos intereses, estos grupos emergentes están jugando roles cada vez más relevantes en la economía mundial y en la política global.Con respecto a África, no es una novedad que su territorio alberga inmensas riquezas estratégicas, y la famosa «maldición de los recursos» ha sido y continúa siendo una espada de Damocles sobre los gobiernos y pueblos africanos. En la evolución de la vinculación de estos países con los centros de poder mundial, el continente africano fue sucesiva y a veces concomitantemente una escala en el camino a las Indias a partir del siglo XV, proveedor de especias, de mano de obra esclava para la explotación agrícola de las Américas, abastecedor de materias primas agrícolas y mineras que alimentaron el proceso de industrialización de Occidente y escenario geoestratégico de la puja Este-Oeste durante la Guerra Fría. También fue objeto de experimentos económicos a través de la aplicación de los planes de ajuste estructural. Para finales del siglo XX, la disminución de la ayuda, la fuga de inversiones y la pérdida de expectativas reflejaban también que los ejes de atracción económica y las preocupaciones geoestratégicas de las potencias pasaban por otras latitudes. Sin embargo, en el siglo XXI África comenzó a mostrarse como una explosiva combinación de recursos naturales estratégicos, tierras con potenciales condiciones de explotación, importantes reservas de agua dulce y de minerales «raros» y un gran y casi virgen mercado de consumidores.

Cuando en octubre de 2000 el gobierno chino organizó en Beijing la primera Conferencia Sino-Africana a nivel ministerial, marcó un antes y un después en las nuevas relaciones de China con África y en el posicionamiento de África en el sistema internacional. Para ese entonces, todavía «afropesimismo» y «donors fatigue» (cansancio entre los donantes) eran los nombres que podrían calificar a un continente que, para muchos, debido a su situación social e inestabilidad política, solo podía ser objeto de las preocupaciones de la Cruz Roja Internacional. Este nuevo desembarco de China en África4 provocó sorpresa en los tradicionales socios africanos que habían disminuido su perfil y en los emergentes que estaban reconsiderando sus políticas hacia la región, y de esta manera la importancia del continente se elevó a niveles comparables con los del Congreso de Berlín (1884-1885) o la segunda posguerra.

Consecuentemente, este trabajo apunta a relevar la evolución reciente de las relaciones sino-africanas para construir un mapa del presente de esas relaciones y analizar cómo pueden incidir en los países africanos y en el reordenamiento global. Asimismo, el artículo pretende dejar planteados interrogantes en torno de las intenciones chinas, así como de las consecuencias que este desembarco puede tener para África. ¿Será más de lo mismo? ¿Se repetirán los patrones de dominación de los centros occidentales? ¿O se planteará una relación de nuevo cuño?

El desembarco

El retorno de China se dio en una coyuntura particular para África, en un momento en que la región estaba siendo relegada de las preocupaciones de los centros de poder occidentales, y en un contexto especial para Beijing, que necesitaba recursos y mercados para alimentar su máquina de crecimiento sostenido. Las reformas de Deng Xiao Ping, iniciadas en 1978, produjeron cambios irreversibles en las estructuras económicas del país más poblado del planeta. El «socialismo con características chinas» apuntó a transformar la estancada y empobrecida economía planificada de China en una economía de mercado, con un fuerte crecimiento económico. Como resultado, se consiguieron cifras de incremento sostenido del PIB anual de 9% por más de una década, para lo cual China debió buscar en diferentes partes del mundo materias primas como petróleo, minerales y granos, ya que en este aspecto no es autosuficiente5. Con respecto al petróleo, por ejemplo, solo produce la mitad de la energía que utiliza y es el segundo mayor consumidor e importador mundial6. Este acelerado proceso de crecimiento implicó además una reconversión de la política exterior para lograr una participación más dinámica en la economía y en la política mundiales. Desde entonces, los chinos han utilizado diferentes herramientas para su expansión en el mundo y, en particular, en su acercamiento a África. Consecuentemente, durante este periodo un conjunto de ideas fuerza acompañó la reinserción de China, tales como los conceptos de «ascenso pacífico», «desarrollo pacífico» y «mundo armonioso». El «ascenso pacífico» fue un concepto acuñado en 2003 por Zheng Bijian para calmar los temores de Occidente frente al crecimiento chino, y muestra a China como una potencia benigna que respeta las reglas establecidas, gracias a las cuales logró su progreso. En 2004, el presidente Hu Jintao sustituyó esta idea por la expresión «camino de desarrollo pacífico», ampliamente usada hasta ser reemplazada por el actual concepto de «mundo armonioso», primera estrategia global que los chinos ofrecen para la construcción del futuro orden internacional7. Estas nociones anidan en la concepción de un mundo multipolar en el que la seguridad se asienta en la confianza y el beneficio mutuos, en la igualdad y la coordinación, lo que plantea la necesidad de democratizar cada vez más las relaciones internacionales8.

  • 1. G. Lechini: «brics e África: a grande incógnita» en Boletim de Economia e Política Internacional No 9, 1-3/2012, pp. 139-150, disponible en www.ipea.gov.br/portal/images/stories/pdfs/boletim_internacional/120328_boletim_internacional09.pdf.
  • 2. En los últimos años han aparecido nuevos grupos de «emergentes»: brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica); bricet (bric + Europa oriental y Turquía); bricm (bric + México); brick (bric + Corea del Sur); Next Eleven (Bangladesh, Egipto, Indonesia, Irán, México, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Corea del Sur, Turquía y Vietnam) y civets (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica).
  • 3. Compañías de servicios financieros, calificadoras de riesgo, fondos soberanos, etc.
  • 4. En 1955, la participación del primer ministro de China Chou En Lai en la Conferencia Afroasiática de Bandung marcó el acercamiento inicial al continente africano en proceso de descolonización. En ese encuentro, junto con la India, postularon para los nuevos Estados los cinco principios de la Coexistencia Pacífica de Pancha Shila: respeto mutuo de la integridad territorial y la soberanía; no agresión; no intervención en las cuestiones internas; igualdad de derechos y oportunidades; y coexistencia pacífica. Posteriormente, el mismo Chou En Lai realizó una gira africana de tres meses, entre 1963 y 1964, acompañando el momento de ebullición de las independencias. Para entonces, la relación era marcadamente político-ideológica. Ya se había producido la ruptura con los soviéticos «revisionistas» y África era vista como un campo propicio para extender la verdadera revolución. Más tarde, se elaboró la Teoría de los Tres Mundos, por la cual el primero y segundo mundos correspondían a eeuu y la urss, ambos imperialistas, mientras que China estaba acompañando al Tercer Mundo. El ejemplo más evidente del compromiso chino fue la construcción del Tanzam, ferrocarril entre Tanzania y Uganda. Entre 1956 y 1977, la ayuda china para África representó 58% de su ayuda externa. Para ampliar información, v. Ian Taylor: China’s New Role in Africa, Lynne Rienner, Boulder, 2009, p. 13.
  • 5. Actualmente, China posee una población de 1.400 millones de personas y una fuerza laboral de unos 937 millones de trabajadores. Marcelo Justo: «China, la ‘fábrica del mundo’, necesita mano de obra» en bbc Mundo, 30/1/2013.
  • 6. Organización Mundial de Comercio (omc): «El comercio mundial en 2010 y perspectivas para 2011», comunicado de prensa No 628, 2011.
  • 7. Williams da Silva Gonçalves: «A presença da China na África» en Nelson A. Jobim, Sergio W. Etchegoyen y João Paulo Alsina (eds.): Segurança internacional. Perspectivas brasileiras, fgv, Río de Janeiro, 2010, pp. 523-538.
  • 8. Hao Su: «Harmonious World: The Conceived International Order in Framework of China’s Foreign Affairs» en Masafumi Iida (ed.): China’s Shift: Global Strategy of the Rising Power, The National Institute for Defense Studies, Tokio, 2009, p. 54, disponible en www.nids.go.jp/english/publication/joint_research/series3/series3.html, fecha de consulta: 23/5/2013.