Tema central

Un tema presente en la agenda brasileña

Las desigualdades de género y raza son ejes estructurantes de los patrones de pobreza e inequidad social. En Brasil, no son temas que afecten a pequeñas minorías, sino cuestiones que involucran a la mayoría de la población: mujeres y negros corresponden a 70% de la población económicamente activa (pea). El análisis detallado de los indicadores del mercado laboral revela que, a pesar de algunos avances recientes, las desigualdades entre hombres y mujeres, negros y blancos, siguen siendo importantes, tanto en términos de desempleo como de informalidad laboral, remuneraciones y acceso a la seguridad social. Desde el inicio del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, en 2003, se han implementado nuevas acciones orientadas a transversalizar las perspectivas de género y raza en las políticas públicas y enfrentar las desigualdades de manera integrada, aunque aún queda mucho por hacer.

Un tema presente en la agenda brasileña

Introducción

Cada vez resulta más claro que las desigualdades de género y raza en Brasil son ejes estructurantes de los patrones de pobreza e inequidad social. Como banderas características de los movimientos sociales surgidos en el país desde mediados de los 70 y comienzos de los 80, en un contexto de lucha contra el régimen autoritario, la defensa de los derechos de las mujeres y de la población negra, y la promoción de la igualdad de género y raza, comenzaron a adquirir desde 2000 una presencia cada vez más importante en las políticas públicas.

Un punto intermedio en esa trayectoria fue sin dudas la Constitución Federal de 1988, que recientemente cumplió 20 años. No solamente por lo que está plasmado en su texto, sino también por el proceso de movilización y discusión, intra- y extraparlamentaria, que le dio origen, en el cual jugaron un papel muy importante tanto el movimiento negro como el movimiento de mujeres. La «Constitución Ciudadana», como se la llama hasta hoy, establece que la ciudadanía y la dignidad de la persona humana son principios estructurantes del Estado democrático y de derecho, y proclama la necesidad de promover el bien de todos, sin prejuicios de origen, raza, sexo, color, edad y cualquier otra forma de discriminación (artículo 5, inciso IV). Define el racismo como un crimen «no afianzable e imprescriptible» (artículo 5, inciso XLII) y crea la figura jurídica de los «remanentes de quilombos», a los que se les reconoce el derecho a la propiedad definitiva de sus tierras. En lo referente a las relaciones de género, además de la ampliación de la licencia por maternidad de 90 a 120 días, de la institución de la licencia por paternidad y del derecho a la jubilación para las empleadas domésticas, la Constitución establece la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en la sociedad conyugal (artículo 227, inciso V) y el derecho a la titulación de la tierra para las mujeres en caso de reforma agraria.

El objetivo de este artículo es discutir algunos aspectos de esa trayectoria y los desafíos actuales para la promoción de la igualdad de género y raza en Brasil. Comienza con una breve discusión sobre las interrelaciones entre las cuestiones de género y raza y la importancia de analizar las desigualdades que se estructuran en torno de esas dimensiones en el mercado de trabajo brasileño para entender la matriz de la desigualdad social en el país. Analiza algunas de las tendencias en la evolución de ambas desigualdades en la última década y media y presenta, finalmente, los principales avances y desafíos para su tratamiento desde las políticas públicas.

Las interrelaciones entre género, raza y desigualdad social

Las desigualdades y la discriminación por género y raza en Brasil no son temas que afecten a minorías, sino cuestiones que involucran a grandes mayorías: mujeres y negros correspondían, en 2006, a 71,8% de la población económicamente activa (PEA) de 16 años y más (aproximadamente 68 millones de personas). Por lo tanto, lo que suceda con esa población tendrá una gran influencia en la evolución de los indicadores de pobreza, desigualdad social y mercado de trabajo.

Por otro lado, Brasil se ha caracterizado, en el último periodo, por una serie de avances en el tratamiento de la interrelación entre esas dos cuestiones y por una conciencia creciente (aunque no exenta de polémicas) respecto a que las desigualdades de género y raza constituyen ejes estructurantes de los patrones de pobreza, inequidad y déficit de trabajo decente. Esa tendencia se ha manifestado tanto en la producción y divulgación sistemática de indicadores y análisis sobre el tema como en las variadas formas de interlocución entre los movimientos negros y de mujeres, así como también en diversas experiencias de políticas públicas (en el ámbito federal, estadual y municipal) y en las estrategias y estructuras de organizaciones sindicales y empresariales. Las desigualdades y la discriminación por género y raza se construyen a partir de patrones diferentes de jerarquización y diferenciación de los individuos. Cada uno contiene elementos y tiene alcances propios, y en torno de ellos se construyeron históricamente distintas identidades, formas de organización y estrategias de acción. Es muy importante destacar las relaciones existentes entre esos patrones para entender mejor sus procesos de producción y reproducción y también para pensar adecuadamente políticas y estrategias que puedan contribuir a su superación.

Las desigualdades y la discriminación por género y raza no solo se suman, sino que se entrecruzan y se potencian, lo que se manifiesta claramente en el caso de las mujeres negras, que corresponden a 20,3% de la PEA (aproximadamente 19 millones de personas en 2006). Esa doble discriminación frecuentemente se agrava por la discriminación derivada del origen social.

La consideración de las categorías de raza y género debe basarse en la comprensión simultánea de la autonomía y la interrelación entre ellas. En términos más concretos: para analizar la situación de las mujeres en Brasil, es fundamental considerar que, además de la existencia de determinantes comunes a todas que derivan de su condición de género, existen también diferencias profundas y estructurales entre ellas, que derivan tanto del origen social como de la raza/color. Por lo tanto, la introducción de la dimensión racial es fundamental para ir más allá de los promedios y entender mejor la situación de las mujeres brasileñas en toda su diversidad. Lo mismo puede decirse de muchos otros países de América Latina, no solo en lo que se refiere a la cuestión racial (poblaciones negras o afrodescendientes) sino también a la cuestión étnica (poblaciones indígenas).

Por otro lado, como se podrá observar en los datos presentados a continuación, existen diferencias profundas y estructurales entre la situación de hombres y mujeres negros. Para entender el contexto de desventaja relativa vivida por estas últimas, es fundamental introducir en el análisis la dimensión de género, factor fundamental para explicar las barreras, dificultades y desventajas adicionales vividas por las mujeres negras en relación con los hombres negros.