Tema central

Tesis sobre la urbanización planetaria

En la actualidad, es común escuchar hablar sobre el «triunfo de la ciudad» y sobre una nueva era urbana en la que las ciudades se expanden a lo largo y a lo ancho del planeta. Los temas urbanos son debatidos enérgicamente por historiadores, ríticos literarios y otros expertos en áreas humanísticas y ciencias duras. Más allá de las cuestiones cuantitativas, no debe perderse de vista que las geografías de la urbanización están adquiriendo morfologías nuevas y de mayor envergadura, que hacen estallar la antigua división entre lo urbano y lo rural. Este artículo sostiene que el mundo de los estudios urbanos académicos parece sufrir una nueva crisis epistemológica, y propone ubicar en el centro del análisis los procesos de destrucción creativa del espacio político-económico bajo el capitalismo.

Tesis sobre la urbanización planetaria

A comienzos de la década de 1970, un joven sociólogo marxista llamado Manuel Castells (por entonces exiliado en París) inició su intervención sobre La cuestión urbana en una obra que pronto se convertiría en un clásico. En ese entonces, se mostró asombrado porque los debates sobre los «problemas urbanos» tendían a transformarse en «un elemento esencial dentro de las políticas gubernamentales, las preocupaciones de los medios de comunicación y, por ende, la vida cotidiana de un amplio sector de la población»1. El asombro de Castells partía de su perspectiva marxista ortodoxa, que presuponía que la preocupación por las cuestiones urbanas era ideológica. Creía que el verdadero motor del cambio social residía en otro lado, en la acción de la clase trabajadora y la movilización antiimperialista. Sobre esta base, Castells procedió a deconstruir aquello que veía como la «ideología urbana» predominante bajo el capitalismo gerencial de posguerra: su teoría tomaba en serio la construcción social del fenómeno urbano en el discurso académico y político, pero en última instancia asociaba esas representaciones con procesos supuestamente fundacionales, relacionados con el capitalismo y el papel del Estado en la reproducción de la fuerza laboral.

Cuatro décadas después de la intervención clásica de Castells, el discurso sobre las cuestiones urbanas presente en la primera parte del siglo XXI puede provocar fácilmente un asombro similar: no porque encubra las operaciones del capitalismo, sino porque se ha convertido en una de las metanarrativas dominantes, a través de la cual se interpreta (tanto en círculos académicos como en la esfera pública) nuestra actual situación planetaria. Dentro de esta materia, la educación interdisciplinaria superior en ciencias sociales, planificación y diseño está floreciendo en las principales universidades. Hoy los temas urbanos son debatidos enérgicamente por historiadores, críticos literarios y otros expertos en áreas humanísticas. De igual forma, los especialistas en ciencias físicas, informática y ecología contribuyen a desarrollar estos estudios. Para ello, exploran nuevas fuentes de datos basadas en satélites, análisis georreferenciados y tecnologías SIG (Sistemas de Información Geográfica), que ofrecen perspectivas más diferenciadas que nunca sobre las geografías de la urbanización2. Algunos textos clásicos, como Muerte y vida de las grandes ciudades (Jane Jacobs) y Ciudad de cuarzo (Mike Davis), siguen animando las discusiones sobre urbanismo contemporáneo. Mientras tanto, en el ámbito público existe un amplio debate en torno de otros libros populares más recientes, como El triunfo de las ciudades (Edward Glaeser), Bienvenidos a la revolución urbana (Jeb Brugmann) y ¿Quién es tu ciudad? (Richard Florida), y a documentales como Urbanizado (Gary Hustwit) y Megaciudades (Michael Glawogger)3. La Exposición Universal de 2010 se celebró en Shanghái bajo el lema «Mejor ciudad, mejor vida». Por su parte, importantes museos, bienales y encuentros realizados en lugares tan dispares como Nueva York, Venecia, Christchurch o Hong Kong dedican gran atención a cuestiones relacionadas con la cultura, el diseño y el desarrollo urbanos4. El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Urbanos (ONU-Hábitat) ha declarado el advenimiento de una «era urbana», generada por el rápido crecimiento de la población mundial en las ciudades5. Esta visión urbanocéntrica del actual momento geohistórico se ha popularizado aún más a través de una serie de conferencias temáticas desarrolladas en algunas de las principales metrópolis del mundo, que fueron organizadas y financiadas mediante una iniciativa conjunta de la London School of Economics y el Deutsche Bank6. Incluso los debates sobre el cambio climático y el futuro de la biosfera son relacionados inmediatamente con asuntos de urbanización. Ahora se reconoce que el entorno construido del planeta –de hecho, la infraestructura sociomaterial urbana– contribuye directamente a establecer transformaciones trascendentales en la atmósfera, los hábitats bióticos, las superficies de uso de la tierra y las condiciones oceánicas, lo que produce consecuencias a largo plazo para el metabolismo de las formas de vida humana y no humana7.

Estas reorientaciones intelectuales y culturales coinciden temporalmente con una serie de transformaciones espaciales, reposicionamientos institucionales y movilizaciones sociales en gran escala, que han intensificado el significado y la magnitud de las condiciones urbanas. En primer lugar, las geografías de la urbanización (concebidas durante largo tiempo con respecto a las poblaciones densamente concentradas y a los entornos construidos de las ciudades) están adquiriendo morfologías nuevas y de mayor envergadura, que perforan, atraviesan y hacen estallar la antigua división entre lo urbano y lo rural, como lo ilustra la siguiente imagen satelital de luces nocturnas.

Fuente: NASA, http://visibleearth.nasa.gov/view.php?id=55167.

Como explican Edward Soja y Miguel Kanai:

el urbanismo como modo de vida, circunscripto en otros tiempos al centro metropolitano histórico, se ha propagado hacia afuera, creando densidades urbanas y nuevas ciudades «externas» y «periféricas» donde antes había suburbios, campos verdes o zonas rurales. En algunas áreas, la urbanización se ha expandido a escala regional, lo que generó galaxias urbanas gigantes, con tamaños poblacionales y grados de policentrismo que superan ampliamente cualquier cosa imaginada hace apenas unas décadas (…). En ciertos casos, las regiones metropolitanas se unen y forman conglomerados aún mayores, como parte de un proceso que podría denominarse «urbanización regional extendida».8

En segundo término, a lo largo de cada una de las principales regiones económicas del mundo, los respectivos gobiernos nacionales, estaduales y provinciales han impulsado iniciativas políticas espacialmente selectivas para crear nuevas matrices vinculadas a la inversión de capitales transnacionales y el desarrollo urbano en vastas zonas de sus territorios9. Estas estrategias públicas a veces apuntan a los núcleos metropolitanos tradicionales, pero también articulan amplias estructuras de acumulación y regulación espacial, que se organizan a lo largo de corredores intercontinentales de transporte, grandes redes de infraestructura, telecomunicaciones y energía, zonas de libre comercio, triángulos de crecimiento transnacionales y regiones fronterizas internacionales. Este paisaje extendido de urbanización es ahora un campo de fuerza constituido por estrategias estatales regulatorias entrecruzadas, que han sido diseñadas para territorializar las inversiones de largo plazo a gran escala en el entorno construido y para canalizar el flujo de materias primas, energía, productos básicos, trabajo y capital dentro del espacio transnacional.

Un tercer aspecto consiste en que, dentro de este tumulto mundial de reorganización socioespacial y regulatoria, se están cristalizando nuevos vectores de lucha social urbana. Michael Hardt y Antonio Negri señalaron recientemente que la metrópolis contemporánea se ha convertido en un punto de movilización sociopolítica, cuyo papel es análogo al que desempeñó la fábrica durante la época industrial. Según estos filósofos, la ciudad representa ahora el «espacio de lo común» y, por consiguiente, la base territorial para la acción colectiva bajo las condiciones del capitalismo globalizador, los estados neoliberalizadores y el Imperio reconstituido10. En muchas regiones urbanas del planeta, la noción del derecho a la ciudad (desarrollada a fines de la década de 1960 por Henri Lefebvre) se transformó en un grito de combate para los movimientos sociales, las coaliciones y los sectores reformistas de tendencias dominantes y radicales, así como para diversas ONG globales, la Unesco y el Foro Urbano Mundial11. Por lo tanto, la ciudad ya no es solo sitio o escenario de conflictos políticos, sino que además constituye uno de sus principales aspectos en disputa. Cada vez más, la reorganización de las condiciones urbanas aparece como un medio para modificar, en su conjunto, las estructuras político-económicas y las formaciones espaciales generales del capitalismo mundial correspondiente a la primera parte del siglo XXI.

Estas tendencias son polifacéticas, volátiles y contradictorias, y su importancia acumulada representa una cuestión que sin duda está sujeta a interpretaciones y a un intenso debate. Sin embargo, como mínimo, podría decirse que los espacios urbanos se han tornado esenciales para la vida política, económica, social y cultural, así como para las condiciones socioambientales del mundo. Diversos campos de la investigación social, la intervención política y el discurso público sostienen ahora que la configuración de los entornos urbanos/urbanizantes construidos y de las respectivas instituciones tiene consecuencias significativas para el futuro del capitalismo, la política y, de hecho, el ecosistema planetario en su totalidad. Para quienes llevan un largo tiempo dedicados a las cuestiones urbanas, ya sea en la teoría, la investigación o la práctica, este desarrollo resulta apasionante, aunque conlleva nuevos desafíos y riesgos. Por ejemplo, un problema nada desdeñable es la confusión profunda y generalizada en torno de la especificidad de lo urbano propiamente dicho: por un lado, como categoría de análisis para la teoría e investigación social; por el otro, como categoría de práctica en la política y la vida cotidiana12.n n n

A fines de la década de 1930, Louis Wirth escribió un artículo en el que delineó los contornos analíticos del urbanismo respecto a una tríada clásica de propiedades sociológicas: gran tamaño de la población, alta densidad y elevados niveles de heterogeneidad demográfica13. Para Wirth, uno de los exponentes de la Escuela de Sociología de Chicago, la coexistencia espacial de estas propiedades dentro de las áreas urbanas distinguía esas zonas de cualquier otro tipo de asentamiento y justificaba la adopción de estrategias específicas –herramientas de un campo diferente de la sociología urbana– para la investigación. En cambio, a comienzos del siglo XXI, lo urbano parece haberse convertido en la quintaesencia del significante difuso: sin ninguna claridad en materia de parámetros de definición, coherencia morfológica o rigor cartográfico, se usa para referenciar un rango aparentemente ilimitado de procesos, transformaciones, trayectorias, potenciales y condiciones socioespaciales contemporáneas. Ash Amin y Nigel Thrift describen esta situación de la siguiente manera:

La ciudad está en todos lados y en todas las cosas. Si el mundo urbanizado es ahora una cadena de áreas metropolitanas conectadas por lugares/corredores de comunicación (aeropuertos y líneas aéreas, estaciones y ferrocarriles, estacionamientos y carreteras, telepuertos y autopistas informáticas), ¿qué queda por fuera? ¿Acaso el pueblo, la aldea, el campo? Tal vez, pero solo parcialmente. Las huellas de la ciudad están en todos estos lugares como personas que viajan a diario entre su hogar y el trabajo, y también en forma de turistas, trabajo a distancia, medios de comunicación y urbanización de los modos de vida. La división tradicional entre la ciudad y el campo ha sido destruida.14

El proceso emergente de urbanización extendida está produciendo una estructura variopinta que, en lugar de concentrarse en puntos nodales o de circunscribirse a regiones delimitadas, se teje ahora de manera desigual y con una densidad cada vez mayor en grandes extensiones de todo el mundo. Resulta imposible entender adecuadamente esta formación a través de los conceptos tradicionales relacionados con la urbanidad, el metropolitanismo o el esquema binario urbano/rural, que presuponen una separación espacial coherente de los distintos tipos de asentamientos. Tampoco se puede lograr una comprensión eficaz sobre la base de ideas más recientes desarrolladas en torno de la ciudad global(izadora), ya que la mayoría de sus variantes dan por sentada una limitación territorial similar de las unidades urbanas, pese a la relación existente con otras localidades mediante redes transnacionales de capital, trabajo e infraestructuras de transporte/comunicación15. Paradójicamente, en el mismo momento en que lo urbano parece haber adquirido una importancia estratégica sin precedentes para un amplísimo arco de instituciones, organizaciones, investigadores, actores y activistas, la dificultad para definir sus contornos se ha tornado inmanejable. La aparente ubicuidad de la condición urbana contemporánea impide establecer precisiones sobre ella.

Bajo estas condiciones, el campo teórico heredado de Wirth, Castells y otros urbanistas importantes del siglo XX se encuentra ahora en un estado de desconcierto. Si lo urbano ya no puede ser entendido como un lugar particular –es decir, como un tipo de asentamiento discreto, distintivo y relativamente delimitado, donde prevalecen formas específicas de relaciones sociales–, ¿qué podría entonces justificar la existencia de un campo intelectual dedicado a su investigación?

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En la actualidad, el mundo de los estudios urbanos académicos alberga diversos «síntomas mórbidos», que parecen indicar una nueva crisis epistemológica dentro de una larga serie que se ha propagado periódicamente en este campo desde sus orígenes, hace casi un siglo16. Los investigadores más especializados y orientados empíricamente desarrollan tareas formidables en lo que respecta a la recolección de datos, el perfeccionamiento metodológico y los estudios concretos y se mantienen en pie frente al desafío de lidiar con el deterioro de las bases epistemológicas. De este modo, la especialización disciplinaria y subdisciplinaria produce un «campo ciego» –según la denominación de Lefebvre–, donde las investigaciones concretas sobre temas tradicionales continúan acumulándose, a pesar de que el «fenómeno urbano tomado como conjunto» está oculto a la vista17. Mientras tanto, entre los urbanistas que se muestran interesados en abordar estas cuestiones, existe una mayor confusión en cuanto a las bases analíticas y la «razón de ser» del campo en su totalidad. Una revisión somera de los trabajos recientes sobre teoría urbana revela que hay discrepancias de base en casi todos los temas imaginables: tanto para conceptualizar qué estudian (o deberían estudiar) los urbanistas como para justificar por qué lo hacen (o deberían hacerlo) y para determinar cuál es la mejor manera de alcanzar sus objetivos18. Esta situación ha generado una «Torre de Babel académica» en la que, aun cuando existen innovaciones conceptuales productivas, la fragmentación de las realidades urbanas en la práctica política, económica y cultural cotidiana es replicada sin demasiado sentido crítico dentro del terreno teórico discursivo19.

Dentro de este marco, una tendencia particularmente problemática es el giro contextualista que se ha puesto de moda entre muchos urbanistas marcados por la teoría del actor-red de Bruno Latour y, asociados a ella, los conceptos neodeleuzianos de agenciamiento. Sobre todo en sus variantes moduladas ontológicamente, estos enfoques rechazan las formas abstractas o macroestructurales de argumentación en favor de narrativas basadas en lugares específicos y descripciones densas, que parecen ofrecer un medio más directo para acceder a los contornos microsociales de un paisaje urbano que cambia rápidamente20. Estas posiciones pueden sortear algunos de los puntos ciegos estructuralistas correspondientes a las anteriores posturas metateóricas; en ciertos casos, incluso logran abrir nuevos y fructíferos horizontes para indagar acerca de los procesos urbanos, particularmente respecto al papel de los agentes no humanos en la estructuración de lugares. Sin embargo, lamentablemente la mayoría de los trabajos sobre agenciamientos urbanos ni siquiera abordan los enigmas epistemológicos de base antes delineados y, por ende, están muy lejos de comenzar a resolverlos21. También aquí, el concepto de lo urbano está unido a un conjunto extraordinariamente difuso de referentes, connotaciones y condiciones. Todos estos factores derivan con frecuencia de las categorías cotidianas de la práctica, que luego se convierten de manera no reflexiva en compromisos analíticos. Así, la indeterminación teórica del campo se profundiza aún más, mientras que el contexto del contexto –las mayores dimensiones geopolíticas y geoeconómicas de los procesos contemporáneos de urbanización y las formas asociadas que muestra el sistema capitalista mundial en cuanto a la reestructuración, el desposeimiento y el desarrollo espacial desigual– es sometido a un análisis de «caja negra»22.

¿Hay algún futuro para la teoría urbana en un mundo donde la urbanización se ha generalizado? ¿Qué deben hacer los urbanistas? ¿Afirmar el carácter aparentemente amorfo del terreno elegido para su investigación y resignarse a la tarea de rastrear la vida social y la forma espacial de lugares definidos genéricamente? ¿O acaso deben emprender hoy sus estudios utilizando el controvertido marco no espacial propuesto por Peter Saunders en los años 80, que ponía énfasis en los procesos sociales constitutivos (en particular, el consumo colectivo) antes que en su materialización en formas espaciales23? Desde un punto de vista aún más radical, tal vez sea tiempo de hablar del campo anteriormente conocido como estudios urbanos, considerando que el trabajo en este ámbito de investigación corresponde a una fase de la modernidad capitalista cuyas precondiciones socioespaciales ya han sido sustituidas. En una reciente reflexión de tono provocador, el eminente sociólogo urbano Herbert Gans sugiere algo de esa índole: propone reemplazar la problemática heredada de los estudios urbanos por otra vinculada a una «sociología de asentamientos», basada en tipologías reinventadas de la organización espacial humana y en una comprensión menos rígida de los límites entre lugares24. A diferencia de Saunders, Gans insiste en que el campo objeto de debate debe retener un componente espacial, pero opta por abandonar la cartografía del espacio de asentamiento urbano que durante largo tiempo ha apuntalado la sociología urbana, incluidas sus propias investigaciones pioneras desarrolladas a partir de los años 60.

Es tentador seguir la dirección de Gans y confrontar los escenarios emergentes de urbanización con una pizarra conceptual más o menos en blanco, desprovista del complejo bagaje epistemológico asociado al último siglo de debates sobre ciudades, formas metropolitanas y cuestiones urbanas. Hacerlo, sin embargo, implicaría reintroducir una versión del rechazo previo de Castells frente al discurso urbano como pura ideología. Esta posición no tendría elementos suficientes para explicar la continua y poderosa resonancia de lo urbano a lo largo de diversas áreas de la teoría y la investigación, ni para comprender su invocación general como sitio, objetivo o proyecto en tantas esferas de reorganización institucional, estrategia político-económica y lucha popular. Desde luego, el compromiso intensificado con las condiciones y potencialidades urbanas –esbozado antes a grandes rasgos– indica que el mundo contemporáneo está atravesando transformaciones socioespaciales sistémicas y demuestra el esfuerzo actual para construir ese mapa cognitivo del cual habló Fredric Jameson, que permitía asegurar la orientación cartográfica en condiciones de profundo desplazamiento fenomenológico25.

Independientemente de sus dimensiones ideológicas, que son considerables, la noción de lo urbano no puede reducirse a una categoría de práctica; sigue siendo una herramienta conceptual crítica en cualquier intento de teorizar la actual destrucción creativa del espacio político-económico bajo el capitalismo de comienzos del siglo XXI26. Como reconoció Lefebvre, este proceso de destrucción creativa («implosión-explosión», de acuerdo con su terminología) no se limita a ningún lugar, territorio o escala de tipo específico; genera una «problemática», un síndrome de condiciones, procesos, transformaciones, proyectos y luchas emergentes, que se conecta a la generalización desigual de la urbanización a escala planetaria27. Por lo tanto, se debe sostener la continuación de la teoría urbana, aunque en una forma reinventada críticamente, que identifique el carácter incesantemente dinámico y creativamente destructivo del «fenómeno urbano» bajo el orden capitalista y que, sobre esta base, apunte a descifrar los patrones emergentes de la urbanización planetaria. De acuerdo con la adecuada formulación combativa de Ananya Roy, este momento es sin duda el ideal para «abrir nuevas geografías teóricas», dirigidas a lograr un enfoque rejuvenecido de los estudios urbanos críticos28.

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Sin intención de eludir el proceso de abierta y turbulenta experimentación teórica que requiere tal iniciativa, el resto de este ensayo presenta una serie de tesis destinadas a promover un debate sobre la condición urbana contemporánea en el planeta, el estado de nuestro patrimonio intelectual en los campos académicos dedicados a su investigación y las perspectivas para la adopción de nuevas estrategias conceptuales, capaces de descifrar las realidades y las potencialidades urbanas emergentes en diversos lugares, territorios y escalas. Varias de estas tesis están vinculadas a la vasta bibliografía académica referida a estudios urbanos que se ha ido desarrollando durante casi un siglo. Otras proposiciones abordan un terreno analítico que ha sido poco explorado en esta materia o que ha sido enfocado desde puntos de vista generalmente ajenos a la órbita de los estudios urbanos, al menos en su sentido tradicional.

Estas tesis sostienen que hay que seguir prestando atención a las cuestiones urbanas, al tiempo que proponen una visión reconstituida del «sitio» de esas cuestiones. Como subrayó acertadamente Andrea Kahn, la demarcación de los sitios urbanos siempre conlleva complejas maniobras epistemológicas, políticas y cartográficas; se trata más de «configuraciones multiescalares heteroglósicas para interacciones e intersecciones» que de artefactos espaciales discretos, preestablecidos o autónomos29. Sin embargo, de una manera más abstracta, la orientación teórica aquí desarrollada sugiere que el carácter urbano de cualquier sitio (desde la escala barrial hasta la del mundo entero) solo puede ser definido en términos sustantivos, con respecto a los procesos socioespaciales históricos que lo producen. Como se ha señalado, lo urbano es entonces una «abstracción concreta», en la que las relaciones socioespaciales contradictorias del capitalismo (mercantilización, circulación/acumulación de capital y formas conexas de regulación/impugnación política) se territorializan (incorporadas en contextos concretos y, por ende, fragmentadas) y al mismo tiempo se generalizan (extendidas a lo largo de cada lugar, territorio y escala y, por ende, universalizadas)30. Así, el concepto de lo urbano tiene el potencial para iluminar el modelado creativamente destructivo de los escenarios socioespaciales modernos, no solo dentro de ciudades, áreas metropolitanas y otras zonas consideradas tradicionalmente en el ámbito del urbanismo, sino también a través del espacio del mundo en su conjunto31.Desde lo metodológico, y acaso también desde lo sustancial, estas proposiciones se inspiran en Lefebvre y en su llamado a una metafilosofía de la urbanización: se impulsa un enfoque exploratorio que «proporcione orientación (…), abra caminos y revele un horizonte», en lugar de hacer declaraciones sobre una condición actualizada o un proceso completado32. A medida que los mapas cognitivos heredados de la condición urbana demuestran ser cada vez más inadecuados (o tal vez obsoletos), la calidad tentativa y experimental de este método adquiere gran relevancia. Se necesita con urgencia un nuevo mapa, cuyos elementos esenciales guarden coherencia de una forma comprensible. Cabe señalar entonces que muchas de las proposiciones delineadas a continuación no son más que esquemas especulativos orientados hacia vías de conceptualización e investigación que aún deben ser abordadas. Queda por explorar y elaborar su potencial de cara a la futura cartografía de la condición urbana planetaria.

Lo urbano es un constructo teórico. Lo urbano no es un sitio, espacio u objeto preestablecido; su demarcación como zona de pensamiento, representación, imaginación o acción solo puede producirse a través de un proceso de abstracción teórica33. Dichas abstracciones condicionan «el modo en que ‘tallamos’ nuestro objeto de estudio y las propiedades que debemos considerar en los objetos particulares»34. Así, tienen un impacto enormemente estructurador en investigaciones concretas de todos los aspectos pertenecientes al entorno construido y a la reestructuración socioespacial. En este sentido, las cuestiones de conceptualización configuran el núcleo de cualquier forma de estudio urbano, aun en los casos más empíricos, contextualizados y orientados a los detalles; no son meras condiciones de fondo o dispositivos de encuadre, sino que constituyen el propio tejido interpretativo a través del cual los urbanistas entrelazan metanarrativas, orientaciones político-normativas, análisis de datos empíricos y estrategias de intervención.

El sitio y el objeto de la investigación urbana son puestos en tela de juicio de manera esencial. Desde la institucionalización formal de esta área sociológica a comienzos del siglo XX, la demarcación conceptual de lo urbano ha sido un tema de intensos debates y discrepancias dentro de las ciencias sociales. A partir de entonces, la trayectoria de la investigación urbana no solo comprende la acumulación de estudios concretos en espacios urbanos/urbanizantes y acerca de ellos, sino también la continua rearticulación teórica de su especificidad como tal, tanto en el plano social como espacial. Durante el último siglo, muchos de los grandes saltos logrados en este campo se produjeron mediante la elaboración de nuevos «cortes» teóricos en la naturaleza de la cuestión urbana35.

Las principales vertientes de estudios urbanos no demarcan su sitio y objeto en términos de reflexividad teórica. En gran parte de los estudios específicos realizados durante el siglo XX, las ciudades y los espacios urbanos fueron considerados como sitios de investigación transparentes y empíricamente coherentes. Por lo tanto, el carácter del estudio se concibió simplemente bajo la circunstancia de que su punto focal estaba dentro de un lugar catalogado como «ciudad». Sin embargo, estas posiciones empiricistas predominantes no pueden justificar sus propias condiciones históricas y geográficas de posibilidad: necesariamente, presuponen determinados postulados teóricos con respecto a la especificidad de la ciudad y/o lo urbano, que conforman de manera firme la trayectoria de la investigación concreta, por lo general en modos que no son examinados. Tal vez la reflexividad crítica en los estudios urbanos solo pueda alcanzarse si esos postulados se explicitan, se someten a un análisis sistemático y se revisan continuamente teniendo en cuenta el desarrollo de cuestiones investigativas, orientaciones político-normativas e inquietudes prácticas36.

Tradicionalmente, los estudios urbanos han demarcado lo urbano en contraposición a los espacios presuntamente no urbanos. Desde sus orígenes, este campo de investigación concibió lo urbano como un espacio de asentamiento específico, que en un plano cualitativo es diferente de los espacios presuntamente no urbanos que lo rodean: desde los suburbios, el pueblo y la aldea hasta la zona rural, el campo y las superficies naturales37. Es posible que graduados de la Escuela de Sociología de Chicago, importantes economistas dedicados al tema, teóricos destacados, expertos en demografía urbana, geógrafos neomarxistas e investigadores del área de la ciudad global discrepen en torno de la base de esta especificidad, pero todos ellos coinciden en la maniobra analítica dirigida a delinear la singularidad urbana mediante un contraste explícito o implícito frente a las condiciones socioespaciales situadas «en otro lugar»38. En efecto, el terreno de lo no urbano, ese «otro lugar» eternamente presente, ha servido durante largo tiempo como un afuera constitutivo que estabiliza la misma inteligibilidad del campo de estos estudios. Lo no urbano aparece simultáneamente como el Otro ontológico de lo urbano, su opuesto radical, y como su condición epistemológica de posibilidad, la base sobre la cual puede reconocerse como tal39.

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El interés por las tipologías de los asentamientos (esencias nominales) debe ser sustituido por el análisis de los procesos socioespaciales (esencias constitutivas). El desarrollo de tipologías respecto al espacio de asentamiento, urbano y de otra índole, exige delinear una esencia nominal que permita comprender la singularidad de las formas o condiciones socioespaciales particulares. Esta aspiración metodológica ha sido una preocupación de larga data para las principales vertientes teóricas del siglo XX, y se mantiene dentro de varias tradiciones importantes de la investigación urbana contemporánea. Sin embargo, es tiempo de que los urbanistas abandonen la búsqueda de una esencia nominal destinada a distinguir lo urbano como un tipo de asentamiento (concebido como ciudad, ciudad-región, megaciudad, metrópolis, megalópolis, etc.) y la concepción similar de otros espacios (suburbanos, rurales, naturales, etc.) como no urbanos debido a su supuesta separación de las condiciones, las tendencias y los efectos urbanos. Para comprender la producción y la implacable transformación de la diferenciación espacial, la teoría urbana debe priorizar la investigación de esencias constitutivas, es decir, los procesos a través de los cuales se generan los heterogéneos paisajes del capitalismo moderno40.

Se necesita un nuevo léxico de diferenciación socioespacial. Las geografías del capitalismo son más variadas que nunca: los procesos contemporáneos de urbanización reflejan parcialmente la trascendencia del desarrollo espacial dispar y la desigualdad territorial en todas las escalas. Sin embargo, es necesario contar con un nuevo léxico de diferenciación socioespacial para comprender los patrones y caminos emergentes de la reorganización urbana planetaria. En la actualidad, la diferencia espacial ya no asume la forma de una división entre lo urbano y lo rural, sino que se articula mediante una explosión de esquemas y potenciales de desarrollo dentro de un tejido de urbanización mundial que se engrosa (aunque de una manera despareja)41. Los vocabularios heredados sobre espacios de asentamiento, tanto en el plano vernáculo como científico, no ofrecen más que un punto de partida epistemológico para esa iniciativa. Solo pueden resultar críticamente eficaces en un marco que enfatice la producción perpetua de formaciones socioespaciales bajo el capitalismo, en lugar de presuponer su estabilización dentro de entornos construidos, cubiertas jurisdiccionales o escenarios ecológicos. Este enfoque ha sido impulsado con gran sistematicidad por un equipo de académicos, arquitectos y diseñadores en el ETH-Studio de Basilea, que desarrolló el «retrato urbano» de Suiza42.

Cabe destacar que las zonas representadas en ese «retrato» no están concebidas como ámbitos territoriales cerrados o como la materialización de distintos tipos de asentamiento, sino como indicadores de procesos contradictorios (aunque interconectados) ocurridos en la reestructuración socioespacial bajo la actual reorganización industrial, laboral, político-regulatoria y ambiental. Su presencia demarca el legado geográfico dejado por las series anteriores de reestructuraciones urbanas, así como el marco territorial donde habrán de producirse los futuros caminos y potenciales.

Los efectos urbanos persisten dentro de un paisaje socioespacial muy heterogéneo. Este esfuerzo también debe prestar atención sistemáticamente a la actual producción y reconstitución de ideologías urbanas, incluidas las que propagan visiones de la ciudad como una unidad diferente, distinta y territorialmente delimitada, ya sea en contraposición a lo rural o natural, como un sistema autónomo, como un tipo ideal o como un objetivo estratégico para la intervención43. La deconstrucción de estos efectos urbanos desempeña desde hace tiempo un papel clave para el proyecto de teoría urbana crítica, mientras que esta tarea ha adquirido una renovada urgencia bajo las condiciones de urbanización planetaria, que parecen haber ampliado la brecha entre los mapas cognitivos cotidianos y los escenarios mundiales de destrucción creativa44. ¿Qué prácticas y estrategias producen el efecto experiencial persistente de la diferenciación social, la limitación territorial o la estructuración coherente en materia urbana? ¿Cómo varían estos últimos aspectos según los lugares y territorios? ¿Cómo se han transformado las prácticas y estrategias (y sus efectos) a lo largo del desarrollo capitalista mundial y bajo las condiciones contemporáneas?

El concepto de urbanización requiere una reinvención sistemática. Debido a su sintonización con la problemática de las esencias constitutivas, el concepto de urbanización es una herramienta crucial para investigar el proceso urbano planetario. Sin embargo, para servir a este propósito, debe escapar de las tradiciones urbanocéntricas, metodológicamente territorialistas y predominantemente demográficas que hasta ahora han monopolizado su uso. Los enfoques convencionales equiparan la urbanización con el crecimiento de determinados tipos de asentamiento (ciudades, áreas urbanas, metrópolis), que se conciben como unidades territorialmente diferenciadas, delimitadas y autónomas incorporadas a un escenario más amplio, de carácter no urbano o rural. Además, a la hora de buscar una base para clasificar los patrones y caminos de desarrollo urbano, estas perspectivas suelen privilegiar criterios puramente demográficos, tales como umbrales de población o gradientes de densidad. Por lo tanto, la urbanización se reduce a un proceso en el que, dentro de cada territorio nacional, las poblaciones de los lugares densamente habitados («ciudades») parecen expandirse en términos relativos y absolutos. Este modelo –utilizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde principios de la década de 1970, cuando la institución comenzó a producir datos sobre niveles de población urbana en el mundo– respalda las declaraciones actuales realizadas por destacados urbanistas y académicos, que sostienen que estamos en presencia de una «era urbana», porque supuestamente más de la mitad de la población del planeta vive en ciudades45.

Aunque estas interpretaciones capturan dimensiones significativas del cambio demográfico producido dentro de un sistema global de asentamientos en desarrollo, se topan con limitaciones empíricas (los criterios para los tipos de asentamientos urbanos presentan enormes diferencias según el contexto de cada país) y teóricas (no hay una conceptualización coherente, reflexiva e históricamente dinámica de la especificidad urbana). Mientras tanto, varias tradiciones de la teoría urbana del siglo XX que en su momento fueron marginadas o subestimadas pueden ahora ofrecer valiosos elementos conceptuales y orientaciones cartográficas para revitalizar la teoría de urbanización46. La posibilidad de que las geografías de la urbanización trasciendan la ciudad, la metrópolis y la región solo fue considerada ocasionalmente por teóricos urbanos de posguerra, pero las condiciones planetarias contemporáneas le otorgan una resonancia intelectual extraordinaria.La urbanización contiene dos momentos dialécticamente interrelacionados: concentración y extensión47. Durante mucho tiempo, la teoría urbana concibió la urbanización principalmente en términos de aglomeración, es decir, la concentración densa de población, infraestructura e inversión en determinados lugares situados sobre un plano territorial de mayor amplitud y menor densidad demográfica. Aunque se sabe que la escala y la morfología de esas concentraciones experimentan cambios drásticos a lo largo del tiempo, por lo general la urbanización ha sido definida con referencia a esta tendencia socioespacial básica.

El proceso de urbanización concentrada incluye flujos de trabajadores dentro y alrededor de aglomeraciones en gran escala. Fuente: B. Berry: Geographic Perspectives on Urban Systems, Prentice Hall, Englewood Cliffs, 1970, pp. 44-45.

Mucha menos atención se ha dedicado a otro tema vinculado al proceso de aglomeración: cómo se origina y, a su vez, deja una marca en las amplias transformaciones de la organización socioespacial y las condiciones ecológicas/ambientales presentes en el resto del mundo. Aunque gran parte de los teóricos urbanos las ignoraron o relegaron al plano analítico, dichas transformaciones (materializadas en densos circuitos de trabajo, productos básicos, formas culturales, energía, materias primas y nutrientes) se irradian hacia afuera desde la zona inmediata de aglomeración y retornan simultáneamente a manera de implosión a medida que se despliega el proceso de urbanización. Dentro de este campo de desarrollo urbano, extendido y cada vez más universal, las aglomeraciones se forman, expanden, contraen y transforman de manera continua, pero siempre a través de densas redes de relaciones con otros lugares, territorios y escalas, incluidos los ámbitos tradicionalmente clasificados como ajenos a la condición urbana. Estos últimos abarcan, por ejemplo, pueblos pequeños y medianos, aldeas situadas en regiones periféricas y zonas agroindustriales, corredores intercontinentales de transporte, rutas transoceánicas, circuitos de energía e infraestructuras de comunicación en gran escala, escenarios destinados a la extracción de recursos del subsuelo, órbitas de los satélites y aun la propia biosfera. Por lo tanto, desde la perspectiva aquí enunciada, la urbanización comprende la concentración y la extensión: estos momentos están dialécticamente interrelacionados, en la medida en que se presuponen y se contrarrestan mutuamente de forma simultánea.

Por un lado, esta proposición sugiere que las condiciones y trayectorias de las aglomeraciones (ciudad, ciudad-región, etc.) deben conectarse analíticamente a procesos de mayor escala relacionados con la reorganización territorial, la circulación (de trabajo, productos básicos, materias primas, nutrientes y energía) y la extracción de recursos, que, en definitiva, abarcan el espacio de todo el mundo.

Al mismo tiempo esta perspectiva sugiere que, en realidad, las transformaciones socioambientales importantes ocurridas en zonas generalmente no vinculadas a las condiciones urbanas (desde circuitos agroindustriales y escenarios dedicados a la extracción de petróleo, gas natural y carbón hasta redes transoceánicas de infraestructura, tuberías subterráneas y órbitas satelitales) han estado cada vez más interrelacionadas con los ritmos de desarrollo de las aglomeraciones urbanas. En consecuencia, independientemente de su demarcación administrativa, morfología socioespacial, densidad de población o posición dentro del sistema capitalista global, tales espacios deben ser considerados como componentes integrales de un tejido urbano extendido, de carácter mundial.

Esta dialéctica de implosión (concentración, aglomeración) y explosión (extensión del tejido urbano, intensificación de la conectividad interespacial en diferentes lugares, territorios y escalas) es un horizonte analítico, empírico y político esencial para cualquier teoría crítica de urbanización en esta primera parte del siglo XXI.

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Volvemos entonces a la clásica pregunta formulada hace cuatro décadas por Castells en La cuestión urbana: ¿hay unidades urbanas específicas48? Dadas las condiciones en las que la urbanización se generaliza hoy a escala planetaria, la pregunta debería ser reformulada: ¿hay un proceso urbano?

De manera muy similar a la forma «nación» (según el análisis efectuado por críticos radicales del nacionalismo), la forma «urbano» bajo el capitalismo es un efecto ideológico de prácticas específicas en los planos histórico y geográfico, que crean un aspecto estructural de singularidad, coherencia y delimitación territorial dentro de un torbellino mundial más amplio caracterizado por la rápida transformación socioespacial49. Durante largo tiempo, el campo de los estudios urbanos dio por sentado el carácter «tipo unidad» de lo urbano, o intentó explicarlo en relación con una supuesta esencia nominal, inherente a la organización del espacio de asentamiento. El efecto urbano ha sido naturalizado, en lugar de verse como un enigma que requiere teorización y análisis. En la medida en que los urbanistas perpetúan esta naturalización seleccionando determinadas categorías de análisis, el campo sigue atado a un lastre epistemológico. Se trata de un fenómeno similar al que obstaculizó los estudios sobre nacionalismo antes de las intervenciones orientadas a procesos, promovidas hace más de tres décadas por académicos como Nicos Poulantzas, Benedict Anderson y Étienne Balibar, entre otros. Más que nunca, resulta urgente descifrar la interacción entre la urbanización y los patrones de desarrollo espacial desigual, pero las nociones territorialistas de la ciudad, lo urbano y la metrópolis son herramientas conceptuales cada vez menos adecuadas para ese fin.

Estas consideraciones sugieren varios horizontes posibles para la teoría e investigación urbana, incluidos los siguientes:

- Destrucción creativa de paisajes urbanos: desde hace tiempo, las formas capitalistas de urbanización implican procesos de destrucción creativa: las infraestructuras producidas socialmente para la circulación de capital, la regulación estatal y la lucha sociopolítica, así como los escenarios socioambientales, sufren las tendencias de crisis sistémicas y se reorganizan de manera radical. Las aglomeraciones urbanas son solo uno de los muchos sitios socioespaciales estratégicos donde se han desplegado esos procesos de destrucción creativa durante la geohistoria del desarrollo capitalista. ¿Cuál es la especificidad de las formas contemporáneas de destrucción creativa en cada lugar, territorio y escala, y cómo están transformando lo heredado en materia de geografías globales/urbanas, escenarios socioambientales y patrones de desarrollo espacial desigual? ¿Cuáles son los proyectos políticos en pugna, neoliberales y de otro tipo, que aspiran a modelar y dar un nuevo cauce a esas formas?- Geografías de urbanización: ¿cómo ha evolucionado la relación entre urbanización concentrada y extendida durante la historia del capitalismo? Desde la primera Revolución Industrial en el siglo XIX, las grandes aglomeraciones y los centros metropolitanos figuran entre los principales ámbitos de destrucción creativa capitalista; han actuado como la «primera línea» a la hora de formular estrategias para producir, hacer circular y absorber los excedentes de capital y trabajo y, por ende, para facilitar la dinámica de acumulación de capital a escala mundial50. En lo que respecta al escenario extendido de urbanización, con sus infraestructuras cada vez más planetarias de circulación de capital, flujo de nutrientes/energía y extracción de recursos, ¿en qué medida se ha convertido hoy en un terreno estratégicamente esencial (o acaso primario) de destrucción creativa capitalista? En la era del Antropoceno, cuando la lógica de industrialización capitalista ha transformado de manera indeleble los sistemas de vida planetaria, ¿hay tendencias hacia nuevas crisis y barreras socioecológicas (como trastornos en el suministro de alimentos, agotamiento de recursos, escasez de agua, nuevas formas de vulnerabilidad ambiental y diversas manifestaciones locales del cambio climático global) que desestabilicen los ritmos de desarrollo de la urbanización extendida? ¿Qué consecuencias tienen esos procesos para las futuras formas y vías de urbanización concentrada y, desde un punto de vista más general, para la organización de entornos construidos por los seres humanos?

- Horizontes políticos: los actuales debates sobre el derecho a la ciudad han logrado llamar la atención en torno de temas vinculados a la política de espacio y la lucha por el bien común local en las grandes ciudades del mundo, es decir, las zonas densamente aglomeradas asociadas con el proceso de urbanización concentrada. No obstante, el análisis precedente sugiere que esas luchas deben conectarse a una política más amplia del bien común mundial; es necesario que en los demás lugares los campesinos, pequeños propietarios de tierras, trabajadores agrícolas, poblaciones indígenas y sectores afines persigan los mismos objetivos a lo largo de los variados escenarios de urbanización extendida. También en este caso, la dinámica de acumulación por expropiación y cercamiento ha generado efectos de destrucción creativa en la vida cotidiana, la reproducción social y las condiciones socioambientales, que son politizadas por diversos movimientos sociales en cada lugar, territorio y escala. Cada vez más, esas transformaciones y objeciones respecto al entorno construido extendido de circulación de capital resuenan y se producen junto con aquellas que durante largo tiempo se han difundido dentro de las aglomeraciones urbanas y alrededor de ellas51. El enfoque aquí propuesto abre una perspectiva para la teoría urbana crítica. En tal marco, se realizan conexiones analíticas y estratégicas entre las diversas formas de expropiación producidas y objetadas a lo largo del escenario socioespacial planetario.

Una vez que el carácter «tipo unidad» de lo urbano se entiende como un producto estructural de las prácticas sociales y las estrategias políticas (y deja de ser su presuposición), es posible colocar la investigación sobre urbanización, la destrucción creativa del espacio político-económico bajo el capitalismo, en el epicentro analítico de la teoría urbana. Lo que sostiene en mayor medida la problemática contemporánea de la urbanización no es la formación de una red mundial de ciudades globales o una única megalópolis universal, sino la extensión desigual de este proceso de destrucción creativa capitalista a escala planetaria.

  • 1. Manuel Castells: The Urban Question: A Marxist Approach [1972], mit Press, Cambridge, 1977, p. 1. [Hay edición en español: La cuestión urbana, Siglo xxi, México, df, 1974].
  • 2. David Potere y Annemarie Schneider: «A Critical Look at Representations of Urban Areas in Global Maps» en GeoJournal No 69, 2007, pp. 55-80; Shlomo Angel: Making Room for a Planet of Cities (Policy Focus Report), Lincoln Institute of Land Policy, Cambridge, 2011; Paolo Gamba y Martin Herold (eds.): Global Mapping of Human Settlement, Taylor & Francis, Nueva York, 2009.
  • 3. J. Jacobs: The Death and Life of Great American Cities, Modern Library, Nueva York, 1965; M. Davis: City of Quartz, Vintage, Nueva York, 1991; E. Glaeser: Triumph of the City, Tantor, Nueva York, 2011; J. Brugmann: Welcome to the Urban Revolution, Bloomsbury, Nueva York, 2010; R. Florida: Who’s Your City?, Basic, Nueva York, 2008; G. Hustwit: Urbanized, Estados Unidos, Plexifilm, 2011; M. Glawogger: Megacities, Austria, Fama Film ag, Lotus Film, 1998. Para una fuerte crítica de Glaeser, Brugmann y Florida, entre otros, v. Brendan Gleeson: «The Urban Age: Paradox and Prospect» en Urban Studies vol. 49 No 5, 2012, pp. 931-943.
  • 4. David Madden: «City Becoming World: Nancy, Lefebvre and the Global-Urban Imagination» en Environment and Planning D: Society and Space, en prensa; Gavin Kroeber: «Experience Economies: Event in the Cultural Economies of Capital», tesis de maestría, Graduate School of Design, Universidad de Harvard, 2012; Jorinde Seijdel: «The Art Biennial as a Global Phenomenon: Strategies in Neoliberal Times» en Cahier on Art and the Public Domain No 16, 2009.
  • 5. onu-Hábitat: An Urbanizing World: Global Report on Human Settlements, Oxford University Press, Oxford, 1996. Para un contexto histórico y una crítica detallada de esta propuesta, v. N. Brenner y Christian Schmid: The Urban Age in Question, Urban Theory Lab / Harvard gsd / eth Zúrich, Cambridge-Zúrich, 2012.
  • 6. Ricky Burdett y Deyan Sudjic (eds.): The Endless City: The Urban Age Project by the London School of Economics and Deutsche Bank’s Alfred Herrhausen Society, Phaidon, Londres, 2006.
  • 7. Nathan Sayre: «Climate Change, Scale, and Devaluation: The Challenge of Our Built Environment» en Washington and Lee Journal of Energy, Climate and Environment vol. 1 No 1, 2010; Timothy Luke: «At the End of Nature: Cyborgs, ‘Humachines’ and Environments in Postmodernity» en Environment and Planning A vol. 29 No 8, 1997.
  • 8. E. Soja y M. Kanai: «The Urbanization of the World» en R. Burdett y D. Sudjic (eds.): ob. cit, p. 58.
  • 9. N. Brenner: New State Spaces: Urban Governance and the Rescaling of Statehood, Oxford University Press, Nueva York, 2004; Felipe Correa: «A Projective Space for the South American Hinterland: Resource-Extraction Urbanism» en Harvard Design Magazine No 34, 2011; Bae-Gyoon Park, Asato Saito y Richard Child Hill (eds.): Locating Neoliberalism in East Asia: Neoliberalizing Spaces in Developmental States, Blackwell, Oxford, 2011; Aihwa Ong: «Graduated Sovereignty in South-East Asia» en Theory, Culture and Society vol. 17 No 4, 2000.
  • 10. M. Hardt y A. Negri: Commonwealth, Harvard University Press, Cambridge, 2009, p. 250.
  • 11. Margit Mayer: «The ‘Right to the City’ in Urban Social Movements» en N. Brenner, M. Mayer y Peter Marcuse (eds.): Cities for People, not for Profit: Critical Urban Theory and the Right to the City, Routledge, Nueva York, 2011; David Harvey: Rebel Cities: From the Right to the City to the Urban Revolution, Verso, Londres, 2012; Andy Merrifield: «The Politics of the Encounter and the Urbanization of the World» en city vol. 16 No 2, 2012; C. Schmid: «Henri Lefebvre, the Right to the City and the New Metropolitan Mainstream» en N. Brenner, M. Mayer y P. Marcuse (eds.): Cities for People, not for Profit, cit.
  • 12. La distinción entre las categorías de análisis y las categorías de práctica es desarrollada productivamente por Rogers Brubaker y Frederick Cooper: «Beyond Identity» en Theory & Society No 29, 2000. Para una reflexión convincente sobre sus aplicaciones en el ámbito de las cuestiones urbanas, v. David Wachsmuth: «City as Ideology» en Environment and Planning D: Society and Space, en prensa; y, en un contexto anterior, Andrew Sayer: «Defining the Urban» en GeoJournal vol. 9 No 3, 1984.
  • 13. L. Wirth: «Urbanism as a Way of Life» [1937] en Richard Sennett (ed.): Classic Essays on the Culture of Cities, Prentice Hall, Engelwood Cliffs, 1969.
  • 14. A. Amin y N. Thrift: Cities: Reimagining the Urban, Polity, Londres, 2002, p. 1.
  • 15. Ver N. Brenner y C. Schmid: «Planetary Urbanization» en Matthew Gandy (ed.): Urban Constellations, Jovis, Berlín, 2012, pp. 10-13. Amin y Thrift desarrollan una versión productiva de esta crítica, aunque adoptan un camino metodológico muy diferente del que se presenta aquí. Ver A. Amin y N. Thrift: ob. cit.
  • 16. Para crisis anteriores, se puede consultar M. Castells: «Is There an Urban Sociology?» en Chris Pickvance (ed.): Urban Sociology: Critical Essays, Tavistock, Londres, 1976; y Janet Abu-Lughod: The City is Dead - Long Live the City, Institute of Urban and Regional Development, University of California, Berkeley, 1969. Para desafíos contemporáneos, v. C. Schmid: Patterns and Pathways of Global Urbanisation: Towards a Comparative Analysis, Urban Theory Lab eth, Zúrich, 2012; Ananya Roy y Aihwa Ong (eds.): Worlding Cities. Asian Experiments and the Art of Being Global, Blackwell-Wiley, Oxford, 2011; A. Roy: «The 21st Century Metropolis: New Geographies of Theory» en Regional Studies vol. 43 No 6, 2009; y Sharon Zukin: «Is There an Urban Sociology? Questions on a Field and a Vision» en Sociologica No 3, 2011.
  • 17. El concepto de campo ciego surge de la feroz polémica de Lefebvre contra la especialización excesiva en la corriente principal de los estudios urbanos, que en su opinión contribuye a fragmentar el objeto básico de análisis y a enmascarar la totalidad mundial formada por la urbanización capitalista. Ver H. Lefebvre: The Urban Revolution [1970], University of Minnesota Press, Minneapolis, 2003, pp. 29 y 53.
  • 18. Para conocer descripciones interesantes y evaluaciones críticas de esta situación, se puede consultar E. Soja: Postmetropolis, Blackwell, Oxford, 2000; y A. Roy: «The 21st Century Metropolis: New Geographies of Theory», cit. Otro recurso útil en torno de tales debates es la publicación city: Analysis of Urbantrends, Culture, Theory, Policy, Action, que dedica gran atención a la discusión de las bases teóricas y epistemológicas y a sus ramificaciones políticas.
  • 19. La idea de una «Torre de Babel académica» pertenece a H. Lefebvre: The Urban Revolution, cit., p. 54.
  • 20. En esta línea de investigación, los textos claves incluyen: Ignacio Farías y Thomas Bender (eds.): Urban Assemblages: How Actor-Network Theory Changes Urban Research, Routledge, Nueva York, 2010; B. Latour y Emilie Hermant: París: ciudad invisible [1998], 2006, disponible en www.bruno-latour.fr/virtual/cast/index.html; Colin McFarlane: «Assemblage and Critical Urbanism» en city vol. 15 No 2, 2011; C. McFarlane: «The City as Assemblage: Dwelling and Urban Space» en Environment and Planning D: Society and Space No 29, 2011.
  • 21. Una importante excepción a esta generalización es el trabajo de Farías, quien explícitamente afronta los temas mencionados y propone un replanteamiento radical, aunque controvertido, de la cuestión urbana. I. Farías: «Introduction: Decentering the Object of Urban Studies» en I. Farías y T. Bender (eds.): ob. cit. Bender, por su parte, presenta una evaluación más cautelosa del potencial de esos enfoques en la investigación urbana. T. Bender: «Reassembling the City: Networks and Urban Imaginaries» en I. Farías y T. Bender (eds.): ob. cit.
  • 22. Para profundizar acerca de la noción de un contexto del contexto, v. N. Brenner, Jamie Peck y Nik Theodore: «Variegated Neoliberalization: Geographies, Pathways, Modalities» en Global Networks vol. 10 No 2, 2010. Una versión de esta línea de crítica se desarrolla en N. Brenner, David J. Madden y David Wachsmuth: «Assemblage Urbanism and the Challenges of Critical Urban Theory» en city vol. 15 No 2, 2010, así como en D. Wachsmuth, D.J. Madden y N. Brenner: «Between Abstraction and Complexity: Meta-Theoretical Observations on the Assemblage Debate» en city vol. 15 No 6, 2011.
  • 23. P. Saunders: Social Theory and the Urban Question [1981], 2a ed., Routledge, Londres, 1986.
  • 24. H. Gans: «Some Problems of and Futures for Urban Sociology: Toward a Sociology of Settlements» en City & Community vol. 8 No 3, 2009.
  • 25. F. Jameson: «Cognitive Mapping» en Cary Nelson y Lawrence Grossberg (eds.): Marxism and the Interpretation of Culture, University of Illinois Press, Chicago, 1988. El concepto neoalthusseriano de Jameson tiene como base, aunque también sustituye, la noción estrictamente fenomenológica introducida por el diseñador urbano Kevin Lynch en su clásico texto The Image of the City, mit Press, Cambridge, Mass., 1960.
  • 26. Para el tema de la destrucción creativa del espacio urbano, v. D. Harvey: The Urban Experience, Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1989.
  • 27. H. Lefebvre: The Urban Revolution, cit.
  • 28. A. Roy: «The 21st Century Metropolis», cit., p. 820. La noción de «fenómeno urbano» pertenece a H. Lefebvre: The Urban Revolution, cit.
  • 29. A. Kahn: «Defining Urban Sites» en Carol Burns y A. Kahn: Site Matters: Design Concepts, Histories, and Strategies, Routledge, Nueva York, 2005, p. 287.
  • 30. Łukasz Stanek: Henri Lefebvre on Space: Architecture, Urban Research and the Production of Theory, University of Minnesota Press, Minneapolis, 2011, pp. 151-156; C. Schmid: Stadt, Raum und Gesellschaft. Henri Lefebvre und die Theorie der Produktion des Raumes, Franz Steiner, Stuttgart, 2005; N. Brenner: «Between Fixity and Motion: Accumulation, Territorial Organization and the Historical Geography of Spatial Scales» en Environment and Planning D: Society and Space vol. 16 No 4, 1998.
  • 31. Las nociones de lo global, lo planetario y el mundo también se enfrentan a intentos filosóficos y políticos de refutación y requieren un mayor análisis. Ver Stuart Elden: «The Space of the World» y Hashim Sarkis: «The World According to Architecture: Beyond Cosmopolis», ambos en New Geographies No 4, 2011; D. Madden: «City Becoming World: Nancy, Lefebvre and the Global-Urban Imagination», cit.; y diversos textos recopilados en H. Lefebvre: State, Space, World: Selected Essays, N. Brenner y S. Elden (eds.), University of Minnesota Press, Minneapolis, 2009. Para los fines del presente trabajo, basta con destacar que el «mundo», en el sentido aquí empleado, hace referencia a una zona de acción, imaginación y potencialidad que abarca todo el planeta y que se coproduce dialécticamente con lo urbano: no es algo que simplemente «se rellena» mediante la extensión global de la urbanización, sino que se constituye activamente y se reorganiza perpetuamente en las relaciones socioespaciales urbanas y a través de ellas. El artículo de Madden citado antes en esta nota realiza un lúcido desarrollo de este punto.
  • 32. H. Lefebvre: The Urban Revolution, cit., p. 66.
  • 33. M. Castells: The Urban Question: A Marxist Approach, cit.; Janet Abu-Lughod: ob. cit.; Don Martindale: «Prefatory Remarks: The Theory of the City» en Max Weber: The City, Free Press, Nueva York, 1958.
  • 34. A. Sayer: «Defining the Urban», cit., p. 281; v. tb. A. Sayer: «Abstraction: A Realist Interpretation» en Radical Philosophy No 28, verano de 1981.
  • 35. P. Saunders: Social Theory and the Urban Question, cit.; Mark Gottdiener: The Social Production of Urban Space, 2a ed., University of Texas Press, Austin, 1985; Andy Merrifield: Metromarxism, Routledge, Nueva York, 2002.
  • 36. M. Castells: The Urban Question: A Marxist Approach, cit.
  • 37. L. Wirth: ob. cit.; H. Gans: ob. cit.
  • 38. Los debates sobre la cuestión urbana como una cuestión de escala representan una excepción parcial a esta generalización, ya que su análisis contrasta lo urbano con las escalas supraurbanas (vector comparativo vertical) más que con los territorios extraurbanos (vector comparativo horizontal). Ver N. Brenner: «Restructuring, Rescaling and the Urban Question» en Critical Planning No 16, verano de 2009.
  • 39. El esquema binario urbano/no urbano es refutado de manera convincente en Nature’s Metropolis (1991), el clásico libro de William Cronon, que analiza el desarrollo simultáneo de Chicago y el Gran Oeste (Norton, Nueva York, 1991). El mismo conjunto de temas es explorado con intensidad en un brillante estudio de Alan Berger sobre paisajes de desechos y urbanización horizontal, dentro de un contexto de desindustrialización en América del Norte. A. Berger: Drosscape: Wasting Land in Urban America, Princeton Architectural Press, Princeton, 2006. Uno de los primeros intentos de tratar explícitamente lo no urbano como una zona significativa para el proyecto de teoría urbana es la reciente edición de la publicación monu (Magazine on Urbanism) No 16, Non-Urbanism, 2012.
  • 40. La distinción entre las esencias nominales y constitutivas surge de A. Sayer: «Defining the Urban», cit. Para la teorización basada en procesos, se puede consultar D. Harvey: The Limits to Capital, University of Chicago Press, Chicago, 1982; Bertell Ollman: Dialectical Investigations, Routledge, Londres, 1993. La metodología basada en procesos aquí propuesta ha apuntalado durante largo tiempo los enfoques materialistas histórico-geográficos dentro de la teoría socioespacial. No obstante, más allá de la presencia de algunas excepciones importantes, aún es necesario elaborar por completo sus ramificaciones para las bases teóricas de la investigación urbana. Sobre todo cuando se desprende de su «urbanidad metodológica» latente, el concepto de «metabolismo» urbano es una herramienta analítica sumamente útil para promover dicha metodología. Ver Erik Swyngedouw: «Metabolic Urbanization: The Making of Cyborg Cities» en Nik Heynen, Maria Kaika y E. Swyngedouw (eds.): In the Nature of Cities: Urban Political Ecology and the Politics of Urban Metabolism, Routledge, Nueva York, 2006; Hillary Angelo y D. Wachsmuth: The Political Ecology of Urbanization, Urban Theory Lab, Nueva York, 2012; D. Wachsmuth: «Three Ecologies: Urban Metabolism and the Society/Nature Opposition» en Sociological Quarterly, en prensa.
  • 41. Esta es la tesis central de Roger Diener, Jacques Herzog, Marcel Meili, Pierre de Meuron y C. Schmid: Switzerland: An Urban Portrait, vol. 1-4, eth Studio Basel / Birkhaüser, Zúrich, 2001.
  • 42. C. Schmid: «Theory» en R. Diener, J. Herzog, M. Meili, P. de Meuron y C. Schmid: ob. cit., vol. 1; C. Schmid: Patterns and Pathways of Global Urbanisation: Towards a Comparative Analysis, Urban Theory Lab eth, Zúrich, 2012.
  • 43. D. Wachsmuth: «City as Ideology», cit. V. tb. Kanishka Goonewardena: «The Urban Sensorium: Space, Ideology, and the Aestheticization of Politics» en Antipode vol. 37 No 1, 2005.
  • 44. La clásica teorización de Jameson sobre cartografía cognitiva se ve motivada por un interés similar respecto a la brecha existente entre la experiencia y la totalidad producida por el capital. F. Jameson: ob. cit.
  • 45. N. Brenner y C. Schmid hacen una crítica pormenorizada de estas afirmaciones en The Urban Age in Question, cit.
  • 46. Por ejemplo, John Friedmann y John Miller: «The Urban Field» en Journal of the American Planning Association vol. 31 No 4, 1965; Jean Gottmann: Megalopolis, mit Press, Cambridge, Mass., 1961; Constantinos Doxiadis y J.G. Papaioannou: Ecumenopolis: The Inevitable City of the Future, W.W. Norton, Nueva York, 1974; y, sobre todo, H. Lefebvre: The Urban Revolution, cit.
  • 47. Esta tesis (en particular, la distinción entre urbanización concentrada y extendida) deriva del actual trabajo en colaboración con Schmid, a quien agradezco su autorización para presentarla aquí de forma muy abreviada. La conceptualización se desarrolla extensamente en N. Brenner y C. Schmid: Towards a Theory of Extended Urbanization, Urban Theory Lab / Harvard gsd / eth Zúrich, Cambridge-Zúrich, 2012, así como en el manuscrito de nuestro libro Urbanización planetaria. El concepto de urbanización extendida fue propuesto en primera instancia por Roberto Luis de Melo Monte-Mór en una innovadora investigación sobre la Amazonia brasileña. R.L. de Melo Monte-Mór: «What is the Urban in the Contemporary World?» en Cadernos de Saúde Pública vol. 21 No 3, 2005 y «Modernities in the Jungle: Extended Urbanization in the Brazilian Amazon», tesis de doctorado, Departamento de Planeamiento Urbano, University of California, Los Ángeles, 2004.
  • 48. M. Castells: The Urban Question: A Marxist Approach, cit., p. 101.
  • 49. Manu Goswami: «Rethinking the Modular Nation Form: Toward a Sociohistorical Conception of Nationalism» en Comparative Studies in Society and History vol. 44 No 4, 2002. Wachsmuth realiza un análisis interesante de este punto en relación con la ideología urbana; una consideración muy análoga se encuentra implícita en el concepto de coherencia estructurada desarrollado por Harvey. D. Wachsmuth: City as Ideology, cit.; D. Harvey: The Urban Experience, cit.
  • 50. D. Harvey: The Urban Experience, cit.
  • 51. La bibliografía sobre los «nuevos cercamientos», especialmente Massimo De Angelis, aporta argumentos en este sentido. Ver M. De Angelis: The Beginning of History: Value Struggles and Global Capital, Pluto, Londres, 2007. Para obtener un análisis amplio de las formas emergentes de objeción en torno del bien común mundial (incluidos temas relacionados con la apropiación de tierra, agua, aire y alimentos), se puede consultar Nik Heynen, James McCarthy, Scott Prudham y Paul Robbins (eds.): Neoliberal Environments, Routledge, Nueva York, 2007; Fred Magdoff y Brian Tokar (eds.): Agriculture and Food in Crisis: Conflict, Resistance, and Renewal, Monthly Review Press, Nueva York, 2011; y Richard Peet, Paul Robbins y Michael J. Watts (eds.): Global Political Ecology, Routledge, Nueva York, 2011.