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Asia y la ¿(des)integración latinoamericana?

¿Cuáles son los impactos del ascenso del Asia emergente sobre el proceso de integración latinoamericano? ¿Se avanza hacia una fractura en este proceso o se abren nuevos espacios de cooperación y coordinación? ¿Hasta qué punto se están creando divergencias y qué áreas posibles de convergencia existen? El abordaje de la supuesta antinomia existente entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico (AP), una perspectiva de análisis desde la economía política a tres niveles (internacional, regional y nacional) y las visiones de la región desde Asia pueden servir para responder a esos interrogantes.

Asia y la ¿(des)integración latinoamericana?

La geografía comercial mundial se desplaza hoy crecientemente del Oeste hacia el Este y del Norte al Sur, en un contexto de globalización y alta interdependencia económica. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima un crecimiento global anual de 3,3% para 2013 y de 4% para 20141. Sin embargo, las cifras desagregadas muestran estimaciones de 1% y 2% para las economías avanzadas, y por encima de 5% para las economías emergentes y en vías de desarrollo. La región de Asia-Pacífico creció 7,5% en 2012 y se espera un crecimiento de 7,9% en 2013. En América Latina, se proyectan tasas de 3,5% y de 3,9%, respectivamente. Para la década 2012-2022, se espera que casi 60% del crecimiento global provenga del Asia emergente. Entre los 36 miembros del Foro de Cooperación América Latina-Asia del Este (FOCALAE)2, concentran 32% de las exportaciones globales de mercancías y 30% de las importaciones, un aumento de 52% en las exportaciones y de 328% en las importaciones con respecto a sus valores porcentuales de 1990. Tras este telón de fondo, la integración latinoamericana ha debido incorporar una variable o vector «asiático» que está alterando el curso del proceso y dando lugar a nuevos alineamientos, fracturas y tensiones.

¿Alianza del Pacífico versus Mercosur?

La Alianza del Pacífico (AP) ha sido postulada por políticos y analistas como una fuerza contraria al Mercado Común del Sur (Mercosur). Ese nuevo agrupamiento sería pragmático en lo político, abierto en lo comercial, liberal en lo financiero y más funcional a los intereses de Estados Unidos en lo geopolítico. El Mercosur, por el contrario, sería un anacronismo estancado por su populismo ideológico, su defensa del proteccionismo mercantilista y el recelo de los actores financieros internacionales, aunque a la vez sea el sostén de un proyecto más autónomo de Washington. Dentro de esa línea podrían distinguirse dos vertientes en la región: una de oposición selectiva y limitada a EEUU (de inspiración brasileña) y otra de desafío y confrontación (emanada desde Caracas y consolidada en el eje de los países denominados «bolivarianos»). La AP irrumpió con la velocidad y el dinamismo propios de su inspiración liberal: una ráfaga de «destrucción creativa» que (supuestamente) habrá de sacudir las paralizadas estructuras regionales existentes. Pero para comprender bien el alcance e impacto del fenómeno, es imprescindible destacar que existen dos errores conceptuales fundamentales en relación con el nuevo bloque. El primero es una desestimación de la importancia del proceso de integración regional latinoamericano. El segundo, una sobrestimación de la relevancia que el agrupamiento tiene para Asia.

La idea de la AP es, principalmente, posicionarse frente a potenciales socios e inversores asiáticos a partir de un diferencial de ventajas que ofrecerían sus cuatro miembros en cuanto a una mayor facilitación comercial para acelerar los procesos de integración económica. De acuerdo con el informe Doing Business 2014 del Banco Mundial (BM)3 –que mide la facilidad de hacer negocios en todo el mundo–, los países de la AP están en los puestos 34 (Chile), 42 (Perú), 43 (Colombia) y 53 (México). En contraste, los países del Mercosur ocupan puestos notablemente peores, con Uruguay en el 88, Brasil en el 116, Argentina en el 126, Paraguay en el 109 y Venezuela en el 181. El puerto mexicano de Manzanillo, el colombiano de Cartagena, el peruano de El Callao y el chileno de San Antonio ocupan los puestos 4, 5, 6 y 8 en el ranking 2012 de los principales puertos de América Latina en movimiento anual de contenedores confeccionado por la Cepal4.

Así, la AP representa un esquema de inserción en la región Asia-Pacífico a través de la facilitación comercial y la integración financiera que permita avanzar en un cierto tipo de proyectos nacionales. Es decir, una articulación entre la economía política internacional y las coaliciones de intereses internos que en cada uno de los países dominan un modelo de desarrollo y gobernanza particular. Por ejemplo, México –la mayor economía de la AP– utiliza la agrupación como mecanismo regional que permite al país aprovechar la dimensión de su propio mercado interno y apalancar la ventaja comparativa económica de los tratados de libre comercio que tiene firmados con los demás países del bloque, con el mercado de América del Norte, América Latina y la Unión Europea. México busca posicionarse, de esta manera, como plataforma de producción y exportación hacia terceros países y regiones. Enrique Dussel Peters y Kevin P. Gallagher han encontrado que desde el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 hasta 2010, hay 53 sectores del mercado mexicano en los que la participación estadounidense disminuye a medida que China avanza, lo que a su vez podría permitir a México incrementar su eficiencia y volverse más competitivo en los mercados estadounidenses5.

Cuando se presenta a la AP como la nueva oportunidad en la región, se subraya que los países miembros tuvieron en 2012 un PIB combinado que representó 35% del total de América Latina y el Caribe (ubicándose en el octavo puesto como economía mundial), y que el bloque regional recibió en 2013 más inversión extranjera directa que el Mercosur. De acuerdo con datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el bloque del Pacífico captó flujos en 2013 por valor de 84.300 millones de dólares, y sus vecinos del Sur, por 83.000 millones de dólares6. Pero esta caracterización es, como mínimo, superficial. Los tiempos actuales de las relaciones internacionales permiten estrategias pragmáticas de relacionamiento con socios, vecinos y hasta rivales. Se puede cooperar y competir, acordar y disentir, en múltiples foros y sobre temas superpuestos, entre los sectores público y privado.

Fabián Bosoer ha advertido y explicado acerca de la cambiante (re)configuración latinoamericana: «la dimensión sistémica de América Latina como conjunto regional está marcada por ‘geografías variables’, que resultan de dinámicas y sinergias con contradicciones y conflictos propios; pero que profundizan una tendencia hacia esquemas que empoderan a la región»7. De lo contrario, se corre el riesgo de debilitamiento y pérdida de relevancia internacional. Tanto el Mercosur como la AP son vectores de la estrategia de internacionalización de los países miembros, pero también están presentes en otros foros. Plantear la división irreconciliable entre la AP y el Mercosur ¿implicará que México, Brasil y Argentina abandonarán todo intento de coordinar una voz común latinoamericana en el G-20? ¿No hay acaso un interés compartido por todos los miembros en la defensa del sistema interamericano de derechos humanos en la Organización de Estados Americanos (OEA)?

  • 1. Mariano Turzi: Ph.d. en Estudios Internacionales de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (sais) de la Johns Hopkins University. Es coordinador del Programa de Asia-Pacífico en la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina), profesor de la New York University y becario posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Argentina. Es autor de Mundo brics (Capital Intelectual, Buenos Aires, 2012).Palabras claves: Alianza del Pacífico (ap), China, Mercosur, Asia-Pacífico, América Latina.. Antonio Prado, Osvaldo Rosales y Ricardo Pérez: Strengthening Biregional Cooperation between Latin America and Asia-Pacific: The Role of fealac, Cepal, Santiago de Chile, junio de 2013.
  • 2. El focalae está integrado por 36 países (2013), 19 de América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela) y 16 de Asia y Oceanía (Australia, Brunéi Darussalam, Camboya, la República Popular China, Filipinas, Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Myanmar, Mongolia, Nueva Zelanda, Singapur, Tailandia, Vietnam y la República de Corea).
  • 3. bm: Doing Business 2014. Entendiendo las regulaciones para las pequeñas y medianas empresas, 29/10/2013, http://espanol.doingbusiness.org/reports/global-reports/doing-business-2014.
  • 4. Unidad de Servicios de Infraestructura de Cepal: «Movimiento contenedorizado de América Latina y el Caribe, Ranking 2012» en Perfil marítimo de América Latina y el Caribe, www.cepal.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/Transporte/noticias/noticias/7/49997/P49997.xml&xsl=/Transporte/tpl/p1f.xsl&base=/perfil/tpl/top-bottom.xsl, 25/6/2013.
  • 5. E. Dussel Peters y K. P. Gallagher: «El huésped no invitado del tlcan: China y la desintegración del comercio en América del Norte» en Revista de la Cepal No 110, 8/2013.
  • 6. Nicolás Marticorena P.: «A. del Pacífico recibe más inversión extranjera que el Mercosur por primera vez desde 2009» en El Mercurio, 26/2/2014 http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-02-26&dtB=26-02-2014%200:00:00&PaginaId=2&bodyid=2.
  • 7. F. Bosoer: «eeuu: decepciones y sorpresas en el patio trasero» en Clarín, 23/1/2010.