Opinión

Un año de luto Tras la muerte del rey, en Tailandia se avecinan tiempos inciertos

La muerte de Bhumibol Adulyadej supone un shock para la sociedad tailandesa. El tablero político puede cambiar rápidamente

Un año de luto / Tras la muerte del rey, en Tailandia se avecinan tiempos inciertos

La muerte de Bhumibol Adulyadej, rey de Tailandia, el pasado 13 de octubre, no fue ninguna sorpresa. El monarca estaba gravemente enfermo hacía rato. Sin embargo, el país parece sumirse en una suerte de parálisis por el shock. ¿Cuál es el clima que impera allí en la actualidad?

En realidad, la muerte del rey Bhumibol no fue ninguna sorpresa. Sin embargo, constituye un quiebre histórico y un acontecimiento que conmueve profunda y personalmente a los tailandeses. El reinado de Bhumibol había comenzado en 1946, es decir, duró 70 años. Esto significa que prácticamente no hay tailandés que recuerde un tiempo sin este rey. Sus retratos están presentes por todo el país, antes de la proyección de cualquier película en el cine y en otros eventos públicos se ejecuta el himno real. El rey Bhumibol fue muy venerado. Muchos veían en él a una figura paterna y se dirigían a él como tal. La reacción de la población expresa el correspondiente dolor y desconcierto. Miles de personas se congregaron frente al sanatorio para orar por el rey y salieron a las calles a despedir sus restos, trasladados a la sala del trono del Gran Palacio Real. Todos los canales están obligados a emitir programas especiales sobre el rey. Se dispuso el duelo nacional, durante un mes no se celebrará ninguna festividad y se recomienda guardar luto por un año. Sin embargo, el país no está completamente parado. Aunque las calles están más solitarias y tranquilas, los negocios siguieron abiertos y la gente va a trabajar.

¿Por qué es tan importante mantener la monarquía constitucional cuándo, de hecho, el rey sólo tiene atribuciones representativas?

La monarquía constitucional tailandesa no es equiparable a las europeas que conocemos. El rey Bhumibol tenía de facto un papel esencialmente más importante que el de la mera representación. Una y otra vez –sobre todo en épocas de crisis–contribuyó a conducir los destinos del país. Intervino imponiendo en forma implícita y explícita su autoridad, lo cual le valió una fama de medidador que logra unir al país y a la población. Casi 30 gobiernos pasaron por el poder durante su reinado, algunos de ellos tras golpes militares. Mientras que la política se asocia por eso en amplios círculos con la inestabilidad, la monarquía y el propio rey Bhumibol fueron considerados como una instancia de continuidad y perdurabilidad.

La sucesión ya está en marcha, acorde con la voluntad del rey será su hijo, el príncipe Maha Vajiralongkorn. ¿Qué clase de desafíos deberá enfrentar?

En el tiempo que duró su mandato y con su actuación personal, el rey Bhumibol dejó una huella indeleble en el país y en el estatus de la monarquía tailandesa. Debido a esa conexión entre la persona y la institución, su muerte en principio deja un vacío, y el sucesor del trono deberá calzarse unos zapatos muy grandes.

Además, la transición llega en un período de radicales cambios sociales. Tailandia se encuentra desde años en una crisis de transformación en la que las estructuras de poder y de dominación tradicionales ya no se ajustan a las realidades sociales. Eso significa que los diversos intereses y aspiraciones así como los deseos de participación y cogestión de la población tailandesa, que se han articulado cada vez con más claridad desde principios de este siglo, hasta el momento no han tenido una respuesta sostenible de ningún gobierno, ni de los elegidos a través del voto ni de los militares. La cultura política está muy poco orientada hacia el pluralismo y la búsqueda de acuerdos. Por lo tanto, la sociedad está fracturada. Desde el golpe que tuvo lugar hace dos años y medio, el país está gobernado por los militares y aunque los conflictos sociales apenas se perciben en la esfera pública, aún no han sido solucionados.

Al mismo tiempo, el país, enfrenta desafíos económicos. Necesita realizar reformas estructurales para lograr salir de lo que se denomina «trampa del ingreso medio» (middle income trap). Tailandia ya no puede competir como antaño con sus vecinos en el sector de bajos ingresos pero hasta ahora tampoco ha logrado acoplarse a las economías nacionales más avanzadas en materia tecnológica.

De modo que el nuevo rey se enfrenta a una pesada herencia en lo que respecta al rol estabilizador de la monarquía. Y lo hace en un tiempo signado por los profundos cambios económicos y políticos. Sin embargo, en la actualidad sigue sin saberse a ciencia cierta cuándo se hará efectiva la sucesión, ya que se ha anunciado que habrá un tiempo de transición.

¿Cómo afecta la sucesión en el trono a la polarización entre los «camisas rojas» y los «camisas amarillas» y a la Junta Militar?

Desde el golpe de estado en 2014, el conflicto entre los «camisas rojas» y los «camisas amarillas» no se dirime en público; sin embargo, ambos grupos siguen conformando polos sociales opuestos. Ninguno de los dos grupos representa un bloque homogéneo. Sin embargo, mientras que los «camisas rojas» provienen principalmente de los sectores más pobres y más rurales de la población en el norte y el noreste del país, los «camisas amarillas» proceden sobre todo de la élite y la clase media de Bangkok y del sur de Tailandia. Los «camisas rojas» apoyan los gobiernos en torno a Thaksin Shinawatra, los primeros que practicaron una política activa en favor de la población más pobre, pero que también monopolizaron el poder.

Los «camisas amarillas» vieron amenazado su propio estatus con esas políticas y se opusieron, lo cual terminó derivando en conflictos violentos y en golpes militares en 2006 y en 2014. Desde el último golpe hace dos años y medio gobierna el país el comandante del ejército, general Prayuth Chan-ocha. El miércoles por la noche, cuando se dirigió al país para anunciar la muerte del rey, Chan-ocha hizo un llamado a la población para hacer a un lado los conflictos y demostrar unidad durante el año de duelo.


Traducción: Alejandra Obermeier

Fuente: IPG