Revista
Nueva Sociedad
NUSO
266
Noviembre - Diciembre 2016
¿Posprogresismo?
Crisis y derivas latinoamericanas
(Nueva Sociedad 266 / Noviembre - Diciembre 2016)
América
Latina transita un momento de cambios que algunos han denominado «fin de
ciclo». Sin duda, las cosas están cambiando pero no
sabemos aún muy bien hacia dónde. Si en cambios de ciclos anteriores los
nuevos procesos se proponían como refundacionales, ahora parece existir un
escenario en el que las memorias «frescas» o reconstruidas, tanto del
neoliberalismo como del «giro a la izquierda», convocan a la prudencia respecto
del mercado así como del Estado y dejan abierto un terreno de disputa
respecto a los caminos a seguir.
Coyuntura
En 2016 se cumplen 15 años de la aparición del término «bric», acuñado por Goldman Sachs para designar a un grupo de economías emergentes (Brasil, Rusia, la India y China) definidas como potencias intermedias. Hoy asistimos a cambios a escala global y latinoamericana que transforman los sentidos de este acrónimo, mientras los fondos de inversión crean otros para identificar a nuevos «emergentes». Empero, podría preverse que aunque se diluyan el furor por las potencias emergentes y su fuerza como discurso en la política y la economía internacionales, los bric dejarán una herencia más duradera.
Tribuna global
Las recientes elecciones en Taiwán y Hong Kong dan testimonio del impacto profundo y duradero que han tenido los movimientos estudiantiles de 2014. Las reivindicaciones democráticas ganan terreno pero, a diferencia de lo ocurrido en Occidente, en los casos de Taiwán y Hong Kong, los jóvenes luchan por la libertad más que por la igualdad, a la vez que sus reivindicaciones democráticas se hacen eco de los sentimientos «anti-China» de la población. Al mismo tiempo, el contexto cambió en las últimas décadas: poderosos sectores económicos, ayer anticomunistas, hoy buscan vínculos comerciales con la poderosa economía de la República Popular China.
Tema central
América Latina tiene una historia
común, una cultura compartida y
dos lenguas mutuamente inteligibles.
Por eso, observadores extranjeros
la consideran homogénea y líderes
autóctonos la proclaman unificada.
Ambas imágenes son erróneas:
los países de la región tienden a
diferenciarse entre sí y las fuerzas
centrífugas superan a las centrípetas.
Heterogeneidad y fragmentación no
son necesariamente malas, pero
tanto para entenderlas como para
contrarrestarlas hace falta reconocerlas.
En sus siete décadas de historia,
el peronismo demostró una capacidad
mimética que le permitió acomodarse
a los tiempos. Y, en este sentido,
la posibilidad de desdoblarse y
volver a articularse es una de sus
grandes ventajas. El peronismo
mostró que puede asumir diferentes
formas, dividirse en manchas viscosas
y volver a unirse para seguir
caminando. Hoy, tras la derrota
de 2015 y no sin desconcierto,
oscila entre la oposición dura
(el kirchnerismo) y la cooperación
crítica (gobernadores e intendentes),
mientras busca un nuevo liderazgo
que reoriente al movimiento
y le permita adecuarse al nuevo
tiempo histórico.
En Chile, se están agotando un
modelo y una forma de hacer
las cosas. La economía presenta
severos problemas de libre
competencia por la concentración
de la propiedad y los mercados,
así como por la falta de regulaciones.
A su vez, el régimen político de
transición se debilita, golpeado
por el descrédito. Esta situación
está provocando realineamientos
en la coalición de gobierno, pero
también en los partidos ubicados
a su izquierda, con vistas a la
elección presidencial de 2017.
La forma en que esto cristalizará
estará influida, en gran medida,
por cómo los movimientos sociales
resuelvan sus articulaciones con la
política y por la capacidad de la
izquierda para superar sus divisiones.
Ecuador se prepara para los comicios del 19 de febrero de 2017, en los que, tras una década, no competirá el presidente Rafael Correa. Si bien eso facilitaría la misión opositora de construir un escenario poscorreísta, la oficialista Alianza pais cuenta con un candidato con posibilidades de triunfo: el ex-vicepresidente Lenín Moreno. Aunque la crisis económica ha aparecido como un elemento del combate electoral y el gobierno enfrenta un desgaste apreciable, la oposición aún no logra quebrar las banderas nacionalistas, de redistribución y contra la «vieja partidocracia» que promueve el oficialismo.
Los gobiernos del Frente Amplio en Uruguay se han caracterizado por la ampliación de derechos para diferentes sectores de la población, a partir de una cultura política construida desde el batllismo a comienzos de siglo xx y atravesada por fuertes corrientes socialistas y comunistas, pero también liberal-progresistas. Una constelación virtuosa entre movimientos sociales, saberes expertos y parlamentarios receptivos permitió unir democracia y perspectiva de derechos. No obstante, aún quedan pendientes debates económicos de mayor envergadura acerca del modelo de desarrollo.
La normalización de las relaciones
entre Washington y La Habana
marcó un punto de inflexión en medio
siglo de tensiones y enfrentamientos
en el marco de la Guerra Fría. En
estos años, muchas cosas están
cambiando en la isla; sin embargo,
el descongelamiento de los
vínculos con el vecino del Norte
ha tenido como efecto, en apariencia
paradójico, una ralentización del
proceso de reforma en el interior de
la isla. Son variados los temores de la
elite política frente a una aceleración
descontrolada de los cambios,
pero, al mismo tiempo, la reforma
no parece tener vuelta atrás.
El «No» en el plebiscito colombiano puso en crisis las primeras negociaciones de paz exitosas entre un gobierno y las farc tras medio siglo de conflicto armado. Las razones del «No» hay que buscarlas en el rechazo de parte de la elite –especialmente la vinculada a intereses agrarios y la ideología conservadora–, pero también en la forma como se llevó adelante el plebiscito. No obstante, los acuerdos revivieron el 12 de noviembre y el ex-presidente Álvaro Uribe sigue intentando convertirse en el «gran árbitro» de la situación.
«Existe un país al que le importan
un carajo el campo y la gente que
está padeciendo la guerra. Esa es
la sensación que tenemos», dijo
el sacerdote Antún Ramos tras
conocerse el triunfo del «No» en el
plebiscito. Sus declaraciones
dejaron ver los sentimientos –de
frustración y desconcierto– de los
partidarios del acuerdo de paz,
pero al mismo tiempo revelaron
una realidad: para los sectores
urbanos, la guerra ocurre en
escenarios alejados de sus vidas.
Hoy Colombia vive una nueva
encrucijada, mientras muchos
sectores sociales luchan para que
la guerra llegue a su final.
La caída del pt supone el colapso de gran parte de la izquierda brasileña. El impeachment fue el final de una etapa de desconexión con los sectores sociales que dieron origen al partido y de desgaste entre la ciudadanía, en medio de escándalos de corrupción que involucran a todos los partidos, pero que afectaron en particular al pt. En este marco, la izquierda brasileña deberá pasar por un árido periodo de refundación, en medio de la contraofensiva de sectores conservadores que incluyen a las poderosas iglesias pentecostales.
Daniel Ortega se prepara para su tercer periodo presidencial consecutivo, esta vez con su esposa como vicepresidenta. Su victoria, con la exclusión de la principal fuerza opositora, es resultado de una sucesión de jugadas audaces para conservar el poder. Pero la fortaleza del régimen actual tiene los pies de barro. Aunque su apoyo se basa en diversas torsiones de la institucionalidad, a merced del poder matrimonial, sostener, en el extremo opuesto, que el orteguismo está ayuno de respaldo social es el sueño vano de la oposición.
Ensayo
¿Cómo leer a José Carlos Mariátegui? Una perspectiva que no ha sido hasta aquí explorada consiste en vincularlo al campo de debates recientes relacionado con la noción de literatura mundial. En esa dirección, a partir de tres abordajes distintos de aspectos de su obra y de su praxis intelectual –entre los que se destaca la recuperación de su faceta como reseñista y facilitador de traducciones de obras literarias de distintas partes del mundo–, es posible concluir que, contra la imagen que asocia al intelectual peruano a la tradición nacional-popular latinoamericana, cabe más bien leerlo dentro de las coordenadas que entrecruzan socialismo y cosmopolitismo.