Tema central

Activismo estatal y democratización social en Ecuador. Tensiones contrahegemónicas frente al poder mediático (2007-2013)

¿Bajo qué parámetros normativos y pragmáticos juzgar la contienda política desatada en Ecuador por el gobierno de Rafael Correa contra ciertos medios de comunicación privados y sus voceros? ¿Cuál es el objeto real de la disputa por la hegemonía en lo que tiene que ver con la información masiva, la comunicación social y la cultura? ¿Se perfila en Ecuador un escenario de democratización o, por el contrario, esta disputa marca un rumbo desdemocratizador? Responder estos interrogantes obliga a entender el proceso ecuatoriano en su complejidad, a fin de no caer en la casuística o en una mera descripción de la confrontación, sino más bien abordar los aspectos estructurales de la contienda.

Activismo estatal y democratización social en Ecuador. Tensiones contrahegemónicas frente al poder mediático (2007-2013)

Introducción

En los años 2000, en varios países latinoamericanos se presenta un fenómeno novedoso en el campo político. Se trata de la decidida, creciente y conflictiva acción estatal en pos de la «democratización de la información y la cultura», línea de acción empujada por gobiernos, diversa y contradictoriamente calificados ya sea como «tecnopopulistas» y «autoritarios»1, como «presidencias mediáticas» neoautoritarias2, o desde miradas opuestas, como gobiernos «antineoliberales y antiimperialistas (…) elegidos con las banderas de justicia social e inclusión de las masas en los procesos de desarrollo»3, o incluso como gobiernos que son «modelos de organización socioeconómica poscapitalista»4.

Salvando el hecho de que efectivamente han existido claras diferencias tanto en el terreno ideológico como en el estilo de la gestión entre gobiernos como el de Hugo Chávez (1999), Luiz Inácio Lula da Silva (2003), Néstor Kirchner (2003), Evo Morales (2006) y Rafael Correa (2007), resulta evidente no solo que todos ellos han desplegado un proyecto político antineoliberal en todos los campos, sino que un componente fundamental de ese proyecto ha girado alrededor de intervenir en «la centralidad de la producción simbólica en las disputas por el sentido del poder [, en la cual] los medios de comunicación desempeñan la función de ‘servidores de hegemonía’»5. Esto, a su vez, ha implicado reconocer el peso de los medios como espacio de sedimentación del consenso y la construcción del imaginario social. Bajo ese presupuesto, estos gobiernos inauguran en la región distintas formas de disputar el poder persuasivo a los medios privados, arremetiendo contra su naturaleza mercantil y su orientación ideológica marcadamente liberal y antiestatista en la gran mayoría de los casos.

En el caso ecuatoriano, prácticamente desde que asumió el poder en 2007, la fricción entre el gobierno de la Revolución Ciudadana, encabezado por Rafael Correa, y ciertos medios privados de comunicación tuvo un significativo peso en la reconfiguración de la opinión pública. La disputa fue creciendo y tornándose cada vez más áspera y agresiva, no solo en el ámbito interno sino incluso en una dimensión internacional, tomando la forma de una confrontación política basada en el dominio de la opinión mediática en cuatro grandes frentes: climas de opinión dicotómicamente enfrentados, polarización social como estrategia política, batalla por la relegitimación institucional y emergencia de nuevas formas de liderazgo6.

En este sentido, a continuación se propone una aproximación analítica a cuestiones tales como la lucha por el control de la opinión pública, los efectos de la actoría política de los medios de comunicación masiva, la personalización y «emocionalización» como rasgos de los nuevos liderazgos políticos, así como la posibilidad –o no– de democratizar la sociedad regulando el espacio mediático y las industrias culturales, así como ampliando la esfera pública en los campos de la información, la comunicación y la cultura.

El control de la opinión pública y la lucha por la hegemonía

Antonio Gramsci no pudo haber expresado con más claridad los cruces entre lo mediático y lo político como cuando relaciona la opinión pública con la hegemonía política, al definir la primera como «el punto de contacto entre la ‘sociedad civil’ y la ‘sociedad política’, entre el consentimiento y la fuerza»7. De esta forma, al caracterizar la opinión pública como el contenido político de la voluntad política pública que puede llegar a ser discordante, entiende la importancia de luchar por su control, de modo «que una sola fuerza modele la opinión, y por lo tanto, la voluntad política nacional, convirtiendo a los disidentes en un polvillo individual e inorgánico»8.

Desde esta perspectiva, todo proyecto político, y más aún si se acerca a un cambio estructural, tiende a devenir en reforma (dirección) intelectual y moral de la sociedad, y tiene afectación en las formas de pensar y conocer, así como de explicar la realidad, con el propósito de unificar el bloque social, que es siempre heterogéneo y contradictorio. Es decir, la política no puede existir sin comunicación, puesto que esta opera siempre mediante una construcción de «discursos» que tiene un objetivo claro: que los ciudadanos perciban la acción política como necesaria e incuestionable. A su vez, existen «expertos» en la construcción de esas «imágenes del poder», en «elaborar y propagar los símbolos destinados a dar cuenta de la naturaleza de la dominación política (…) y dar forma a modalidades de conocimiento social puestas al servicio del control de las conductas individuales y colectivas por parte del poder político»9. En las sociedades actuales con el advenimiento de la democracia de masas, ese rol que antiguamente cumplían los literatos, artistas y otros intelectuales es asumido prioritariamente por los medios de comunicación y sus operadores –los periodistas, encuestadores y opinólogos–, cuyos relatos, como reconoce Félix Ortega, son una mixtura de «información, opinión y moralización» que, sin embargo, tendría efectos inéditos: la fragmentación de la legitimidad política y, con ello, su desinstitucionalización10.

De esta manera, los medios se encargan de poner en relación la política con su público, cosa que igualmente harán quienes aspiren a ejercer o ejerzan el poder político, utilizando para ello ya sea sus propios medios o, por el contrario, la deslegitimación de la voz del adversario. Pero por otro lado, la «opinión pública» se convierte –cada vez y con más fuerza– en opinión mediática –algo ya reconocido por Jürgen Habermas al hablar de «opinión publicada»–, por lo que no es un espacio real y ampliado de participación ciudadana como el propio Habermas tuvo que llegar a reconocer, sino un sucedáneo de la participación ciudadana, un «constructo de factura mediática» en cuanto representación forjada por los medios11.

Desde aquí son entendibles las virulencias actuales de la «comunicación política», es decir, los forcejeos entre gobernantes y medios por controlar la opinión de los públicos mediáticos y ejercer lo que así podría llamarse «hegemonía mediática», puesto que, como ya había planteado Marcelino Bisbal, «los medios aparecen como lugares privilegiados para el contacto y la construcción de adhesiones, suplantando las plazas públicas y los más pequeños pero propios espacios de debate y acción conjunta»12.

  • 1. Hernán Reyes Aguinaga: licenciado en Sociología y Ciencias Políticas y doctorando en Estudios Culturales Latinoamericanos. Es docente de posgrado en la Universidad Andina Simón Bolívar y en la Universidad Central del Ecuador. Ha presidido la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Interdisciplinarios de la Comunicación. Actualmente es miembro del Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y la Comunicación. Palabras claves: populismo, democratización, desdemocratización, hegemonía, medios, Rafael Correa, Ecuador.. Carlos de la Torre: «El populismo latinoamericano, entre la democratización y el autoritarismo» en Nueva Sociedad No 247, 9-10/2013, disponible en www.nuso.org/upload/articulos/3983_1.pdf.
  • 2. Andrés Cañizales: Hugo Chávez: la presidencia mediática, Alfa, Caracas, 2012, p. 11.
  • 3. Dênis de Moraes: La cruzada de los medios en América Latina: gobiernos progresistas y políticas de comunicación, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 15.
  • 4. Atilio Borón, cit. en D. de Moraes: ob. cit.
  • 5. D. de Moraes: ob. cit., p. 18.
  • 6. Félix Ortega: La política mediatizada, Alianza, Madrid, 2011, p. 159.
  • 7. A. Gramsci: Cultura y literatura, Península, Madrid, 1967, p. 337.
  • 8. Ibíd., p. 339.
  • 9. F. Ortega: ob. cit., p. 10.
  • 10. Ibíd., p. 43.
  • 11. Ibíd., p. 13.
  • 12. A. Cañizales: ob. cit., p. 39.