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¿Valió la pena?: guerras civiles y democracia en Centroamérica. A propósito de «Revoluciones sin cambios revolucionarios», de Edelberto Torres-Rivas

A partir de la lectura del libro más reciente de Edelberto Torres-Rivas, es posible recorrer los conflictos y las guerras civiles que vivieron Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Los legados coloniales y la persistencia del Estado oligárquico fueron moldeando a los actores políticos y sociales que se enfrentaron en un contexto internacional definido por la Guerra Fría, en conflictos cuyo desenlace no dio lugar a grandes transformaciones revolucionarias. No puede negarse que las sociedades centroamericanas tienen enormes desafíos por delante; sin embargo, si se las compara con las del periodo estudiado por Torres-Rivas, se comprobará que no solo han cambiado, sino que están –a pesar de las dificultades– en mejores condiciones para hacerse menos injustas.

¿Valió la pena?: guerras civiles y democracia en Centroamérica. A propósito de «Revoluciones sin cambios revolucionarios», de Edelberto Torres-Rivas

En 1997, en un artículo titulado «Centroamérica, revoluciones sin cambio revolucionario»1, Edelberto Torres-Rivas realizó un balance preliminar de lo que fue el ciclo de movilización y luchas populares en Centroamérica, que llevó a guerras civiles en Nicaragua, El Salvador y Guatemala en las décadas de 1970 y 1980. Para ese entonces, y en palabras del autor reseñado, el ciclo revolucionario había terminado con la derrota del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en las elecciones de 1990, y con la firma de acuerdos de paz en El Salvador (1992) y Guatemala (1996).

«¿Qué cambió, qué cosas permanecieron, cuál es el sentido último de lo nuevo?», se preguntaba Torres-Rivas y respondía en 1997:

En general los militares se desacreditaron y se han reducido hasta un 15% en Nicaragua, un 50% en El Salvador, un 33% en Guatemala. La oligarquía, los dueños de la tierra, experimentaron reformas drásticas en los dos primeros (Nicaragua y El Salvador) y están teniendo, como ya sucedió en América Latina, una muerte política. Ahora hay un importante proceso de desarrollo democrático, elecciones libres, competencia partidaria, activación de la sociedad civil. (…) De las crisis de estos años el Estado salió aún más debilitado frente a una burguesía que no quiere pagar impuestos. La crisis fiscal, la inopia del sector público, complica la construcción de la paz. En el interior de la prepotencia del mercado, los ganadores son los banqueros y los dueños del capital especulativo (…) hay ahora más pobres y se generalizó el malestar. Las bases de la construcción democrática son endebles. Pero hay un cierto optimismo porque por vez primera, en cuatro países de la región, hay una generación que está viviendo una condición de paz, sin dictaduras ni autoritarismos. Una experiencia nueva que tal vez alimente un poco de esperanzas. No obstante, una interrogante maldita nos quita el sueño: una estela de dolor y sacrificio fue la contribución de aquellos en cuyo nombre la guerrilla se alzó contra el orden establecido. ¿Valió la pena, para dejar en el camino 300.000 muertos, un millón de refugiados, 100.000 huérfanos?

Quince años después, el panorama político ha cambiado en la región. En Nicaragua, el FSLN volvió al gobierno, encabezado nuevamente por el comandante Daniel Ortega; en El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) alcanzó la Presidencia con una coalición en 2009; y en Guatemala, un general que dirigió operaciones de contrainsurgencia durante la década de 1980 fue elegido presidente en 2011. En ese contexto, Torres-Rivas vuelve a reflexionar sobre el ciclo revolucionario en Centroamérica y nos ofrece un libro de 500 páginas en el que presenta una interpretación teórica, política y personal que esboza una respuesta a esta «interrogante maldita» que lo ha acompañado en los últimos años: ¿valió la pena?

La aproximación teórica, sociohistoria desde el Estado

Aunque existe una cantidad abundante de libros y artículos académicos, así como testimonios dedicados al tema de las guerras civiles en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, son relativamente pocos los trabajos recientes que abordan la región en su conjunto. En la mayoría de estos prevalece una visión desde la política que ha tendido a enfatizar la conformación y el comportamiento de los actores en conflicto.En el caso de Revoluciones sin cambios revolucionarios. Ensayos sobre la crisis en Centroamérica2, Torres-Rivas optó por una perspectiva que pone en el centro del análisis el Estado. Esta aproximación, denominada «estadocéntrica» por el autor, parte de una definición amplia de Estado que incluye los problemas de dominación y la estructura política y administrativa que permite cierta dirección de los asuntos públicos. Así, es en el interior del Estado donde se constituyen las clases sociales, y en torno de este los actores políticos –que tienen una relación problemática con las clases– interactúan, se posicionan y se enfrentan.

Para realizar este recorrido por la historia del Estado y las sociedades de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, Torres-Rivas revisitó la discusión sobre las diferencias y coincidencias entre la sociología y la historia para proponer una perspectiva sociohistórica que posibilite «reunir dos visiones diferentes, resultado de la observación directa de lo actual y la evidencia indirecta del pasado (…). El supuesto plausible fue que la historia contiene el registro de los éxitos y fracasos que persisten hasta hoy en día»3.

El tipo de Estado, y sobre todo la forma en que se ejerce la dominación, está definido por la contienda entre quienes defienden el orden establecido y quienes lo cuestionan. La violencia como forma de dirimir el conflicto fue el resultado de esta contradicción. La crisis política y la violencia insurgente «encuentran su explicación última en el rechazo a la incapacidad (imposibilidad) del Estado oligárquico para ordenar la vida política por medio de las maneras democráticas»4. Las insurgencias en estos países se configuraron en oposición a esos Estados. Para entender la conformación del Estado al que se enfrentaron las guerrillas, el autor parte de los Estados centroamericanos actuales, en los que se identifican varias características y rasgos que son resultado de sus historias. Al igual que otros especialistas, Torres-Rivas sostiene que en la conformación de estos Estados existe un núcleo «colonial» que impregnó a las sociedades: el establecimiento de jerarquías sociorraciales por las que los pueblos indígenas fueron subalternizados en todas las esferas de la praxis social. En lo económico, estos se convirtieron en los sujetos privilegiados de la explotación, primero como esclavos, luego como tributarios y trabajadores forzados –condición que se mantuvo hasta muy avanzado el siglo XX–, y en la actualidad como el grupo de población mayoritariamente excluido. En lo político, se pasó de la exclusión absoluta a la ciudadanía restringida, para llegar hoy a una suerte de bloqueo en el que la interacción entre el diseño institucional y la cultura política limitan la participación de los pueblos indígenas, tanto como sujetos colectivos como en su calidad de ciudadanos. Estas relaciones sociorraciales tienen mayor continuidad en Guatemala, donde se concentra el mayor porcentaje de población indígena de la región, aunque está presente también en Nicaragua y es un factor clave para entender la matanza de 1932 en El Salvador5.

  • 1. Ricardo Sáenz de Tejada: antropólogo social guatemalteco. Es coordinador de programas de la Fundación Friedrich Ebert (fes) en Guatemala y profesor universitario.Palabras claves: democracia, conflicto armado, Estado oligárquico, Edelberto Torres-Rivas, Centroamérica.. En Nueva Sociedad No 150, 7-8/1997, disponible en www.nuso.org/upload/articulos/2612_1.pdf.
  • 2. F&G Editores, Guatemala, 2011.
  • 3. Ibíd., p. 16.
  • 4. Ibíd., p. 15.
  • 5. Ver Erik Kristofer Ching, Carlos Gregorio López Bernal y Virginia Tilley: Las masas, la matanza y el martinato en El Salvador, uca, San Salvador, 2011.