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Tratados comerciales: un reto para el sindicalismo

Hacia el fin de la primera década del siglo xxi se inicia lo que puede caracterizarse como una nueva fase en la dinámica de las negociaciones comerciales internacionales. El análisis de este proceso aporta elementos para reflexionar sobre la mutación de las formas de construcción de poder y las diversas estrategias implementadas por los países desarrollados para perpetuar su centralidad en el esquema de acumulación de riqueza a escala mundial. Todo ello plantea nuevos desafíos para el sindicalismo, entre los más importantes, el de cómo intervenir en las cadenas globales de acumulación.

Tratados comerciales: un reto para el sindicalismo

Si tomamos el periodo que se inicia en la segunda posguerra, es posible delimitar tres grandes etapas en los intentos de avanzar en la (des)gobernanza1 del comercio internacional: el multilateralismo, que abarca desde 1947 hasta inicios de la década de 1980 y comienza con la fallida Organización Internacional del Comercio (oic), pasando por el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (gatt, por sus siglas en inglés) y la Organización Mundial del Comercio (omc); el bilateralismo, que aparece a finales de los años 80 y se extiende aproximadamente hasta 2010; y, finalmente, el megarregionalismo2, que comienza a delinearse sobre fines de 2010 y evoluciona a ritmo acelerado. Estas etapas presentan diferencias en términos de los esquemas institucionales de negociación y la vocación de profundidad y cobertura de los compromisos negociados.

El esquema de negociación comercial multilateral se inicia con las conversaciones desarrolladas en la conferencia de Bretton Woods (1944), que habilitan un conjunto de reglas e instituciones que gobernarían el sistema económico de la segunda mitad del siglo xx. En el ámbito comercial, los Estados, cuyas conversaciones avanzaban al ritmo marcado por Estados Unidos, acordaron el establecimiento de la Organización Internacional del Comercio (oic). Los cometidos y principios de esta organización estarían incorporados en la Carta de La Habana, firmada por una cincuentena de países. En este documento se reconoce la centralidad de la promoción del desarrollo industrial y económico sobre bases equilibradas y se tienen en cuenta las desiguales necesidades de los miembros en función de su desarrollo económico y productivo relativo. Asimismo, se afirma la centralidad de la promoción del empleo y la necesidad de asegurar el espacio para la implementación de políticas nacionales con ese objetivo3. La existencia de cláusulas de esa naturaleza, junto con la evaluación de la inconveniencia de atarse al esquema institucional previsto en la oic, fueron determinantes para la negativa del Congreso estadounidense a ratificar la Carta de La Habana. Esto llevó al fracaso del sistema y a la vigencia exclusiva del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (gatt, por sus siglas en inglés). Este acuerdo presentaba una visión parcial de las relaciones comerciales internacionales y centraba su atención en la reducción de los niveles arancelarios y de protección comercial por parte de los Estados.

La Ronda Uruguay del gatt (1986-1994) –antecedente de la omc– es, además, un momento clave en la tendencia a la incorporación de materias no estrictamente comerciales en la lógica de la negociación comercial internacional. En ella se incorporan las obligaciones relativas a la protección de la propiedad intelectual, las inversiones, las políticas de compras públicas y diversas actividades sociales cuyo valor económico sobrepasa ampliamente cualquier consideración relativa a su función social (el trasporte, las comunicaciones, los servicios públicos, las finanzas, entre otras)4. En contrapartida, en materia de comercio de bienes agrícolas, si bien el tema fue negociado por primera vez en este ámbito, los resultados de la negociación no modificaron en nada las condiciones de protección establecidas por eeuu y los países europeos.

Otro momento clave en esta historia fue el lanzamiento de la primera ronda de negociaciones bajo el paraguas de la omc: la Ronda de Doha, iniciada en noviembre de 2001. A pesar de que sus trabajos se enmarcan en un «programa para el desarrollo», que en el plano declarativo reconocía las necesidades de asegurar un trato más favorable a los países «subdesarrollados», resultó en los hechos un nuevo intento de las naciones del centro capitalista de profundizar la agenda de apertura comercial y de ofensiva contra las políticas públicas en las áreas de servicios, inversiones, compras del Estado, políticas de competencia, entre otras. Rápidamente quedó en evidencia la inexistente voluntad de promover un esquema de negociación que reconozca las necesidades de los países del Sur global para el desarrollo. Las negociaciones en el marco de la Ronda quedaron reducidas a la ofensiva de eeuu y la Unión Europea por la profundización de la apertura de los mercados del Sur para los bienes industriales y su negativa a acordar reducciones sustantivas a los subsidios y una apertura de mercados en la agricultura5. A pesar de sucesivas iniciativas de relanzamiento y campañas de marketing que promocionaban un clima de «próximo desenlace»6, el acta de defunción de la «Ronda para el Desarrollo» está prácticamente firmada7. Paralelamente y debido a las dificultades enfrentadas en la profundización del esquema de apertura comercial y a la reducción de los espacios de las políticas nacionales para la conducción de la producción y la economía en el ámbito multilateral, hacia fines de la década de 1980 e inicios de la de 1990 se comienza a desplegar una estrategia bilateralista de negociación en torno de la agenda comercial internacional. Esta dinámica, iniciada por eeuu y a la que se sumará rápidamente la ue, se enmarca en el clima político impuesto por el Consenso de Washington y tiene un fuerte componente neocolonial. En este marco se inscriben las negociaciones para la firma del Área de Libre Comercio de las Américas (alca) –que consolidaba el patronato económico y comercial estadounidense en la región– y los tratados de libre comercio (tlc) firmados por eeuu y la ue con países de América Latina y el Caribe8. Estos acuerdos se impulsan con el objetivo de avanzar hacia esquemas con compromisos incluso más rigurosos que los establecidos en el ámbito multilateral de la omc en aspectos como la apertura comercial, las compras del Estado, la protección de la propiedad intelectual o la regulación en materia financiera.

Finalmente, a partir de 2010 se comienza a dibujar un nuevo formato en la negociación internacional con el impulso de los tratados megarregionales que, según la caracterización tempranamente realizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)9, se distinguen por tres rasgos fundamentales: la considerable magnitud de las economías involucradas, su aspiración a crear espacios económicos de vasto alcance geográfico (transpacíficos o transatlánticos) y una fuerte vocación por avanzar en el grado de profundidad de los compromisos de apertura y liberalización10. En ese marco se inician las negociaciones en torno al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (tpp, por sus siglas en inglés), Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ttip, por sus siglas en inglés) y el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (tisa, por sus siglas en inglés).

  • 1.

    Viviana Barreto: es licenciada en Relaciones Internacionales, militante social e integrante de la organización Red de Economía Social (Redes)-Amigos de la Tierra. Colabora con la Confederación Sindical de las Américas (csa) y la Internacional de Servicios Públicos (isp). Palabras claves: acuerdos comerciales, acumulación, Estado, libre comercio, sindicalismo.. El Diccionario de la Real Academia Española define «gobernanza» como «arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía».

  • 2.

    Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal): «Panorama de la inserción internacional de América Latina y el Caribe 2013. Lenta poscrisis, meganegociaciones comerciales y cadenas de valor: el espacio de acción regional», Cepal, Santiago de Chile, 2013.

  • 3.

    Carta de La Habana, artículo 2: «Importancia del empleo, de la producción y de la demanda en relación con el propósito de la presente Carta». En el inciso 1 se señala: «Los Miembros reconocen que la prevención contra el desempleo o el subempleo, mediante la creación y el mantenimiento en cada país de oportunidades ventajosas de empleo en favor de quienes tengan aptitud y voluntad para el trabajo, así como de un volumen considerable, cada vez mayor, de producción y de demanda efectiva de mercancías y servicios, no es solo un asunto de orden interno, sino también un requisito necesario para el logro del propósito general y de los objetivos enunciados en el Artículo 1, inclusive la expansión del comercio internacional y, por consiguiente, para el bienestar de todos los demás países».

  • 4.

    La Ronda Uruguay del gatt culmina con la firma de los acuerdos de Marrakech, en cuyo marco se crea la omc.

  • 5.

    Kjeld Jakobsen: «Un balance de estos siete años de la Ronda de Doha» en América Latina en Movimiento online, 15/5/2008.

  • 6.

    V. Barreto: «El ‘Paquete de Bali’: ¿un éxito para América Latina?», análisis, Nueva Sociedad, abril de 2014, disponible en www.nuso.org.

  • 7.

    «Carta de la sociedad civil sobre la agenda futura de negociaciones de la omc», 8 de julio de 2015, disponible en www.ourworldisnotforsale.org/es/signon/carta-sociedad-civil-sobre-agenda-futura-negociaciones-omc.

  • 8.

    eeuu firmó acuerdos con Centroamérica y República Dominicana, Chile, Colombia, Panamá, Perú y México, y la ue hizo lo propio con los países del Caribe, Centroamérica, Chile, Colombia, México y Perú.

  • 9.

    Cepal: ob. cit.

  • 10.

    Contienen amplios compromisos que poseen características más exigentes que las incluidas en los acuerdos omc (compromisos omc-plus) y abarcan asuntos no comprendidos en las reglas multilaterales hasta el momento (compromisos omc-x), como por ejemplo estándares en materia de propiedad intelectual, servicios públicos o restricciones a la implementación de legislación nacional.