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Marvin Ortega

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Tema central
Nueva Sociedad NUSO 91 Septiembre - Octubre 1987

Revolución y pluralismo. Experiencias en la revolución sandinista

La revolución nicaragüense lucha por sostener un modelo democrático y pluralista en tránsito al socialismo. Para el autor, este esfuerzo tiene su principal eje en las tradiciones pluralistas y antidictatoriales del pueblo, expresadas especialmente en sus partidos, que son los partidos de la izquierda. En este trabajo se analizan los elementos que confluyen en favor del pluralismo, señalándose entre otros, las fuentes pluralistas al interior del FSLN, los perfiles de identidad propia en los partidos de izquierda y los reclamos de autonomía de los sectores populares que, integrados o no a la revolución, pugnan por el sostenimiento de un modelo pluripartidario de izquierda.

Análisis
Nueva Sociedad NUSO 83 Mayo - Junio 1986

La reforma agraria sandinista

Lo primero que debemos señalar es que cuando se habla de reforma agraria en Nicaragua, nos estamos refiriendo a una acción promovida y dirigida por el FSLN desde la dirección del gobierno revolucionario. De allí que para conocer los objetivos que se plantea la reforma agraria sandinista debemos comenzar con los planteamientos del FSLN. En la historia de esta organización encontramos dos visiones sobre la reforma agraria, una en el programa histórico del FSLN en 1969, y la otra presente en la primera proclama del Gobierno de Reconstrucción Nacional en 1979. En ambas se contempla la necesidad de transformar las estructuras de tenencia de la tierra, conceder crédito, asistencia técnica y servicios sociales al campesinado, privilegiándose en ambas las formas asociativas de producción. En los dos casos se trata de una visión revolucionaria de la reforma agraria. Sin embargo, entre las dos se encuentra una diferencia muy importante. En el programa histórico del FSLN, la reforma agraria está ideada para liquidar el latifundio, fuera éste de tipo capitalista o feudal. Con este programa el FSLN invitó al campesinado desde la década del 60 a integrarse a la lucha armada contra la dictadura somocista. Diez años más tarde, en 1979, en la primera proclama del Gobierno de Reconstrucción Nacional, desaparece la promesa de destruir todo latifundio, y la afectación se limita a las propiedades de la familia Somoza, el mundo de corrupción que la rodeaba, así como las tierras ociosas y en abandono. En esta oportunidad el programa pretende ampliar la base antisomocista con todas las fuerzas susceptibles de enfrentarse a la dictadura, incluyendo a terratenientes capitalistas y de tipo feudal. En este sentido, las diferencias entre estas dos concepciones, que si bien responden a situaciones políticas diferentes, van a marcar los ritmos de avance de la reforma agraria, pues el fondo de tierras a distribuirse se ve limitado por la alianza de clases, al mismo tiempo que permite sobrevivir a la gran propiedad terrateniente.