Ensayo

Tres derroteros del marxismo: pseudociencia, historia, ontología

Una de las paradojas de la trayectoria histórica del pensamiento de Karl Marx es, además de su deformación e instrumentalización al servicio de los más feroces sistemas de dominación y envilecimiento del ser humano, la enorme acumulación de malentendidos que generaron las espurias construcciones doctrinarias conocidas bajo el nombre de «marxismo», incluso en sus versiones supuestamente heterodoxas. Más allá de lo que queda de válido en sus brillantes análisis de las contradicciones del capitalismo y del devenir histórico, es necesario entender y recuperar críticamente los parámetros y las fuentes de la antropología filosófica y de la ontología del ser social esbozadas por Marx.

Tres derroteros del marxismo: pseudociencia, historia, ontología

1. En su relato autobiográfico publicado bajo el título de Abendlicht [Luz de atardecer]1, el poeta comunista disidente nacido en Alemania oriental Stefan Hermlin confiesa que, durante cerca de 40 años, un extraño lapso cognoscitivo le había impedido asimilar la formulación exacta de una famosa frase de Karl Marx: «El libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos» (MC)2. Inconsciente y sistemáticamente, su mentalidad, forjada por el culto estalinista del colectivo orgánico encarnado en el Partido-Estado, lo llevaba a leer esta frase al revés: «el libre desarrollo de todos es la condición del libre desarrollo de cada uno».

Esta anécdota resume gran parte del destino trágico del pensamiento de Marx: es decir, el modo en que una teoría del desarrollo «omnilateral» [vollseitig] de la libre individualidad en ruptura con todos los organicismos fue distorsionada y sacrificada en honor a la fetichización «marxista-leninista» de la Historia como ídolo colectivo y a la mezcla de jesuitismo y populismo autoritario e inculto que caracterizó a la izquierda «comunista» del siglo XX y gran parte de sus variantes radicales o socialdemócratas.

2. El filósofo francés Michel Henry dijo una vez que el marxismo era «el conjunto de los contrasentidos cometidos sobre Marx»3. Se trata de una caracterización sumamente acertada. Sin embargo, tampoco hay que caer en un contrasentido opuesto. No hay ilusión más estéril y acomodaticia que la de defender una supuesta pureza e inocencia de Marx frente a unos «marxismos» impuros. Comparado con Karl Kautsky o Gueorgui Plejánov, sin hablar de los miserables teólogos del diamat estalinista, Marx es un gigante cuya sutileza y complejidad aún no acabamos de descifrar en todas sus dimensiones. Eso no quiere decir que su pensamiento sea una fuente incontaminada completamente ajena a su desviación-instrumentalización ulterior. La transformación del pensamiento de Marx en: a) pseudociencia positivista de la inevitable caída del capitalismo devenido obstáculo del impulso vital transhistórico de las fuerzas productivas y b) cuasi religión mesiánica de la misión histórica de la clase obrera representada por un clérigo seglar ultracentralizado, cuasi militarizado y colectivamente infalible, no es una conspiración perversa fomentada por una pandilla de malvados, sino una posibilidad –no una necesidad– de mutación inscrita en el código genético de este mismo pensamiento.

3. Por supuesto, la raíz de esta posible mutación dogmática se puede identificar en la concepción de la «ciencia» de Marx, mezcla de Wissenschaft especulativa hegeliana y evolucionismo positivista típico del siglo XIX. Por un lado, el comunismo como «enigma resuelto de la historia» y negación de la negación, o sea inversión virtuosa de la socialización cooperativa operada bajo forma coercitiva y enajenante por el sistema de producción capitalista y el despotismo fabril, responde a la concepción hegeliana de la historicidad como teatro de una progresiva universalización moral, odisea del Espíritu que pasa por «el dolor del negativo» y desemboca en un apoteosis de reconciliación generalizada. En Georg W.F. Hegel como en Marx, este grandioso relato metahistórico es la transfiguración ideológica imperfectamente laicizada de concepciones religiosas de la salvación y de la providencia cimentadas en un esquema «dialéctico» creación-caída-redención. Sin embargo, como cualquier presupuesto metafísico racionalmente explicitado, la dialéctica hegeliana ofrece una riqueza de articulación categorial que permite ir más allá del empirismo vulgar y ofrecer diagnósticos a menudo muy pertinentes sobre la sociedad burguesa en formación. En este sentido, el «hegelianismo» de Marx no es una fuerza unilateralmente negativa, sino un necesario catalizador filosófico de su programa de investigación científica. Pero el carácter providencialista de este metarrelato tiene un costo neto tanto para la propia pertinencia heurística del pensamiento de Marx como para la lógica de su recepción y de su transmisión ulterior.

4. Entre 1789 y 1848, la burguesía europea occidental ya se pensaba a menudo como «clase universal» humanista y emancipadora, y no hay nada extraño en el desplazamiento efectuado por el burgués liberal disidente Marx hacia un nuevo sujeto aparentemente más prometedor, un sujeto portador a la vez de «cadenas radicales» y de una dinámica de recomposición de las potencias mentales de la producción (el «general intellect»), fuente tendencial de toda riqueza social –una fuente mágica destapada y potenciada por el desarrollo capitalista, pero susceptible de ser reapropiada y canalizada por la «libre asociación de los productores»–. En Marx, este paradigma estaba entrelazado con la «ideología científica» por excelencia del siglo XIX: el evolucionismo generalizado, reflejo de una «necesidad inconsciente de acceso directo a la totalidad»4 y «espacio de intercambio entre los programas de investigación científica y el imaginario teórico y social»5 –ello con independencia del valor propiamente científico de los descubrimientos de Charles Darwin–. Es bien conocida la admiración de Marx y Engels por el autor de El origen de las especies y su ambición más o menos explícita de hacer para la evolución social lo que el científico británico había hecho para la evolución natural. Sin embargo, la interpretación de la selección natural por Marx era parcialmente defectiva. Reprochaba a Darwin el rol excesivo otorgado al azar en su esquema de evolución y defendía a veces en modo más bien implícito una especie de lamarckismo sociológico en el que la supuesta función político-ideológica o económica crea inevitablemente el órgano social adecuado en cada etapa del desarrollo de la humanidad. De ahí a la teoría estalinista de los cinco estadios de la evolución histórica hay un camino complejo y tortuoso, pero relativamente plausible.

5. Sin embargo, Marx no es ni Herbert Spencer ni Auguste Comte, y menos un precursor del diamat soviético. El legado empírico y conceptual de su enorme y fragmentaria producción escrita (de la que nunca hay que olvidar que la inmensa mayoría era un work in progress no destinado a la publicación definitiva, con algunos textos claves que no se conocieron hasta la mitad del siglo XX) sigue siendo el humus de fecundas empresas hipotético-deductivas en el campo de las ciencias históricas y sociales. Muchas de sus numerosas intuiciones, sistematizaciones y «descripciones densas» –para retomar la fórmula de Clifford Geertz– de la modernidad capitalista y de sus tensiones siguen asombrándonos por su penetración conceptual y su calidad estilística. Más allá de esta fenomenología de la modernidad capitalista, el aporte central de Marx es probablemente «la articulación entre una problemática de los modos de producción y una problemática del modo de sujeción»6, entre el intercambio metabólico ser humano-naturaleza, la relación social entre los seres humanos y la construcción material y simbólica de la subjetividad. Sin embargo, esta misma configuración de problemas conlleva también las más serias dificultades de interpretación.

  • 1. Stephan Hermlin: Abendlicht, Wagenbach, Berlín, 1979.
  • 2. Para evitar una inflación de notas a pie de página, las citas de Marx y Friedrich Engels se refieren a las traducciones canónicas de sus obras en castellano recogidas en el sitio <www.marxists.org/espanol/>: Crítica de la filosofía del derecho de Hegel (cfdh); La cuestión judía (cj); Crítica al Programa de Gotha (cpg); Grundrisse (Elementos fundamentales para la crítica de la economía política) (g); La ideología alemana (ia); Manifiesto comunista (mc); La Sagrada Familia (sf); Del socialismo utópico al socialismo científico (su/sc).
  • 3. M. Henry: Marx i. Une philosophie de la réalité, Gallimard, París, 1976.
  • 4. Georges Canguilhem: Idéologie et rationalité dans l’histoire des sciences de la vie, Vrin, París, 1977.
  • 5. Étienne Balibar: La philosophie de Marx, La Découverte, París, 1993.
  • 6. Ibíd.