Tema central

Centros y periferias en la circulación internacional del conocimiento

América Latina formó parte del proceso de internacionalización de la ciencia y se consolidó como circuito de investigación social y enseñanza universitaria a comienzos de los años 60. Pero este circuito regional atravesó etapas de contracción de la autonomía académica, como resultado de las dictaduras militares y de los ajustes de los años 90. En este trabajo se analizan las nuevas tensiones que surgieron en las últimas dos décadas a partir de la estructura desigual de un sistema académico mundial configurado sobre la base de la «universalización» de la bibliometría como herramienta de evaluación, la supremacía del inglés y la concentración del capital académico en determinados polos.

Centros y periferias en la circulación internacional del conocimiento

Las comunidades científicas periféricas han sido catalogadas a menudo como carentes de autonomía, asediadas, según la época, por distintas fuerzas exógenas: las intervenciones estatales, la politización estudiantil, el terrorismo de Estado o la dependencia intelectual respecto de los modelos extranjeros. En la década de 1950, las universidades latinoamericanas fueron criticadas por el predominio del sistema feudal de cátedras que se consideraban renuentes a articular la docencia y la investigación1. En la década de 1970, se las veía como «instrumentos políticos» de carácter oposicional, gravemente debilitadas e incapaces de centrarse en sus misiones educativas y de investigación2.

Esta sospecha no solo se acuñó en los centros académicos tradicionales que históricamente han establecido los criterios «universales» de cientificidad, sino también en las periferias mismas, donde se persiguió de manera obsesiva la ilusión de producir un conocimiento científico «puro», ideado a imagen y semejanza del mito construido por aquellos centros. Una corriente nativista, casi telúrica, completó este trabajo de autoculpable minoridad, exigiendo a este conocimiento autóctono, además, una esencia propiamente nacional.

Durante las últimas dos décadas, y desde distintos espacios, se ha puesto en discusión este modelo analítico sobre la ciencia en la periferia. Se ha reflexionado mucho sobre la íntima convicción de que el conocimiento creado en Estados Unidos, Francia o el Reino Unido es «original» (puesto que habría surgido en campos de producción de conocimiento «puros», no expuestos a interferencias externas) y ha mermado la inclinación a medirnos a través de los estándares consagrados por esos modelos3. Sin embargo, todavía reina una creencia muy extendida, inclusive visible en algunas críticas a la colonialidad del saber, por la cual se supone que la dependencia académica implica heteronomía completa en un lado y autonomía total en el otro, una situación de la que solo se saldría a través de la desconexión con el pensamiento occidental.

Visto desde las periferias, este diagnóstico implica que habríamos sido objeto de una suerte de aculturación masiva y que hemos jugado el papel de receptores pasivos de modelos extranjeros, una perspectiva que no se condice con el desarrollo intelectual del campo científico-universitario latinoamericano en el último siglo. En este trabajo veremos en qué medida la dominación de los llamados «centros de excelencia» ha sido construida sobre la base de la universalización del sistema de publicaciones. Se trata de un concepto relacional, que se construyó no solo hacia adentro, sino en la referencia al «atraso» que se adjudicaba a las comunidades periféricas en el marco del proceso de internacionalización del mundo académico que comenzó en la segunda posguerra.

América Latina formó parte decididamente de esta construcción y se consolidó como circuito de investigación social y enseñanza universitaria a comienzos de los años 60, cuando se modernizaba el sistema de educación superior, se creaban agencias públicas de fomento de la investigación científica y se extendían los centros regionales. El circuito atravesó etapas de expansión, así como periodos de contracción de la autonomía académica como resultado de la desinstitucionalización perpetrada por las dictaduras militares4. No voy a abordar aquí el carácter «latinoamericano» de este circuito desde una perspectiva identitaria o filosófica, sino desde un enfoque histórico-estructural y desde la sociología reflexiva. Analizaré las tensiones que surgen a partir de las jerarquías que establece la estructura desigual de un sistema académico mundial que se ha configurado en las últimas décadas sobre la base de la «universalización» de la bibliometría como herramienta de evaluación de la ciencia, la mercantilización del conocimiento científico y la concentración del capital académico en determinados polos. Todo esto plantea nuevos desafíos a un circuito que viene haciendo enormes esfuerzos para consolidar sistemas regionales de publicaciones científicas de acceso abierto, revertir la fuga de cerebros e incentivar la movilidad académica intrarregional.

¿Existe un circuito académico latinoamericano?

Más arriba decíamos que el proceso de consolidación de un circuito académico regional en América Latina ocurrió en la década de 1960. Este estuvo estrechamente vinculado a la aparición temprana de un centro periférico que tuvo un peso muy significativo en la época: me refiero a Chile y su papel como cosmópolis receptora de exiliados y expertos que se trasladaron para engrosar las filas de los organismos intergubernamentales de creación reciente, redes, centros y escuelas de posgrado regionales como la Confederación Económica para América Latina / Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (Cepal-Ilpes), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade), Escolatina, el Centro para el Desarrollo Económico y Social de América Latina (Desal), el Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales (Ilades) y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), entre otros. En esta etapa se fundaron agencias científicas estatales y se consolidaron sistemas universitarios públicos, a la par que comenzaron a circular internacionalmente conocimientos producidos en la región. La masificación de las universidades y la modernización de la matrícula estimularon la expansión de las ciencias sociales, un área particularmente favorecida por las nuevas universidades católicas, cuyo primer auge puede señalarse también hacia 1960.

La creación de escuelas de posgrado promovió una fuerte circulación intrarregional de estudiantes que por primera vez elegían Santiago de Chile, México o San Pablo, en lugar de París o California. Las misiones extranjeras fueron reemplazadas por convenios interuniversitarios y ya era visible en varias disciplinas la existencia de tradiciones académicas nacionales. La institucionalización de escuelas e institutos de investigación fue acompañada de ayuda externa pública y privada, que se materializó en subsidios para infraestructura, bibliotecas y becas de formación de posgrado. Durante ese periodo, se produjo una expansión de la autonomía académica en la mayoría de los países de América Latina, y una regionalización de la circulación del conocimiento a través de las revistas latinoamericanas, asociaciones profesionales, congresos y foros. Los estudios que hemos realizado en el Programa de Investigaciones sobre Dependencia Académica en América Latina (Pidaal) nos han permitido detectar elementos comunes del proceso de profesionalización en este circuito, ligados a la «elasticidad» de la autonomía institucional y a la «latinoamericanización» de la construcción del prestigio científico. Se trata de una forma de academicismo militante que fue adquiriendo creciente protagonismo en el circuito que funcionó con eje en Chile hasta el golpe de 1973. Esta politización, lejos de imponer un efecto de heteronomía general en el campo –como han sostenido sistemáticamente los críticos de las universidades latinoamericanas–, produjo teorías y estudios empíricos que dieron vida a corrientes de reconocido cuño latinoamericano, como las teorías de la dependencia, el estructuralismo cepalino, el colonialismo interno y la marginalidad5. No todo fue un lecho de rosas durante este periodo de expansión de la autonomía académica, como hemos señalado en otros trabajos, puesto que el desarrollo de centros periféricos como Buenos Aires, San Pablo, México y Santiago de Chile promovió también fuertes desigualdades académicas intrarregionales e intranacionales, como se observa en el caso de la Flacso6.

A comienzos de la década de 1970, la contracción de la autonomía académica llegó con todas sus fuerzas al circuito a través del golpe de Estado ocurrido en Chile, un país que vivía un largo periodo de estabilidad institucional. Las intervenciones militares, que fueron recurrentes en los países del Cono Sur, tuvieron la universidad como uno de sus principales objetivos de disciplinamiento. Produjeron un fuerte proceso de desinstitucionalización y vaciamiento de algunas disciplinas –clausura de institutos y escuelas de sociología, antropología, periodismo– y, con diferencias según el país, tuvieron consecuencias directas en las políticas científicas y de educación superior en general. En el Pidaal se han realizado estudios empíricos sobre las consecuencias de esta contracción, que todavía están vivas en las estructuras científicas de hoy, como el exilio académico, la profesionalización de la investigación y la desprofesionalización de la docencia o la transferencia de recursos desde las universidades al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en Argentina durante la última dictadura7.

Durante la década de 1990, esta contracción no fue del todo resuelta, por una parte debido a las distorsiones de los llamados procesos de «normalización universitaria» y por otra debido a los ajustes fiscales que mantuvieron el sistema universitario en jaque. En algunos países, el resultado de la combinación «dictadura más neoliberalismo» terminó en un agresivo proceso de privatización de la educación superior –el caso de Chile– y en otros, como Argentina, en un desfinanciamiento de las universidades públicas y el congelamiento de ingresos a la carrera de investigador científico. Brasil tuvo un itinerario particular, con una dictadura de signo modernizante para el sistema de educación superior y una política sostenida de investigación científica y formación de posgrado en las últimas dos décadas.El siglo XXI comenzó con una efervescente revitalización del latinoamericanismo y, como era de esperar, Brasil emergió velozmente como el centro periférico más dinámico de la región, con una fuerte iniciativa en las relaciones Sur-Sur, a partir de su acercamiento sistemático a la India y a Sudáfrica.

Ahora veremos en qué medida los sistemas regionales de publicaciones científicas como Scielo, de cuna brasileña, o Latindex y Redalyc, comandados desde México, contribuyen a consolidar este circuito académico periférico, multiplicando la circulación internacional del conocimiento producido en nuestra región. Nos proponemos poner en discusión hasta qué punto estimulan criterios de evaluación y acreditación autónomos y en qué medida es deseable estimular una «latinoamericanización» del prestigio académico construido sobre la base de la regionalización de los criterios de evaluación de publicaciones, el acceso abierto y las políticas de traducción.

La cientometría y la construcción del prestigio en la cúspide del sistema académico mundial

En otro trabajo hemos abordado el proceso de constitución del conocido índice bibliométrico Thomson Reuters (ISI-Web of Science) que ha ido «universalizando» sus criterios de inclusión de publicaciones hasta incidir en la unificación del formato de las revistas científicas en las metrópolis académicas y, luego, en las bases de datos que surgieron en distintas partes del mundo desde la década de 19908. Las evaluaciones de publicaciones científicas, la acreditación universitaria y la promoción de investigadores de comunidades periféricas se realizan actualmente sobre la base de esos criterios. Los informes mundiales de la ciencia también se elaboran a partir de este tipo de índices, una tendencia que pone de manifiesto el conflicto entre «calidad» y «excelencia», como ha sido señalado recientemente en el Informe Latindex (2011)9.

El Informe Unesco de la ciencia 201010 evalúa el desempeño de las ciencias exactas y naturales sobre la base del Science Citation Index Expanded y muestra la evolución del volumen de producción de artículos científicos, señalando un cambio importante en la distribución por país. En el año 2000, EEUU triplicaba a sus competidores de Japón, Reino Unido y Alemania. Mientras que, en 2008, se observa un crecimiento acelerado de varios países periféricos, especialmente China, que en pocos años ha superado la producción de aquellos centros académicos y se sitúa, ahora, en el segundo lugar después de EEUU. Basado en otro índice bibliométrico, SCOPUS, el informe de la Royal Society de Londres Knowledge, Networks and Nations: Global Scientific Collaboration in the 21st Century (2010) remarca la creciente globalización e interconexión de la ciencia y confirma a China como la segunda potencia científica mundial. Registra el avance que han experimentado la India, Irán, Túnez y Turquía, y de nuestra región, Brasil, algo que surge claramente de la comparación entre distintos países de América Latina en el sistema ISI (v. tabla 1)11. El informe puntualiza los avances en el diálogo Sur-Sur que se registran con la iniciativa India/Brasil/Sudáfrica, que ha estimulado conferencias y encuentros intercontinentales, favoreciendo la investigación colaborativa especialmente en áreas como nanotecnología, oceanografía y exploración antártica.

Sin embargo, cabe destacar que estas transformaciones en la distribución de la producción de artículos en bases de datos mainstream se han producido principalmente en las ciencias exactas y naturales, mientras que en las ciencias sociales y humanidades sigue existiendo una estructura desigual tradicional, con la producción norteamericana y europea en franca delantera y una investigación colaborativa de fuerte sentido vertical Sur-Norte. A diferencia de lo que se observa en la tabla 1, en el ámbito de las ciencias sociales, China no ha experimentado un crecimiento geométrico, entre otras razones porque en estas disciplinas el legado histórico-institucional del comunismo ha impuesto fuertes obstáculos para la internacionalización12. El Informe mundial de Ciencias Sociales, también producido por Unesco, afirma que estas jerarquías se sostienen sobre desiguales «capacidades de investigación»13 que pueden observarse en los niveles individual y organizacional y en el plano de la totalidad de cada sistema nacional. La coordinación entre estos niveles determinaría, así, las condiciones de la producción en ciencias sociales en cada país/región14. Tengamos en mente que esta comparación internacional se realiza, otra vez, con información del índice mainstream por excelencia, el Social Sciences Citation Index (ISI-Thomson Reuters).

Durante todo el siglo XX los científicos latinoamericanos desarrollaron crecientemente estrategias exitosas de inserción internacional, sobre todo a través de la movilidad académica. Esta tendencia está consolidada ya en las ciencias exactas y naturales, y podemos contabilizar una importante cantidad de casos que muestran que ha crecido velozmente la investigación colaborativa, un eficiente modo de alcanzar la «consagración internacional»15. Desde el punto de vista de las trayectorias de los agentes, de todos modos, conviene recordar que la viabilidad de esas estrategias depende del origen social, del capital cultural y de lo que Anne-Catherine Wagner16 ha denominado el «habitus internacional». El conocimiento de inglés posee un valor de cambio incomparablemente mayor que el conocimiento de español o portugués, sin hablar de otras lenguas marginales.

En el caso de las ciencias sociales, esas estrategias individuales exitosas son más excepcionales y no solo están limitadas por los factores sociales antedichos, sino además por los procesos relativamente recientes de desinstitucionalización que produjeron sobre ellas las dictaduras militares17 y los ajustes neoliberales de los años 90. Un reciente estudio demuestra la predisposición de los científicos latinoamericanos a publicar trabajos en colaboración internacional con preferencia en revistas editadas fuera de la región latinoamericana, dejando a las revistas regionales poco dotadas de este tipo de artículos que promoverían una mayor presencia e impacto internacional18. Todo ello contribuye a segmentar aún más la estructura jerárquica del sistema académico mundial por disciplinas, lo que se visualiza con claridad en los estudios recientes sobre investigación colaborativa en ciencias sociales, cuyos vínculos más fuertes siguen siendo Norte-Norte y, en forma vertical, Sur-Norte, mientras que son todavía muy débiles las relaciones entre circuitos periféricos.

Entre las consecuencias de este fenómeno de colaboración Norte-Sur podemos señalar, por una parte, la incidencia acumulativa de la tensión que se vive en las periferias entre «publicar globalmente y perecer localmente versus perecer globalmente19 y publicar localmente»20. Un estudio reciente de las publicaciones de ciencias sociales en Nigeria muestra que la institucionalización de los requerimientos de publicación en revistas indexadas como parte de la evaluación de la carrera docente generó el abandono y desprecio de las publicaciones locales, así como una aceptación acrítica de la calidad de las revistas publicadas en los países centrales21.

Por otra parte, se observa el crecimiento de las referencias extranjeras en las revistas de ciencias sociales que se encuentran dentro de los sistemas mainstream. En este sentido, juegan un rol determinante los estándares que imponen las evaluaciones de pares, exigiendo autores que deben obligatoriamente ser citados, mediante el uso de los instrumentos que miden el «impacto» de autores/revistas para aceptar o rechazar un paper. En otro trabajo abordamos el caso paradigmático de Chile, en el que existe un programa de incentivo monetario para la publicación en revistas ISI, cuya heteronomía varía según las apuestas que cada universidad realiza para alcanzar mejores «notas» en el proceso de acreditación externa22.

Así, la cientometría dominante ejerce una considerable influencia en el concepto de productividad que aplican las agencias evaluadoras y empuja a los cientistas sociales de las periferias a publicar en las revistas más leídas y citadas. El nivel de citación de artículos producidos en América Latina respecto de otras regiones muestra el peso creciente que han tenido en la última década las referencias norteamericanas y europeas en la cumbre del sistema de publicaciones tipo ISI. Obsérvese en la tabla 2 que América Latina cita autores asiáticos y africanos en un rango que va de 0% a 0,5% en todo el periodo, mientras que en 2005 las citas de autores norteamericanos alcanzaron a 56,2%. En todo el periodo, la citación intrarregional disminuyó notablemente. Otra constatación importante se relaciona con el alto nivel de citación endógena en Norteamérica, que alcanza en 2005 a 78,1%, y junto con el aumento de las citaciones de autores europeos, el bloque euroamericano concentra 98,5% del total de citaciones en Norteamérica.

El sistema de indexación de publicaciones académicas se fue construyendo sobre la base de procesos de mercantilización y especialización, dos fenómenos que han incidido en la «universalización» de criterios y que han tenido repercusiones directas en el establecimiento de jerarquías dentro del sistema académico mundial. El primero está relacionado con la alianza entre los sistemas bibliométricos y el campo editorial especializado. Se trata de una forma de mercantilización del mundo académico ya señalada por Pierre Bourdieu23, pues la mayoría de las revistas de punta están asociadas a grandes editoriales y empresas de divulgación científica que operan detrás de ISI, el índice Ulrich o la base SCOPUS. El segundo es observable en la reciente complejización de los índices bibliométricos: la «tasa de rebote» de las revistas y la jerarquización del sistema de citación, por el cual una cita en una revista con un ranking alto de citación vale mucho más que una cita en una revista de poco impacto. Así, la evaluación de la «calidad» del conocimiento científico va quedando presa de una forma de consagración reñida con la «excelencia». La universalización de estos criterios se manifiesta con fuerza en las regiones periféricas, e inclusive afecta buena parte de las hemerotecas virtuales y bases de datos de Acceso Abierto, que fueron creadas en América Latina bajo un programa diametralmente opuesto al de ISI.

Es real que uno de los desafíos más grandes que enfrenta el modelo ISI de producción y circulación de conocimientos es el movimiento de Acceso Abierto, que ha crecido mucho internacionalmente, al compás del aumento de los precios de las suscripciones de revistas incluidas en los índices cerrados (entre 2004 y 2008, las revistas indexadas en SCI aumentaron su precio en un promedio de 40%). Desde fines de la década de 1980, la Iniciativa de Budapest para el Acceso Abierto (BOAI, por sus siglas en inglés) viene estimulando la creación de revistas de libre acceso y promoviendo el cambio en la modalidad de publicación de los cientistas sociales, con el fin de reorientarlos a este tipo de publicaciones. Han surgido nuevas bases de datos online que abren una tendencia democratizante para la circulación de conocimientos periféricos, como las redes y portales de revistas digitales de libre consulta. Sin embargo, también se ha señalado que los criterios de evaluación son semejantes a los de los índices mainstream y que algunas publicaciones transfieren el costo de la publicación a los autores cobrando altas tarifas por paper24.

Conviene reiterar que los datos de producción/publicación, investigación colaborativa o research capacities que hemos analizado más arriba no arrojan luz sobre la investigación en ciencias sociales que se produce fuera de este circuito históricamente constituido sobre el índice de prestigio tipo ISI-Thomson & Reuters. En otro trabajo hemos analizado la producción latinoamericana en distintas bases de datos, y allí puede verse que en las ciencias sociales hay una cantidad más importante de artículos publicados en sistemas de acceso abierto como Scielo, Redalyc o Latindex por autores afiliados a instituciones latinoamericanas que en el SSCI, mientras que en las ciencias duras la producción latinoamericana publicada en SCI triplica las publicaciones en las bases locales. El patrón comparativo de publicación de autores latinoamericanos de ciencias sociales en SSCI-Scielo es semejante a la performance de África subsahariana en SSCI-AJOL (African Journal Online)25.

Palabras finales

De todo lo antedicho surge que la cientometría, construida sobre la base de ISI, Scopus u otras bases de datos creadas a su imagen y semejanza, no refleja la producción de conocimientos a escala internacional, sino una porción de esas investigaciones, las que se publican en inglés, bajo las normas de un dispositivo de jerarquización del conocimiento conducido por esas empresas editoriales y dominado por algunos «centros de excelencia». Como hemos visto, no es un instrumento neutro de medición de prestigio científico universal, sino la herramienta principal de una estructura internacional de recursos y capacidades de investigación crecientemente desigual, que se manifiesta en el volumen de la producción científica, en los flujos migratorios de población calificada, en la universalización de estándares de publicación y en la abrumadora supremacía del inglés como lingua franca internacional.

Johan Heilbron26 ha demostrado que existe un sistema internacional de traducción en el que las lenguas dominantes (primero, el inglés con un papel hipercentral y, en segundo término, alejados, el francés y el alemán) tienden a traducir mucho menos que las lenguas dominadas. Lo cual conduce a una posición jerárquica ciertamente inferior y a una participación muy reducida en la circulación internacional de los conocimientos que no son publicados en inglés, el idioma dominante de comunicación científica, que concentra 94,45% del total de artículos indexados en SSCI entre 1998 y 200727.

Así, los conocimientos sociales producidos en nuestra región y publicados en español siguen circulando en forma marginal en esos nodos del sistema académico mundial, pero además prácticamente no existen en las redes africanas y asiáticas que disponen de sistemas de Acceso Abierto. Uno de los determinantes estructurales de este fenómeno es la escala todavía artesanal de nuestras revistas científicas, un problema que deviene de las características histórico-estructurales del desarrollo académico en la región. El segundo determinante se relaciona con la ausencia de una política de traducción para las publicaciones locales –escasean las revistas bilingües–, lo que profundiza la ausencia de diálogo Sur-Sur.

Ahora bien, si nuestras revistas se publican en lenguas dominadas y buena parte de nuestros estudiantes no leen ni escriben en otros idiomas, uno de los principales dilemas a resolver se aloja en la vieja tensión entre internacionalismo y nacionalismo. En esa tensión se juegan los proyectos de publicaciones bilingües que despiertan el recelo de algunos nacionalistas. Pero ¿cómo podremos dialogar con las realidades de Asia y África sin científicos políglotas? ¿Cómo podríamos avanzar en la cooperación Sur-Sur si no inventamos un modo de compatibilidad entre Scielo y AJOL? Será necesario revisar el imperio de las reglas mainstream para construir un circuito académico regional abierto a otras comunidades científicas de la periferia, capaz de ofrecer nuevas miradas sobre lo propio y sobre lo ajeno.

  • 1. Ver Rudolph P. Atcon: «La universidad latinoamericana» en Revista de la Cultura de Occidente tomo vii, 5-7/1963, pp. 1-169. Atcon fue un experto de la Unesco y del gobierno de eeuu que asesoró a gobiernos latinoamericanos y a la Organización de Estados Americanos (oea). Planificó y participó en la ejecución de reformas universitarias en Chile y Brasil. Cabe mencionar especialmente que en este último país llegó a ser presidente de la Coordinación de Perfeccionamiento de Personal de Nivel Superior (Capes).
  • 2. Joseph Ben-David y Carnegie Commission on Higher Education: Centers of Learning: Britain, France, Germany and the United States, McGraw-Hill, Nueva York, 1977.
  • 3. Hebe Vessuri, Elena Díaz y Yolanda Texera: La ciencia periférica, Monte Ávila, Caracas, 1984; Frederick H. Gareau: «Another Type Of Third World Dependency: The Social Sciences» en International Sociology vol. 3 No 2, 1988; Rigas Arvanitis y Jacques Gaillard: Vers un renouveau des indicateurs de science pour les pays en developpement, L’Orstom, París, 1992; e Yves Gingras: «Les formes spécifiques de l’internationalité du champ scientifique» en Actes de la Recherche en Sciences Sociales No 141-142, 2002, pp. 31-45.
  • 4. F. Beigel: «Desde Santiago: profesionalización, regionalización y ‘nacionalización’ de las ciencias sociales latinoamericanas» en F. Beigel (dir.): Autonomía y dependencia académica. Universidad e investigación científica en un circuito periférico: Chile y Argentina (1950-1980), Biblos, Buenos Aires, 2010.
  • 5. F. Beigel: «Reflexiones sobre el uso del concepto de campo y la elasticidad de la autonomía en circuitos académicos periféricos» en F. Beigel (dir.): Autonomía y dependencia académica, cit.
  • 6. F. Beigel: «Sur les Tabous Intellectuels: Bourdieu and Academic Dependence» en Sociologica No 2-3, 2009.
  • 7. Paola Bayle: «Emergencia académica en el Cono Sur» en Íconos No 30, 1/2008, pp. 51-63; Fabiana Bekerman: «Modernización conservadora: los designios de la investigación científica durante el último gobierno militar en Argentina» en F. Beigel (dir.): Autonomía y dependencia académica, cit.
  • 8. F. Beigel: «David y Goliath. El sistema académico mundial y las perspectivas del conocimiento producido en la periferia» en Pensamiento Universitario No 15, 2012.
  • 9. Ana María Cetto Kramis y José Octavio Alonso Gamboa (comps.): Calidad e impacto de la Revista Iberoamericana, Latindex / unam, México, df, 2011.
  • 10. Unesco: Unesco Science Report 2010. The Current Status of Science around the World, Unesco, París, 2010, disponible en http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001899/189958e.pdf.
  • 11. La delantera de la producción brasileña es un fenómeno que se replica en las bases de datos de origen latinoamericano como Scielo, donde Brasil aporta más de 50% de los artículos publicados.
  • 12. He Huang: «China’s Historical Encounter with Western Sciences and Humanities» en Michael Kuhn y Doris Weidemann (eds.): Internationalization of the Social Sciences. Asia Latin America Middle East Africa Eurasia, Transcript, Bielefeld, 2010; Jane M. Russell y Shirley Ainsworth: «Social Science Research in the Latin American and the Caribbean Regions in Comparison with China and India» en Unesco: World Social Science Report 2010. Knowledge Divides, Unesco, París, 2010.
  • 13. Se refiere a las research capacities, que consisten en un adecuado balance entre infraestructura institucional, acceso a fondos e integración de la comunidad científica.
  • 14. Unesco: World Social Science Report 2010, cit.
  • 15. El alcance verdaderamente «internacional» de esa consagración debe demostrarse de manera empírica en casos concretos pues, en muchos casos, solo tiene efectos para la consagración local en los campos de origen.
  • 16. A-C. Wagner: «La place du voyage dans la formation des élites» en Actes de la Recherche en Sciences Sociales vol. 170 No 5, 12/2007, pp. 58-65.
  • 17. El exilio académico forzoso, que tuvo especial incidencia en estas disciplinas, ha sido objeto de estudios recientes, que muestran algunos casos excepcionales de integración subordinada en academias centrales y consagración local en el retorno. Ver P. Bayle: ob. cit.
  • 18. Jane M. Russell y Shirley Ainsworth: «Social Science Research in the Latin American and the Caribbean Regions in Comparison with China and India» en Unesco: World Social Science Report 2010, pp. 156-159.
  • 19. Si se publica internacionalmente, se queda fuera de los circuitos locales (universidades corporativas en las que ganan los que no publican ni están insertos internacionalmente), pero si se publica nacionalmente, se queda fuera de todo circuito internacional, como ocurre en el caso del mundo árabe.
  • 20. Sari Hanafi: «University Systems in the Arab East: Publish Globally and Perish Locally vs Publish Locally and Perish Globally» en Current Sociology vol. 59 No 3, 2011, pp. 291-309.
  • 21. Ayokunle Olumuyiwa Omobowale: «Academic Dependency and Scholarly Publishing among Social Scientists in Selected Universities in Nigeria», ponencia presentada en el ii Workshop sobre Dependencia Académica, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2010.
  • 22. F. Beigel: «Latin American Publishing System in the Crossroads of the World-Academic System» en Current Sociology, en prensa.
  • 23. P. Bourdieu: «Dos imperialismos de lo universal» en P. Bourdieu: Intelectuales, política y poder, Eudeba, Buenos Aires, 1999.
  • 24. Unesco: World Social Science Report 2010, cit., p. 307.
  • 25. F. Beigel: «Latin American Publishing System in the Crossroads of the World-Academic System», cit.
  • 26. J. Heilbron: «Book Translations as a Cultural World-System» en European Journal of Social Theory vol. 2 No 4, 2008.
  • 27. Unesco: World Social Science Report 2010, cit., p. 152.