El Partido Socialdemócrata sueco ganó las elecciones por un margen mínimo, tras cuatro años de gobierno conservador, con la extrema derecha como socia de facto. Pero la virtual primera ministra progresista, Magdalena Andersson, deberá sostenerse sobre una coalición frágil e ideológicamente heterogénea. El país que alguna vez encarnó la utopía igualitaria hoy enfrenta una desigualdad creciente y un debilitamiento de su tradicional Estado de bienestar.