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Gustavo Martin

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Tema central
Nueva Sociedad NUSO 82 Marzo - Abril 1986

Magia, religión y poder. Los cultos afroamericanos

Las creencias y practicas mágico-religiosas constituyen un medio privilegiado para expresar realidades o conflictos que ocurren mas allá de sus límites. En este trabajo intentamos demostrar como el poder (o el contrapoder) político se vale de los cultos para expresarse, legitimarse y proyectar oposiciones que de otra forma estallarían con grave riesgo para los detentadores del poder e, incluso, para la sociedad en general. En el caso de los cultos afroamericanos esta legitimación del poder esta referida al carácter de "recurso de contramodernidad" (Balandier) que estos cultos poseen. Se trata de legitimar la resistencia a la aculturación impuesta de exaltar hasta el paroxismo los valores propios en contra de las normas y costumbres occidentales; y aun cuando estos grupos y culturas dominadas tengan que adoptar las formas externas (medios) que impone la cultura dominante, la racionalidad implícita (fines) siguen siendo la de la cultura dominada. Los antropólogos y etnopsiquiatras hablan en estas situaciones de "aculturación antagonista" (Devereux) y los politólogos y juristas de "formalismo normativo" (Rey). En todo caso, esta situación permite explicar un conjunto de realidades latinoamericanas que van desde el arte barroco hasta el populismo, pasando por el sincretismo religioso, en el cual los santos católicos beben ron y bailan al compás de tambores de origen africano. Uno de los rasgos mas típicos de estos cultos afroamericanos son los ritos de posesión, analizados en múltiples perspectivas por los diferentes especialistas de las ciencias del hombre. Además del valor terapéutico o catártico que poseen, también presentan una dimensión cognitiva que se refiere a la capacidad de tornar concretos y naturales a los seres abstractos y sobrenaturales, e indiscutiblemente, también esta presente en ellos una finalidad política que se expresa en la posibilidad de proyectar y resolverlos conflictos y luchas del mundo social cotidiano en un mundo imaginario que es vivido como real. Otra de las características resaltantes de estos cultos que analizamos es su organización sobre la base de un esquema de secta o sociedad secreta - situación menos evidente en el caso del culto de María Lionza - asignándole gran importancia al hermetismo, lo cual las lleva a fomentar su carácter de microsociedad y a generar formas de distancia social.