La ciudad productiva: el gran momento de la agricultura urbana

¿En qué consiste la agricultura urbana, un fenómeno de uso del espacio cada vez más común en las ciudades del hemisferio Norte y del Sur?

Perspectiva | La ciudad productiva: el gran momento de la agricultura urbana | Marzo 2016

=SERIE ESPECIAL SOBRE AGRICULTURA URBANA=

Este texto fue desarrollado junto a André Viljoen


Es innegable que durante los últimos 20 años, aproximadamente, la agricultura urbana se ha vuelto cada vez más común en numerosas áreas urbanas del hemisferio Norte mientras que en el hemisferio Sur ha sido practicada por largo tiempo como respuesta a problemáticas sociales, ambientales y económicas. Se la entiende comúnmente como un movimiento y como una tipología urbana de uso del espacio.

Debido a su veloz desarrollo, existen distintas interpretaciones del término que logran captar matices dentro de diferentes contextos. Entre ellas se destacan dos definiciones: una, a partir de la influyente publicación Urban Agriculture: Food, Jobs and Sustainable Cities [Agricultura urbana: alimentos, empleo y ciudades sostenibles] creada y editada en 1996 por Jac Smit con Annu Ratta y Joe Nasr para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y la otra, de Luc Mougeot, que en 2001 ofreció una extensión de la anterior, destacando que es «su integración en el sistema económico y ecológico urbano» (Mougeot 2001: 9) lo que diferencia la agricultura urbana de la agricultura rural en lugar de su ubicación urbana solamente:

La agricultura urbana es una industria que produce, procesa y comercializa alimentos y combustibles, en gran parte como respuesta a la demanda diaria de los consumidores dentro de un pueblo, ciudad o metrópolis, tanto en tierra como en agua, distribuida en toda el área urbana y peri-urbana, aplicando métodos de producción intensiva, utilizando y reutilizando recursos naturales y residuos urbanos para producir una diversidad de cosechas y ganado. (Smit et al. 1996)
La agricultura urbana es una industria ubicada dentro (intraurbana) o en la periferia (periurbana) de un pueblo, una ciudad o una metrópoli, que crece y cultiva, procesa y distribuye una diversidad de productos alimentarios y no alimentarios (re)utilizando principalmente los recursos humanos y materiales, los productos y servicios que se encuentran en y alrededor de ese área urbana, y suministra a su vez recursos, productos y servicios humanos y materiales principalmente a esa área urbana. (Mougeot 2001: 10)

Las definiciones de Smit y Mougeot son hoy en día las más comúnmente utilizadas, y las valoramos por su sencillez, apertura e inclusión implícita de un enfoque de la cuna a la cuna [cradle to cradle]1. Los límites de ambas definiciones —«agricultura urbana» como un enfoque principalmente ecológico y basado en la producción para el cultivo de alimentos— han superado, no obstante, sus propios desafíos a medida que más personas de diversos orígenes se dedican a esta práctica. Así han aumentado la gama de lugares reales, objetivos cualitativos y cuantitativos, modelos económicos, actividades y tipos de productos incluidos en proyectos de cultivo de alimentos urbanos. Esto, por ejemplo, dio lugar a la necesidad de un entendimiento amplio de la palabra «industria». Para una discusión abierta y pública esta es una buena señal, que demuestra no solo el concepto sino también una voluntad y un interés generales en hacerlo útil para diferentes contextos urbanos internacionales.

La agricultura urbana y periurbana es actualmente el término alternativo más utilizado, aunque el rasgo periurbano ya está contenido en la definición original del PNUD. Este término se refiere a la actividad de cultivo de alimentos con mayor precisión según la ubicación, destacando que a menudo son las áreas en las afueras de las ciudades las que se utilizan debido a la disponibilidad de sitios más grandes y su proximidad a la infraestructura agrícola existente. Es más fácil de usar este término hoy de lo que era hace 10 o 20 años, cuando era de suma importancia para argumentar que la producción de alimentos debía ser llevada nuevamente al centro de los tejidos urbanos en lugar de empujarla a sus periferias.

Muchas áreas urbanas de Europa y América del Norte —donde se localiza la mayor parte de nuestro trabajo— son, en realidad, conglomerados de una o más ciudades pequeñas, áreas suburbanas y territorio abierto sin litoral, a menudo con un pasado agrícola. En estas regiones metropolitanas, la distinción entre lo urbano y lo periurbano puede ya no ser útil. Por otra parte, un sistema alimentario urbano para la región de una ciudad no existe en forma aislada, sino que interactúa con su entorno rural a un grado tal que cuanto mejores son estas interacciones, mejor será la comida disponible. Por ello, algunos investigadores hablan no de agricultura urbana, sino de «agricultura metropolitana» (REOS 2011).

No es ni posible ni deseable alimentar una ciudad únicamente a través de la agricultura urbana. Sin embargo, las relaciones coordinadas y bien administradas entre las agriculturas urbana, rural e internacional pueden dar lugar a un sistema alimentario urbano ambientalmente óptimo y equitativo. En nuestro libro de 2005 sobre paisajes urbanos productivos continuos (CPUL por su sigla en inglés), hemos abogado por una mezcla de espacio urbano abierto que utiliza agricultura urbana, así como una mezcla de alimentos de diversos orígenes para el consumidor urbano (Viljoen 2005). Allí presentamos estimaciones de potencial de autosuficiencia en frutas y verduras de aproximadamente 30%. Posteriormente han sido calculadas cifras similares por otros planificadores e investigadores, por ejemplo, Michael Sorkin (Sorkin 2012), Mikey Tomkins (Tomkins 2009) y el arquitecto Joe Lobko, que presentaron estos hallazgos para un desarrollo de viviendas en la Conferencia de la Asociación de Arquitectos de Ontario de 2011, celebrada en Toronto. Parece ser que los términos “agricultura urbana” y “cultivo urbano de alimentos” tienen más directamente en cuenta este interés en el rendimiento absoluto. En este caso, la acción de cultivar tiene prioridad sobre la consideración espacial o territorial, y los términos se encuentran con frecuencia en la literatura sobre agricultura en huertos comunitarios y alquilados, así como en programas de educación.

  • 1.

    En 2002, el químico Michael Braungart y el arquitecto William McDonough propusieron redefinir la forma de usar los objetos, pasando de una lógica de “la cuna a la tumba” a una de “la cuna a la cuna”. Con este nuevo concepto de la ecología se quiere incorporar todos los impactos ecológicos de la producción de un objeto para reducir su costo ambiental desde un principio.