Malthus sigue estando equivocado Podemos dar de comer a un mundo con 10.000 millones de habitantes si reducimos la demanda de alimentos

Malthus ha sido criticado durante décadas por subestimar el potencial de la innovación científica y tecnológica para alimentar a una población mundial en crecimiento permanente. Pero a menos que estemos dispuestos a aceptar una amplia gama de consecuencias ambientales indeseables, la tecnología por sí sola no podrá garantizar la seguridad alimentaria en 2050; debemos regular la demanda de alimentos si queremos seguir demostrando que Malthus estaba equivocado.

Perspectiva | Malthus sigue estando equivocado | Podemos dar de comer a un mundo con 10.000 millones de habitantes si reducimos la demanda de alimentos | Septiembre 2015

= SERIE ESPECIAL SOBRE AGRICULTURA Y ALIMENTOS =

Este artículo fue preparado para la reunión anual de The Nutrition Society bajo el lema “Carbohydrates in Health: Friends or Foes” (“Hidratos de carbono en la salud: amigos o enemigos”), que tuvo lugar en julio de 2014 en la Universidad de Glasgow. El trabajo es una contribución para Scottish Food Security Alliance-Crops, University of Aberdeen’s Environment & Food Security Theme, y Scotland’s ClimateXChange.

Traducción al español de Carlos Díaz Rocca.

En 1798, Thomas Robert Malthus publicó el Ensayo sobre el principio de la población, en el que llegó a la conclusión de que «la fuerza de crecimiento de la población es tan superior a la potencia de la tierra para producir el sustento para el hombre que la muerte prematura debe visitar de una forma u otra a la raza humana». Durante el siglo siguiente, esa idea fue criticada por subestimar el potencial de la innovación científica y tecnológica para operar un cambio positivo, con Karl Marx como uno de los más notables detractores. «Vapulear a Malthus» ha sido un deporte popular desde entonces, y una serie de artículos publicados durante las últimas décadas han señalado varias veces los motivos de su equivocación.

En este trabajo se repasan brevemente los principales cambios en la producción de alimentos que nos han permitido seguir respondiendo a la demanda cada vez mayor de alimentos en el mundo, y se examina la posibilidad de que estas mismas innovaciones garanticen la seguridad alimentaria en el futuro.

Sobre la base de estudios recientes se puede concluir que la innovación tecnológica ya no sirve de base para demostrar que Malthus estaba equivocado mientras nos esforzamos por alimentar a 9.000 ó 10.000 millones de personas en 2050. A menos que estemos dispuestos a aceptar una amplia gama de consecuencias ambientales indeseables, la tecnología por sí sola no puede garantizar la seguridad alimentaria en 2050. La demanda de alimentos, en particular la demanda de productos pecuarios, deberá ser administrada de otra forma si queremos seguir demostrando en el futuro que Malthus estaba equivocado.

El desafío de alimentar a 9-10.000 millones de habitantes en 2050

Alimentar a 9.000 ó 10.000 millones de personas en los próximos 35 años representa un enorme desafío. Se ha propuesto una serie de opciones: reducir la diferencia entre el rendimiento alcanzable y el realmente alcanzado (e incluso cerrar la brecha de rendimiento); aumentar el potencial de producción de los cultivos mediante la inversión en investigación y el uso de nuevas tecnologías; expandir la acuicultura, y reducir los residuos o cambiar las formas de alimentación, todo lo cual tendría que ser coordinado a escala mundial.

Tal como destacan los autores Smith y Gregory, además de garantizar la seguridad alimentaria hay una necesidad urgente de reducir el impacto climático de la producción de alimentos y de mejorar la resiliencia de la producción alimentaria para el futuro cambio ambiental. Hay una serie de necesidades no relacionadas con el clima como proteger nuestras fuentes de agua dulce y la biodiversidad, avanzar hacia una alimentación más saludable y reducir los impactos negativos de la producción de alimentos en toda una gama de servicios de los ecosistemas. Aquí esbozaremos brevemente cómo ha aumentado en el pasado la producción de alimentos para satisfacer la demanda y luego examinaremos la forma en que esto podría lograrse en el futuro.

Cómo aumentó la producción de alimentos para satisfacer la demanda creciente

Históricamente, en la era anterior a los fertilizantes industriales, producir más alimentos significaba básicamente destinar más tierras a la agricultura. La expansión de la agricultura a los bosques y los ecosistemas naturales contribuyó de forma significativa al debilitamiento de la función de los ecosistemas. Gran parte de la pérdida de bosques y otros sistemas naturales se produjo hace muchos siglos en Europa, el este y el sur de Asia y parte de África, pero se ha producido más recientemente en América del Norte y en las zonas pobladas de Oceanía. Los autores Ramankutty y Foley elaboraron mapas que muestran la expansión de las áreas de cultivo desde el año 1700 hasta 1992, mostrando tanto la extensión de las tierras cultivadas (la extensión de este a oeste en América del Norte es particularmente evidente) como su intensificación en todas las regiones. Antes del 1900, aproximadamente, la expansión agrícola fue el medio más importante para aumentar la producción de alimentos, pero después de la aparición de los fertilizantes minerales industriales también fue posible aumentar de forma drástica la productividad en esos mismos terrenos. Incluso con el aumento de la productividad (producción por unidad de superficie), la expansión de las tierras agrícolas hacia los ecosistemas nativos fue claramente visible en América del Norte y América del Sur entre 1900 y 1940, en la ex Unión Soviética entre 1940 y 1960, y en el Sudeste Asiático entre 1980 y 1990. En algunas regiones, sobre todo el Sudeste Asiático, esa expansión continúa hasta hoy. A pesar de ello, el principal incremento de la producción desde 1960 se ha logrado mediante un aumento del rendimiento por unidad de superficie, conocido como la «Revolución Verde» en Estados Unidos en la década de 1940 y extendida a los países en desarrollo en las décadas siguientes.

La producción de cereales (trigo, maíz y arroz) pasó de 877 millones de toneladas en 1961 a 2.342 millones en 2007, y el rendimiento mundial promedio de los cereales aumentó de 1,35 toneladas por hectárea (t/ha) en 1961 a 3,35 t/ha en 2007. Se proyecta que alcanzaría aproximadamente las 4,8 t/ha en 2040. Al mismo tiempo, el área de tierra cultivable per cápita ha disminuido de 0,415 hectáreas en 1961 a 0,214 en 2007. Si no se hubiesen logrado los aumentos de rendimiento en los últimos 60-70 años, se habría necesitado casi tres veces más tierra para producir los cultivos que alimentan a la población actual: es tierra que simplemente no existe o que no es adecuada para el cultivo.