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Viejas y nuevas derechas religiosas en América Latina: los evangélicos como factor político

América Latina tiene una larga tradición de presencia evangélica, pero en las últimas décadas esta ha dado un salto significativo, especialmente en su versión pentecostal. Ese crecimiento ha fortalecido su capacidad de influencia en la agenda pública a través de partidos evangélicos o, más a menudo, mediante asociaciones «provida» y «profamilia». Mientras que a comienzos del siglo XX la agenda evangélica bregaba por la separación de la Iglesia y el Estado, hoy sus posturas contra el avance de la «agenda gay» y la «ideología de género» acercan a estos grupos a los conservadores católicos en la lucha contra los cambios liberalizadores en la familia y en la sociedad.

Viejas y nuevas derechas religiosas en América Latina: los evangélicos como factor político

Las expresiones políticamente conservadoras del movimiento evangélico en América Latina han ganado notoriedad en los últimos años, en especial en su pertinaz lucha –en alianza con la jerarquía católica– contra la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario. Hasta ahora, gran parte del análisis social se ha centrado en describir este fenómeno más que en comprender cuál es su dinámica. Se han hecho algunos esfuerzos por estudiar su discurso1 y su identidad2, pero lo dominante es el tono descriptivo.El propósito de este artículo es avanzar en la comprensión de: a) los procesos históricos que han moldeado esta presencia evangélica conservadora en espacios públicos y b) la forma en la cual los actores religiosos establecen un «cosmos sagrado» y cómo esta construcción es la base para asumir posiciones políticas. Se plantea que las posiciones de los evangélicos políticamente conservadores tienen su base en procesos de construcción de su «cosmos sagrado», lo que genera en ellos afinidades con discursos refractarios al cambio social.

Al tratar de ofrecer una visión panorámica sobre las posturas conservadoras en el movimiento evangélico latinoamericano, es inevitable una perspectiva un tanto esquemática que simplifica los matices y las complejidades del fenómeno. Sin embargo, se recurre a esta perspectiva en aras de facilitar un primer acercamiento global a esta problemática.

La larga presencia evangélica en espacios políticos de América Latina

De manera esquemática, es posible distinguir cuatro etapas de la presencia evangélica en espacios políticos de América Latina: a) la lucha por la libertad de conciencia a fines del siglo XIX y principios del XX; b) la polarización ideológica en las décadas de 1960 y 1970; c) la emergencia de «partidos políticos evangélicos» en la redemocratización de los años 80 y 90; y d) los movimientos «profamilia» y «provida» de principios del siglo XXI.

La lucha por la libertad de conciencia a principios del siglo XX. Con un carácter marcadamente liberal, el protestantismo de fines del siglo XIX e inicios del XX se involucró en la lucha por la separación de la Iglesia católica del Estado y por la libertad de conciencia. A través de la prensa, importantes representantes evangélicos tomaron la palabra en el debate sobre el Estado laico. En una alianza con los partidos liberales en el poder, ayudaron a limitar la influencia de la Iglesia católica y a eliminar algunos de sus privilegios jurídicos3. En esos años, los sectores que adherían al protestantismo eran principalmente segmentos sociales en transición: pequeños comerciantes y artesanos, profesionales libres y migrantes europeos4. El tradicional cosmos sagrado católico, heredero de la Colonia, ya no daba sentido a sus cambiantes relaciones económicas y sociales, y en cambio encontraron en el protestantismo la oportunidad de resignificar religiosamente su mundo, mediante dinámicas de racionalización e individualización acordes a su inserción competitiva en los mercados urbanos. Las iglesias protestantes requerían espacios culturales, legales y políticos que permitieran al individuo mayor libertad en sus opciones no solo religiosas sino también económicas y sociales. Y no fue casual que estas demandas se proyectaran al ámbito público y al debate político de entonces, apuntando a un Estado laico. Durante estos primeros años, la presencia evangélica en espacios políticos puede ser tipificada en términos generales como «progresista».

La polarización ideológica de las décadas de 1960 y 1970. Las iglesias evangélicas en América Latina no fueron ajenas a la polarización ideológica de los convulsionados años 60 y 70. Si bien un pequeño segmento se comprometió con la lucha por los derechos humanos y por el socialismo, aportando al desarrollo de la Teología de la Liberación, la mayoría asumió una postura entre pasiva y legitimadora de las dictaduras militares de entonces5.

La inicial industrialización de América Latina posterior a la crisis de los 30 y hasta los años 50 y 60 tuvo dos consecuencias que nos interesan: por un lado, amplió las clases medias; por el otro, promovió una masiva migración rural hacia las urbes6. Estos vastos sectores sociales en transición requerían de nuevos marcos interpretativos que dieran sentido a sus cambiantes condiciones de vida, y en este contexto las iglesias evangélicas se multiplican7. En ellas, del cosmos sagrado basado en la libertad individual del protestantismo liberal de inicios del siglo XX se pasa, por un lado, a la construcción de un cosmos centrado en la obediencia, el orden y la disciplina (en estratos urbanos empobrecidos) y, por el otro, a un cosmos festivo y efervescente en busca de reconocimiento (sobre todo en migrantes campesinos que engrosan el creciente movimiento pentecostal)8.Estos espacios religiosos cuyos integrantes desarrollan predisposiciones de trabajo y disciplina que los ayudan a integrarse al mercado laboral urbano promueven también una postura «pasiva» o «desinteresada» en «la política»9, es decir, una actitud de no confrontación con el poder político y económico. Proliferan, entonces, discursos religiosos de «obediencia a las autoridades» y de «trabajo responsable». En su gran mayoría, desde la pasividad, las iglesias evangélicas aceptaron como la mejor opción los regímenes militares de entonces.

Redemocratización y partidos políticos confesionales en los 80 y 90. La redemocratización y la «década perdida» de los 80 se entrecruzan en América Latina. La crisis económica deviene en inestabilidad laboral, familiar y, por tanto, existencial10. Miles de personas ingresan a las iglesias evangélicas, principalmente, con una orientación emotivo-efervescente de corte comunitario (pentecostales) o de corte individual intimista (neopentecostales). La motivación central para el ingreso en estas comunidades de fe es «recuperar» la estabilidad emocional y mantener «unida» a la familia tradicional (nuclear, heterosexual y patriarcal), amenazada por los cambios sociales y culturales de fines de siglo11.

  • 1. Julio Córdova Villazón: sociólogo. Realizó varios estudios sobre movimiento evangélico, cultura, política y derechos sexuales y reproductivos en Bolivia. Dirige la consultora Diagnosis, dedicada a la investigación sobre desarrollo social y opinión pública.Palabras claves: conversión, cosmos sagrados, derecha religiosa, pentecostalismo, protestantismo, América Latina.. Laura Fuentes: «Afirmar la autonomía reproductiva en la disidencia religiosa» en Íconos N° 45, 1/2013, pp. 59-74.
  • 2. Marcos Carbonelli, Mariela Mosqueira y Karina Felitti: «Religión, sexualidad y política: intervenciones católicas y evangélicas en torno al aborto y el matrimonio igualitario» en Revista del Centro de Investigación No 36, 7-12/2011, pp. 25-43.
  • 3. Carlos Mondragón: «Protestantismo y poder en América Latina. Minorías religiosas, laicismo y cultura política» en Espacios de Diálogo No 2, 4/2005, pp. 93-114.
  • 4. Jean Pierre Bastian: La mutación religiosa de América Latina, Fondo de Cultura Económica, México, df, 1997.
  • 5. David Stoll: ¿América Latina se vuelve protestante?, Abya-Yala, Quito, 1990.
  • 6. A partir de 1930, la expansión urbana en América Latina se aceleró. De 1940 a 1960 la población urbana aumentó de 33% a 44%. En 1990, la proporción llegó a 72%. Ver Alan Gilbert: «El proceso de urbanización» en Gregorio Weinberg (dir.): Historia general de América Latina vol. 8, Unesco / Trotta, París-Madrid, 2008, pp. 129-149.
  • 7. Si hasta la crisis de 1930, en la mayoría de los países de América Latina el movimiento evangélico era minúsculo, a partir de los cambios sociales generados por esta recesión se produce un crecimiento exponencial de agrupaciones evangélicas. De ser menos de 2% de la población pasan a ser en 2013 entre 5% (en Paraguay) y 40% (en Guatemala), con porcentajes significativos en gran parte de América Central (entre 30% y 40%) y en algunos países de América del Sur como Chile (25%) y Brasil (21%). Se trata de un crecimiento paralelo a la constante disminución de católicos, que de ser más de 95% antes de 1930 disminuyeron en 2013 a 67% de la población, en un continente considerado tradicionalmente como «católico». Corporación Latinobarómetro: Las religiones en tiempos del papa Francisco, Corporación Latinobarómetro, Santiago de Chile, 16 de abril de 2014.
  • 8. David Martin: «Otro tipo de revolución cultural. El protestantismo radical en Latinoamérica» en Estudios Públicos No 44, primavera de 1991, pp. 39-62. El movimiento pentecostal es la expresión mayoritaria entre las comunidades evangélicas en América Latina. Se caracteriza por una espiritualidad fundamentalmente emotiva, con experiencias extáticas en el culto (don de lenguas, curaciones milagrosas, danzas, etc.) y por su cultura con predominio de lo oral, que le permite adaptarse a los diferentes contextos socioculturales del continente.
  • 9. En su clásico estudio sobre el pentecostalismo chileno, Christian Lalive d’Epinay denomina a esta postura política como «huelga social». C. Lalive d’Epinay: El refugio de las masas. Estudio sociológico del protestantismo chileno, Editorial del Pacífico, Santiago de Chile, 1968.
  • 10. Entre 1970 y 2000 se producen profundas transformaciones en la estructura familiar tradicional en América Latina: los divorcios se incrementan en 170% y el porcentaje de personas en unión libre se incrementa de 12,5% a 33%, sobre todo entre personas con niveles de instrucción altos. La edad del inicio de la actividad sexual se mantiene en torno de los 16 años, pero la edad de nupcialidad se posterga desde un promedio de 21 años hasta los 30. Todas estas tendencias ponen en cuestión el modelo tradicional de familia monogámica, heterosexual y nuclear. Julieta Quilodrán: «¿Un modelo de nupcialidad postransicional en América Latina?» en Georgina Binstock y Joice Melo Viera (coords.): Nupcialidad y familia en la América Latina actual, unfpa / Alap, Río de Janeiro, 2011, pp 11-34.
  • 11. Heinrich Schäfer: «La generación del sentido religioso: Observaciones acerca de la diversidad pentecostal en América Latina» en Daniel Chiquete y Luis Orellana (eds.): Voces del pentecostalismo latinoamericano iii: teología, historia, identidad, emw / cetela, Santiago de Chile, 2009, pp. 45-72.