Ensayo

A 150 años de «El capital»

De los libros con que los reformadores sociales del siglo XIX buscaron redimir a la clase obrera, solo El capital alcanzó el carácter de obra consagrada, e incluso sacralizada como «Biblia del proletariado». Se trata de un libro complejo, a menudo más reconocido (y venerado) que leído. Leer El capital, traducirlo, editarlo, comprometía las más diversas estrategias. La historia de sus ediciones en lengua española es una verdadera saga transatlántica, atravesada por revoluciones, guerras, dictaduras y exilios. Y, no menos importante, por querellas sobre tales o cuales conceptos que nunca fueron meramente «técnicas», sino que trasuntaban concepciones enfrentadas de cómo entender la lucha política y la emancipación humana.

A 150 años de «El capital»

Nota: este artículo es una versión abreviada de una ponencia presentada en el iii Seminario Internacional «El capital 150 aniversario», Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 3 a 6 de octubre de 2016.

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Relata Francis Wheen en su libro La historia de El capital de Karl Marx que, en febrero de 1867, poco antes de enviar su opera magna a la imprenta, «Marx le insistió a Friedrich Engels para que leyera La obra maestra desconocida, de Honoré de Balzac. Según le dijo, la historia era en sí una pequeña obra maestra, ‘repleta de la más deliciosa ironía’»1. El relato habla de Frenhofer, un gran pintor que dedica diez años de su vida a trabajar sin descanso en un retrato que debía revolucionar el arte al proporcionar «la más completa representación de la realidad». Pero tras perfeccionarlo sin fin, el retrato se fue desfigurando por las sucesivas correcciones. Al final, Frenhofer contempló su propio trabajo y admitió: «¡Nada! ¡Nada! ¡Y pensar que he trabajado diez años!». Finalmente, quemó sus obras y se suicidó2.

Por sorprendente que nos parezca hoy, 150 años después de la publicación del primer tomo de El capital, la identificación de Marx con Frenhofer y su «obra maestra desconocida» no es en absoluto descaminada. Según el testimonio de su yerno Paul Lafargue, «[n]unca estaba Marx contento de lo que hacía»3. Y el testimonio de Lafargue reviste especial interés para nosotros porque nos muestra dos caras opuestas de El capital: por una parte, es la obra que consagra mundialmente a Marx, que conoce reediciones y traducciones ya en vida de su autor. Pero la consagración de Marx y la temprana sacralización de El capital contrastan con la otra imagen que nos ofrece Lafargue y que refrenda su correspondencia: la de un autor-artesano, siempre inconforme con los resultados de más de dos décadas de labor, que hace y rehace sucesivos borradores que luego desecha para volver a comenzar una nueva redacción, que pospone una y otra vez la entrega de los originales prometidos a sus editores. No obstante este sentimiento, afortunadamente Marx no los quemó, y luego de diversas vicisitudes, sus manuscritos pasaron al Partido Socialdemócrata Alemán (spd, por sus siglas en alemán) y, finalmente, con el advenimiento del nazismo, fueron albergados en el Instituto de Historia Social de Ámsterdam.Nuestra comprensión de la obra cumbre de Marx está mediada por la sucesiva publicación de varios manuscritos: el tomo 2 de El capital fue publicado por Engels en 1885 y el 3, en 1894; Teorías de la plusvalía fue editado por Karl Kautsky entre 1905-1910; los Manuscritos de 1844 y La ideología alemana se dieron a conocer en 1932; el capítulo vi inédito de El capital, en 1933, y los llamados Grundrisse, entre 1939 y 19414. No cabe la menor duda de que sin la publicación póstuma de estos manuscritos, nuestro conocimiento de Marx sería pobre y parcial. Sin embargo, es necesario resaltar que el trabajo de sus editores –por calificadas que estuviesen figuras de la talla de Engels, Kautsky o David Riazánov– nunca se limitó a una cuestión de competencias técnicas o intelectuales, sino que respondió sobre todo a una cuestión de autoridad. A la hora de poner en circulación una nueva obra, la pregunta de fondo giraba en torno de qué persona (Engels, Kautsky, etc.) o qué institución (el spd, el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, etc.) poseía la suficiente autoridad para dar a luz aquello que Marx tanto se resistió a mostrar, para hilvanar los fragmentos que el propio autor no había logrado integrar en un todo, para completar sus puntos suspensivos o sus frases inacabadas.

El caso de la historia de las ediciones de El capital ofrece un plus de sentido respecto de la publicación de cualquier otro libro. Pues de todas las obras profanas que los reformadores sociales del siglo xix destinaron a la redención del proletariado, solo El capital alcanzó semejante grado de consagración. Un libro al mismo tiempo complejo, cuyo alto nivel de abstracción teórica hizo que fuera más reconocido (e incluso venerado) que leído. Esto hizo que su edición, su presentación, su lectura misma excedieran con creces la relación simple, directa y profana entre el lector y un libro cualquiera. El acceso del lector a una obra como El capital debía ser mediado por toda una serie de personas e instituciones «autorizadas», que ofrecieran garantías de canonicidad y fidelidad a un original celosamente resguardado. Y así como la Biblia judeocristiana estuvo sometida durante siglos a las querellas por su canonicidad, el siglo xx dio lugar a una querella no menos intensa respecto a la «edición autorizada» de la «Biblia del proletariado».

Primeros pasos

La edición original del primer volumen de Das Kapital apareció en Hamburgo en 1867, con una tirada de 1.000 ejemplares. Una segunda versión, corregida por el propio Marx, apareció en fascículos entre junio de 1872 y mayo de 1873. Si bien la portada dice «1872», el posfacio de Marx, datado el 24 de enero de 1873, prueba que fue en ese año cuando terminó de imprimirse (el volumen completo no salió a la venta sino a mediados de este último año). Una tercera edición «aumentada» a cargo de Engels vio la luz en 1883, poco después de la muerte de Marx; allí se incorporaban las correcciones manuscritas que su autor había realizado sobre sus ejemplares de la segunda edición alemana y la edición popular francesa. Finalmente, Engels introdujo nuevos agregados en una cuarta edición aparecida en 1890, aprovechando algunas adiciones de la edición inglesa de 1887 que habían traducido el doctor Samuel Moore, amigo de Engels, y el biólogo Edward Aveling, yerno de Marx. Los volúmenes ii y iii aparecieron en 1885 y 1894, respectivamente, editados por Engels después de la muerte de Marx en la misma casa editorial donde había salido el primero: Verlag von Otto Meissner, de Hamburgo5.

Las reediciones alemanas son numerosas y solo nos interesa retener aquí algunas de ellas, en la medida en que servirán de base a las traducciones españolas. Señalemos que Kautsky publicó en 1914 una edición popular (Volksausgabe), que conoció numerosas reimpresiones. El teórico socialista trabajó sobre la segunda edición alemana; introdujo modificaciones sobre la base de cartas y manuscritos de Marx que tuvo la fortuna de tener a la vista. Para hacerla más accesible al lector, interpoló algunos pasajes de la edición popular francesa traducida por Roy y vertió al alemán las citas de obras de terceros que Marx había mantenido en su idioma original. Además, estableció una tabla de obras y de nombres citados, así como un índice de materias.

Pero en 1932 se publicó la edición canónica preparada por el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, que daba marcha atrás sobre las intervenciones de Kautsky y «restablecía» el texto de la cuarta edición alemana preparada por Engels. En la misma sobrecubierta podía leerse incluso la expresión ungekürzte (edición «sin cortes»). En el «Prólogo», Vladímir Adoratsky advertía a los lectores del carácter poco fiable de la edición Kautsky, cuya «falsificación» del marxismo era contrastada con la fidelidad con que Engels había editado la obra de su gran amigo.

Una edición muy popular en lengua alemana durante la posguerra fueron los tres volúmenes publicados en Berlín Oriental dentro de las Marx-Engels Werke. Se basaba, al igual que la preparada por el Instituto Marx-Engels-Lenin de 1932, en la cuarta edición alemana de Engels. Según señaló Pedro Ribas,

esta edición, de gran difusión en el mundo, ha sido referencia para numerosas traducciones a otras lenguas europeas y ha servido como texto de estudio de la obra de Marx y Engels. El problema más notable que tenía, aparte de su incompletud y de no ser crítica, se hallaba en sus prólogos e introducciones, en los que a menudo se convertía a Marx en autor de un sistema, en lugar de autor de una obra abierta, inconclusa en su mayor parte6.

En contraste con estas versiones canónicas y en una fecha tan temprana como 1932, el comunista de izquierdas Karl Korsch (1886-1961) consideró que la última palabra autorizada para editar El capital no era sino la del propio autor y preparó una nueva edición basada en la segunda edición alemana, la última publicada por Marx en vida, antecedida de un prólogo de su autoría7. La edición Korsch fue recuperada en 1969 por el editor Ullstein, quien reeditó una vez más el primer tomo sobre la base de la segunda edición alemana de 18738.

La querella se reavivó aún más con la edición de las Theorien über den Mehr-wert [Teorías del plusvalor]. Bajo este título se conoce una serie de manuscritos económicos redactados por Karl Marx entre enero de 1862 y julio de 1863 titulados por él Contribución a la crítica de la economía política. Se trata de 23 cuadernos con paginación continua 1-1.472, de los cuales los referidos expresamente a la teoría del plusvalor corresponden a los vi-xv y xviii. Engels tuvo la intención de publicar estos manuscritos como cuarto volumen de El capital, tal como lo manifiesta en la carta a Stephan Bauer del 10 de abril de 1895, pero moriría cuatro meses después sin alcanzar su cometido. Las Teorías del plusvalor fueron editadas por primera vez por Kautsky en tres volúmenes que aparecieron entre 1905 y 19109.

En su introducción al primer volumen, Kautsky explicaba por qué declinó finalmente publicar estos manuscritos como el iv tomo de El capital, pues en verdad no se trataba de una continuación de esa obra, sino del borrador de una obra previa –Contribución a la crítica de la economía política–, de la cual Marx había publicado un primer volumen en 1859, pero cuyo plan luego abandonó para entregarse a redactar, finalmente, los que serían los tres volúmenes de El capital. Advertía además que había reordenado cronológica y temáticamente los manuscritos, había recuperado aquellos que consideró más relevantes y descartado los que juzgó menos significativos. Sobre esta edición se realizaron las primeras traducciones al ruso (1906-1907), al francés (1924-1925), al inglés (1952) y, como veremos luego, al español (1945).Pero en 1950 una edición soviética afirmaba haber restaurado el auténtico proyecto de edición engelsiana y cuestionaba severamente la versión preparada por Kautsky. Seis años después aparecía en Berlín la nueva edición alemana de los manuscritos de Marx sobre la teoría del plusvalor, refrendada por el Instituto de Marxismo-Leninismo del Comité Central del Partido Socialista Unificado de Alemania (abreviado con la sigla sed)10.

Para estos editores, Kautsky era la encarnación misma del nuevo revisionismo, por lo cual, «al editar la obra de Marx, partía del punto de vista absolutamente falso de que el manuscrito de las Teorías sobre la plusvalía no respondía a un plan armónico, sino que era una especie de ‘caos’, y no tuvo empacho en someterla a una arbitraria ‘reelaboración’, en el transcurso de la cual, y en repetidas ocasiones, procede a revisar algunas de las tesis más importantes del marxismo revolucionario»11.

La querella acaso se hubiera acallado con una edición crítica que repusiera las modificaciones introducidas en sucesivas ediciones por Marx y por Engels, pero para llevarla a cabo hubo de pasar un siglo desde la muerte del autor de El capital. En efecto, la edición inicial de la Marx-Engels Gesamtausgabe (mega), impulsada por David Borisovič Riazánov (1870-1938) y continuada por Vladímir Adoratsky, alcanzó a publicar entre Fráncfort y Berlín solo siete de los 42 volúmenes anunciados, más un volumen conmemorativo de Engels y cuatro de correspondencia (1927-1936), pero no llegó a realizar una edición crítica de El capital. La edición mega fue interrumpida en 1936 por orden de Stalin, quien en 1931 ya había condenado al marxólogo Riazánov al ostracismo en Zaratov y finalmente lo hizo fusilar en 1938.

La edición mega fue retomada en 1972 por el Instituto de Marxismo-Leninismo del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (pcus) y del Comité Central del psu de Alemania con un plan de 100 volúmenes, pero la llamada «Neue mega» solo alcanzó a publicar algunos tomos antes del derrumbe de los regímenes comunistas en la Unión Soviética y Europa del Este. Solo con la edición mega ii, relanzada en 1990 por iniciativa de la Internationalen Marx-Engels-Stiftung (imes), con sede en Ámsterdam, con un plan de 114 tomos, se ha llevado a cabo, finalmente, la edición crítica de El capital: reproduce las diversas ediciones en alemán (y en francés e inglés, para el primer volumen) y muestra todas las modificaciones introducidas al texto, además de contar con un muy extenso aparato de notas al pie y referencias cruzadas12.

Primeras traducciones

La primera traducción que conoció El capital fue, para sorpresa de Marx, la rusa. El proyecto fue concebido por miembros del grupo de la Sociedad de Crédito Mutual de San Petersburgo. Las páginas iniciales las había encarado el mismísimo Mijaíl Bakunin13. El primer volumen apareció a principios de 1872 en San Petersburgo, con una tirada de 3.000 ejemplares14. La segunda traducción fue la francesa de Joseph Roy, que contó con la supervisión de Marx e incluso con su colaboración para aligerar el texto alemán con vistas a lanzar una edición popular. Fue publicada por el editor libertario Maurice Lachâtre (1814-1900) en forma de fascículos entre agosto de 1872 y mayo de 1875, que luego se reunían en un volumen, con una tirada de 10.000 ejemplares15.

La versión italiana se publicó por entregas entre 1882 y 1884; la polaca, entre 1884 y 1890; la danesa, en 1885 y la inglesa, en 188716. Pero no son estas traducciones las que nos interesan aquí, sino las ediciones alemanas y la edición francesa, pues sobre la base de estas versiones El capital hizo su ingreso en el mundo hispanohablante.

El capital llegó al universo de habla hispana a través de la edición francesa de M.J. Roy. Los primeros cinco fascículos los remitió desde Londres en 1873 el propio Marx a su enviado en Buenos Aires, el internacionalista belga Raymond Wilmart. La carta de acuse de recibo de Wilmart constituye la primera referencia que conocemos de la circulación de El capital en América Latina17.

Solo en el año 1887 apareció en lengua española una edición, aunque parcial, del primer tomo. Desde entonces y hasta el presente, registramos 12 traductores de El capital al castellano: seis españoles (Pablo Correa y Zafrilla, Juan Manuel Figueroa y colegas, Vicente Romano y Manuel Sacristán, más otros dos exiliados en México: Manuel Pedroso y Wenceslao Roces), cuatro argentinos (Juan B. Justo, Juan E. Hausner, Floreal Mazía y Raúl Sciarreta), un uruguayo (Pedro Scaron) y un chileno (Cristián Fazio). Es imposible separar la difusión española de la latinoamericana. La primera traducción directa del alemán del primer tomo de El capital fue realizada por un argentino (Justo), pero editada en Madrid por un socialista español (García Quejido). Las traducciones españolas de Manuel Pedroso y Wenceslao Roces solo alcanzaron difusión masiva en el mundo de habla hispana con el exilio de los republicanos en México. Y la traducción de Pedro Scaron comenzó a editarse en Buenos Aires en 1975, pero a causa del golpe militar de marzo de 1976 se terminó de publicar en Madrid. Como se podrá apreciar, antes que una historia española o latinoamericana, estamos ante un caso de historia transatlántica.

Marx en las pampas

En Argentina, el joven médico Juan Bautista Justo (1865-1928), a diferencia de la mayor parte de los médicos de la elite, demostraría una extraordinaria sensibilidad social, un vivo interés por los asuntos económicos y una fuerte inquietud política que lo llevaría a leer a Rousseau, Tocqueville, Smith, Ricardo, Marx, Renán, Spencer y Hobson18. En el marco de estas lecturas, Justo asistió a una cita en el Café Francés de Buenos Aires, un mítico 2 de agosto de 1893, convocada a través de los diarios locales por los obreros de la Agrupación Socialista de Buenos Aires. De ese encuentro nacería, ocho meses después, el semanario La Vanguardia. En sus viajes a Europa, el futuro fundador del Partido Socialista argentino escuchó a Jean Jaurès en el Parlamento francés, en Bruselas visitó la célebre Maison du Peuple y residió en Madrid y Barcelona, donde conoció a Pablo Iglesias y estableció los contactos para la edición castellana de El capital. Incluso fue invitado a la velada tras la muerte de Engels en 1895. Pero las vicisitudes de las negociaciones y de su trabajo de traducción de El capital permanecen envueltas en una bruma oscura.

Justo fue el primer traductor de El capital en América Latina. La traducción, realizada sobre la cuarta edición alemana de Das Kapital preparada por Engels, apareció en sucesivos cuadernillos quincenales entre el 6 de septiembre de 1897 y el 19 de diciembre de 1898 en Madrid19. Y se vendió también en Buenos Aires. Posteriormente, Pedro Scaron pondría en la balanza méritos y límites del trabajo de su antecesor:

La versión de Juan B. Justo no se destaca tal vez por las excelencias del estilo, pero sí por su fidelidad al original (no invalidada por ocasionales desfallecimientos), por la solidez, por la seguridad con que el traductor, hombre de cultura nada superficial, enfrenta problemas para cuya solución los conocimientos idiomáticos son imprescindibles pero no suficientes. En algunos rubros Justo pagó tributo a su condición de pionero (sus traducciones de muchos términos técnicos de Marx, por ejemplo, han caído en total desuso), pero precisamente el mérito principal del traductor argentino estriba en haber desbrozado el camino que otros transitarían después con mayor facilidad.20

Algunos de esos términos claves en la obra de Marx son, por ejemplo, Mehrarbeit, que Justo traduce como «sobre trabajo», mientras que Roces lo traducirá como «trabajo excedente» y Scaron, como «plustrabajo»; o Mehrwert, que Justo traduce como «supervalía», Pedroso y Roces traducirían como «plusvalía» y Scaron como «plusvalor»21. En verdad, Justo sigue aquí el criterio de Antonio Atienza, quien traduce «supervalía» ya en 1887 en el resumen de El capital de Gabriel Deville.22

Según una tradición oral que Scaron recogió de un viejo integrante del Verein Vorwärts, Justo habría recurrido a un ejemplar de la cuarta edición alemana de Das Kapital que se hallaba en la biblioteca de esta asociación23. Y de acuerdo con diversas fuentes, habría contado en su labor con la colaboración de Augusto Kühn. La traducción de Justo conoció tres reediciones (1918, 1946 y 1947); la primera y la última fueron llevadas a cabo por casas editoras del socialismo argentino y la de 1946, por una editora comercial que apelaba a la «autoridad» del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú.

El primer traductor al español de los tres tomos de El capital fue Manuel Martínez Aguilar y de Pedroso (1883-1958), un abogado español afiliado al Partido Socialista Obrero Español (psoe)24. Publicado en los albores de la Segunda República por la casa comercial Aguilar, fue puesto en venta a 60 pesetas (un precio oneroso para el poder adquisitivo de los trabajadores españoles). Esta edición fue severamente criticada por otro abogado español de activa militancia comunista: Wenceslao Roces (1897-1992)25, que a su vez emprendió una nueva traducción para la editorial de cultura marxista Cenit de Madrid. El primer tomo apareció en dos volúmenes en 193426. Además, en contraste con la edición costosa de Aguilar, la versión de Roces apareció también en 1933 en una edición popular, en fascículos de 32 páginas cada uno, que al completarse la obra (1935) podían ser encuadernados. El estallido de la Guerra Civil española impidió la continuidad del proyecto de Cenit, pero Roces, una vez instalado en México –su patria de adopción–, lanzaba en los años de la inmediata posguerra su traducción completa de El capital en cinco volúmenes, a través del Fondo de Cultura Económica27. Se trataba de una versión mejorada del primer tomo que había traducido para Cenit, al que añadía ahora una traducción del alemán de los tomos ii y iii. Roces trabajó sobre la ya citada edición de 1932 del Instituto Marx-Engels-Lenin, que a su vez se fundaba en la cuarta alemana de 1890 preparada por Engels. Con 38 reediciones y reimpresiones entre 1945 y 2015, y un estimado de 230.000 juegos lanzados a la venta, se trató de la versión más difundida en España y América Latina durante medio siglo. Pero la querella entre Roces y Pedroso se iba a prolongar en México, donde también se exilió este último y donde reeditó su traducción de Marx, ahora en una edición popular en cinco tomos28.

Los comunistas argentinos hicieron diversos intentos fallidos de edición de El capital a través de la editorial Cartago. En 1956 lanzaron una versión levemente corregida de la traducción de Roces en cinco volúmenes, pues a los tres tomos de El capital se añadía como tomos iv y v la Historia crítica de la teoría de la plusvalía, también basada en la edición mexicana de Roces de 194529. Pero su condición de camarada no impidió que el traductor hispano-mexicano le iniciara acciones legales a la editorial comunista argentina, de modo que Cartago resolvió lanzar en 1973 una nueva edición de El capital, vertida ahora del francés por un traductor literario: Floreal Mazía30. Esta nueva edición significó un éxito comercial para Cartago, pero un fracaso político para los comunistas argentinos, pues editoriales de la nueva izquierda como Signos, o Pasado y Presente, nacidas de fracturas del Partido Comunista, venían ofreciendo desde fines de la década de 1960 cuidadas ediciones de Marx, traducidas directamente del alemán.

Si exceptuamos una pintoresca versión española del sello edaf, realizada también a partir de la edición francesa y destinada sobre todo a decorar la biblioteca junto a otras «obras famosas»31, fue en la década de 1970 cuando surgieron las nuevas traducciones que buscaban desafiar la edición establecida exitosamente por Roces desde la posguerra. El epistemólogo argentino Raúl Sciarreta anunció en 1973 una traducción «althusseriana», pero solo alcanzó a publicar un pequeño volumen que comprendía los capítulos i a iv. Se trataba del equivalente en castellano de la nueva edición de Le capital que Garnier-Flammarion había lanzado en 1969 con el célebre prólogo de Louis Althusser: «Advertissement aux lecteurs du l. i du Capital»32. En 1976, se publicaba a través del sello independiente madrileño Akal la edición popular en ocho tomos preparada por Vicente Romano García (1935-2014), un comunicador social que había iniciado sus estudios superiores en la Universidad Complutense de Madrid y los había completado en la Universidad de Münster. Sus múltiples intereses en el mundo de la comunicación y la cultura, su conocimiento de la lengua alemana y su formación política en el Partido Comunista Español aseguraban los créditos necesarios. Según su propio testimonio, se había basado en la edición de Dietz de 1962, preparada por los institutos de marxismo-leninismo de Moscú y de Berlín sobre la base de la cuarta edición alemana dispuesta por Engels33. En forma simultánea, aparecía en España otra versión castellana de El capital debida al filósofo Manuel Sacristán (1925-1985). Esta edición estaba inscripta dentro de un vasto proyecto conocido como Colección ome (Obras de Marx y Engels): tomando como referencia los conocidos tomos de tapas azules de la edición alemana mew (Marx-Engels-Werke), anunciaba la traducción castellana de las principales obras de Marx y Engels en 68 volúmenes. El reflujo que conoció la cultura marxista en España en la década de 1980 en tiempos del «desencanto» y la prematura muerte de su impulsor poco antes de cumplir los 60 años hicieron que de aquel ambicioso proyecto solo llegaran a ver la luz 12 volúmenes, entre ellos las traducciones de los libros i y ii de El capital34.

Pero quizás el principal acontecimiento en esta historia política de las traducciones y las ediciones se produjo en julio de 1975, cuando apareció en Buenos Aires el primer volumen de El capital publicado por Siglo xxi y traducido por el uruguayo Pedro Scaron (1931-2014). En todo caso, se trató de un acontecimiento cuya importancia solo puede equipararse a la primera traducción directa del alemán por Juan B. Justo en 1898. La traducción de Scaron representó el primer esfuerzo por establecer una edición crítica de El capital35. En una antológica «Advertencia del traductor», Scaron ponía en cuestión la noción de «texto definitivo», ya fuese el establecido por Engels, por Kautsky o por el Instituto Marx-Engels-Lenin. Sometía a una crítica demoledora las traducciones previas amparadas en sucesivas fuentes de autoridad; cuestionaba, si se quiere, la «autoridad» del propio Marx al ceder en la edición francesa a una vulgarización empobrecedora del original alemán de El capital y reponía el problema de la necesaria elección entre las diversas ediciones «originales». El traductor uruguayo concluía que no existía

una versión del primer tomo de El capital, sino varias. […] Optar por una es sacrificar las otras (en la medida en que no coinciden con la elegida). Descartar cualquiera de ellas es desechar una etapa en la evolución dialéctica de El capital –que no brotó de la cabeza de Marx tan cabalmente formado como Atenea de la cabeza de Zeus– y renunciar al conocimiento de textos y variantes de enorme valor.36

Esta edición de El capital en ocho pequeños volúmenes, que se comenzó a editar en Buenos Aires en julio de 1975 (y se terminó de imprimir en Madrid y México entre 1976 y 1981, pues la sede argentina de Siglo xxi fue asaltada por las fuerzas represivas apenas producido el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976), fue el punto de partida de una colección llamada a alcanzar enorme significación en los años siguientes para la cultura marxista hispanoamericana: la Biblioteca del Pensamiento Socialista, que dirigió José Aricó. Fue Siglo xxi, esta casa de la entonces llamada «nueva izquierda», la que propició el trabajo editorial colectivo de tres figuras que provenían de diversas tradiciones: el anarquismo (Scaron), el socialismo (Miguel Murmis) y el comunismo (José Aricó). Scaron es un caso singular de anarquista marxólogo, una suerte de Maximilien Rubel rioplatense. Los traductores de El capital que vinieron después, como Romano y Sacristán, debieron tomarlo como referencia obligada, aunque más no fuera para discutir sus criterios de traductor y editor.

Es sabido que El capital es una obra compleja, de lectura ardua para los no iniciados, lo que ha sido admitido incluso por numerosos dirigentes socialistas y comunistas que confesaron no haber logrado pasar de las versiones resumidas. Efectivamente, fueron las versiones abreviadas del alemán Johann Most, el francés Gabriel Deville o el italiano Carlo Cafiero, por citar las más difundidas, las que circularon ampliamente en las dos últimas décadas del siglo xix y las tres primeras del siglo xx bajo el formato de los llamados «libros baratos». Con el tiempo, la mayor parte de esos resúmenes ha caído en desuso y no se reimprimen desde hace décadas. Su declive coincide con la desaparición del universo de la folletería popular y de los libros impresos en papel de diario, ofrecidos a centavos a un público lector compuesto por obreros autodidactas ávidos de aprender. Ese mundo de la cultura obrera, muy intenso en América Latina entre fines del siglo xix y primeras décadas del siglo xx, ha desaparecido. Si bien se han producido últimamente nuevos compendios como el del español Diego Guerrero, la divulgación se viene canalizando sobre todo a través de los medios audiovisuales, comenzando por el cómic y las ediciones ilustradas, pasando por el cine y llegando hasta los videos didácticos, cuya oferta en YouTube es múltiple y creciente.

Además, si la obra de Marx ha perdido a sus viejos lectores obreros, ha conquistado a otros lectores, mejor capacitados para un abordaje sin mediadores ni vulgarizadores. A partir de la década de 1960, El capital comenzó a ser abordado en forma directa por amplias franjas de la intelectualidad radical. En la medida en que su estudio exhaustivo estaba excluido de la universidad (con la excepción de Cuba, del Chile de los breves años de la Unidad Popular y de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde el seminario de El capital fue reconocido curricularmente en 1974), la forma privilegiada de abordaje que adoptaron los intelectuales fueron los grupos de lectura extracurriculares, muy difundidos en países como Brasil y Argentina. En las últimas tres décadas, el marxismo ha venido ingresando por derecho propio en las universidades latinoamericanas y se han hecho frecuentes los seminarios curriculares sobre El capital. Los estudiosos que acuden a la obra original cuentan hoy con herramientas de apoyo más elaboradas y rigurosas que las del pasado, como la excelente Guía de El capital de Marx del británico David Harvey, editada recientemente en España y difundida en América Latina.

Para comienzos del siglo xxi, cuando los centros de lectura canónica han desaparecido y la aureola de la «Biblia del proletariado» se ha difuminado, El capital conquista incluso a más lectores que en el pasado, aunque seguramente otros que los que Marx imaginaba. En abordajes acaso más profanos y menos candorosos, los lectores del presente siguen buscando en sus páginas, todavía un siglo y medio después, las claves para comprender la mundialización del capital y sus crisis. Paradojas de la traducción: mientras las versiones españolas envejecían, reemplazándose unas a otras, el texto original alemán permanecía e incluso se actualizaba con nuevas lecturas. De cualquier modo, con sus oscuros y sus claros, fue gracias a la labor acumulativa de sus traductores, acompañada por el quehacer de reconocidos editores y de ignotos tipógrafos e impresores, como hoy los lectores latinoamericanos podemos acceder a las más cuidadas ediciones de El capital en español.

  • 1.

    Carta de Marx a Engels, 25 de febrero de 1867 en: Correspondencia Marx-Engels, mega, tomo iii, p. 376.

  • 2.

    F. Wheen: La historia de El capital de Karl Marx, Debate, Bogotá, 2007

  • 3.

    P. Lafargue: «Recuerdos personales de Carlos Marx» [1890] en Karl Marx. El hombre de pensamiento y el hombre de acción, Ediciones Jasón, Barcelona, s/f [c. 1930], p. 139.


  • 4.

    Maximilien Rubel: Bibliographie des oeuvres de Karl Marx, Marcel Rivière et Cie., París, 1955.

  • 5.

    M. Rubel: ob. cit., p. 169 y ss.

  • 7.

    K. Marx: Das Kapital. Kritik der politischen Oekonomie (sin cortes de acuerdo con la segunda edición de 1872), prefacio de Karl Korsch, Gustav Kiepenheuer, Berlín, 1932.

  • 8.

    K. Marx: Das Kapital. Kritik der Politischen Ökonomie: Band i: Der Produktionsprozess des Kapitals, Ullstein, Fráncfort, 1969-1971.

  • 9.

    K. Marx: Theorien über den Mehrwert, ed. de Karl Kautsky, J.H.W. Dietz, Stuttgart, 1905-1910.

  • 10.

    10. K. Marx: Theorien über den Mehrwert, ed. Institut für Marxismus-Leninismus beim zk der sed, Dietz, Berlín, 1956, 3 vols.

  • 11.

    Ibíd., p. 15.

  • 12.

    La sección ii de las mega, «ii. Abteilung: ‘Das Kapital’ und Vorarbeiten» [El capital y trabajos preparatorios], corresponde a un total de 15 tomos, que fueron apareciendo entre 1983 y 2012. Puede consultarse en línea en . Sobre el plan de las mega, v. P. Ribas: ob. cit. y Marcello Musto (coord.): Tras las huellas de un fantasma. La actualidad de Karl Marx, Siglo xxi, Ciudad de México, 2011.

  • 13.

    Anna Valentinovna Uroeva: La fortuna del «Capitale». A cura di Gian Mario Bravo [1967], Editori Riuniti, Roma, 1974.

  • 14.

    К. Маркс: Капитал. Критика политическойэкономии, N.P. Polyakova, San Petersburgo, 1872.

  • 15.

    K. Marx: Le capital. Critique de l’économie politique. Livre premier. Le développement de la production capitaliste, traducción de M.J. Roy, enteramente revisada por el autor, Maurice Lachâtre et Cie. / Librairie du Progrès, París, 1872-1875.


  • 16.

    M. Rubel: ob. cit. p. 169 y ss; P. Ribas: La introducción del marxismo en España (1869-1939). Ensayo bibliográfico, Ediciones de la Torre, Madrid, 1981, p. 40; A. Uroeva: ob. cit.; Gian Mario Bravo: «‘Il Capitale’ in Italia: 1867-1895» en A. Uroeva: ob. cit.

  • 17.

    H. Tarcus: Marx en la Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos, Siglo xxi, Buenos Aires, 2007, p. 88 y ss.

  • 18.

    Dardo Cúneo: Juan B. Justo y las luchas sociales en la Argentina, Alpe, Buenos Aires, 1956, pp. 77-78.

  • 19.

    C. Marx: El capital. Crítica de la economía política. Tomo I, traducido de la cuarta edición alemana por Juan B. Justo, Imprenta de F. Cao y D. De Val, Madrid, 1898. A cargo de J. A. Herrero, Platería de Martínez, núm. 1.

  • 20.

    P. Scaron: «Advertencia del traductor» en K. Marx: El capital. Crítica de la economía política, t. i, v. i, Libro Primero: El proceso de producción del capital, Siglo xxi, Buenos Aires, 1975, p. xx.


  • 21.

    Ibíd., p. xviii.

  • 22.

    C. Marx: El capital. Resumido y acompañado de un estudio acerca del socialismo científico, est. de G. Deville, trad. de A. Atienza, Establecimiento Tipográfico de Ricardo Fe, Madrid, 1887.

  • 23.

    P. Scaron: «Advertencia del traductor», cit.,p. xii, No 7.

  • 24.

    C. Marx: El capital. Crítica de la economía política, trad. de M. Pedroso, Aguilar, Santander, 1931.

  • 25.

    W. Roces: «Una edición completa del Capital» en Bolchevismo No 3, 30/7/1932, pp. 60-64.

  • 26.

    C. Marx: El capital. Crítica de la economía política, Cenit, Madrid, 1934, 2 vols.

  • 27.

    C. Marx: El capital. Crítica de la economía política, fce, Ciudad de México, 1946- 1947.

  • 28.

    C. Marx: El capital. Crítica de la economía política, Fuente Cultural, Ciudad de México, 1945, 5 vols.

  • 29.

    C. Marx: El capital. Crítica de la economía política, Cartago, Buenos Aires, 1956, 3 vols.; C. Marx: Historia crítica de la teoría de la plusvalía, Cartago, Buenos Aires, 1956, 2 vols.

  • 30.

    30. C. Marx: El capital. Crítica de la economía política, ed. de F. Mazía y colaboradores, Cartago, Buenos Aires, 1973, 3 vols.

  • 31.

    31. C. Marx: El capital. Crítica de la economía política, edaf, Madrid, 1967, 2 vols.

  • 32.

    32. C. Marx: El capital 1. Crítica de la economía política, Corregidor, Buenos Aires, 1973.

  • 33.

    33. V. Romano: «Nota preliminar del traductor» en K. Marx: El capital. Crítica de la economía política, Akal, Madrid, 1976, pp. 7-8.

  • 34.

    Los tomos i y ii se desglosaban entre tres volúmenes: K. Marx: El capital. Crítica de la economía política, ome 40, Grijalbo, Barcelona, 1976; K. Marx: El capital. Crítica de la economía política, ome 41, Grijalbo, Barcelona, 1976; K. Marx: El capital. Crítica de la economía política, ome 42, Grijalbo, Barcelona, 1980.

  • 35.

    El capital. Crítica de la economía política, traducción, advertencia y notas de P. Scaron, Siglo xxi, Buenos Aires-Madrid-México, 1975-1981, 8 vols.

  • 36.

    Ibíd., p. x.