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Ante el Encuentro Universitario Latinoamericano en Bogotá

Soy y represento a uno de los tantos miles del exilio, integrante de esa diáspora gigante que ha salido de Chile al instaurarse el fascismo. Somos casi ya cien mil los que caminamos por las diversas rutas del mundo, acogiéndonos a la generosa hospitalidad de los pueblos hermanos, mitigando el dolor de estar distantes de la Patria atormentada, pero recibiendo, a la vez, el estímulo y el acicate permanente de tantos amigos, de tantas fuerzas generosas que nos brindan su cariño, su afecto y su hospitalidad en los cuatro puntos cardinales del mundo. En estos días, en Bogotá, ciudad señera de América Latina, por donde trajinaron tantos libertadores del continente, los chilenos nos hemos sentido respirando el aire fresco de la libertad y estimulados cuando hemos visto transcurrir el lenguaje ideológico y político al congregarse aquí la inteligencia y el saber latinoamericanos, desprovistos de prejuicios y sin factores limitantes. Nos hemos sentido estimulados, digo, cuando tras el silencio fascista de nuestra Patria aquí ha rebrotado el diálogo polémico, el sentido autocrítico, las ideas creadoras y el lenguaje que sirve para el progreso de los pueblos. Por eso, a nombre del exilio chileno latinoamericano, yo expreso y sumo también mi gratitud de hombre de Chile, de luchador social, interpretando a los miles y miles de compatriotas que andamos rumbiando por el mundo, pero ciertos que volveremos a la Patria liberada.

Ante el Encuentro Universitario Latinoamericano en Bogotá