Coyuntura

Centroamérica: escenario de riesgo múltiple. Ciclos electorales y desafíos nacionales

Entre noviembre de 2013 y mayo de 2014 se llevaron a cabo comicios presidenciales en Honduras, El Salvador, Costa Rica y Panamá. El ciclo continuará en Guatemala (2015) y Nicaragua (2016). Centroamérica sigue celebrando elecciones; sin embargo, la gestión política muestra incapacidad para frenar la corrupción, ampliación de las brechas y penetración de grupos ilícitos. Los resultados electorales dan cuenta de una mayor fragmentación política y de leves avances de las izquierdas, en medio de un panorama de riesgos para la democracia.

Centroamérica: escenario de riesgo múltiple. Ciclos electorales y desafíos nacionales

Centroamérica ha mostrado avances importantes durante los últimos 25 años. La superación de los conflictos armados, los procesos de democratización en todos los países y la mejora en indicadores sociales sensibles rubrican estos adelantos. Ahora bien, en el balance, los déficits regionales superan a los progresos. Los altos niveles de desigualdad y la pobreza que afecta a casi la mitad de la población dan cuenta de ello. Junto con las mejoras recientes, coexisten rezagos estructurales que restan potencialidad a los logros, con énfasis en los países del llamado CA4 (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua). Los rezagos minan la posibilidad de alcanzar mayor cohesión social en cada país y en la región como conjunto. Sobresalen los altos niveles de desnutrición infantil, la baja cobertura educativa en nivel preescolar, secundario y universitario, el fenómeno de los jóvenes que no estudian ni trabajan, la incidencia crónica de la economía informal y la violencia social.

Los déficits históricos se conjugan con nuevos problemas que apremian a la región, entre los que se destacan: a) la geopolítica de la violencia y el crimen organizado; b) los impactos crecientes de las alteraciones climáticas; c) el estancamiento del progreso democrático y del Estado de derecho iniciado a fines del siglo XX; d) la crisis global, que ha afectado especialmente a los países en los que la región ha basado sus relaciones económicas; y e) el aumento de la conflictividad por la agresiva estrategia de acumulación a costa de los recursos naturales en territorios habitados por la población más pobre.

Ante la mayor complejidad de dinámicas, cosmovisiones e intereses, el sistema político y el sistema económico han sido incapaces de transformarse para integrar a los diferentes actores y sectores poblacionales. Por el contrario, la gestión democrática se ha reducido a garantizar la celebración de procesos electorales, ignorando o reprimiendo los conflictos estructurales que cruzan la región, en tanto que la economía ha buscado ampliar los ejes de acumulación desde una lógica de profunda concentración de los beneficios, obviando los impactos socioambientales.

La debilidad de los Estados –en particular, los del Triángulo Norte– se plasma también en la incapacidad para ejercer el monopolio del uso de la fuerza. Esta incapacidad ha traído como secuela un aumento de la violencia como vía para resolver los conflictos, el fortalecimiento de actores ilícitos que penetran no solo los territorios y la economía sino también las instituciones estatales y, no menos preocupante, el aumento de la discrecionalidad y del abuso por parte de las fuerzas represivas del Estado –sobre todo en Honduras, Guatemala y Panamá–.

Las jornadas electorales 2013-2014

De noviembre de 2013 a mayo de 2014 se realizaron elecciones presidenciales en Honduras, El Salvador, Costa Rica y Panamá. En estos países, excepto El Salvador, también se efectuaron simultáneamente elecciones legislativas. En Costa Rica y Panamá hubo alternancia, mientras que en Honduras y El Salvador se mantuvieron los mismos partidos en el gobierno. En El Salvador y Costa Rica hubo necesidad de segunda ronda. En Honduras y Panamá, si bien ningún partido obtuvo más de 40% de la votación, no se contempla el balotaje.

Desde una perspectiva comparada, las recientes elecciones en Centroamérica pusieron en evidencia algunas características que es importante resaltar:

Nuevas fuerzas políticas cobran protagonismo. El desgaste o falta de aggiornamiento de varios de los partidos históricos ha sido aprovechado por nuevas fuerzas políticas. El surgimiento del partido Libertad y Refundación (LIBRE) en Honduras y el ascenso vertiginoso del Frente Amplio (FA), sumado al triunfo electoral del Partido Acción Ciudadana (PAC) en Costa Rica, vienen a confirmar el declive de dos de los sistemas bipartidistas más robustos de América Latina. Por otra parte, el surgimiento de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) en El Salvador revela la escisión de las elites agrupadas en el hasta hace unos años dominante partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), de tendencia derechista. Partidos sin mayoría suficiente. Ningún partido pudo obtener más de 50% de los votos válidos en ninguna de las cuatro elecciones, lo que refleja una mayor distribución de la votación en terceras e incluso cuartas fuerzas políticas. En El Salvador y Costa Rica, esta situación se resuelve con la segunda ronda; en los casos hondureño y panameño, propicia alianzas poselectorales. La falta de mayoría se observa con mayor nitidez en el ámbito legislativo, pues ningún partido logró la mitad más uno de los escaños.

La proporción de la juventud en el censo electoral. Debido a los cambios demográficos, se observa un peso electoral importante de las personas entre 18 y 30 años, aproximadamente un tercio del padrón en cada uno de los cuatro países, con el pico más alto en Honduras (38%). Si bien este rango de edad presenta una menor concurrencia electoral, cada vez más los partidos calculan que si quieren ganar elecciones tienen que volver la vista a la juventud, una población con identidades políticas menos rígidas que los grupos de mayor edad.

Reclientelización de la política social. Como regla general, el auge de las transferencias focalizadas ha ido de la mano de la instrumentalización electoral de los beneficiarios. Este rasgo se profundiza en los países con mayores niveles de pobreza. No se niega la repercusión de las transferencias en la reducción de la pobreza y la indigencia, pero no se logra sustituir el sesgo prebendalista por el enfoque de derechos.

Retorno de campañas con sesgos de la Guerra Fría. Sin que ningún partido aludiera al comunismo como ideología vertebral de su propuesta, en tres países –Honduras, Costa Rica y El Salvador– las campañas políticas de las elites y los partidos conservadores volvieron a levantar las banderas anticomunistas como recurso para descalificar a fuerzas emergentes como LIBRE en Honduras y el FA en Costa Rica, como también en contra del candidato presidencial del FMLN en El Salvador.