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Una obra para varios elencos. Apuntes sobre la estabilidad del neoliberalismo en el Perú

Si bien la victoria de Ollanta Humala pareció integrar al Perú en el bloque posneoliberal, la ruptura con el ala izquierda del frente político que lo postuló alineó al gobierno con la conservación del orden vigente. La cohesión de las elites empresariales desde los años 80, a la que contribuyeron el temor a las izquierdas y la renovación ideológica neoliberal promovida entre otros por Hernando de Soto, explica la estabilidad del neoliberalismo peruano, alimentado por el crecimiento económico y la expansión de la economía extractiva. Así, hoy pervive un macroarreglo institucional de matriz neoliberal que parece inconmovible, aunque parte de la opinión pública se manifieste en favor de proyectos alternativos.

Una obra para varios elencos. Apuntes sobre la estabilidad del neoliberalismo en el Perú

Con el triunfo de Ollanta Humala en mayo de 2011, el Perú parecía integrarse al llamado «giro progresista» que atravesó la región desde la victoria de Hugo Chávez en Venezuela a fines de 1998. Sin embargo, luego de la ruptura de Humala con el ala izquierda de su coalición, encabezada por su ex-primer ministro Salomón Lerner, y habiendo transcurrido un poco más de la mitad de su gobierno, resulta claro que el presidente peruano prefirió mantener las alianzas políticas y las orientaciones básicas que vienen gobernando el país desde los años 90. En palabras de Alberto Vergara, existe en el Perú un «macroarreglo institucional» surgido con la promulgación de la Constitución de 1993 y que se ha mantenido inalterado en sus líneas fundamentales. Dicho arreglo ha establecido una serie de pautas de relación entre el Estado, el mercado y la sociedad civil que se expresan en la esfera política en el texto constitucional y en la esfera económica en el modelo de desarrollo neoliberal1.

El «giro progresista» de gran parte del continente parece incapaz de permear la política peruana, o siquiera de desestabilizar ese macroarreglo institucional. En este contexto, la derecha –como coalición no solo política sino también social que participa activamente en su sostenimiento– parece vivir en un proceso de consolidación continuo. Pero ¿cómo se explica la fortaleza de estos acuerdos y coaliciones? ¿Por qué la resiliencia de la derecha peruana?

A lo largo de este artículo, se prestará atención a dos atributos definitorios de los movimientos de derecha. En primer lugar, son organizaciones cuyo núcleo electoral pertenece a los estratos social y económicamente más altos. Por dicho núcleo se entiende aquel círculo dentro del movimiento capaz de definir las orientaciones ideológicas del partido, sus posiciones programáticas, y que además gestiona una parte significativa de sus finanzas. En segundo lugar, son organizaciones que, en contextos de democracia electoral, son obligatoriamente policlasistas. Es decir que si bien las elites, por definición siempre minoritarias, tienen un peso singular en estas organizaciones, están obligadas a construir coaliciones que las excedan para enfrentar exitosamente los procesos electorales2.

La renovación de la derecha peruana

El origen del actual ciclo de la derecha peruana debe rastrearse hasta la década de 1980, cuando se produjeron algunas de las condiciones que posibilitaron su posterior reconsolidación: a) las elites económicas aumentaron su cohesión; b) se desarrolló una ideología que actuó como herramienta eficaz para la construcción de una coalición policlasista; y c) se produjo una coyuntura crítica favorable para estos sectores políticos. Conceptualizar la derecha en una versión gibsoniana permite prestar atención simultáneamente a dos escenarios distintos: las elites y los votantes3.En enero de 1980 se iniciaba un nuevo gobierno civil. El Perú de la década previa estuvo inmerso en un profundo proceso de radicalización. El gobierno militar reformista de Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y un conjunto de movimientos políticos sindicales y sociales, desde la base, habían provocado un cimbronazo en el país4. Las agrupaciones de izquierda clasista y revolucionaria se habían multiplicado durante la década de 1970, el movimiento sindical había crecido exponencialmente, la Teología de la Liberación se había expandido con fuerza en las comunidades de base así como entre la jerarquía de la Iglesia católica, y los campesinos estaban inmersos en un radical proceso de reforma agraria. Pese al abrupto final de la experiencia velasquista y su recambio por un gobierno militar conservador, el Perú y sus estructuras sociales no volverían a ser las mismas. Como señalaba en 1989 Desco, un think tank vinculado a las fuerzas de izquierda, en ese periodo

[l]a intervención del Estado en la economía, los derechos laborales, el cuestionamiento ideológico del capitalismo, el imperialismo y la dominación, son (...) conceptos francamente asentados en la cultura del país. Si a su vigencia añadimos el hecho de que las reformas del régimen de Velasco causaron verdadero terror en no pocos sectores del capitalismo en el país, podemos explicarnos los síntomas de inquietud y los afanes de recuperación del tiempo perdido.5

Ese terror, o si se quiere la certeza de la necesidad de iniciar el camino que permitiera a las elites económicas recuperar la conducción del país, fue lo que llevó a la gestación de una nueva generación de intelectuales que renovaría tanto en contenidos como en formas a la derecha nacional. En 1978, al calor de la transición puesta en marcha por el régimen militar, regresaron al país dos intelectuales fundamentales del neoliberalismo peruano: Hernando de Soto y Felipe Ortiz de Zevallos6.Como señaló Ortiz de Zevallos en ese año, durante la Conferencia Anual de Empresarios (CADE) –un encuentro que reúne hasta hoy al poder político y empresarial–, se necesitaba de una elite que pudiera dirigir colectivamente el país y que estuviera formada tanto en «las artes eternas del gobierno» como en «el conocimiento técnico para la puesta en marcha de un Estado moderno». Como apuntó Francisco Durand, «la idea del proyecto alternativo de poder era ya clara»7.

A su llegada a Lima, De Soto combinaría su trabajo en una empresa minera con la difusión del pensamiento neoliberal. Para ello organizó dos seminarios, en 1979 y 1981, cuyos protagonistas fueron importantes miembros de la Sociedad Mont Pelerin (SMP). El primero, titulado «Democracia y economía de mercado»8, contó con la presencia de Friedrich Hayek, la figura más importante de la SMP; en el segundo, participó estelarmente Milton Friedman.

Para Desco, estos encuentros obedecían a un doble propósito: a) «dotar de ideología a nuestra clase empresarial» y b) deshacerse de la «indigestión de las ideas generalizadas de la izquierda», tal como afirmó el orador final de aquel encuentro y cabeza del Partido Popular Cristiano, Luis Bedoya9.

Luego de estos encuentros, De Soto se abocó al desarrollo del Instituto Libertad y Democracia, organización que había creado con la ayuda de importantes personajes relacionados con la SMP. En los años siguientes, De Soto delineó el marco ideológico dentro del cual las elites podrían emprender la búsqueda de apoyos electorales necesarios para su proyecto10. El otro sendero, escrito en 1984, significó una reinterpretación de la crisis que vivía el país y de su historia. Proponía la desaparición de los clivajes clasistas y populistas que habían dominado la escena intelectual y, hasta cierto punto, la escena política hasta ese momento, y proponía una nueva división del mapa social donde los empresarios –formales e informales– quedaban enfrentados al precario Estado nacional-popular construido11. Al inicio de esta sección mencionamos que la cohesión que las elites económicas peruanas alcanzaron durante la década de 1980 resulta un factor relevante para entender los orígenes del actual ciclo de la derecha peruana. Durante los años 70 se habían producido hasta dos intentos infructuosos de unidad gremial dentro de las elites económicas nacionales. Pero el tercer intento, ya en los años 80, finalmente logró corporizarse en la Confederación Nacional de Empresarios Peruanos (Confiep), que consiguió agrupar a la totalidad de cámaras empresariales relevantes de la economía nacional. El éxito de esta experiencia gremial era en parte consecuencia de los aprendizajes anteriores. En la fundación de la Confiep se prestó especial atención a la creación de un gremio que incluyera la totalidad de los gremios empresariales. Además, se estableció que ese gremio solo se movilizaría frente a cuestiones de interés general de sus asociados. Por otra parte, las circunstancias políticas de 1984, año de la fundación de la Confiep, representaban un formidable reto para los empresarios, pues otros sectores de la sociedad no solo enarbolaban proyectos alternativos para el país, sino que se encontraban fuertemente organizados12. Uno de estos proyectos resultaría victorioso en las elecciones de 1985. Alan García, líder del Partido Aprista, llegó con un programa económico heterodoxo de incentivo vía la demanda, intervención estatal y acuerdos sectoriales con los grandes empresarios. Sin embargo, a medida que la gestión fue avanzando y los acuerdos sectoriales no rendían los frutos esperados por el gobierno, la relación entre este y las elites económicas se tensó progresivamente. Esta tensión desembocó en el intento de estatización de la banca llevado a cabo en 1987.

  • 1. A. Vergara: «Alternancia sin alternativa: ¿Un año de Humala o 20 años de un sistema?» en Argumentos año 6 Nº 3, 7/2012.
  • 2. Edward Gibson: Class and Conservative Parties: Argentina in Comparative Perspective, The Johns Hopkins University Press, Baltimore-Londres, 1996.
  • 3. Kevin Middlebrook (ed.): Conservative Parties, the Right and Democracy in Latin America, The Johns Hopkins University Press, Baltimore-Londres, 2000.
  • 4. Entre las principales reformas del gobierno militar se incluyeron la reforma agraria, la expropiación de importantes empresas petroleras, la creación de empresas públicas en sectores estratégicos de la economía, el establecimiento de la comunidad industrial (obligatoriedad de la participación de los trabajadores en la gestión empresarial) y la expropiación de los principales medios de comunicación.
  • 5. «El simposio sobre Economía de Mercado. Una derecha en busca del tiempo perdido» en Quehacer No 2, 11-12/1979.
  • 6. Ortiz de Zevallos fundó el Instituto Apoyo y la revista Perú Económico, desde donde influyó en el debate económico e ideológico de los años 80. Por su parte, De Soto fundó el Instituto Libertad y Democracia, el think tank neoliberal más importante del país en los siguientes años.
  • 7. F. Durand: «La nueva derecha peruana: orígenes y dilemas» en Estudios Sociológicos vol. viii No 23, 1990.
  • 8. Si bien este seminario fue organizado por De Soto, fue auspiciado por el Instituto de Economía de Mercado vinculado al Partido Popular Cristiano (ppc) y la Fundación Konrad Adenauer, ligada a los demócratas cristianos alemanes. V. «El simposio sobre Economía de Mercado», cit.
  • 9. Ibíd.
  • 10. C.A. Adrianzén: «Neoliberalismo, redes de think tanks e intelectuales. Apuntes iniciales sobre el caso peruano», ponencia presentada en el coloquio «Pensar las derechas en América Latina en el siglo xx», Université Sorbonne Nouvelle - París 3, Université París 8 - Vincennes Saint-Denis y Universidad Nacional de General Sarmiento, París, 2014.
  • 11. C.A. Adrianzén: «De Soto y la (im)posible apuesta por un neoliberalismo popular» en Gonzalo Portocarrero et. al. (eds): Cultura política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica, Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú / Universidad del Pacífico / Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 2010.
  • 12. F. Durand: ob. cit.