Tema central

China - América Latina: una relación económica diferenciada

Los intercambios comerciales entre China y América Latina crecieron espectacularmente en los últimos años, pero esto no afectó de la misma forma a todos los países. El primer caso es el de Venezuela, que exporta a China petróleo, clave para sostener el despegue industrial. Por otro lado, los productores de materias primas y alimentos –Chile, Brasil, Argentina y Perú– se han beneficiado gracias a los saldos comerciales positivos y el aumento de la inversión directa. Finalmente, México y Centroamérica se han visto perjudicados por las importaciones de productos manufacturados y están siendo desplazados del mercado de Estados Unidos. Para entender el crecimiento de la relación sino-latinoamericana desde el punto de vista comercial, es necesario evitar las generalizaciones y analizar cada caso en detalle.

China - América Latina: una relación económica diferenciada

Introducción

Para nadie es un secreto que las relaciones entre la República Popular China y América Latina se han intensificado en los últimos años. A las frecuentes visitas recíprocas de altos funcionarios se suma un auge del comercio y la inversión extranjera directa (IED) de China en nuestra región. Si bien en los intercambios se hace presente el factor político, es el terreno de la economía el que está marcando, con mucho, el paso de las relaciones. El comercio, por ejemplo, ha experimentado una vertiginosa evolución. En 1976 solo alcanzaba 200 millones de dólares, mientras que en 1988 ascendía a 2.800 millones. A lo largo de los 90, los flujos comerciales sino-latinoamericanos crecieron a tasas de tres dígitos, hasta superar los 40.000 millones de dólares en 2005. China se ha comprometido a invertir en América Latina unos 50.000 millones de dólares durante los próximos años. En esta nueva realidad, las consideraciones ideológicas han pasado a jugar un papel francamente marginal.

¿Qué tanto se beneficia o se perjudica América Latina con el imparable crecimiento económico de China? Postulo que la respuesta a esta pregunta varía de acuerdo con las características de los distintos países y subregiones de nuestro continente. Para ilustrar este punto, en este artículo se analiza la relación económica de China con algunos de ellos: Venezuela, Argentina, Brasil, Chile, Perú, México, Centroamérica y Cuba. La selección no obedece a un enfoque excluyente, sino a la voluntad de identificar diferentes trayectorias e intereses en la relación. Del mismo modo, el texto se concentra en las variables económicas –sobre todo, comercio e inversión–, obviando por el momento el punto de vista político.

El texto se divide en cuatro secciones. La primera revisa con cierto detalle la evolución de las relaciones económicas entre China y Venezuela; se ha decidido dedicar una sección completa a este tema en vista de la creciente relevancia del factor energético en la agenda de la política exterior china. La segunda parte revisa el favorable desempeño que han tenido frente a China países como Argentina, Brasil, Chile y Perú, que han logrado obtener superávits comerciales e inversiones sobre la base de sus ventajas comparativas en la producción de materias primas y alimentos. En la tercera sección se analizan las características de las relaciones con México y Centroamérica, que están siendo afectados por un fuerte desequilibrio comercial, así como por el desplazamiento de sus exportaciones en el mercado de Estados Unidos. El cuarto y último apartado estudia el caso de Cuba, en donde, además de materias primas, China busca mantener viva una línea «tercermundista» de su política exterior. Los casos analizados intentan brindar al lector una panorámica desapasionada de las trayectorias de cooperación y competencia entre China y los distintos países latinoamericanos.

Venezuela: el abastecimiento de petróleo, vena yugular de la economía china

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Una de las claves para entender la política de China hacia el mundo en general, y con respecto a América Latina en particular, es su gran demanda de materias primas y petróleo. Este perfil parecería estar más vinculado con la naturaleza de la primera y la segunda Revolución Industrial, ambas en vías de superarse dentro del denominado Primer Mundo. En el caso de China, sin embargo, la experiencia de desarrollo acelerado es altamente dependiente de estos elementos, presentes en procesos previos de desarrollo industrial: nos referimos a la necesidad de imitar los patrones tecnológicos de los líderes, el uso intensivo de mano de obra y la avidez por materias primas y recursos energéticos, factores clave durante las etapas iniciales del despegue económico.

Este patrón explica, en gran medida, una serie de estrategias que caracterizan la política exterior china, determinada por esa creciente demanda de petróleo, materias primas y alimentos. Veamos qué sucede con estas variables y sus precios en América Latina. En primer lugar, hay que mencionar los recursos energéticos. A la fecha, el mundo ha consumido un poco más de la mitad de sus reservas totales de combustibles fósiles. Aunque cada año se descubren 7.000 millones de barriles, el consumo promedio de los últimos años ha sido de 23.000 millones de barriles. Es decir, el mundo consume tres veces más petróleo que el que se descubre anualmente. La situación es más angustiante porque el umbral de agotamiento del petróleo en el contexto mundial se alcanzó en el año 2000, con importantes diferencias regionales. El punto de no retorno se alcanzó en 1974 en América del Norte; en 1996 en Eurasia; y en 1999 en América Latina. Para 2015, más de la mitad de las reservas petroleras de Oriente Medio se habrán consumido. Después de eso, la era del petróleo llegará a su fin: las reservas mundiales de combustibles fósiles se habrán agotado, a más tardar, en 2050.

Los principales usuarios de petróleo han sido los países del Norte industrializado, que importan la mayor parte de los hidrocarburos que consumen. Un caso relevante es el de EEUU, cuyo porcentaje de importación de petróleo crudo en relación con su consumo total pasó de 48% en 1996 a más de 50% en la actualidad. El otro caso de aumento rampante es, precisamente, China. Hasta 1993, el país asiático era autosuficiente, e incluso llegaba a exportar cantidades marginales. Actualmente, China se ha convertido, después de EEUU, en el segundo importador y consumidor mundial de hidrocarburos, con un consumo diario de 6,3 millones de barriles de petróleo, lo que representa aproximadamente 8% del total mundial. La demanda china ha sido un factor central en el aumento de los precios del petróleo, que virtualmente se duplicaron entre diciembre de 2003 y enero de 2006. El asunto solo empieza, pero no termina con estas cifras: de persistir las actuales tendencias, la demanda de crudo por parte de China se incrementará a tasas de 12% anual hasta 2020.

La tendencia al alza no solo tiene que ver con las enormes necesidades de la industria, sino también con el cambio de hábitos de los consumidores de ese país. Si «modernización» equivale a «occidentalización», en las calles de Beijing, Shanghai, Guangdong y otras grandes ciudades ha aparecido un factor relativamente nuevo: su majestad el automóvil. En 1999, los consumidores chinos, aún aficionados a la bicicleta, adquirieron solo 220.000 autos. En 2003, el parque vehicular creció en dos millones de unidades, hasta alcanzar un total acumulado de 24 millones. A ese ritmo, para 2010 circularán 210 millones de autos en China, y para 2020 funcionarán 230 millones. En ese futuro cercano, la cantidad de automotores en China habrá superado la de EEUU. A lo anterior se sumarán los requerimientos energéticos necesarios para un mayor número de vuelos aéreos, así como para el funcionamiento de sistemas de aire acondicionado, refrigeradores, televisores y otros aparatos eléctricos, todos ellos consustanciales a la visión dominante de lo que significa el progreso.