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Antifeminismo online

Las mujeres siempre deben pagar un costo más alto que los varones para expresarse. Por eso, aunque el antifeminismo precede a las redes sociales, con la llegada de internet emergieron nuevos repertorios de reacción contra las feministas. La violencia online se materializa mediante diversas formas de acoso, hostigamiento y abuso. El clima ideológico propiciado por la «derecha alternativa» –racista, xenófoba y machista– alimenta buena parte de esta deriva. No obstante, muchas feministas alzan la voz, no se dejan amedrentar y buscan formas de resistir y de consolidar los avances logrados.

Antifeminismo online

«Barbijaputa ya sé dónde vives, y voy a ir a asesinarte destrozándote el vientre a cuchilladas, feminazi de mierda!». Aunque puede parecer excepcionalmente duro, este es uno de los tantísimos mensajes de odio que a diario recibe en su buzón de correo electrónico la columnista y escritora española cuyo seudónimo es desde hace años Barbijaputa. Ella es una de las feministas de habla hispana más seguidas en las redes sociales y se la conoce por su sentido del humor y su ironía para tratar diversos aspectos de la actualidad en medios de información digital como La Marea, Eldiario.es y Pikara Magazine.

Por su parte, hace un par de años la escritora y periodista colombiana Catalina Ruiz-Navarro –columnista de El Espectador y El Heraldo en Colombia, Vice en México y Univisión en Estados Unidos– daba a conocer su malestar por la cotidiana violencia que suscitan sus escritos online. En los foros de sus columnas en El Espectador, por ejemplo, solían darse largos debates sobre si ella es «fea» o «bonita», también sobre si es «promiscua» o «frígida»; además de los insultos, claro. También la buscaron a su mamá en las redes para preguntarle «por qué no la abortó», y a su marido, para anoticiarlo de que es «víctima» de ella o para instarlo a que «regule» a su esposa1.

Recientemente, en una columna publicada en Eldiario.es titulada «Libertad de persecución»2, Barbijaputa se refería a los mensajes violentos, como el ya citado, que le suelen enviar por el simple hecho de escribir lo que piensa como feminista. «En las redes sociales recibo también constantemente amenazas como esta y mucho peores que, por no herir sensibilidades, no suelo compartir; o si las comparto, opto ahora por pixelar las imágenes que las acompañan». Las situaciones vividas por la escritora española –que acaba de publicar el libro Machismo: 8 pasos para quitártelo de encima– o por Ruiz-Navarro no son una excepción, sino más bien la regla de lo que sucede hoy en día en el magma de las redes sociales, tanto para usuarias del Norte como del Sur. «Y todo esto, ¿por qué?», se pregunta en el mismo artículo Barbijaputa, y responde: «Primero porque somos mujeres y segundo porque somos feministas».

El anonimato de Barbijaputa, que en principio fue una elección casi azarosa, hoy le sirve al menos para evitar que sus acosadores virtuales avancen tanto como lo hacen cuando la identidad de las feministas es pública y son ampliamente reconocidas. En internet, la violencia contra las mujeres se materializa mediante acoso, hostigamiento, extorsión y amenazas, robo de identidad, doxing (la revelación de datos personales, como el domicilio o el teléfono) o alteración y publicación de fotos sin consentimiento.

En la arena digital (como en la analógica), también las mujeres en general y las feministas en particular deben pagar un costo más alto que los varones para decir lo suyo. Hace ya una década la escritora y periodista tecnológica Annalee Newitz contaba cómo sus artículos publicados en sitios web especializados (como Slashdot) inspiraban encendidos debates acerca de si ella era demasiado gorda como para poder ser considerada atractiva; mientras que a nadie se le ocurría opinar sobre la contextura física o la belleza de los varones que suscribían otros artículos del mismo calibre intelectual3.

El fenómeno relatado por Newitz estalló en todas direcciones una vez que las redes sociales alcanzaron un frenesí casi desquiciante en el tiempo veloz de la «posverdad», cuando es menos importante un hecho que las mentiras que se viralizan sobre él. El antifeminismo online se ha cocinado a un fuego no tan lento durante el último lustro, en un caldo de elementos signado en buena medida por lo que al norte del Río Bravo han dado en llamar la Alt-Right o derecha alternativa.

Hombres ofuscados y «derecha alternativa»

Matthew N. Lyons, un investigador de los movimientos políticos de derecha, publicó recientemente un ensayo sobre la Alt-Right en eeuu4. Dice Lyons que se trata de un movimiento de extrema derecha poco organizado, que desprecia tanto el multiculturalismo liberal como el conservadurismo tradicional, sostiene una sólida creencia en que algunas personas son inherentemente superiores a otras, tiene una fuerte presencia en internet y aprovecha elementos específicos de la cultura virtual (como los memes o los trolls, por caso) y se presenta a sí misma como una derecha nueva, moderna e irreverente. Es más, Lyons se anima a sugerir que la Alt-Right en realidad existe básicamente online, por eso no necesitaría la estructura de un partido político ni de organizaciones paraestatales, al estilo del Ku Klux Klan.

Un claro exponente de esta derecha cool es el joven británico Milo Yiannopoulos, ex-editor de Breitbart News Network5, un sitio web de noticias, opiniones y comentarios políticos que tiene una línea editorial de extrema derecha. Yiannopoulos, quien se reconoce como gay, fue prohibido el año pasado en Twitter debido a los mensajes racistas, sexistas y xenófobos que escribía. Sus últimos tuits virulentos fueron los dirigidos contra la actriz Leslie Jones –una de las protagonistas de la película Cazafantasmas–, de quien se burlaba y a quien denigraba por su color de piel, por su contextura física y por ser mujer.

Lyons considera que la línea dura de odio hacia las mujeres se vincula con las conexiones establecidas entre la Alt-Right y lo que los anglosajones llaman la manosphera (esfera de hombres), una especie de subcultura antifeminista online que creció rápidamente en los últimos años y que proclama que los hombres han sido oprimidos y desempoderados por el feminismo. Algo que resuena a lo que sostiene el «racismo inverso» de eeuu –promovido por los nacionalistas blancos desde la década de 1970–, cuando denuncia que los estadounidenses blancos sufren discriminación.

Quienes adscriben a los postulados de la manosphera, por supuesto, promueven la homofobia y la transfobia, lo que resulta consistente con sus esfuerzos para (re)imponer roles e identidades de género rígidos. Un ejemplo de lo que sucede en la manosphera argentina fue el denunciado ante la Justicia por el periodista Franco Torchia, quien por más de un año ha estado recibiendo mensajes de violencia, homofobia y amenazas de muerte por su condición gay6. «Me encantaría que alguien estrangule a Franco Torchia si no puedo hacerlo yo», dice un tuit, y otro sigue con la cadena de agravios: «Si necesitás testigos a tu favor no dudes en llamarme. Torchia hace rato debería estar preso o en un psicólogo. Trolo7 sidoso».

  • 1.

    C. Ruiz-Navarro: «Queridos trolls» en Sin Embargo, 4/8/2015.

  • 2.

    Barbijaputa: «Libertad de persecución» en Eldiario.es, 23/3/2017.

  • 3.

    A. Newitz y Charlie Anders (eds.): She’s Such a Geek: Women Write About Science, Technology, and Other Nerdy Stuff, Seal Press, Berkeley, 2006.

  • 4.

    Matthew N. Lyons, It´s Going Down, K. Kersplebedeb y Bromma: Ctrl-Alt-Delete: An Antifascist Report on the Alternative Right, Kersplebedeb, Montreal, 2017.

  • 5.

    Yiannopoulos debió renunciar a Breitbart News Network en febrero de este año luego de que se difundiera por las redes un video en el que defiende la posibilidad de que chicos de 13 años tengan relaciones sexuales con adultos. Luego de ser acusado de hacer apología de la pedofilia, Yiannopoulos declaró que repudia totalmente los abusos sexuales hacia menores, delito del cual asumió ser él mismo una víctima, pero aclaró que, si bien tal vez no había usado las palabras más indicadas para referirse al tema, él defiende a ultranza su libertad para expresarse como más le plazca. «Estoy orgulloso de ser un guerrero de la libertad de expresión y creación», decía en el texto que leyó en la conferencia de prensa en la que anunció su renuncia.

  • 6.

    «Juicio contra agresiones online» en Página/12, 17/11/2016.

  • 7.

    Término despectivo referido a la condición homosexual utilizado en Argentina.